Catalunya. Tamara Carrasco (CDR): “Me enfrento a un proceso judicial para poder garantizar la libertad de miles de personas”

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Tamara Carrasco fue detenida por orden de la Audiencia Nacional el pasado 10 de abril por hechos relacionados con los Comités de Defensa de la República. Acusada de terrorismo por la Fiscalía, ahora está a la espera de que el alto tribunal confirme la rebaja de cargos y envíe el caso a un juzgado de Barcelona.

Nos encontramos con Tamara Carrasco en la estación de tren de Viladecans (Barcelona), el municipio donde vive desde hace 14 años. Las medidas cautelares impuestas por el juez de la Audiencia Nacional que la investiga le prohíben salir del municipio excepto para ir a trabajar y comparecer semanalmente en el juzgado de Gavà.

El pasado 10 de abril, agentes de la Guardia Civil registraron su casa antes de llevarla detenida hasta Madrid para ponerla a disposición judicial. La Fiscalía le acusaba de presuntos delitos de rebelión y terrorismo en el marco de una investigación sobre las acciones de los Comités de Defensa de la República (CDR) durante la operación retorno de las vacaciones de Semana Santa. En el mismo operativo había una segunda orden de detención contra un joven llamado Adri, en este caso vecino de Esplugues, que ya hace casi dos meses que se fue de su casa para eludir la actuación policial, según denunció su madre en una carta.

El juez concedió la libertad provisional a Tamara tras tomarle declaración, rebajando los cargos a desórdenes públicos en contra del criterio de la Fiscalía, que días después presentó un recurso de apelación. El mismo día de la publicación de esta entrevista, los tres jueces de la sala de apelaciones han rechazado de nuevo la petición de prisión reafirmando su libertad de la joven pero manteniéndole las medidas cautelares, ya que aún no han entrado a valorar la calificación de los delitos. Dependiendo de esta última decisión, el procedimiento será enviado definitivamente a un juzgado de Barcelona o se mantendrá en la Audiencia Nacional con los cargos iniciales, un hecho que condicionará de forma relevante el desarrollo del caso.

¿Cuándo entraste al CDR de Viladecans y como lo describirías?

En Viladecans, el CDR se creó después del referéndum, a raíz de la primera huelga del 3 de octubre. Aquí nos conocemos todos, estamos en los mismos lugares y ya nos organizamos para defender las escuelas. Hay gente de todo tipo, de partidos, gente que no había militado antes, ancianos y jóvenes, de todo tipo de estatus social. El espíritu era continuar la gente que habíamos hecho posible el 1 de Octubre. En realidad somos personas que en casa tenemos nuestro color y nuestra ideología, pero lo dejamos de lado para mirar en clave de país. No importa la edad, el dinero que tienes en el banco o de qué trabajas, todos vamos a una. Cuando entré era en este sentido, no soy de quedarme en casa a esperar que pasen las cosas, yo quiero participar para hacer que éstas pasen.

Antes del CDR, ¿qué experiencia habías tenido a nivel político? ¿Habías participado de algún otro espacio?

He estado en muchos lugares. A nivel político, cuando salió Podemos entré, pero cuando vi cómo funcionaba lo dejé. Había mucha gente que tenía ganas de hacer algo a nivel municipal y fue así como fundamos Guanyem. Yo ya me había quemado mucho, pero los ayudé con la campaña de las municipales de 2015 y luego me retiré. Iba de número 3, pero como sabíamos que sacaríamos como mucho uno o dos concejales acepté. Al principio me lo había tomado con mucha ilusión, pensaba que era algo y me encontré de cara con lo que significa hacer política de esta manera.

¿Qué es lo que te decepcionó?

Que es totalmente vertical, en Podemos manda Pablo Iglesias y sus afines. No se preocupaban mucho por los círculos, son un partido de televisión. Como salen allí, la gente les vota y no miran el tema de la participación. Parece que ahora se empieza a solucionar un poco y se lo están tomando más en serio, pero yo en ese momento, cuando vi las peleas que tenían dentro, decidí que no me interesaba, que yo quería hacer cosas por el pueblo. Entonces me dediqué al activismo: la plataforma del hospital, luchas por la educación… También hicimos una asociación solidaria con los refugiados sirios para recaudar dinero para una ONG de bomberos y de médicos que hacían rescate marítimo en Lesbos, suministraban comida fresca en los campos de refugiados y ropa. Con la misma gente empezamos a hacer campaña por la CUP, porque en Viladecans no hay y estamos en el proceso de construcción del núcleo local desde hace tres años, nos queremos formar y nos lo tomamos con calma.

¿Cómo ha vivido tu familia el proceso catalán durante los últimos años?

