Inicio del Golpe de Estado institucional en Brasil

Este domingo el golpe de Estado insitucional orquestado por la derecha brasileña dio el primer paso. Superando los 342 votos afirmativos, la Cámara de Diputados aprobó el impeachment contra la presidenta Dilma Rousseff. Ahora quedará en manos del Senado definir si convalida la interrupción del orden constitucional.

Cómo en Honduras en 2009, pero sobre todo –por la metodología– como en Paraguay en 2012, el Congreso brasileño dio un paso contundente este fin de semana para concretar un golpe de Estado contra el gobierno del Partido de los Trabajadores (PT) y la presidenta Dilma Rousseff.

Con discursos que buscaban tomar un carácter épico, diputados opositores votaban a favor de la destitución por su familia, por el cambio, por la democracia, en contra de la corrupción, del comunismo, del cambio de sexo y hasta por la paz en Jerusalén. Pero quizás lo que más impacto generó fue el voto del diputado de extrema derecha Jair Bolsonaro quién dedicó su voto al torturador de Dilma Rousseff y afirmó que “perdieron en el ’64 y pierden ahora” en alusión al último golpe de Estado en Brasil en 1964.

No obstante, a pesar de las declamaciones con una fuerte carga ideológica de los diputados y diputadas que apoyaron el impeachment, cabe recordar que la imputación contra la jefa de Estado no tiene que ver con ninguna causa de corrupción.

En las redes sociales las izquierdas manifestaban su tristeza y denunciaban el “espectáculo bochornoso” del Congreso. Por su parte los movimientos sociales advirtieron que seguirán luchando en las calles para “frenar el golpe”.

Divisiones y presiones

Cuando aún faltaban por votar más de 30 de los 511 legisladores presentes en el plenario, la oposición ya logró conseguir los 342 apoyos necesarios para encaminar la solicitud al Senado, que será el encargado de decidir si abre o no el proceso de destitución.  El diario Folha de Sao Paulo publicó una nota en su edición digital según la cual varios diputados reconocieron haber sido presionados fuertemente por empresarios para que apoyaran la admisión del juicio político.

El pedido de impeachment fue aceptado por Cunha el pasado 2 de diciembre en una acción que el abogado general de la Unión, José Eduardo Cardozo, calificó de notorio desvío de poder y un acto de venganza por no recibir el apoyo de diputados del gobierno para frenar el proceso de casación que enfrenta en la Comisión de Etica. Cunha debe responder ante ese órgano por mentir al Congreso, al negar que poseía cuentas bancarias secretas en Suiza. Además, fue denunciado por la Procuraduría General de la República por corrupción y lavado de dinero.

Una vez admitida por el plenario de la Cámara de Diputados, la solicitud de juicio político pasa al Senado, que deberá aprobar por mayoría simple si procede o no. En caso afirmativo, la Presidenta será apartada del cargo por un periodo de 180 días en el transcurso del cual será juzgada.

En un mensaje difundido ayer a través de las redes sociales, Dilma Rousseff denunció que el proceso que este domingo concluía en la cámara baja constituye el mayor fraude jurídico y político en la historia de Brasil. No hay razón para un proceso como éste, pues me acusan sin ninguna base legal. Yo no cometí ningún delito de responsabilidad, ni hay denuncias contra mí por corrupción, desvío de dinero público o sobornos, dijo.

Circo en el Congreso

El domingo desde el inicio del día se produjo un espectáculo más propio de Gran Hermano que de una votación del Legislativo. Los parlamentarios pro-impeachment disfrazados con la bandera de Brasil, con bufandas verdes y amarillas y carteles en lo que se leía “Ciao querida”, se amontaban frente al micrófono donde se iban a declarar los votos.

Curiosamente ninguno de ellos nombró las acusaciones por las que Rousseff estaba siendo juzgada, basadas en un delito de maquillaje de cuentas para poder recibir préstamos con los que cumplir el gasto social previsto en el presupuesto. Pero lo que sí se escuchó a lo largo de la jornada fue un discurso en el que casi la totalidad de los diputados que votó a favor lo hizo “por Dios y por la familia”. Alguno, en tono exaltado, como si de un mesías se tratara, dijo que había sido “iluminado” para votar contra la mandataria.

El peso evangélico se sintió durante las seis horas de votación en la que el propio presidente de la Cámara de los Diputados, Eduardo Cunha (devoto de esta religión) votó con esta frase: “Que Dios tenga misericordia de esta nación”, para después cerrar la sesión: “agradezco a Dios por una jornada tan correcta”.

Los 367 diputados que ganaron en la Cámara también citaron a su familia en el momento de dar el voto. Nombraron a sus hijos, nietos, padres, tíos, incluso alguno recordó a su suegra para defender su posición contra la presidenta y para “dejar un país mejor para las nuevas generaciones”, otra frase repetida hasta la extenuación.

