Los Cascos Blancos de Siria: ¿Una ONG humanitaria o Al-Qaeda con un lavado de cara? (vídeos)

cascos blancos

La “posverdad” es el “último” neologismo con el que  -según el psicoanalista argentino Enrique Carpintero- se hace referencia “a la distancia cada vez mayor entre los discursos de los políticos y los hechos reales que producen”. Siendo estos últimos –asegura- los que “menos influyen en la opinión pública frente a los llamados a la emoción y la creencia personal”.

En pocas palabras, no es más que una nueva forma de llamar a la propaganda y la manipulación, de ocultar los hechos y de disfrazar la mentira, a pesar de que sean justamente los grandes medios de comunicación, especialistas en desarrollar estas prácticas para el sostenimiento del sistema, los que hablan de “posverdad” para tratar de desacreditar aquellos flujos de información que son incapaces de controlar.

Lo acabamos de ver nuevamente con la publicación de unas fotos aparecidas el 5 de marzo en algunos sitios de la Red, en las que se muestra lo que parece ser un plató de realizaciones audiovisuales de los afamados y premiados Cascos Blancos sirios en Guta Oriental.

Otro claro ejemplo que se suma a la larga historia de mentiras de la propaganda política hegemónica que termina en la “posverdad” si se acepta que “no existen los hechos sino sus correspondientes interpretaciones”.

De acuerdo las informaciones que circulan al respecto, destacadas en diferentes medios no hegemónicos, las imágenes pertenecen al proceso de fabricación de vídeos sobre los ataques químicos de los que se acusa a las tropas gubernamentales sirias. Información que más tarde se confirmó, con la especificación de que  pertenecían a un documental de un realizador sirio.

Entre las instantáneas destaca una en la que la asistente del director da inicio a la filmación y al fondo se ve a una mujer con un niño en brazos mientras a su lado aparecen los supuestos activistas de derechos humanos mundialmente conocidos como cascos blancos.

En otra fotografía se puede observar una botella de plástico con un líquido similar al color de la sangre, así como otras pinturas y lo que parece unas réplicas de extremidades humanas simuladas.

En cualquier caso, lo importante -más allá de que las fotografías procedan o no del supuesto plató-  es no olvidar que se trata de un hecho verificado y que da cuenta de un fenómeno que no es nuevo, ni siquiera  respecto de estos activistas, como muestra el testimonio de un ex miembro de los cascos Blancos que se muestra en el último de los vídeos adjuntados a este texto. Fuimos testigos de prácticas similares también durante la agresión contra Libia.

En el caso de los Cascos Blancos,  los realizadores ingleses Steve Ezzedine y Vanessa Beeley desenmascararon a esta organización humanitaria creada por los servicios de inteligencia británicos MI6 en su documental “¿Cascos Blancos y ONG? ¿O Al-Qaeda con un lavado de cara?” que le mostramos en el primer audiovisual al final de esta breve nota.

Por otro lado, no es casual que haya sido precisamente “Netflix”  -la principal red de televisión por Internet del mundo- quien realizó el documental propagandístico “The White Helmets” (Los Cascos Blancos) ganador -el pasado año 2017- del Oscar al mejor documental.

El análisis de esta práctica sistemática de manipulación, en cualquier caso, resultaría ingenuo si concluyera con un llamamiento a los medios de comunicación de masas para que sean “objetivos” y “reflejen honestamente la realidad”. Esencialmente, porque  mostrar la realidad social y política es algo contrario a la esencia de estos medios. El conocimiento crítico debería contribuir a generar relaciones colectivas y acciones concretas integradas en un proyecto integral para superar la sociedad capitalista, transformándola de raíz.

(Fuente: Canarias Semanal / Autor: Julio Andrés Capey)

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