Elecciones italianas: Avance de los populismos ultraderechista y socialdemócrata, retroceso del PD y Forza Italia

PD

Los resultados finales aun no son oficiales, pero los titulares de la prensa italiana ya no dejan dudas sobre las principales lecciones que se pueden extraer de las elecciones legislativas de este domingo en Italia. La tercera potencia de la zona euro es simplemente “ingobernable”, según la editorial de la prensa patronal de Turín, “La Stampa”.

Con mayor moderación en su juicio, pero igualmente preocupado, el Wall Street Jornal destaca cómo “el avance electoral de los grupos populistas en la votación deja a Italia sin un ganador claro”. Esto es lo más preocupante para la burguesía del otro lado de los Alpes, desde Bruselas y sus socios europeos.

La nueva ley electoral se había aprobado de manera que reforzaría al Partido Demócrata (en el poder desde 2013) y a Forza Italia (centro derecha dirigida nuevamente, por Silvio Berlusconi, quien regresa a sus 81 años). Pero simplemente terminó volviéndose en contra de estos dos pilares del bipartidismo. Con el 19% y 13,9% de los votos respectivamente para Diputados (y el 19,4% y 14,3% para Senadores), ambos partidos quedaron al margen.

Del lado de las fuerzas populistas y supuestamente “anti-sistemas”, aparece el “ribaltone”, la contra tendencia. El Movimiento 5 Estrellas (M5S) de Beppe Grillo y Luigi Di Maio logró una alta puntuación de 31,6% en el legislativo, mientras que el partido de extrema derecha de Matteo Salvini, antes conocida como la “Liga del Norte” en Bossi, y renombrada como la “Liga” para esta ocasión, aumentó de 4% en 2013 al 18,2% quedando 5 puntos delante de Berlusconi, a quien propuso una posible coalición de centroderecha.

En la mitad norte del país Salvini fue el más votado, mientras que en el centro-sur, muy marcado por la crisis, con la juventud acosada por el desempleo y el empleo precario, el M5S ganó la mayoría. A la izquierda del espectro político, la izquierda radical (Potere al Popolo) consiguió el 1,1%, y la lista de extrema izquierda Sinistra Rivoluzionaria, el 0,1%.

Matteo Renzi, el hombre fuerte del Partido Democrático, y Paolo Gentiloni, presidente del Consejo, habían apostado por continuar con su política de austeridad y contrarreformas que ha liderado el PD desde 2013. Para los demócratas, que habían perdido en estas elecciones a su “ala izquierda”, Liberi e Uguali¸el golpe es importante. Sin embargo, fue sobre ellos que las (pobres) esperanzas de la burguesía se depositaban para formar una coalición de gobierno de centro izquierda o centroderecha estable.

En el ala derecha, la liga de Salvini ha logrado el “sorpasso”, avanzando por cinco puntos sobre Forza Italia, y transformando muy profundamente el equilibrio de poderes. Con una base social que combina subsectores de empresarios en el Norte, y en sectores populares, la Liga, cuyo mayor aliado es la referente de la ultraderecha francesa Marine Le Pen, es uno de los dos ganadores de estas elecciones.

Sin embargo, es difícil ver cómo un partido xenófobo y antieuropeo que hizo campaña para librar “al país de sus 600.000 inmigrantes ilegales” podría pilotear una coalición de gobierno. Nadie en el establishment político ni dentro de la Confindustria, la corporación empresarial más importante de Italia, lo quiere. En cualquier caso, ninguna de las dos coaliciones potenciales, ni la liderada por el PD, en la centroizquierda, ni la compuesta por la Liga, pueden acercarse a los 315 votos en el parlamento para formar gobierno.

¿Hacia elecciones anticipadas?

Según la constitución, Sergio Mattarella, presidente de la república, debe confiar la tarea de formar gobierno al líder del M5S, Luigi Di Maio, que obtuvo el primer lugar aunque lejos del 40% necesario para asegurar una mayoría. Varios líderes del M5S declararon que su movimiento representa “el pilar de la democracia italiana”, es decir, más prosaicamente, que estaban preparados para negociar.

Incluso Grillo, muy discreto durante la campaña, declaró, antes de las elecciones, que la “era de vaffa” (hacer todo lo que se quisiera) había terminado, marcando un punto de inflexión potencial en la actitud del M5S. Esto sin contar la tensión existente entre un ala de “protesta”, hostil a cualquier alianza, y un sector mucho más moderado y “transformista” tentado por realizar una coalición.

La hipótesis más probable es que mientras el gobierno de Gentiloni continúe administrando el negocio diario, en caso de un fracaso, ya anunciado, de una mayoría en el Parlamento y el Senado, Italia, la tercera potencia en la Eurozona, y la sexta a nivel mundial, deberá regresar a las urnas en elecciones anticipadas, con o sin modificación de la ley electoral actual, uno de los viejos demonios de la política italiana.

