Protestas en el norte del Reino de Marruecos por la paliza de las fuerzas auxiliares, los mejaznis, a un estudiante en Tánger

marruecos

El joven estudiante  Ibrahim Ibn Mansour, de 19 años, estaba en un mercadillo de Tánger cuando varios militares, pensando que era un comerciante, se lo llevaron y le dieron una paliza. Su cuerpo apareció inconsciente horas después.

Popularmente se les conoce como “los ojos y las orejas del sistema”. Las fuerzas auxiliares, los paramilitares, los mejaznis marroquíes, se han ganado su fama de omnipresentes. Sus 48.000 hombres, vestidos siempre con el uniforme verde, que dependen del ministerio del Interior, están por todas partes, en todo el reino. Aunque muchas personas utilizan una palabra más burlesca para calificarles: “Chabakuni”, dicen en voz baja. “Se podría traducir como soldados con la mano muy larga, de los que golpean antes de preguntar”, cuenta un conocido periodista marroquí.

No van armados, pero la semta -cinturón militar- de los mejaznis se la conocen bien los porteadores e inmigrantes subsaharianos que merodean las fronteras de Ceuta y Melilla. También los rifeños de Alhucemas que la sufrieron durante las protestas del pasado año. Las denuncias por la excesiva agresividad de este ejército del Makhzen (el Estado) son constantes en Marruecos. Pero pocas hacen tanto ruido como lo que ocurrió en la ciudad de Tánger el 21 de abril y que ha salido a la luz estos días.

El joven Ibrahim Ibn Mansour, un estudiante de 19 años, se encontraba en el mercadillo del barrio de Beni Makada cuando los mejaznis llegaron para desalojar, a su manera, a los vendedores ambulantes. Varios testigos cuentan que tres de estos paramilitares cogieron a Ibrahim y se lo llevaron pensando que era uno de los comerciantes. Tres horas después apareció tirado inconsciente en la puerta de un cine, con golpes en todo el cuerpo. Varios transeúntes que pasaban por allí auxiliaron al joven y lo llevaron hasta el Hospital Mohamed V.

Hace unos días, los periódicos marroquíes Tanja7 y Alyaoum24, publicaron un par de vídeos de Ibrahim en su casa. Acababa de salir del hospital después de estar ocho días ingresado. No podía moverse, tenía paralizado medio cuerpo y apenas era capaz de pronunciar unas palabras. “Le pegaron una paliza que casi lo matan. Le llamaron perro y antes de atacarle lo amenazaron con violarle”, explicaba su padre en el vídeo. “Pensaban que era un vendedor ilegal y por eso le cogieron. Pero nada justifica que le den una paliza que le puede dejar inválido, como si tuviera parálisis cerebral. Ibrahim era un chico alegre y deportista y le han destrozado la vida”, afirma hoy uno de sus primos.

La noticia de la agresión a Ibrahim se hizo viral en las redes. En Twitter y Facebook usuarios de todo el país empezaron a pedir una investigación y a definir como hogra (vergüenza) lo ocurrido. En el barrio del joven, los vecinos salieron a manifestarse. Los amigos de Ibrahim hicieron una sentada en las calles para exigir a las autoridades que “no miraran para otro lado como hacen normalmente con las agresiones por parte de las Fuerzas Auxiliares”.

Esta vez las autoridades sí que escucharon las peticiones del pueblo. La Fiscalía ordenó una investigación y los agentes que agredieron a Ibrahim fueron suspendidos. El sábado, un comunicado de la agencia oficial de noticias marroquí (MAP) explicaba que el jefe de la administración del distrito tangerino de Mghogha (encargado de dirigir a las Fuerzas Auxiliares en esa zona de la ciudad) había sido relevado de sus funciones a causa de la investigación abierta.

Tras este nuevo incidente en Tánger, muchos marroquíes discuten la capacidad de los mejaznis para cumplir sus funciones de orden y control en el territorio nacional. En enero, días después que saltase la noticia de que un comandante de las Fuerzas Auxiliares y siete de sus hombres habían sido arrestados por ayudar a las redes de tráfico de drogas a llegar hasta España, el rey Mohamed VI aprobó un plan de reestructuración de este ejército. “Este proyecto tiene como objetivo modernizar y mejorar estas Fuerzas”, dijo Abdelhak Lamrini, el portavoz del Palacio Real.

“La mayoría de los mejaznis son chicos muy jóvenes, a los que reclutaron de zonas rurales, que no tienen estudios y que encima cobran muy poco (cerca de 300 euros al mes). Por eso son muy susceptibles siempre de aceptar sobornos”, cuenta un periodista de Tánger.

En la frontera con Ceuta, los porteadores que entran al polígono del Tarajal por la montaña, denuncian constantemente que las Fuerzas Auxiliares les tratan como a “ganado” y que no dudan en golpearles con sus cinturones como si fueran fustas para ordenar las filas. Y los subsaharianos que aguardan en los bosques su oportunidad de llegar a Europa, repiten constantemente el trato que les dan cada vez que hacen una redada en sus campamentos. “Nos ponen en círculo y lanzan a sus perros para que nos muerdan”.

(Fuente: El Mundo / Autor: Lucas de la Cal)

También te podría gustar...

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *