Impunidad borbona: La fiscalía pide archivar la causa de las grabaciones sobre Juan Carlos y el juez lo hace. El Congreso tampoco investigará

La Fiscalía Anticorrupción ha pedido que se archive la causa sobre las grabaciones del comisario Villarejo a Corinna Sayn-Wyttgenstein y sus acusaciones de blanqueo de capitales sobre el ex rey Juan Carlos I. El principal argumento del Ministerio Fiscal es que la grabación se habría realizado “antes de la abdicación del Rey Juan Carlos I” y se habla de “fechas en las que el entonces rey Juan Carlos gozaba de la inviolabilidad”.

En un comunicado sobre el escrito presentado en el juzgado número 6 de la Audiencia Nacional, la Fiscalía se muestra abierta a abrir investigaciones sobre delitos financieros, pero siempre separando “aquellos que hacen referencia al entonces Rey” y los que podrían afectar a “un posible delito de corrupción en las transacciones comerciales internacionales cometido por españoles o extranjeros fuera del territorio nacional”.

Sobre las acusaciones de Corinna de que el Rey le habría puesto a su nombre un terreno en Marrakech que ahora querría recuperar, y que ella considera que “es blanqueo” en las cintas, la Fiscalía cree “esta cuestión no resulta susceptible de investigación en sede penal. En primer lugar, no existe ningún elemento que permita colegir que tal terreno proceda de una actividad ilícita”.

“Los datos, más allá de su posible trascendencia tributaria, no son suficientes para iniciar una investigación penal que tendría naturaleza prospectiva y que, en todo caso, remite a fechas en las que el entonces Rey Juan Carlos gozaba de la inviolabilidad que para el Jefe del Estado reconoce el art. 56.3 de la Constitución”, especifica la Fiscalía Anticorrupción.

Sobre las supuestas cuentas bancarias de Juan Carlos I en Suiza “con nombre falso”, según Corinna, y que “le habría proporcionado el director del CNI”, la Fiscalía cree que “los datos son notoriamente insuficientes para avanzar en la tramitación de esta pieza”. Además, señala que no se podría pedir información a Suiza porque no se especifican “ciudades concretas” donde estarían las cuentas y que ir más allá supondría lo que, en el mundo de la cooperación internacional, se conoce como “ir de pesca”.

Acerca de las acusaciones de Corinna de que Juan Carlos I se habría quedado parte de un soborno del Ave a La Meca, la Fiscalía Anticorrupción asegura que “los indicios son extraordinariamente débiles pues consisten en la mera referencia que hace una persona que no aparece directa ni indirectamente implicada en los pagos”. Pero que, además, “el entonces Rey Juan Carlos gozaba de la inviolabilidad reconocida al Jefe del Estado”.

Dejando a un lado al Rey, la Fiscalía Anticorrupción deja abierta la puerta a investigar “posible delito de corrupción en las transacciones comerciales internacionales cometido por españoles o extranjeros fuera del territorio nacional”, aunque para ello se señala que se debería presentar una querella nueva y diferente.

El juez de la Audiencia Nacional Diego de Egea asume las tesis de la fiscalía y acuerda el sobreseimiento provisional de la pieza V (Carol) de la denominada Operación Tándem por no haber indicios racionales de la comisión de los delitos investigados de descubrimiento y revelación de secretos y de cohecho atribuidos al comisario jubilado José Manuel Villarejo.

En un auto, De Egea explica que esta pieza se formó a raíz de la incautación de unos dispositivos electrónicos en casa del socio de Villarejo, el también investigado Rafael Redondo, en los que aparecen varios archivos de audio con conversaciones entre el propio Villarejo, Corinna Zu Sayn-Wittgenstein y el empresario Juan Villalonga. En dichas conversaciones, relata el auto, “aquella señora pone de manifiesto unos actos que supuestamente había llevado a acabo donde Juan Carlos I, siendo Rey de España, aproximadamente entre los años 2009 a 2012”.

