Sairún, la coalición nacionalista-popular de sadristas, progresistas y comunistas, gana las elecciones parlamentarias en Irak (vídeos)

Muqtada al-Sadr

La coalición Sairún (Marchemos), alianza nacionalista-popular que trasciende las líneas sectarias que han protagonizado la vida del país desde el derrocamiento de Sadam Husein, entre el movimiento político shií liderado por Muqtada al-Sadr, conocido popularmente como sadrista, el Partido Comunista de Irak y otros colectivos progresistas menores, ha ganado los comicios parlamentarios celebrados en Irak, según los resultados finales del escrutinio anunciados este sábado por la comisión electoral, tras una semana de recuento. Sairún ha sido la lista más votada en la mayoría de las regiones, así como en las ciudades más importantes, incluida la capital, Bagdad.

Los comicios se caracterizaron por una participación históricamente baja que benefició al movimiento del Hayatoleslam  Muqtada al-Sadr y sus coaligados, cuyos leales partidarios salieron masivamente a votar en una jornada en que millones no acudieron a las urnas por apatía, sobre todo entre sectores sunnis. Las elecciones parlamentarias, que tuvieron una participación del 44,52%, determinan los 328 miembros del Consejo de Representantes (Parlamento) que, a su vez, elegirán al presidente y al primer ministro iraquíes. La coalición de al-Sadr ha obtenido 54 escaños.

Sin embargo, Sairún requerirá de otras alianzas para formar Gobierno, dado que no a obtenido una mayoría suficiente. Además, Muqtada al-Sadr no se presentó como candidato, se limitó a padrinar la candidatura, por lo que no puede aspirar al puesto de primer ministro ni a la Presidencia del Estado.

En segundo lugar a nivel estatal, con 47 escaños, se sitúa la coalición Al Fath (La Conquista), liderada por Hadi al Ameri, secretario general de la Organización Badr, una de las milicias chií que participó en la lucha contra el grupo terrorista Estado Islámico  junto al ejército iraquí. Tanto badristas como sadristas se caracterizan por mantaner posiciones antiimperialitas, contrarias a la permanencia de ejércitos extranjeros en territorio iraquí.

Por su parte, el primer ministro Haidar al Abadi, que encabezaba la alianza Al Nasr (La Victoria), quedó en tecer lugar y contará con 37 escaños y podría jugar un papel relevante en los pactos entre las fuerzas políticas. La lista de Al Abadi sólo fue la más votada en la provincia de Nínive, cuya capital es Mosul, principal bastión del ISIS desde junio de 2014 hasta julio de 2017, cuando las fuerzas iraquíes capitaneadas por el primer ministro expulsaron a los extremistas de la urbe.

En cuarto lugar, con 25 escaños, se encuentra la lista creada por el ex primer ministro Nuri al Maliki, Daulat al Qanun (Estado de Derecho), a pesar de que el político chií fue acusado de haber permitido al EI ocupar amplias partes del país, ante el colapso del ejército y la policía hace cuatro años. La Alianza Nacional del vicepresidente Iyad Alaui se hizo con 21 escaños, después de que este pidiera la repetición de las elecciones legislativas citando “la violencia, el fraude, el engaño, la compra de votos” entre otras razones.

La sexta fuerza más votada fue la corriente islamista Al Hikma (La sabiduría), con 19 escaños, cuyo líder, Amar al Hakim, se reunió ayer con Al Sadr para empezar a negociar sobre la formación de un futuro gobierno, incluso antes de conocerse los resultados oficiales.

En las provincias del norte del Estado, en el Kurdistán iraquí, los dos principales partidos kurdos ganaron los comicios y consiguieron 25 escaños el Partido Democrático del Kurdistán, que actualmente gobierna esta región autónoma, y 18 la Unión Patriótica del Kurdistán.

La victoria de Sairún fue un inesperado golpe para Al Abadi, quien esperaba quedarse con la victoria tras la exitosa campaña militar contra Estado Islámico. Además, Al Sadr había sido relegado durante años por sus rivales chiitas respaldados por Irán, y los analistas estiman que su irrupción es un mensaje de la ciudadanía hacia una élite política que es vista como corrupta y responsable de un Gobierno disfuncional.

