Granada: Readmitida una delegada sindical del SAT

El viernes 22 de abril, minutos antes del juicio en los juzgados de La Caleta en Granada, se llegó a un acuerdo entre la Cervecería Agamenón y una trabajadora despedida por la empresa, mediante la cual ésta lograba su readmisión, objetivo por el que llevaba cuatro meses peleando con el apoyo de su sindicato, el Sindicato Andaluz de Trabajadores (SAT), y numerosos integrantes de los movimientos de la ciudad.

La trabajadora, como contó Diagonal, denunciaba haber sido despedida tras comunicar la creación de su sección sindical y demandar la regulación de diversas ilegalidades de los empresarios en materia laboral. Pese a que pocos días antes del viernes uno de los dueños del negocio, Jesús Rivera, manifestaba a este periódico que no se habían cercenado derechos reconocidos por la ley y que no pensaba “comulgar con ruedas de molino”, en el último momento éste optó por recibir el sagrado sacramento.

La despedida, ayudante de cocina, volverá a trabajar este viernes 29 de abril, con una jornada laboral de 24 horas a la semana, y la empresa admite la nulidad del despido previo, lo que protege a la empleada de cara a hipotéticas represalias futuras. Asimismo, ésta recibirá todas las cantidades económicas adeudadas durante el tiempo del conflicto.

A pesar de que se trataba sobre el papel de un conflicto laboral individual, su carácter simbólico puede contribuir a ir erosionando el modelo de la hostelería en Granada, pilar de la economía local, y basado en buena parte en salarios y condiciones laborales extremadamente precarias. Pone también en valor la participación en el conflicto (con medio centenar de concentraciones frente a la cervecería) de decenas de personas de diversas entidades político-sociales de Granada, como señalaba tras la firma del acuerdo Antonio Folgoso, abogado de la trabajadora: “Hemos demostrado que más allá de siglas podemos colaborar y conseguir victorias”.

Granada Agamenon 2

El modelo laboral de la hostelería, a juicio en Granada

“Somos trabajadores/venimos de procesión/pedimos nuestros derechos/también pedimos/la readmisión”, resonaba el cántico entonado por una veintena de personas, este pasado domingo 17 de abril en la calle Pedro Antonio de Alarcón, una de las zonas más importantes de la hostelería en Granada. No es una de las abundantes procesiones que suelen ocupar las calles de esta ciudad andaluza, sino la última concentración del medio centenar que se han realizado en el marco del conflicto de la Cervecería Agamenón.

Desde hace cuatro meses, una trabajadora (que prefiere no dar su nombre) demandaba a la empresa su readmisión con el apoyo del Sindicato Andaluz de Trabajadores (SAT), al que está afiliada, y buena parte de los movimientos sociales de la zona. La despedida relata a Diagonal que comenzó a trabajar en la cervecería como ayudante de cocina en junio de 2015, en una sustitución por vacaciones de otro empleado. “El jefe me explicó que se cobraba 6 euros la hora y que se trabajaba sin contrato. Al final me hicieron uno de 12 horas por semana, pero yo trabajaba muchas más”, explica. En septiembre finalizó el contrato y continuó trabajando en negro, por lo que en octubre denunció esta situación a Inspección de Trabajo, así como la inexistencia de material de riesgos laborales.

Tras la inspección, a la trabajadora no le comunicaron nada sobre el contrato y la regularización de su situación. Y puesto que como ella quería regularizar su situación en el centro de trabajo y se iba a negar a firmar documentos que no reflejasen lo que sucedía allí, se afilió al SAT. Posteriormente, a través de la trabajadora, se creó la sección sindical en la Cervecería Agamenón. La respuesta de la empresa ante esto fue despedirla el día 23 de diciembre, alegando mala actitud, “cuando en ningún momento había recibido ninguna queja sobre mi trabajo”, recalca ella.

