Alzamiento de Pascua, hacia la independencia de Irlanda

El año 1916 marcó un antes y un después para Irlanda. El 24 de abril de hace justo un siglo, coincidiendo con el lunes de Pascua, varias organizaciones de tendencia republicana e independentista iniciaron una insurrección armada en Dublín que se ha considerado el inicio del proceso de emancipación irlandesa. El Easter Rising, sin embargo, fue fruto de una larga trayectoria histórica que venía de lejos.

Una historia de sumisión

Irlanda, una isla con población de origen céltico y religión católica, sufrió una invasión por parte de la monarquía inglesa que se inició en la Edad Media. La conquista se aceleró a principios del siglo XVII y se consolidó definitivamente al cabo de un centenar de años. Más allá del control de las altas esferas de poder, la ocupación también significó la colonización de la isla por parte de personas de procedencia británica y de confesión protestante. La población colonizadora, proveniente de Escocia e Inglaterra, obtuvo el control del poder político irlandés y se hizo con la propiedad de las tierras de cultivo, medio de subsistencia principal en la época.

Desde entonces, la comunidad católica e irlandesa fue objeto de discriminación, marginación y represalias constantes. Sin derechos políticos ni medios para alimentarse o prosperar económicamente, la población gaélica perdió su propia lengua en favor del inglés y fue caldo de cultivo de la emigración. En este contexto, la violencia armada se convirtió en el último recurso válido para responder contra los abusos de poder del Imperio británico.

Los United Irishmen, un referente de la rebelión armada

A finales de siglo XVIII, los grupos más progresistas de Belfast se impregnaron de los ideales de la Revolución francesa. En la capital de la provincia del Ulster, el abogado Wolfe Tone y el bibliotecario Thomas Russell, los dos de origen protestante, se inspiraron en las ideas ilustradas de igualdad, libertad y fraternidad para construir un proyecto político centrado en la ruptura con la monarquía inglesa y la liberación nacional de Irlanda. El 1791, junto con otros compañeros, Russell y Tone crearon la Sociedad de Irlandeses Unidos (Society of United Irishmen), que contemplaba la creación de un Estado republicano secular que eliminara las desigualdades presentes entre la comunidad católica irlandesa y la población protestante de origen británico.

El 1795, Wolfe Tone se tuvo que exiliar y aprovechó esta circunstancia para planear una revuelta contra el poder británico desde el exterior. Al cabo de unos años, el 1798, la Sociedad de Irlandeses Unidos movilizó a miles de personas y desencadenó una rebelión armada que se extendió a toda la isla. Los enfrentamientos con las fuerzas inglesas fueron duros: el conflicto armado causó miles de muertos en toda Irlanda. Finalmente, después de varios meses de guerra abierta, el Ejército británico derrotó a los grupos rebeldes y consiguió cortar de raíz el levantamiento por la independencia de Irlanda.

A pesar del fracaso del alzamiento, los United Irishmen instauraron una tradición política propia y un modelo de resistencia contra las autoridades británicas que se reproduciría posteriormente. A pesar de la derrota, su intento de revuelta armada marcó un precedente: durante el siglo XIX, varias organizaciones de tendencia republicana siguieron una estrategia similar. El 1803 hubo una nueva tentativa de rebelión, mientras que en 1848 habría otro levantamiento armado que también fue aplastado.

El espejismo del estatuto de autonomía

A pesar de la pervivencia del republicanismo secular, independentista y partidario de la lucha armada, el nacionalismo moderado fue la línea política hegemónica en la isla durante mucho tiempo. De filiación católica y favorable a encontrar un encaje de autogobierno para Irlanda en el marco del Reino Unido, el nacionalismo constitucional irlandés optó por la negociación y la participación en las instituciones políticas británicas. Entre finales de siglo XIX y principios del XX, su demanda principal en Londres fue la concesión de un modelo de estatuto de autonomía ‒Home Rule‒ que permitiera la creación de un Gobierno en Dublín con competencias propias.

Después de años de reivindicaciones, la Cámara de los comunes aprobó finalmente el estatuto de autonomía irlandés poco antes de 1914. Aun así, el estallido de la Primera Guerra Mundial y las fuertes presiones de los grupos unionistas protestantes hicieron que el Gobierno británico no llegara a poner nunca en marcha la Home Rule. A partir del conflicto bélico, además, Londres necesitó efectivos y todo tipo de recursos para destinar a los esfuerzos de guerra. En este punto, el Partido Parlamentario Irlandés, representante del nacionalismo moderado, hizo campaña entre la población de Irlanda para animarla a combatir en el frente con las tropas del Reino Unido. Como contraprestación, el Gobierno británico se comprometió a ceder las competencias necesarias para que la isla adoptara su propio estatuto de autonomía en un futuro cercano.

En un primer momento, miles de personas irlandesas fueron a luchar a la guerra, pero las penurias, el trato discriminatorio que recibieron por parte del Ejército británico y la muerte que sembró el conflicto cambiaron pronto el posicionamiento de la población. En muy poco tiempo, las propuestas del nacionalismo moderado perdieron validez. Además, los irlandeses percibieron que las instituciones británicas les hacían falsas promesas para usarlos de carne de cañón en Europa.

