Marruecos condena a 20 años de cárcel a los líderes de las protestas populares del Rif. Las penas a los 52 presos políticos suman 300 años

La primavera rifeña terminó en represión y cárcel. Así gestiona los movimientos de protesta pacíficos el Reino de Marruecos. Los cuatro principales líderes de las revueltas que sacudieron la región norteña marroquí del Rif entre 2016 y 2017 han sido condenados a veinte años de cárcel, entre ellos su cabecilla, Naser Zefzafi (foto superior adjunta).

El Tribunal de Apelación de Casablanca condenó a Zefzafi, Mustafá Ahamyik, Wasim al Bustati y Samir Ighir a veinte años por atentar contra la seguridad interna del Estado, además de otros delitos como rebelión y participación en protestas ilegales.

El Tribunal de Apelación de Casablanca emitió el martes 52 condenas que suman más de 300 años de prisión en el marco de un macro proceso con cientos de encarcelados. Las protestas dieron paso al movimientos popular Hirak, que exigía en las calles más inversión, desarrollo y empleo en esta región del norte de Marruecos, a raíz de la muerte de un vendedor de pescado en 2016.

Los cuatro principales líderes de las protestas que sacudieron el Rif entre 2016 y 2017 fueron condenados el martes a 20 años de cárcel, entre ellos su cabecilla, Naser Zefzafi.  El Tribunal de Apelación de Casablanca ha sentenciado a Zefzafi, Mustafá Ahamyik, Wasim al Bustati y Samir Ighir a dos décadas de presión años por atentar contra la seguridad interna del Estado, además de otros delitos como rebelión y participación en protestas ilegales.

Ninguno de los procesados resultó absuelto, y las condenas, además de los cuatro casos más graves, oscilaron entre los 15 años (cuatro personas), diez años (siete personas, entre ellos el cabecilla Mohamed Yalul), cinco años (diez), tres años (ocho), dos años (19), un año (uno) y un último condenado a una multa de 5.000 dirhams (unos 450 euros).

El proceso, que ha estado perturbado por numerosas protestas de los acusados (incluidas huelgas de hambre) y de sus abogados defensores, que se quejaban de ver lesionados sus derechos, comenzó el pasado 12 de septiembre y ha sido uno de los más largos de los últimos años en Marruecos.

La lectura de la sentencia fue pronunciada en ausencia de los propios acusados (53 en total), que rechazaron hoy usar su último turno de palabra y fueron devueltos al sótano del tribunal, quedando la comunicación del veredicto en manos de un ujier que se desplazó hasta ese sótano, sin que se sepa aún su reacción.

(Activistas y familiares abandonan la sala del juicio gritando consignas contra la corte tras conocerse la sentencia)

Nada más conocerse los primeros veredictos, los asistentes -familiares y simpatizantes rifeños- comenzaron a gritar en la sala del tribunal: unos lloraban, algunos se desmayaron (una ambulancia tuvo que llevarse a una mujer) y otros comenzaron a corear consignas políticas como “Viva el Rif”, así como lemas contra el Estado y cánticos religiosos.

De los abogados defensores presentes en la sala, solo uno de ellos, Mohamed Aghanach, aceptó hablar para anunciar que piensan apelar la sentencia, mientras que su colega Mohamed Karrut, en su caso representante del Estado, consideró que las penas habían sido “muy leves”.

El largo proceso a los líderes rifeños, que se ha desarrollado a más de seis horas de viaje de sus lugares de residencia -la ciudad de Alhucemas y sus alrededores- comenzó en septiembre con dos sesiones semanales, pero la cantidad de acusados y el elevado número de abogados que les defendían hicieron que las vistas fueran aumentando hasta tres, cuatro y hasta cinco días semanales.

Las intervenciones de los acusados rifeños -y en particular las de Zefzafi- han tenido un marcado carácter político de denuncia contra el Estado marroquí y de cuestionamiento de la motivación de su proceso.

Zefzafi, detenido en mayo de 2017, se convirtió en líder inesperado de una revuelta civil sin estructuras claras organizada en torno a un movimiento conocido como Hirak, que capitalizó el descontento de la región por el atraso económico, la falta de oportunidades de la juventud y la carencia de servicios públicos.

Aunque estos problemas eran históricos y estructurales, las protestas estallaron cuando un comerciante de pescado de Alhucemas llamado Mohsen Fikri resultó aplastado por el mecanismo interno de un camión de basura donde las autoridades habían confiscado su mercancía so pretexto de haberla pescado ilegalmente.

Las protestas sacaron a las calles a decenas de miles de personas de todas las edades, que desbordaron a la clase política local y nacional, y nunca tuvieron veleidades separatistas, logrando de hecho un gran apoyo en un primer momento en el resto de Marruecos.

Sin embargo, la irrupción de Zefzafi en una mezquita, donde interrumpió un sermón del imán, desató una espiral de represión policial que llevó a la cárcel a cientos de personas -entre ellos numerosos menores de edad- y se ha saldado con duras condenas de cárcel.

(Fuentes: Público / La Vanguardia)

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