El juez argumenta que la única base de los hechos que se imputan a Don Juan Carlos es el relato que hace Corinna, “naturalmente deducidos del desarrollo de la relación de amistad entre ambos”. El magistrado recuerda los requisitos que exige la jurisprudencia y la doctrina para utilizar como prueba de cargo la declaración de un testigo en el proceso penal y que son la ausencia de incredibilidad subjetiva derivada de las previas relaciones entre un denunciado y víctima que pongan de relieve un posible móvil espurio, la verosimilitud del testimonio realizado o la persistencia en la incriminación que debe ser prolongada en el tiempo y retiradamente expresada.

En el caso analizado, el magistrado estima que la ruptura de la relación de amistad en 2009, de acuerdo con las propias manifestaciones de Corinna pudo haber motivado el relato de hechos que realizó contra Don Juan Carlos ante el investigado Villarejo.

En relación con la verosimilitud del testimonio realizado recuerda que en los documentos localizados no hay ningún dato añadido que justifiquen esas manifestaciones, ni tampoco documentaciones aportadas por Corinna que pudieran fundamentar las alegaciones efectuadas en su conversación.

Destaca De Egea en este punto la contestación remitida por la Unidad Antifraude de la A.T. sobre la titularidad de cuentas de Don Juan Carlos I. Además, el instructor hace constar que los archivos de audio analizados fueron grabados en mayo de 2015, habiéndose ya producido la ruptura de la relación de amistad entre Corinna y añade que las presuntas irregularidades que se hacen constar en la grabación no fueron denunciadas por parte de Corina, sino que se conocieron tres años después, cuando el pasado día 11 de julio, dos medios de comunicación digitales hicieron públicas las copias de esos archivos.

El auto explica que Corinna tampoco aporta ninguna prueba que ampare su afirmación de haber sido utilizada por Don Juan Carlos como testaferro, “no deduciéndose la existencia de actos de ocultación, transmisión o transformación del patrimonio obtenido merced a ninguna defraudación”. Del mismo modo, el magistrado destaca que Don Juan Carlos fue Rey de España hasta el 19 de junio de 2014 y, por tanto, en todos sus actos y acciones hasta aquella fecha, en virtud del artículo 56.3 de la Constitución, la persona del Rey es inviolable y no está sujeta a responsabilidad.

De Egea también analiza los dos delitos atribuidos a José Manuel Villarejo, de descubrimiento y revelación de secretos y cohecho, para concluir que no existen indicios racionales de su comisión, por lo que acuerda el sobreseimiento provisional de la pieza separada, de la que levanta el secreto de las actuaciones. En otros dos autos, el juez rechaza la personación de Izquierda Unidad como acusación popular y archiva la denuncia presentada por un particular.

Por otro lado, el Congreso de los Diputados no investigará las grabaciones de Corinna zu Sayn-Wittgenstein en las que acusa al rey emérito de utilizarla como testaferro con el objetivo de ocultar patrimonio y propiedades en el extranjero. Partido Popular, PSOE y Ciudadanos han votado en contra de constituir una Comisión de investigación relativa a la corrupción de la monarquía, tal y como solicitaron Unidos Podemos, ERC y Compromís.

Los socialistas argumentan que están satisfechos tras escuchar las explicaciones del director del CNI, Félix Sanz Roldán en la comisión de gastos reservados, sesión que se celebró a puerta cerrada. Por su parte, los de Pablo Iglesias consideraron que fueron suficientes y que dejó más sombras que luces. Los naranjas, en misma tónica que el PSOE, precisaron que “con la información que tenemos” no era necesaria una investigación.

(Fuente: El Plural / Autores: Marcos Paradinas y Adrián Lardiez)

Corina desnuda al “Rey Emérito” y la podredumbre de la monarquía española en las cintas

La publicación de unas cintas en la que la amante del rey emérito afirma que la usó como testaferro «porque soy residente en Mónaco», que abrió cuentas en Suiza y estructuras de blanqueo, refleja un comportamiento que todo el mundo sabía o fingía no saber.