La preparación de la revuelta

El 1916, varios grupos republicanos consideraron que el contexto de descontento hacia el Imperio británico era el momento ideal para hacer un golpe de efecto. Como el Ejército del Reino Unido tenía su cúpula y la mayor parte de sus efectivos destinados en la Gran Guerra, una parte del republicanismo irlandés decidió aprovechar la ocasión para organizar una rebelión armada.

Para preparar la revuelta, hubo varias organizaciones nacionalistas y republicanas que convergieron. Algunos de los cerebros del levantamiento eran miembros del Irish Republican Brotherhood (IRB), un grupo secreto republicano que pretendía combatir la ocupación británica a través de la lucha armada desde que se fundó a mediados de siglo XIX. En el alzamiento también participaron los Voluntarios Irlandeses, una organización paramilitar creada años atrás para defender el estatuto de autonomía que derivó hacia posiciones independentistas. Por último, el otro grupo implicado en la rebelión fue la Irish Citizen Army (ICA, Ejército Ciudadano Irlandés), una organización obrera y de ideología socialista que planeaba iniciar una insurrección armada contra la ocupación británica desde hacía tiempo. Encabezados por James Connolly, líder sindicalista de línea marxista, la Irish Citizen Army pretendió que las acciones por la independencia nacional de Irlanda y las luchas por la revolución social en la isla fueran de la mano.

Los hechos de Pascua, un cambio de rumbo para Irlanda

Finalmente, la rebelión contra las autoridades británicas se puso en marcha el 24 de abril de 1916. Como era lunes de Pascua, coincidió con un día de celebración religiosa para la comunidad católica irlandesa que se ha vuelto simbólico. El objetivo de los sublevados era extender la revuelta a toda la isla, pero el levantamiento no se produjo en todo el territorio. Mientras que en Belfast se optó por no actuar debido a la preeminencia unionista, la insurrección se centralizó en Dublín, donde se movilizaron más de un millar de personas armadas para ocupar posiciones estratégicas y simbólicas de la ciudad. El mando militar de la rebelión instaló su sede central en la Oficina General de Correos de Dublín. Desde allí, el líder republicano Patrick Pearse hizo una declaración de independencia, proclamó la República de Irlanda y se erigió como presidente del nuevo Gobierno provisional.

El alzamiento de los republicanos, que intentaron organizarse como si fueran un ejército regular, cogió completamente por sorpresa al Imperio británico. Las autoridades del Reino Unido habían destinado la mayor parte de sus esfuerzos a la Primera Guerra Mundial y el Gobierno de Londres mantenía una presencia militar muy reducida en Irlanda. Esto hizo que las tropas inglesas no pudieran enviar suficientes efectivos para responder a la insurrección hasta dos días después. Aun así, una vez llegó con los batallones suficientes para actuar, la armada británica atacó con dureza y al cabo de cuatro días acabó con la rebelión.

Después de aplastar la revuelta, las autoridades del Reino Unido activaron fuertes medidas de represión, encarcelaron a la mayoría de gente que se había sublevado y ejecutaron a 14 de sus principales líderes. Las duras actuaciones de castigo, sin embargo, no pasaron desapercibidas entre la población irlandesa: para mucha gente que no había participado ni dado un apoyo explícito al levantamiento, las ejecuciones fueron un escándalo y evidenciaron que el Imperio británico todavía trataba a Irlanda como si fuera una colonia.

La independencia de Irlanda, un proceso complejo

A partir de entonces, el proyecto de emancipación irlandesa no paró de ganar adeptos. El 1918, el Sinn Féin, un partido político republicano que recogió la herencia del Levantamiento de Pascua, ganó las elecciones generales en toda la isla y se encaminó otra vez hacia el independentismo. Por otro lado, en la misma época también surgiría el IRA (Irish Republican Army), un grupo armado que iniciaría una guerra de guerrillas contra las autoridades británicas para forzarlas a abandonar el país.

El 1919, el conflicto desembocó en una guerra por la independencia que acabó el 1921 con la firma del Tratado Anglo-Irlandés. En el pacto, el Gobierno británico aceptó la creación de un Estado propio para la mayor parte de la isla, pero hubo seis condados de la provincia del Ulster que permanecieron bajo soberanía del Reino Unido. Allí se creó el Parlamento autónomo de Irlanda del Norte, que quedaría bajo control absoluto de la población unionista, que era mayoría en el territorio.

Con todo, la fundación del nuevo Estado irlandés no satisfizo a todo el mundo. La pérdida de los seis condados del Ulster y el hecho de que una de las cláusulas para la independencia fuera que Irlanda siguiera siendo súbdita de la Corona británica provocaron la división del país en dos. Entre 1922 y 1923, las divergencias provocaron el estallido de una guerra civil que enfrentó a una facción del IRA contraria a los acuerdos de independencia contra el nuevo Gobierno irlandés. Actualmente, a pesar de que ha pasado casi un siglo, los agravios de este pasado convulso todavía siguen latentes.

(Fuente: Diagonal / Autor: Joan Mas Autonell)

También te podría gustar...

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *