Los circos con animales cercanos a su desaparición. Sólo pervive una decena. Más de cincuenta municipios los han prohibido

En el Estado Español resisten menos de una decena de circos tradicionales con animales y más de medio millar de municipios ya han prohibido en sus normativas este tipo de espectáculos. Sin embargo, este veto a aquellos eventos que consideran a los animales como un entretenimiento apenas se aplica en un 5 por ciento del conjunto de los municipios españoles.

Cataluña fue la comunidad autónoma que abrió la veda contra las carpas que contienen animales para sus espectáculos. Lo hizo hace tres años, en 2015, y durante estos años le siguieron el paso grandes capitales como Madrid y, en el caso de Andalucía, Córdoba y Málaga.

Sin embargo, hay normativa vigente que podría blindar a los animales obligados a vivir en circos. “Existe diversa legislación que puede aplicarse a los circos con animales en España como por ejemplo la referente a la conservación, a la sanidad animal, a la seguridad y al bienestar de los animales”, apunta Alejandro Rosenberger Ortiz, miembro de la Sección de Derecho Animal del Colegio de Abogados de Alicante. En el blog Derechos de los animales se explica que, respecto a la sanidad animal, el Reglamento sobre el Movimiento de Animales de Circo establece los requisitos de salud animal para el cuidado de los animales, en su explotación, transporte, experimentación y sacrificio, y se define a los circos como explotación animal, por lo que estos establecimientos están sujetos a esa legislación.

También se apunta que la seguridad animal sobre tenencia de animales potencialmente peligrosos “no sólo se refiere a ciertas especies caninas, sino también a los animales salvajes». El hecho de que estos animales estén en cautividad «constituye un potencial peligro para la seguridad de personas, bienes y otros animales”.

La ley considera al respecto animales potencialmente peligrosos a todos los que, perteneciendo a la fauna salvaje, siendo utilizados como animales domésticos o de compañía, con independencia de su agresividad, pertenecen a especies o razas que tengan capacidad de causar la muerte o lesiones a las personas o a otros animales y daños a las cosas. Por eso, apunta Alejandro Rosenberger, “diversas legislaciones de espectáculos establecen que las administraciones deben exigir ciertas medidas de seguridad, como la presencia de una unidad médica durante la realización de estos espectáculos de riesgo”.

Sin embargo, lo más preocupante de los circos con animales es lo que se refiere al bienestar animal. Según este abogado especializado en derecho de los animales, “el tratado de Ámsterdam de 1997 reconoce a los animales vertebrados como seres capaces de sentir dolor, sufrimiento y angustia”. Explica a su vez que el Tratado de Lisboa de 2007 establece que “en la formulación y ejecución de sus políticas, la Unión Europea y los Estados miembros, tendrán plenamente en cuenta las exigencias del bienestar de los animales dado que son seres sintientes”.

Según la asociación Anima Naturalis, “aunque los circos con animales se presenten coloridamente como espectáculos de entretenimiento, éstos no son divertidos para los animales cautivos en las carpas. Para los animales, los circos representan una pesadilla de la cual no van a despertar”. Esta organización, que lucha junto a otras muchas en conseguir que los animales no sean utilizados en los circos, explica que “por sus propias características, estos espectáculos no pueden atender las necesidades naturales de los animales cautivos en sus instalaciones”. Se refieren sobre todo a que, al ser espectáculos itinerantes, a lo largo de sus interminables giras, “no hay otro remedio que mantener a los animales encadenados o aprisionados dentro de diminutas jaulas, que sólo son abandonadas durante el entrenamiento o los escasos minutos que dura su número”.

El transporte y confinamiento animal es sólo una parte de la pesadilla en la que están sumidos estos animales. “Durante horas de viaje, los animales deben soportar el hacinamiento sin luz y sin ventilación, el frío del invierno y el calor del verano, mientras se asfixian con el metano de sus propios excrementos a pesar de que se acostumbra a mantenerles sedientos para que orinen menos”, afirman desde Anima Naturalis. Esta asociación recalca además que “están separados de sus congéneres, encerrados y amarrados, sometidos a privaciones y frustrados sus instintos naturales”, por lo que suelen desarrollar conductas neuróticas como movimientos repetitivos e incesantes “que se pueden convertir en conductas inesperadamente agresivas”, alertan.

Por otra parte, el adiestramiento al que son sometidos se basa, dicen desde Anima Naturalis, en «el castigo físico, que ha sido por mucho tiempo el método clásico de entrenamiento de los animales en los circos, lo cual a su vez trae consecuencias psicológicas de estrés y sufrimiento». Para esta organización contraria a los circos con animales, “los actos que los animales son obligados a realizar –osos que se balancean sobre pelotas, monos que manejan motocicletas, elefantes que se paran sobre dos piernas– son físicamente incómodos y representan conductas antinaturales. Los látigos, collares ajustados, bozales, picanas eléctricas, ganchos de metal puntiagudos y otras herramientas utilizadas durante los actos en los circos son el recordatorio de que los animales son forzados a actuar”.

Especialmente preocupante es el efecto que puede tener este tipo de espectáculos ante los niños y las niñas, que son el público potencial de los circos. “El público ha llegado a reconocer que los animales exóticos no pertenecen a los circos ni a las jaulas, sino que pertenecen a sus tierras natales junto a sus familia”, aseveran desde Anima Naturalis.