La familia de mi madre es catalana, pero por parte de padre son de Granada. Con mi padre no nos poníamos muy de acuerdo. Cuando me pasó lo que me pasó, a él se le rompió algo por dentro al ver que las mismas leyes y Constitución que el Estado defiende habían metido a su hija en una cárcel. La relación ha cambiado bastante en este sentido, ahora es más de tú a tú y entiende más lo que pienso y lo que hago, lo que antes no pasaba.

Pues ¿podríamos decir que la represión del Estado ha sido contraproducente en este aspecto?

Hay muchísima gente a la que conozco de toda la vida, que sé que no son independentistas, pero me han dado muchísimo apoyo. Me decían: “Yo no quiero la independencia pero, claro, si a ti te meten en una prisión por terrorismo por haber cortado una autopista, a mí mañana, cuando me manifieste porque no me han aprobado el convenio del metal, me harán lo mismo. O a mi hijo universitario, cuando vaya a manifestarse, le harán lo mismo”. También he recibido mucha solidaridad por el tema de derechos fundamentales, al margen del independentismo. Personas que han ido más allá y que, a pesar de no compartir ideas, me han apoyado cuando han visto todo lo que me estaba pasando.

En principio, la única prueba que tienen por detenerte es un audio de WhatsApp que se filtró a los medios de comunicación.

Era una conversación privada entre amigos que se sacó totalmente de contexto. En el audio, incluso yo misma hay cosas que digo que no acabo de ver. Nunca se sabrá porque se filtró, si se hizo inocentemente sin querer o qué pasó. Me dijeron que se había hecho viral y que Ok Diario había hecho un artículo … De hecho, a fecha de hoy, me dedican un artículo a la semana. Es a raíz de esto que explota todo y abro la puerta de casa y me encuentro todo aquello.

¿Qué pasó el día que te detuvieron?

Estaba durmiendo, escuché que me tocaban en la puerta insistentemente y me levanté pensando que era mi compañero de piso. Cuando abrí la puerta me encontré diez guardias civiles con pasamontañas y armados con metralletas. Me plantaron un papel ante la cara diciendo que, por orden del juez, tenían orden de registro y que se me acusaba de sedición, rebelión y terrorismo… Cuando oí la palabra “terrorismo” no me lo podía creer. Me quedé en shock, pensaba que era una broma de alguien y hasta el cabo de un rato no fui consciente de la gravedad del asunto.

¿Cómo fue el registro?

Estuvieron cuatro horas dentro de mi casa revolviendo todo. Buscaban móviles, lápiz de memoria, carteles, cosas de este tipo. Cogían los carteles como si fueran un kilo de explosivos y yo pensaba “pero si son carteles de Òmnium que dicen democracia, libertad”. Pedí no salir expuesta y me dijeron que como me había comportado, había colaborado en todo momento y no había dado problemas, si no hacía el espectáculo fuera estaban de acuerdo.

Cuando saliste a la calle y viste todas las cámaras de los medios de comunicación, ¿qué te pasó por la cabeza?

Es una mezcla de tantos sentimientos… Todo era silencio, solo escuchaba los flashes de la prensa y era muy extraño. Era un sentimiento de “joder, se me llevan ya, no es un sueño”. Yo, en ese momento, que tengo un rictus muy serio, lo que intentaba era no hundirme, no llorar, y aquellos tres días estuve empeñada en no llorar, que es una tontería, pero me dio por ahí. Posteriormente, me trasladaron a un centro médico para hacerme un reconocimiento y de allí ya me llevaron directamente en coche hasta Madrid, a la comandancia de la Guardia Civil de Tres Cantos. Allí estuve dos días en una celda individual. En todo momento, pedí hablar con mi abogado y me dijeron que no, que por el tipo de delito, me correspondía uno de oficio. Tuve abogado al día siguiente, uno de Alerta Solidaria que me hizo la primera atención. Hasta que no llegué a Madrid no pude hacer la primera llamada. Hasta ese momento nadie sabía dónde estaba.

Después te llevan a declarar ante el juez en la Audiencia Nacional.

Sí, una vez allí tuve otro abogado que me dijo que no declare porque  es una locura. En ese momento, hay secreto de sumario y no sabemos qué tienen, es como si a un cirujano le dices que opere sin unas pruebas que pueda mirar antes. Solo contesté lo que mi abogado me preguntó. Acto seguido, me dan la libertad y vuelvo a casa con la gente que me había ido a buscar hasta allí.

¿Cómo es la vuelta a Viladecans?

Una pasada, es lo más bonito que recuerdo. Me vinieron a buscar Vidal Aragonés, Joan Coma, Pep Riera … y claro, yo no los había visto nunca y cuando los encontré afuera no me lo creía. En el tren me contaron un poco todo lo que había pasado en la calle, pero solo lo bueno, lo malo supongo que pensaron que ya me lo encontraría. Me informaron sobre las manifestaciones que se habían hecho, la carta de Mireia Boya, mi familia, el grupo de apoyo y todo. Al llegar a Viladecans, me encontré una reacción muy buena, todo el mundo abrazándome y dándome apoyo, no tuve ningún imput negativo.