Poco después de que se anunciaran los resultados, Al Sadr agradeció a través de Twitter a los votantes su confianza y prometió no decepcionarlos. “Irak y la reforma triunfaron con vuestros votos y no os vamos a decepcionar. Culpamos a aquellos que fallaron a Irak y (en aplicar) la reforma de entre los que creíamos que harían el bien”, dijo Al Sadr. Su voto es un honor para nosotros” “No los decepcionaremos”, añadió. Tanto la reformas de las estructuras sociopolíticas y económicas, como la lucha contra la corrupción y por la recuperación de la soberanía nacional fueron los tres ejes de la campaña de Sairún.

El mismo viernes, tras conocerse los primeros resultados parciales acerca de su victoria, posteriormente confirmados, el dirigente se reunió con los embajadores de los vecinos de Irak, incluidos Jordania, Arabia Saudita, Turquía y Siria. A comienzos de semana había invitado a los líderes de otros bloques políticos para formar un gobierno tecnocrático, basado en su premisa de que es vital luchar contra la corrupción.

¿Quién es Muqtada al-Sadr?

Al Sadr no es cualquiera. Tras la caída del régimen de Saddam Hussein, en 2003, lideró al Ejército Mahdi contra las tropas de ocupación estadounidenses, aunque en los últimos años dejó la vía armada para convertirse en un crítico del establishment, promoviendo movilizaciones contra el mismo, lo que le granjeó numerosos seguidores, especialmente en las regiones más pobres de Irak y en los barrios humildes de Bagdad.

Nacido el 12 de agosto de 1973, lidera la Corriente Al Sadri, iniciada por su padre, el principal movimiento chií de Irak, que goza de gran popularidad en el centro y el sur del país. En los pasados dos años canalizó el descontento y las protestas en contra de la corrupción en Irak, y presionó al Gobierno del primer ministro Haidar al Abadi para llevar a cabo reformas y mejorar el funcionamiento de las instituciones del país, y eliminar el sectarismo. Sus seguidores protagonizaron graves incidentes en la fortificada zona verde de Bagdad, donde en 2016 lograron irrumpir en las sedes del Gobierno y del Parlamento en el marco de sus movilizaciones para exigir esas reformas.

Su perfil combativo se fraguó en su juventud, cuando se unió a su padre, el líder chií mártir, el Ayatollah Mohamed Sadeq al Sadr, en las revueltas populares de 1991 contra el ex presidente Sadam Husein y encabezó a finales de los 90 un movimiento contra el régimen de Sadam tras el asesinato de su progenitor. Posteriormente, se exilió a la ciudad chií de Qom, en Irán, y solo regresó a su país tras la caída de Sadam Husein en 2003 y lideró la resistencia en contra de la presencia militar estadounidense y la administración civil impuesta por Washington.

En junio de ese mismo año anunció la creación de la milicia Ejército de Al Mahdi, que se enfrentó abiertamente con las tropas de EE.UU. en los años posteriores en Bagdad y las ciudades chiíes de Nayaf, Kufa, Karbalá y Al Nasiriya, en el sur de Irak. Sus hombres jugaron un papel destacado tanto en la insurgencia contra EE.UU. como en el conflicto sectario que ensangrentó Irak en 2006 y 2007, hasta que ese año Al Sadr ordenó congelar las actividades del Ejército de Al Mahdi.

En febrero de 2008 la milicia fue disuelta y se formó en su lugar la Brigada del Día Prometido, que prosiguió la lucha contra las fuerzas estadounidenses hasta su retirada completa de Irak a finales de 2011, después de ocho años y más de 4.400 bajas. A principios de 2011, Al Sadr había regresado a Irak después de más de tres años de exilio voluntario en Irán y ante el fin de la ocupación estadounidense, que exigió hasta el último momento.