Países como Austria, Bélgica, Finlandia, Dinamarca, Portugal, Suecia, México, Perú o Singapur han aprobado leyes nacionales para vetarlos. En España todavía no hay una ley que prohíba que los circos tengan animales. Actualmente, existen circos como el Cirque du Soleil, El Circo de Oz, El Circo New Pickle Family, Cirque D’Hiver, el Circo Ekún y el Circo Imperial Chino, que no utilizan animales como parte de su espectáculo.

En Chile, el proyecto El Circo del Mundo no utiliza animales y, al mismo tiempo, ayuda a niños y jóvenes en riesgo social, utilizando el arte circense como herramienta educativa y de intervención social, demostrando que el circo no tiene que tener fieras que encadenen y maltraten a los animales a los que someten.

(Fuente: El Correo de Andalucía / Autor: Ricardo Gamaza)

Seis comunidades y casi 500 municipios vetan la explotación de animales salvajes en el circo

Los circos lo tienen cada vez más difícil para explotar animales salvajes o silvestres en sus actuaciones: al menos 475 municipios, entre los que se encuentran el grueso de las principales ciudades del país, y cuatro comunidades autónomas, a las que van a sumarse Aragón y el País Valencià, han prohibido su utilización en espectáculos circenses dentro de sus territorios, una reivindicación del movimiento animalista que está logrando convertirse en mayoritaria.

Esas cifras suponen que la explotación de animales en circos está vetada, o en vías de estarlo, en municipios y comunidades en los que residen más de 29 millones de personas, casi dos tercios de los 46,5 habitantes censados en el país.

Los primeros parlamentos autonómicos en aprobar leyes restrictivas con este tipo de explotación animal en sus territorios fueron los de Catalunya, en 2015, y los de Galicia, Murcia y Balears el año pasado. Suman 12,2 millones de habitantes, a los que próximamente se sumarán los 1,3 de Aragón. Otros, como las Corts valencianas (4,9 millones), tienen una norma similar en tramitación.

Paralelamente, 24 capitales de provincia de otras comunidades que suman 5,2 millones de habitantes, y entre las que destacan Valencia (787.808 habitantes), Málaga (569.002), Las Palmas (377.650) o Córdoba (325.916), han dado el mismo paso en sus ordenanzas municipales.

A esa cifra hay que sumarle otros 195 municipios de todo el Estado (hay otros 245 en las seis comunidades abolicionistas), entre ellos algunos como Gijón (272.365), Jerez (212.915) o Marbella (141.172), que superan los 5,8 millones de habitantes lo que sitúa el veto cerca de los treinta millones de potenciales espectadores. Eso, sin incluir en el cómputo las cuatro capitales catalanas, las cuatro gallegas, Zaragoza, Teruel y Palma de Mallorca, que proscribieron el empleo de animales salvajes o silvestres en el circo pero están incluidas en sus comunidades autónomas.

En Madrid (3,18 millones) se encuentra en tramitación la nueva ordenanza municipal, impulsada tras salir adelante en enero de 2017 una moción con el apoyo de Ahora Madrid, PSOE y Ciudadanos y que, salvo sorpresas, vetará los espectáculos circenses con animales.

Bilbao, Sevilla, Granada, Santander, Castellón, Cáceres y Salamanca se cuentan entre las escasas capitales que todavía no han dado ese paso en uno de los últimos Estados europeos que tolera la explotación de animales en los circos, algo que lleva tiempo prohibido en 25 países europeos entre los que se incluyen Austria, Bélgica, Dinamarca, Escocia, Finlandia, Grecia, Holanda, Noruega, Polonia, Portugal, Rumanía o Suecia.

La presidenta y la portavoz del Pacma, Silvia Barquero y Laura Duarte, trataron el tema este miércoles con la ministra de Transición Ecológica, Teresa Ribera, a la que entregaron su propuesta de Ley General de Bienestar y Protección para los Animales, que contempla la prohibición de esas prácticas.

Aragón ha sido la última comunidad autónoma en sumarse al veto. Su Consejo de Gobierno ha estudiado esta semana el anteproyecto de reforma de la Ley de Protección Animal de 2003, que únicamente modificará los aspectos relativos al circo con animales.

El texto, al que ha tenido acceso Público, proscribe “la utilización de animales de especies pertenecientes a la fauna silvestre en espectáculos circenses” y especifica que también los de especies domésticas deberán cumplir las exigencias de la ley “en cuanto a su procedencia, trato recibido, características de la actuación, habitáculo, alimentación, cuidados higiénico-sanitarios y transporte”.

Los circos se expondrán a multas de hasta 6.000 euros además de la eventual pérdida de la licencia y la clausura por un periodo de hasta cuatro años si los utilizan, conducta que la norma tipifica como infracción grave.

El anteproyecto, que aboga por evitar “un daño o maltrato innecesario” a los animales, señala que “las prácticas circenses con fauna silvestre pueden suponer un elemento fundamental en el tráfico ilegal de animales y la caza furtiva de especies protegidas”.

(Fuente: Público / Autor: Eduardo Bayona)

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