Es decir, toda la campaña de criminalización tachándote de terrorista no había terminado de funcionar.

No, aquí no, todo el mundo me conoce. Ser terrorista es algo muy diferente, es una persona que pone bombas y mata gente. Yo no haría daño a nadie. ¿Cómo se puede tachar de terrorista a una persona que es activista, que dedica su tiempo libre precisamente a ayudar a las personas? Además, yo no he hecho nada que no se haya hecho antes, que no hayan podido hacer nuestros padres o abuelos, por eso no entiendes este relato de odio y de mentiras.

De lo dicho de ti ¿qué es lo que más daño te ha hecho?

Lo que se dijo en el programa de Ana Rosa Quintana y Susanna Griso. Yo no había salido aún de casa y ya estaban diciendo que tenía planos detallados del cuartel de la Guardia Civil y cócteles molotov en casa. Empiezas a ver burradas y todo lo que han llegado a inventar. Ellos tenían toda una información previa de mí, sabían donde trabajo, qué hago, donde me muevo, con quien. Me he sentido injustamente señalada y porque el dinero que tengo es para la defensa, no me da para nada más, porque si no me liaba a poner querellas. Los medios de comunicación te señalan, se pasan por el forro tu presunción de inocencia y te destrozan la vida, como han hecho conmigo, con la víctima de la manada, los profes de El Palau y con todos. De acuerdo con que haya libertad de prensa, pero debe haber un límite. Yo me he sentido insultada y calumniada de la peor de las maneras. ¿Quién lava mi reputación ahora? Cuando eres una persona anónima normal y corriente se lleva muy mal todo esto. En este sentido, estoy muy enfadada, porque no me lo merezco. Te destrozan la vida pero nadie te pide perdón.

¿Eres consciente de hasta qué punto pasan casos como el tuyo?

Con el tema CDR, cuando hacíamos una acción, pensábamos que quizás te podían pegar los antidisturbios o ponerte una multa. Yo era consciente de ello, pero lo que me ha pasado no, no me lo imaginaba.

¿Qué relato hace la Fiscalía para seguir pidiéndote prisión y mantener los cargos por terrorismo?

Es muy bestia. Son veinte páginas y en dieciocho de ellas hablan de los CDR en general y dos páginas hablan de mí. Nos atribuyen hechos que los CDR han desmentido que hicieran, como la quema de banderas en Balsareny. Hacen un relato como si fuéramos una banda peligrosa, de ciencia ficción. Tengo la sensación de que se han centrado en mí para criminalizar a todo un movimiento, me enfrento a un proceso judicial para poder garantizar la libertad de miles de personas. No estoy sola, pero sí que lo llevo sobre los hombros.

Desde tu detención hasta ahora, ¿cómo ves todo lo que está pasando con los lazos amarillos y la libertad de expresión?

 

Nos están quitando uno a uno cada derecho que tenemos. Solo pueden tener derechos los que estén a favor de España. La extrema derecha está campando como quiere sin ninguna consecuencia. En la manifestación unionista que terminó a las puertas del Ayuntamiento de Barcelona, ​​tiraron a un policía al suelo e le hicieron quitarse el lazo amarillo, por mucho menos los Jordis están en prisión. Están agrediendo gente, están quitando lazos, están haciendo de todo y no les pasa nada, y nosotros, por escribir un tuit o por hacer una canción como el Valtònyc hay mucha gente que está pagando. Te sientes impotente, ¿qué más hay? Meter a todos en la cárcel, ¿qué más quieren? O qué más hace falta para que la Unión Europea diga que solucionemos esto? Es una mezcla de rabia y de tristeza. No somos violentos, no hemos hecho nada malo, solo intentamos expresarnos y nos pasa todo esto.

¿Qué conclusiones sacas de estos últimos meses y todo lo que has vivido?

Que tengo que dejar de ser tan inocente y que la lucha debe continuar. Lo que no me gustaría es que la gente dejara de salir a la calle, porque si es así, lo que estamos pagando no habrá servido para nada. Yo seguiré con la lucha como siempre, pacíficamente, dentro de las posibilidades que ahora mismo tengo. Mis principios siguen intactos, no me harán cambiar lo más mínimo ni metiéndome miedo ni presionandome, ni nada. No me arrepiento de nada, porque no he intentado hacer daño a nadie. Si por mi culpa se hubiera roto algo, hubiera muerto alguien o hubiera pasado algo grave sí podría decir que lo hubiera hecho de otra manera o yo no quiero eso, pero no ha pasado nada parecido. No creo que me tenga que arrepentir por tener ideales y para intentar conseguir lo que yo creo que es justo. Si nos quedáramos en casa no tendríamos derechos, los derechos se deben tomar.

(Fuente: El Salto / Autor: David Bou)

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