El senado argentino rechaza despenalizar el aborto. Las argentinas seguirán luchando por cambiar una ley retrógrada de 1921

El Senado de Argentina finalmente ha rechazado sancionar el proyecto de ley que buscaba despenalizar el aborto hasta el cumplimiento de la semana 14 de gestación. Aunque el texto de la Ley de Interrupción Voluntaria del Embarazo ya había sido aprobado el 14 de junio por la Cámara de Diputados, no logró pasar ahora la última y definitiva fase parlamentaria en la de Senadores, al haber recibido 31 votos a favor, 38 en contra y dos abstenciones, de un total de 72 escaños. De esta forma, el proyecto no se podrá volver a discutir en el Congreso hasta el 1 de marzo de 2019, cuando comienza el nuevo curso legislativo, y tendrá que empezar de cero.

Este miércoles Argentina estuvo dividida en dos equipos, pero lo que debía resolverse no era en absoluto un juego. Verdes y celestes se repartieron el centro de Buenos Aires. Defensoras del aborto legal y antiabortistas miraban al Palacio del Congreso, pero no se veían. Entre la zona verde, a favor del proyecto para sustituir la ley de 1921 que aún regula la Interrupción Voluntaria del Embarazo (IVE) en este país, y la zona celeste del barrio Balvanera no había frontera sino calles vacías, aguas internacionales.

Finalmente, el Senado argentino votó en contra del proyecto de IVE, 38 votos negativos frente a 31 a favor. Una derrota anunciada para la histórica marea verde en defensa del aborto legal, seguro y gratuito que ha convertido a Argentina en el faro de una región donde miles de mujeres son víctimas dos veces: les prohíben la interrupción del embarazo y las meten en la cárcel por agarrarse al único clavo ardiendo: el aborto clandestino.

En el Baires, un típico bar porteño con madera y farolillos, los pañuelos verdes recibieron el resultado con silencio, tristeza, resignación, llanto, enfado, rabia. Pero, sobre todo, con un “la lucha no termina aquí”. “Para mí está lucha ya está ganada, en el sentido de que ganamos la calle, ganamos la voz popular. Cualquier mujer puede estar en su círculo o puede encontrar por lo menos un círculo cercano en el que puede decir «yo aborté o «yo abortaría» sin que la acusen con el dedo”, dice Agostina Guerra, veinteañera con el pelo pintado de verde y bailarina por la legalización del aborto.

Mientras, en la avenida Hipólito Yrigoyen, frente a una pantalla gigante, los pañuelos celestes celebraron su victoria prevista con fuegos artificiales y mucha urgencia. Al minuto de conocerse el recuento, el presentador del evento les apremió a irse a sus casas “para evitar provocaciones”. Eran, aseguraba, indicaciones de la policía.

Desde primera hora, en la calle y en los grupos de WhatsApp, era evidente un cierto miedo a nuevos choques entre verdes y celestes. También de la policía contra activistas verdes. “No respondas a provocaciones de los antiderechos, en caso de presenciarlas, avisa a les compañeres de seguridad de la campaña”, recomendaba una de las guías de la marea verde. Los celestes defienden que ellos son los pacíficos y “los otros” los “radicales”. “Como el resultado estaba muy cerrado en contra de la ley y los grupos más severos del otro lado estaban amenazando con violencia, le dije a mi hija ‘no vayás’”, cuenta Elías Marioni en la cafetería Faricci, donde los del pañuelo azul, como él, se refugian del aguacero. Su hija tiene 16 años y defiende el aborto legal. No discuten por eso, “buena onda”.

Peor onda hubo dentro del Senado. Rodolfo Urtubey encendió aún más los ánimos al hablar de violación “sin violencia”. Defensores del aborto legal, denunciaron la hipocresía que supone condenar a las mujeres a la clandestinidad. El senador Miguel Ángel Pichetto, uno de los impulsores de la legalización, cargó contra la neutralidad del presidente, Mauricio Macri. Por su parte, la expresidenta Cristina Fernández llamó a “incorporar la cuestión feminista a lo nacional y popular”. En este sentido, la periodista especializada en género Luciana Peker diagnosticó una “crisis de representación de género y generacional” en la Cámara argentina.

(Fuente: La Marea / Autora: Cristina García Casado)

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