La empresa dice que la trabajadora les “tendió una trampa”

La Cervecería Agamenón es propiedad de unos socios de la construcción que pasaron a la hostelería tras la crisis del sector. Contactado por este periódico, uno de ellos, Jesús Rivera, señala en un primer momento que “la gente cobra todas las horas que echan” y que todo está acorde a la legislación. Al recordársele la sanción de Inspección de Trabajo, da marcha atrás y afirma: “Corregimos las irregularidades y cumplo con la sanción”. Aunque poco después indica que fue culpa de la trabajadora, quien les “tendió una trampa” al no aceptar los contratos con Tras el despido, la empleada, quien es una militante conocida en los movimientos sociales granadinos, acudió a la cervecería acompañada por gente de su sindicato y de diferentes organizaciones (CGT, Stop Desahucios Granada 15M…) para negociar con la empresa, a lo que ésta se negó.

Desde entonces, se han sucedido las concentraciones de decenas de personas en la puerta de la empresa. Ante ellas, la empresa optó por cerrar el negocio algunos de los días señalados. Los dueños llegaron a ofrecer en febrero la readmisión y el reconocimiento de toda la jornada laboral. “El problema es que no aceptaban que el despido había sido nulo, por lo que si no cumplieran estaría desprotegida. Sólo quiero volver a trabajar en condiciones que me permitan vivir”, manifiesta. Ese reconocimiento ha sido la barrera insalvable para el acuerdo, ya que Rivera considera que sería “comulgar con ruedas de molino”. Desde entonces, el conflicto se ha alargado sin llegar a una solución. Este viernes 22 de abril tendrá lugar el juicio por la readmisión, cuya resolución será importante para el desenlace del asunto.

Agresiones a la parte sindical

Los cánticos del plácido mediodía dominical frente a Agamenón se rompen de repente. Un cubo de agua ha caído desde una ventana sobre los concentrados. Los cinco policías nacionales miran hacia arriba sin mucho interés. Pese a que Rivera señala que “nunca han perdido los nervios” y considera “agresiones” el uso del megáfono en la puerta del local, es su contraparte quien tiene más quejas. Agua, huevos, algún empujón, un tirón de pelo a la trabajadora despedida en una ocasión… forman parte de la lista de agravios. Pese a esto, fue la empresa la que acusó de amenazas, sin éxito, a dos sindicalistas.menos horas que las trabajadas en realidad, hecho que Rivera niega.

A principios de abril, la Subdelegación del Gobierno en Granada tomó cartas en el asunto, no autorizando las concentraciones en la puerta de la Cervecería Agamenón. Argumentaba que ya se había alcanzado la “notoriedad” deseada y la posibilidad de altercados. Desde entonces, diferentes organizaciones sociales se turnan para comunicar las concentraciones. Ante la convocatoria de una manifestación por el convenio de hostelería provincial, Subdelegación de Gobierno llegó a recomendar al sindicato Comisiones Obreras que la ruta no incluyera el conflicto con la cervecería, a lo que CC OO hizo caso omiso.

El pilar de la economía

Los servicios suponen en la provincia de Granada más de dos tercios del valor agregado bruto y dentro de ellos, debido al turismo, la hostelería es el principal motor, con más de 14.000 personas empleadas. En este contexto se sitúa la lucha en torno al convenio sectorial: mientras que los sindicatos reivindican uno nuevo, la poderosa patronal hostelera no sólo no acepta sino que está buscando eliminar la ultraactividad del convenio ya finalizado, es decir, que esa normativa deje de aplicarse.

De esta forma, el conflicto de Agamenón, pese a afectar directamente a sólo una trabajadora, es un símbolo. Según indica José Juan Martínez, miembro de la Asamblea Interprofesional, uno de los colectivos implicados, “son muchos los trabajadores que están pendientes de este conflicto y también la patronal, que ha podido influir en la actitud de Subdelegación”. Para Martínez, la importancia de este caso es que “se ha conseguido generar dinámicas de apoyo entre organizaciones políticas, sindicatos, plataforma de desempleados, Stop Desahucios…”.

La empleada despedida afirma: “Somos muchos los trabajadores que estamos cansados de semiesclavitud. Lo que pasa es que muchos piensan que es temporal o que todo está igual. Sólo es posible la lucha con gente de fuera, ya que las plantillas aguantan lo que les echen porque es el último eslabón que hay. Los derechos que pido no son míos, son de todos. Esta lucha ha sido posible porque no estoy sola”. ¿Ayudará a resquebrajar ese miedo un éxito en Agamenón? Para ello primero tiene que producirse. El juicio de este viernes ayudará a esclarecerlo.

(Fuente: Diagonal / Autor: Eduardo Pérez)

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