Muchos de ellos aseguraron que votaban para “acabar con la corrupción y el robo”, un argumento como poco contradictorio cuando uno de cada tres diputados del Congreso es investigado por delitos de corrupción, y el propio presidente de la Cámara, Eduardo Cunha es acusado formalmente de lavado de dinero y está a la espera de ser juzgado por el Tribunal Supremo Federal.

También hubo polémicos discursos como el del diputado Jair Bolsonaro (PP), una especie de Donald Trump brasileño, que dedicó su voto al coronel Carlos Alberto Brilhante Ustra, torturador de la dictadura: “Este voto es contra los comunistas”, añadió. Poco después de esta declaración, Bolsonaro insultó al diputado del PSOL, Jean Willys, quien le respondió con un escupitajo: “Este proceso político debería enfrentar a quien es machista, promueve la violencia y defiende a torturadores. Eso debería escandalizarnos y no el hecho de escupir a un canalla”.

Ustra, que falleció en 2015, fue condenado por secuestro y tortura. “Por la familia, la inocencia de los niños en las aulas, que el PT nunca tuvo, contra el comunismo, por nuestra libertad en contra del Foro de Sao Paulo, por la memoria del Coronel Carlos Alberto Brilhante Ustra, por el pavor de Rousseff, el ejército de Caxias, las Fuerzas Armadas, por Brasil encima de todo y por Dios por encima de todo, mi voto es sí”, dijo. El diputado es conocido por sus posiciones homófobas y racistas. Su hijo Eduardo Bolsonaro, también diputado del PP, hizo señales de ametralladora mientras votaba.

Los diputados que defendieron a la presidenta no nombraron ni a Dios ni a su familia. Todos ellos recordaron que votaban “contra un golpe”. Algunos citaron luchas de izquierda como la reforma agraria, la demarcación de tierras indígenas o las movilizaciones contra el exterminio de la población negra en las periferias. Buena parte de ellos recordó que el presidente de la Cámara, Eduardo Cunha, es investigado por corrupción y en varias ocasiones le llamaron “canalla” y “ladrón”.

“Esto pasará a la Historia como la mayor farsa de la democracia brasileña. Una presidenta juzgada por un tribunal compuesto por un presidente del Parlamento y más del 50 por ciento de sus miembros acusados por la Justicia”, denunció Waldenor Pereria, del gobernante Partido de los Trabajadores (PT).

81 senadores decidirán

Una vez superado el trámite en la Cámara de Diputados, el Senado deberá instalar dentro de unas 48 horas una comisión especial, que analizará las acusaciones y emitirá un parecer que será remitido al pleno de sus 81 miembros. Ese procedimiento se puede demorar unos quince o veinte días, por lo que el pleno de la Cámara Alta deberá ser convocado alrededor del 10 de mayo para decidir sobre la apertura del juicio político, que será iniciado si lo respalda una mayoría simple de 41 senadores.

Si así fuera, en el mismo momento en que se apruebe el proceso, la mandataria deberá separarse del cargo durante los 180 días que tendrá el Senado para el trámite. Su puesto, entonces, sería ocupado durante ese período por el vicepresidente Michel Temer, líder del Partido del Movimiento Democrático Brasileño (PMDB), que hace dos semanas rompió con el Gobierno y se posicionó a favor del impeachment.

En los últimos días, Temer terminó de distanciarse de Rousseff, sobre todo cuando por un supuesto “error” difundió un audio en el que daba como un hecho que la caída de la mandataria y delineaba las líneas de su eventual Gobierno.

Rousseff lo acusó de ser “uno de los jefes de la conspiración” y rompió todos los puentes con el PMDB, la mayor fuerza parlamentaria, que fue clave en la votación de este domingo en la Cámara Baja, en la que tiene la primera minoría que también ostenta en el Senado. Pero si el proceso acaba con la destitución, Temer deberá completar el mandato que vence el 1 de enero de 2019, aunque también está bajo amenaza de un juicio político por acusaciones similares a las que pesan contra Rousseff.

Hasta que el Senado haga su primera votación el país se queda en una situación delicada ya que Rousseff ha sido apartada de su cargo sólo en una de las Cámaras del Congreso. El vicepresidente todavía no podría formar Gobierno, a pesar de que desde Brasilia afirman que ya están todos los cargos vendidos.

El proceso podría frenarse en el caso de que Rousseff renunciara o convocara elecciones anticipadas. Esta segunda opción parece la más probable y este martes la dirección del Partido de los Trabajadores (PT) se reunirá para discutir esta posibilidad. La idea que plantea tanto el PT como algunos ministros del Gobierno es que la mandataria declare que renuncia a los dos años de mandato que le quedarían si se archivara el impeachment y convoque nuevos comicios para el mes de octubre coincidiendo con las elecciones municipales.

(Fuentes: Prensa Latina / Público / Diagonal / el diario.es)

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