Eurovisión impone condiciones para celebrar el festival en Tel Aviv: garantizar libre entrada en Israel, libertad de expresión y ensayos en Sabbat

Después de meses de vacilación sobre su ubicación definitiva, la Unión Europea de Radiodifusión (UER) ha confirmado que el Festival de Eurovisión se celebrará en 2019 en la ciudad de Tel Aviv. El triunfo de la cantante Netta Barzilai con la canción Toy, el pasado mes de mayo en Lisboa, representó la cuarta victoria de Israel en la historia de certamen y le otorgó derecho a organizar la siguiente edición.

Los responsables del concurso han pedido al Gobierno israelí que ofrezca garantías esta misma semana de que permitirá el acceso al país a todos los eurofans al margen de su ideología y de que no impondrá limitaciones religiosas.

Las semifinales de la competición precederán en unos pocos días a la final del sábado 18 de mayo. El proyecto inicial del primer ministro Benjamín Netanyahu era celebrar el festival en Jerusalén. Pretendía destacar el carácter de capital del Estado que le otorgan las leyes israelíes, aunque sin reconocimiento de la comunidad internacional. Ningún país mantenía abierta su legación en la Ciudad Santa hasta el traslado de la Embajada de Estados Unidos ordenado este año por el presidente Donald Trump.

Cuando el viceministro de Sanidad, el líder ultraortodoxo Yakov Litzman, advirtió de que rompería la coalición gubernamental si se violaba la santidad del Sabbat, festividad judía en la que no está permitido trabajar o manipular aparatos eléctricos, los planes de Netanyahu se torcieron. El Ministerio de Cultura barajó entonces como alternativa las ciudades de Tel Aviv, en la costa mediterránea, y la de Eilat, en aguas del golfo de Áqaba del mar Rojo. Jerusalén ya organizó las ediciones de 1979 y 1999 de Eurovisión.

El presidente del comité directivo del concurso de la canción, Frank-Dieter Freiling, dijo el jueves en Ginebra al anunciar la selección de Tel Aviv como sede del festival que espera “recibir esta semana garantías del Gobierno israelí en lo que atañe a seguridad y el acceso de todos los que quieran participar”, informa la agencia Efe. También espera que el Ejecutivo garantice la libertad de expresión y asegure “que el concurso tendrá una naturaleza no política”. “Estas garantías son imprescindibles para que avancemos con la planificación del evento y para mantener los valores de diversidad e inclusividad del concurso”, agregó.

Israel ha aprobado una legislación que atribuye a las autoridades la potestad de rechazar la entrada al país de aquellas extranjeros que hayan expresado públicamente su apoyo a la campaña Boicot, Desinversiones y Sanciones (BDS) a Israel, un movimiento propalestino que trata de promover el mismo aislamiento internacional al que fue sometido el régimen sudafricano del apartheid.

El ministro de Seguridad Pública, Gilad Erdan, ha llamado a Netanyahu a rechazar las condiciones exigidas por Eurovisión a “un estado democrático”, según el diario Haaretz. “Es un privilegio organizar Eurovisión en Israel. Tel Aviv es una animada ciudad internacional, como podrá observar el mundo entero”, rezaba un comunicado distribuido a última hora de ayer por la oficina de presa del primer ministro.

Otra de las condiciones planteadas por la UER al Gobierno de Netanyahu es que permita la celebración del ensayo general de la final del festival en la tarde del viernes anterior, coincidiendo con el inicio de la festividad del Sabbat. La designación de Tel Aviv como sede del certamen facilitará bastante las cosas. Según refleja una reciente encuesta, en la cosmopolita ciudad costera solo el 17% de sus habitantes observa el precepto judío del Sabbat, un porcentaje que se eleva hasta el 66% en la religiosa y estricta Jerusalén.

(Fuente: El País / Autor: Juan Carlos Sanz)

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