Turquía lucha a la desesperada por defender su moneda. Su situación afecta a diversos Estados europeos, entre ellos el español

En los últimos meses Turquía ha sido el centro de atención de los mercados financieros mundiales por el empeoramiento de su crisis económica que se ha visto reflejada en una brutal devaluación de su divisa, la lira turca.

En España, el interés es particularmente alto debido a la importante exposición que el segundo banco de nuestro país, el BBVA tiene en este país, pero no es el único. El riesgo total de la banca española en Turquía alcanza una cifra ligeramente superior a los 80 mil millones de dólares que es más de la tercera parte de toda la exposición de la banca extranjera en este país.

De esta cifra 2.3 mil millones de dólares corresponden a deuda interbancaria, 19 mil millones a deuda pública y el grueso se va al crédito al sector privado que asciende hasta los 59 mil millones de dólares, en esta partida el BBVA es el principal acreedor.

Detrás de España se encuentran Francia e Italia afectados ambos, pero con importes sensiblemente inferiores a las de las entidades de nuestro país. La preocupación ha llevado al Banco Central Europeo, a través del mecanismo de supervisión bancaria única, a elevar su vigilancia sobre estas entidades financieras que han sufrido un empeoramiento considerable en su valoración de riesgo debido a la crisis turca. La lira turca ha llegado a depreciarse en medio de estas turbulencias más de un 50 % en poco menos de dos meses durante este verano.

El Banco Central de Turquía en un intento de frenar la precipitada caída de su divisa ha ido elevando los tipos de interés en este periodo de manera extraordinaria hasta llegar a subir el tipo de financiación del repo semanal 625 puntos situándolo en el 24% en su reunión del 13 de septiembre. Un tipo de interés desproporcionadamente alto, una medida extraordinaria, que pretende disuadir y dificultar a los especuladores de tomar posiciones vendedoras sobre sus divisas al encarecer la financiación de posiciones cortas.

Hay que destacar que esta decisión del regulador bancario turco fue tomada a pesar de las manifestaciones del presidente Erdogan en contra de este tipo de medidas. La independencia de los bancos centrales del poder político se da por supuesta, aunque en el caso de Turquía podrían surgir dudas dado lo específico de su estructura política. Sin embargo y de momento ha sido así. El banco central ha actuado de manera independiente. Otra cosa será que pueda seguir actuando de esta manera, como ellos mismos manifestaron en sus declaraciones tras la decisión en las que de forma amenazante anunciaron futuras subidas de tipos si el movimiento “especulativo, continuase.

Es importante señalar que este tipo de medida, la de elevar los tipos de interés para defender la divisa, es un clásico en la historia de crisis de países emergentes. Lo hemos visto en Argentina y Brasil mas recientemente, en países asiáticos como Tailandia a final de los 90, pero también lo han experimentado divisas de países no emergentes como fue el caso de Suecia a principio de los 90 e incluso en España con la peseta durante el periodo de convergencia al euro.

El efecto de estos intentos de los bancos centrales suele ser meramente paliativos y de efectos poco duraderos, es decir, frenan momentáneamente el proceso de devaluación al sacar del mercado a los pequeños inversores especulativos, pero no sirven para solucionar los problemas estructurales de fondo, mas bien lo empeoran al encarecer el precio del dinero y provocan un efecto restrictivo en la economía.

Con ello, por tanto, lo único que se consigue es ganar algo de tiempo, pero los problemas siguen pendientes de solución y el inversor fuerte, el de más largo plazo, el que realmente influye en el mercado seguirá huyendo del país provocando nuevos descensos de la divisa.

Tras el intento de golpe de Estado en Turquía, reprimido de manera brutal por el presidente Erdogan, lejos de empeorar la economía experimento un periodo de rápido crecimiento que alcanzó niveles de dos dígitos durante 2017 y que en el primer trimestre de este año todavía se mantenía en niveles tan altos como un 7.4%. Estos datos macroeconómicos tan favorables atrajeron la inversión extranjera entre la que se encuentra la de los bancos españoles y de manera destacada la del BBVA.

Este crecimiento aún se mantiene en la actualidad, pero con la característica no positiva de que en gran parte se debe a la continua inyección monetaria por parte de la autoridad económica en el sistema. Esto ha provocado un paulatino y preocupante deterior de la balanza por cuenta corriente y una inflación que se ha disparado hasta el 17.90 % en el mes de agosto.

Estas subidas de precios se agravan por la caída del valor de su divisa ya que su economía es muy dependiente del exterior con una cifra de importaciones totales de 135 billones de dólares y un gran importe de deuda exterior denominada en moneda extranjera principalmente en dólares.

Hasta aquí y como comentaba al principio, es la historia clásica de crisis de país emergente endeudado en divisa diferente a la propia y dependiente del exterior al no tener una estructura económica interna sólida. Pero a esto hay que añadirle el problema político que sin duda fue el catalizador de estas últimas turbulencias producto de un problema estructural latente.

Las sanciones de Estados Unidos que el presidente Trump pretende imponerles con la excusa de la detención en cárceles turcas de un ciudadano americano , Pastor, por motivos relacionados con la propaganda religiosa, no es mas que eso, una excusa, para provocar el enfrentamiento con un país que tradicionalmente ha sido un aliado de Occidente, miembro de la OTAN, pero que con la llegada al poder de Erdogan juega a varias bandas apoyando a Rusia en el conflicto de Siria y no acatando el embargo impuesto por Estados Unidos sobre importaciones iraníes.

En resumen, esta última medida de subir tipos del Banco Central, aunque haya provocado una reacción positiva en las bolsas y en las cotizaciones de los bancos afectados como el BBVA, es solo un diminuto parche que solo sirve para detener momentáneamente la hemorragia, pero la enfermedad es grave, necesitará de tiempo e intervenciones de mayor envergadura para mejorar y sin duda tendrá recaídas en el futuro muy próximo.

(Fuente: El Plural / Autor: Miguel A. Rodríguez)

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