La bomba nuclear israelí: Mientras acusa a Irán de mentir en su programa nuclear, Israel lleva décadas ocultando sus armas nucleares

Israel Dimona

Israel está empeñado en desmontar el acuerdo nuclear con Irán. Esta pasada semana, el primer ministro Israelí, Benjamin Netanyahu, ha montado un espectáculo para  mostrar al mundo los más de 100.000 documentos robados a Irán por espías israelíes que supuestamente demuestran que Irán mintió sobre sus compromisos nucleares.

A pesar de años de revuelo con el pacto nuclear iraní, no fue ese país el que introdujo las armas nucleares en Oriente Medio, sino Israel. La diferencia es que la república islámica había firmado el Tratado de No Proliferación –que prohíbe la producción de armas nucleares– e Israel, no. Israel alega que ello va en contra de su seguridad nacional.

Netanyahu quiere demostrar al mundo que Irán está engañando a las potencias occidentales y a los inspectores del Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA). Justo lo que hizo Israel en los años 60 con la central de Dimona, donde creó una sala de control falsa para engañar a los inspectores y ocultar su objetivo real de hacerse con la bomba nuclear, según contó el periodista Seymour Hersh en su libro The Samson Option (1991).

Desde que lo consiguió, la política israelí ha sido clara: ni confirmar ni desmentir. Esta táctica forma parte de otra mucho más amplia, la conocida como Opción de Sansón. Esta es una estrategia de disuasión basada en represalias masivas en caso de que las defensas convencionales del Estado fallen ante un ataque extranjero.

Al no tener una doctrina nuclear transparente, Israel cree que la disuasión es más efectiva. Sin embargo, solo el nombre de su estrategia ya revela lo suficiente, ya que hace referencia al personaje bíblico Sansón, que derribó los pilares del templo de los filisteos matándose a sí mismo y a los miles de enemigos que le habían capturado. En definitiva, Israel quiere disuadir a sus enemigos dejando claro que si le atacan, es capaz de provocar una destrucción absoluta.

israel dimona mapa

El secreto peor guardado

El programa nuclear de Israel es el secreto peor guardado del país, pero las autoridades siguen gestionándolo como tal. Estados Unidos, principal aliado de Israel, ha reconocido públicamente su existencia. El secretario de Defensa de George W Bush, Robert Gates,  afirmó durante su sesión de confirmación en el Senado en 2006 que Irán quiere la bomba nuclear porque está rodeado de potencias nucleares, “Pakistán al este, Rusia al norte, Israel al oeste y nosotros en el Golfo Pérsico”. Además, en 2013 Avraham Burg, expresidente del Parlamento israelí, recibió fuertes críticas por reconocer que Israel tiene armas químicas y nucleares.

Pero hubo un momento en el que el proyecto nuclear israelí no era un secreto a voces. El vuelo de un avión espía en 1958 da a EEUU la primera pista de que algo está ocurriendo en Dimona, en el desierto del Neguev. Dos años después, EEUU pide explicaciones e Israel responde que se trata de una planta de investigación metalúrgica. La CIA no se lo cree y concluye unos meses después que Israel está construyendo una gran central nuclear subterránea.

Kennedy presionó para frenar el proyecto nuclear israelí sin éxito. “Puedo asegurarle con total claridad que no introduciremos las armas nucleares en la región y que ciertamente no seremos los primeros en hacerlo”, aseguró Shimon Peres a la Administración estadounidense. Este compromiso terminaría convirtiéndose en la respuesta estándar israelí para las siguientes décadas.

“Los peligros de la proliferación de armas nucleares son tan evidentes que estoy seguro que no hay necesidad de repetirlo aquí”,  escribió el presidente John F. Kennedy al primer ministro israelí Ben Gurión en mayo de 1963. “Por esta preocupación, mi Gobierno ha buscado programar con ustedes visitas periódicas a Dimona […] Nos preocupan los efectos sobre la estabilidad mundial que podría conllevar el desarrollo del arma nuclear por parte de Israel”.

En la guerra de los seis días a punto de usarlas

Durante la guerra de 1967, Israel ya tenía la capacidad de producir una bomba con tan solo siete u ocho días de margen, según informó la CIA. En 1969, el presidente Richard Nixon se reunió con la primera ministra Golda Meir, a quien transmitió la siguiente idea: “Nuestra principal preocupación es que los israelíes no hagan una introducción visible de las armas nucleares ni lleven a cabo ensayos nucleares”.

Pero Israel tiene una forma peculiar de definir “introducción”. En palabras de Isaac Rabin, entonces embajador israelí en Washington y años después primer ministro, Israel no introdujo las armas nucleares en la región porque no hizo nada que sirviese al mundo para ser consciente de que había nacido una nueva potencia nuclear. Rabin creía que era lícito contar con armas nucleares mientras no se hiciesen pruebas nucleares, se desplegasen esas armas o se hiciese pública su posesión.

De acuerdo con el historiador Avner Cohen, Israel estuvo a punto de desplegar su arsenal nuclear durante el segundo día de la Guerra del Yom Kippur (1973), cuando los Altos del Golán estaban a punto de caer en manos de Siria, pero la primera ministra Golda Meir descartó finalmente el movimiento. De acuerdo con el Stockholm International Peace Research Institute (SIPRI), Israel tenía en 2017 unas 80 cabezas nucleares.

En 1986, Mordechai Vanunu, un antiguo técnico nuclear israelí, dio a medios británicos información sobre el programa secreto de armas nucleares. Poco antes de que The Sunday Times publicase la historia,  una agente del Mossad consiguió seducir a Vanunu y le convenció para viajar a Roma –Israel no quería secuestrar a Vanunu en Reino Unido para no dañar sus relaciones con Margaret Thatcher–. A su entrada al hotel, varios agentes israelíes se abalanzaron sobre él, le inmovilizaron y le drogaron.

Mientras tanto, el buque israelí INS Noga –camuflado como un barco mercante– inició su camino a las costas italianas. Anclaron en aguas internacionales y esperaron a la lancha en la que los agentes traían a Vanunu. Entonces el INS Noga partió de vuelta a Israel. En 1988, el antiguo técnico nuclear fue condenado a 18 años de prisión. Salió de prisión en 2004 y desde entonces ha sido arrestado en numerosas ocasiones por violar las condiciones de su liberación –entre las que se le prohibía hablar con extranjeros o salir de Israel–, la última en 2015.

Atrás queda la promesa israelí a Richard Nixon: “Israel no se convertirá en una potencia nuclear”. Mientras mantiene su política de ambigüedad calculada, Israel se ha erigido durante décadas como garante de la no proliferación en la región. Así lo demuestra el reciente show de Netanyahu. Hace unas semanas,  Israel reconoció por primera vez un ataque relámpago cometido en Siria en 2007 para destruir un presunto reactor nuclear secreto de Bashar al Asad. En la misma línea se explica el  ataque israelí de 1981 contra un reactor nuclear construido en Irak –10 soldados iraquíes y un civil francés murieron en la operación–.

(Fuente: el diario.es / Autor: Javier Biosca Azcoiti)

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