Se ha dicho de él que era un raro ejemplo de monarca hecho a sí mismo, el más popular de Europa, el menos distante y disfuncional de todos reyes, el embajador número uno de España en el mundo, el gran conseguidor de los más suculentos negocios en beneficio de todos. Por haber salvado supuestamente la democracia española gozó de un trato deferencial de la prensa, de unas cuotas estratosféricas de popularidad.

Se le proyectaba como un superviviente nato. Sobrevivió a episodios sórdidos de infancia, como haber matado de un tiro a su hermano menor; al hecho de haber sido una criatura del dictador Franco, que lo acogió, moldeó y preparó para dar continuidad a su obra. El relato oficial dice que fue capaz de echar por tierra un golpe de Estado con su «milagrosa» intervención el 23-F. Se sobrepuso a multitud de operaciones quirúrgicas, de pulmón, de cadera, de rodilla, hasta a cuatro intervenciones en diez meses.

Lo encumbraron hasta niveles insospechados, creyeron construir un muro impenetrable tras el cual le mitificaron y protegieron. Pero, primero con un accidente en una cacería de elefantes en Botsuana que le fracturó la cadera, y ahora con la filtración de unas grabaciones, su amante Corinna zu-Sayn-Wittgenstein ha precipitado su caída. Ha dejado al rey desnudo.

Sorpresas que no sorprenden

Juan Carlos de Borbón vuelve a estar en el ojo del huracán. La tormenta es perfecta: con su yerno Iñaki Urdangarin preso por corrupción, se han publicado unas cintas en las que su amante, su «amiga entrañable», afirma que el rey emérito recurre a testaferros para ocultar patrimonio en el extranjero, que es un comisionista y que tiene una fortuna incalculable en cuentas de Suiza. Es decir, un comportamiento delincuente, crapuloso, totalmente impune.

Ahora bien, que esas revelaciones tengan la capacidad de romper la red clientelar de encumbramiento aristocrático que rodea a la Casa Real, es algo que está por ver. Resulta muy aventurado hacer cábalas sobre las consecuencias de unas revelaciones que, en realidad, son una sorpresa que no sorprende, no dicen nada nuevo, nada que no se supiera antes. La diferencia está en quién lo dice, su amante. Y en una sociedad cotilla, es más fácil que la sangre llegué al río por cuestiones de honor o del qué dirán, que por razones de latrocinio o malversación.

La filtración de cuatro horas de conversación entre la lobbista alemana, el comisario de Policía jubilado y ahora preso José Manuel Villarejo y el empresario y expresidente de Telefónica Juan Villalonga no está libre de sospechas. Podría obedecer a una manipulación o a un intento de chantaje de uno de los personajes más infectos de las cloacas del Estado para quedar en libertad. En cualquier caso, las relaciones de trama muestran lo peor de un pozo séptico con aguas residuales desparramadas, en el que se entremezclan excomisarios mafiosos de Policía, el director del CNI, empresarios multimillonarios y la querida lobbista.

Que el rey emérito usaba testaferros antes de valerse de la condición de residente en Mónaco de zu-Sayn-Wittgenstein era público, ahí está la figura de Manuel Prado y Colón de Carvajal, supuesto descendiente del mismísimo Cristobal Colón y testaferro en jefe del monarca. Antes del cobro de comisiones por intermediar en la construcción del AVE a La Meca, como señala la «amiga entrañable», ya era conocido que sacaba tajada del petróleo que España importaba del reino de los Saud, así como que siempre tuvo dinero opaco, cuentas, fondos y herencias en el extranjero o que se aprovechó de la amnistía fiscal de Montoro.

Una criatura de franco

Nadie sabe lo realmente rico que es el rey emérito. Aparece en listas de millonarios como las de la revista ‘‘Forbes’’ o ‘‘EuroBusiness’’. Tiene fincas desparramadas por toda Europa, colecciones de arte, propiedades de todo tipo. Recibe regalos de lujo, yates como el Bribón, coches, relojes, casas y es agasajado por los mejores chefs del firmamento Michelín. Pero sus cuentas no son auditables, es imposible investigarlo.