Paralelamente a sus actividades militares, el grupo de Al Sadr ocupó escaños en el Parlamento iraquí desde el año 2005 y jugó un papel político en la posguerra y hasta la actualidad. En las pasadas elecciones parlamentarias, en 2014, la coalición Al Ahrar (Camino), en la que estaba incluido su movimiento, consiguió 33 escaños y ocupó tres Ministerios (Industria, Vivienda, Recursos Hídricos), pero sus titulares dejaron las carteras en 2016 para dar paso a un Gobierno tecnócrata en el marco de las reformas arriba citadas.

La popularidad de Muqtada, como es llamado simplemente por sus partidarios, se basa también en la red de asistencia que dirige y que tiene arraigo en zonas empobrecidas de Bagdad, en especial en el populoso barrio de mayoría chií de Ciudad Sadr, nombrado así por su padre. Siempre vestido con túnica y turbante, característicos de la rama islámica shií de Al Albeit, y una esculpida barba que con el paso de los años se ha tornado canosa. Actualmente, Al Sadr tiene el título de “hoyatoleslam”, tercer grado de los seis que componen la jerarquía religiosa chií y que le faculta para emitir opiniones legales, pero no ha logrado aún llegar a “muchtahid”, lo cual le permitiría desafiar a las máximas autoridades religiosas de Irak.

Sus propuestas de futuro

En noviembre pasado, Muqtada al-Sadr escribió sus propuestas para el futuro de Iraq . Las “Soluciones iniciales”, una lista de 29 puntos, basamentados fundamentalmente en un proyecto de unidad popular, soberanía nacional, honestidad política y reconstrucción socioeconómica.

Además de reformas sociopolíticas o el apoyo a las poblaciones desplazadas, la lista incluye, por ejemplo, la necesidad de reconciliación nacional , a través de cooperación entre las comunidades sunita y chiíta. También propone el establecimiento de un fondo administrado por las Naciones Unidas para la reconstrucción y el establecimiento de una Comisión de las Naciones Unidas para el control de los derechos humanos y la protección de las minorías, a la que se agrega un mecanismo para investigar los crímenes de guerra. Pero, sobre todo, afirma claramente que “no hay más lugar para las milicias sectarias en Iraq”.
Su reputación dialogante parece confirmada por las declaraciones de muchos sunitas iraquíes, como la de Mahmoud Mashhadani , ex presidente del parlamento: “Muqtada es un chií cercano a los suníes, y de todos los líderes chiítas es el más abierto al diálogo”. Cuenta cómo, en muchas ocasiones, las Brigadas de Paz de Muqtada han impedido que las milicias chiítas reunidas bajo el paraguas de la UGP ataquen a las comunidades sunitas.

La idea de Al Sadr es enviar delegaciones chiítas tribales a las áreas sunitas, para iniciar conjuntamente la reconstrucción social y eliminar futuras tensiones sectarias, que corren el riesgo de resurgir una vez que el enemigo común, Isis, sea derrotado. “Temo que la derrota de Daesh sea solo el comienzo de una nueva fase de violencia, y mi propuesta se ve estimulada por el temor a un resurgimiento del conflicto étnico y sectario después de la liberación de Mosul “, explica Muqtada en el diario Oriente Medio , primera entrevista concedida a un extranjero desde hace tres años. “Me gustaría evitar todo, estoy muy orgulloso de la heterogeneidad de Iraq y me temo que podríamos presenciar intentos de genocidio por parte de algún grupo étnico o confesional”, concluye.

Otra colaboración sorprendente que Muqtada ha lanzado desde 2015, durante la ola de protestas antigubernamentales, es la del movimiento sadrista con las fuerzas seculares progresistas y de izquierda, concretizadas actualmente en la coalición Sairún. Según lo afirma Riad Fahmi, secretario general del Partido Comunista Iraquí. “Los sadristas nos involucraron en el movimiento de protesta, pidiéndonos simplemente que nos uniéramos a la no violencia, que usásemos eslóganes nacionalistas, que no marcháramos con retratos de líderes políticos y que nos uniéramos en el objetivo de un estado civil”.

(Fuentes: Al Mayadeen / Hispan TV / Press TV / AFP / Reuters / AP / Prensa Latina / TeleSur)

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