Ivan Marquez, uno de los líderes guerrilleros de las FARC-EP, admite que “puede haber fracasado el proceso de paz en Colombia”

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Iván Márquez fue el  guerrillero de las FARC que encabezó, en la ciudad de La Habana, la delegación que negoció con los representantes del gobierno colombiano de Juan Manuel Santos el comienzo de un “proceso de paz” en el país, que conduciría a la desmovilización y desarme de las Fuerzas Arnadas Revolucionarias de Colombia (FARC).

Corto, sin embargo, parece haber sido  el recorrido de ese llamado “Proceso de Paz”. Este miércoles, Iván Márquez anunciaba que se niega a tomar posesión de su escaño en el Senado colombiano, que había ganado en las pasadas elecciones parlamentarias del pasado 11 de marzo.

“¿Cómo hago yo para ir el 20 de julio a ejercer como senador y que me vayan a decir que soy un narcotraficante? -declaró Márquez -Yo no estoy para esas cosas. Necesitamos respeto. Prefiero dejar esa joda allá”-  respondió a un canal de televisión colombiano que lo entrevistaba.

Iván Márquez expresó de esa manera su rechazo por el sesgo que está tomando el malogrado “proceso” que, por cierto, él mismo rubricó.

En lo concreto, su alusión a la posibilidad de “ser acusado de narcotraficante” hacía referencia a la reciente  detención de otro destacado ex miembro de la FARC, el hoy invidente  Jesús Santrich,  al parecer crítico de los acuerdos alcanzados en La Habana.

Santrich fue detenido el pasado 10 de abril en Bogotá, la capital de Colombia, por una orden emitida por las autoridades estadounidenses, acusado de “conspirar para introducir cocaína en el país”. En la actualidad, permanece recluido en una cárcel colombiana, a la espera de que el gobierno de Santos  se pronuncie sobre si va a extraditarlo a los Estados Unidos, y ha tomado la decisión de realizar una huelga de hambre para reclamar  el cumplimiento de los acuerdos de paz.

El “proceso de paz”, un auténtico fiasco

En sus declaraciones de este miércoles, sin embargo, el propio Iván Márquez admitía que la constatación de que no existen condiciones mínimas de seguridad para que pueda asumir su cargo de senador implica también otro penoso reconocimiento.

“Es muy duro lo que estoy diciendo, porque esto equivale a decir que fracasó el proceso de paz en Colombia”- manifestó.

Y es que, en efecto, el llamado “Proceso de paz” suscrito entre el gobierno  colombiano de Juan Manuel Santos y la guerrilla de las FARC  está resultando  ser un auténtico fiasco para las fuerzas populares. Como era previsible, el gobierno colombiano y sus Fuerzas Armadas, ambos cómplices históricos del  genocidio  contra el campesinado colombiano, ha ido incumpliendo sistemáticamente los acuerdos que habían  contraído en el curso de las   negociaciones, que  se desarrollaron durante  casi un lustro.

Debería ser evidente, a estas alturas, que el Acuerdo  no representó en ningún momento una victoria política, ni para la guerrilla ni para el  pueblo colombiano.

En primer lugar, porque hoy  no queda ni la sombra de la insurgencia, que al deponer las armas perdió la única garantía para un cumplimiento hipotético por parte del Estado.

En segundo lugar,   por la creciente persecución y el asesinato  de revolucionarios y activistas sociales en medio del repunte de la extrema derecha y paramilitarismo.

Y finalmente, porque han quedado intactas en el país sus  injustas estructuras socio-económicas,  el Estado Terrorista y la estructura militar de EE.UU. en Colombia, incluidas las 7 bases militares que amenazan al resto del continente.

No es esta, en cualquier caso, la primera vez  que circunstancias  similares se producen en ese país. En la década de los 80 del pasado siglo, una parte de la guerrilla de las FARC se desarmó, tratando con ello de integrarse en la  política institucional colombiana, a través del movimiento “Unión Patriótica” (UP) . El costo en sangre  que  tuvieron que pagar por su ingenuidad fue altísimo.  Dos candidatos presidenciales, los abogados Jaime Pardo Leal y Bernardo Jaramillo Ossa, 8 congresistas, 13 diputados, 70 concejales, 11 alcaldes y alrededor de 5.000 de sus militantes fueron exterminados físicamente a manos del Ejército, de los paramilitares y de la policía colombiana.   En la actualidad, las mismas  terroríficas  secuencias se están reproduciendo con los miembros recién desmovilizados de las FARC.

¿Fracaso o derrota?

A estas alturas, pues, solo cabe dilucidar si lo sucedido se puede definir en términos de fracaso, como comienza a hacer tímidamente la propia dirigencia de la guerrilla desmovilizada, o resultaría más riguroso decir que se ha producido una derrota.

Una derrota implica tres particularidades:

– Que inmediatamente después de la confrontación sea posible distinguir claramente entre  los ganadores y  los perdedores;

– que los vencedores imponen sus reglas a los vencidos y, finalmente,

– que la política quede  reducida al disciplinamiento impuesto por los vencedores.  Tres elementos que encajan a la perfección en el proceso colombiano.

El fracaso, en cambio, supone

– un desenlace en el que no se alcanzan los objetivos, pero tampoco quedan claramente definidos los vencedores y los vencidos

– y en el que, por tanto, no se produce la subordinación o la imposición de unos actores sobre otros.

Junto a la diferencia de significados de ambos términos, cabe señalar también que un derrotado puede sentirse un fracasado o no sentirlo así. Ello depende, en ese caso, de cómo lo viva, de cómo perciba subjetivamente lo sucedido.

Pero, más allá de estas distinciones,  lo que debería quedar claro es que asumir la responsabilidad ante las derrotas o los fracasos, con un honrado y profundo ejercicio de autocrítica pública, es la única forma de que éstos puedan ser reconducidos hacia  futuras victorias.

(Fuente: Canarias Semanal / Autor: Juan Andrés Pérez Rodríguez)

Vídeo relacionado: ¿Quién promovió realmente, y por qué, el llamado “Proceso de Paz”?

 

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