Es irresponsable penalmente, tiene impunidad e inmunidad absoluta. Los partidos políticos españoles, los que se dicen republicanos o los que venían del falangismo, en la práctica, todos son monárquicos y lo protegen. Legislaron para hacerlo «inviolable», para que no tuviera que rendir cuentas ante ningún delito, sea civil o penal. Instauraron prácticas de servilismo, de reverencias, besamanos e inclinación de cabezas, todo protegido por la censura de los medios y de los partidos sistémicos. Y para encumbrarlo al cénit de la popularidad, le construyeron un currículo particular: era el «salvador de la democracia» y tenía un carácter campechano, buen humor, era amante del buen vivir, las mujeres, los coches y la caza mayor.

Pero en realidad, el rey Juan Carlos I siempre fue y ha sido una criatura de Franco, una imposición del dictador. Siempre fue y ha sido el cordón umbilical, regado de sangre azul, que unía físicamente la España fascista con la llamada democracia de la Transición. La lapidaria declaración de Franco sobre el que sería su sucesor lo dejó claro: (Con Juan Carlos) «todo está atado y bien atado».

El camino que llevó a Juan Carlos de Borbón a ser rey se inició poco después de que los fascistas ganaran la guerra del 36. La Ley de Sucesión en la Jefatura del Estado de 1947 ya fijó que España se constituía en un «Reino», quedando la jefatura del Estado en manos del «Caudillo de España y de la Cruzada, el generalísimo de los Ejércitos, Francisco Franco». Cuando este lo considerara oportuno, propondría a la Cortes su sucesor, con el título de rey o regente. Eso sucedió en 1969. El 22 de julio, el entonces príncipe, en calidad de sucesor, juraba de manera solemne lealtad a las Leyes Fundamentales (constitución franquista, la única que ha jurado) y a los principios del Movimiento Nacional (el partido único fascista).

Lanzada la transición, que contó la confianza de los grandes poderes europeos y de EEUU –diversas informaciones afirman que era el confidente de más alto nivel que el Secretario de Estado de EEUU, Henry Kissinger, tenía en España–, esta operación política giró en torno a la figura central que Franco designó antes de que sus restos reposaran en el único parque temático fascista del mundo, El Valle de los Caídos.

Mismo gen Borbón

Juan Carlos de Borbón gozó de una enorme popularidad, particularmente en los 80 y en los 90. La prensa de papel cuché, las revistas del corazón, presentaba a una familia real unida y modélica, y en su cúspide, al rey más popular de Europa. Pero era un paripé. El rey se prodigaba en sus devaneos extramatrimoniales con vedettes, estrellas del destape que en la Transición aparecieron desnudas en los kioscos o aristócratas europeas. Vivía gratis total. Sus viajes, su seguridad, palacios, personal y manutención eran pagados con el dinero de todos.

El accidente que tuvo cazando elefantes en Botsuana, además de permitir al gran público conocer a zu-Sayn-Wittgenstein, echó por tierra el mito. En plena crisis, con una sociedad que perdía salarios y derechos, aquello desencadenó la caída en desgracia, el desnudo más obsceno. Ni el plañidero acto de contrición televisada del «lo siento mucho, me he equivocado; no volverá a ocurrir» pudo salvarlo de la quema.

Tras una abdicación exprés, en contra de su voluntad, nombraron rey a su hijo Felipe. Este se casó con el traje de capitán general y desfiló en el Rolls Royce de Franco con «una plebeya de pueblo que llegó a ser reina»; con una especie de Lady Di española que presentaba el telediario de TVE a las órdenes de Alfredo Urdaci en los tiempos de Aznar y el 11-M. Tomó el título de Felipe VI, dando continuidad a Felipe V, el monarca que trajo la absoluta destrucción política, económica y social de Catalunya

El nuevo rey tiene el mismo gen Borbón, es un militar al que le gustan las guerras y la posición de firmes. El 3 de octubre compareció con los puños cerrados y un aire marcial, para leer un discurso brutalmente agresivo. Para amenazar al pueblo de Catalunya. Es el heredero de una bomba de relojería a la que los poderes han querido alargar el tiempo.

(Fuente: Gara / Autor: Mikel Zubimendi)

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