Otros supuestos, la constitución de un “gobierno tecnócrata” o la caza furtiva por diputados de derecha y senadores del M5S que contravengan las ordenes de Grillo para apoyar a un gobierno minoritario, también son posibles, pero poco probables en el escenario actual, aunque la Confindustria no desea ir a elecciones anticipadas.

Los analistas subrayan cómo, independientemente de esta perspectiva, los resultados de este domingo son un verdadero terremoto político, comparable con las elecciones de 1993. Fue aquella votación la que marcó la muerte definitiva del “pentapartito”, el sistema parlamentario que sancionó el final del “ascenso de mayo” (el “68” italiano) y que rigió el país entre 1981 y 1991, a través de la alianza (ultra corrupta) entre la Democracia Cristiana de Giulio Andreotti y el Partido Socialista de Bettino Craxi, quien condujo al país en el camino de las reformas neoliberales y al ascenso de Silvio Berlusconi. Hoy, el “Cavaliere” tiene las caras de Salvini, Di Maio y Grillo, pero todo el problema permanece intacto para la burguesía italiana.

El suspiro de alivio que lanzaron los empresarios en Alemania tras el voto de la base del SPD que validó un acuerdo gubernamental con la derecha de Angela Merkel (después de cinco meses de incertidumbre), contrasta con la inestabilidad política que despierta en Italia. “La brecha de confianza entre los ciudadanos y los gobernantes es definitiva”, dijo ayer, después de los primeros resultados, el analista político Roberto Arditti.

En términos del dirigente comunista italiano Antonio Gramsci, esto se llama conformación y profundización de la “crisis orgánica”. Este marco, muy definido por la derecha, es sin embargo extremadamente complejo para la burguesía, pues los sectores más combativos de la clase obrera y de la juventud no dejarán de defenderse.

(Fuente: La Izquierda Diario / Autor: Ciro Tappeste)

Las elecciones en Italia reflejan diferencias entre el norte y el sur

Los resultados preliminares de las recién efectuadas elecciones legislativas en Italia reflejan hoy las diferencias entre el norte rico y productivo, frente al sur más pobre y socialmente excluido.

Como ‘cuestión meridional’ fue acuñado en 1873 el término para describir las desigualdades en los niveles de desarrollo y distribución de la riqueza entre los dos extremos geográficos de la península itálica.

Aunque una parte de la historiografía ubica el origen de esas inequidades en el período anterior al proceso de unidad nacional, otra la considera resultado de políticas de desarrollo en contextos históricos, geográficos y culturales sustancialmente diferentes, los cuales tienen en la ciudad de Roma el punto central de referencia.

Cualesquiera sean las causas, lo cierto es que los desniveles existen y en 2015 el ingreso per cápita en el norte era de 32 mil 889 euros comparado con 17 mil 984 en el sur, donde el 46,7 por ciento de la población se encontraba en el umbral de pobreza y exclusión social, comparado con 17,4 en los territorios septentrionales.

Las desigualdades se reflejan también en el desempleo, especialmente entre los jóvenes de 15 a 64 años, el cual, según Eurostat, alcanzó en 2016 el 58,7 por ciento en Calabria, 57,2 en Sicilia y 56,3 en Cerdeña, cuando la media nacional era del 40 por ciento.

En un plano general, el promedio de desocupación en las regiones meridionales casi duplica el índice nacional, el cual oscila alrededor de 11 por ciento, con situaciones extremas como las de Calabria, con 23,2; Sicilia, 22,2; Campania, 20,4; Apulia, 19,4; y Cerdeña, 17,4.

En ese contexto, en el cual la política tradicional se mostró incapaz de resolver esos problemas, irrumpió como un huracán el Movimiento 5 Estrellas en estos comicios legislativos, en los cuales triunfó en casi todos los territorios ubicados al sur de Roma, e incluso más al norte a lo largo de la costa adriática, de acuerdo con estimados preliminares.

(Fuente: Prensa Latina)

Italia caótica: Sin novedad en el frente

El  domingo sucedió en Italia lo que tenía que suceder. El margen existente para las sorpresas era tan estrecho, que salvo una intervención del Espíritu Santo, cuyo palomar  está alojado en las cúpulas del Vaticano, no existía  la más mínima posiblilidad para lo imprevisto.

El  difuso, confuso y fofo “Movimiento 5 Estrellas”,  que inspira el payaso populista Beppe Grillo,  ganó las elecciones con un 29,5%  de los votos. Se trata, no obstante, de una victoria pírrica, pues una  coalición que se gesta entre el gánster Silvio Berlusconi, la protofascista Liga Norte y Sur y otros grupúsculos de extrema derecha, será la que, posiblemente, esté en condiciones de determinar esta semana cuál será el futuro político de una Italia ideológicamente descabezada.

Entrar ahora en las menudencias de las cifras y de las posibilidades de diferentes geometrías poselectorales no sólo no ayuda sino que, además, contribuye a confundir e impedir que tratemos de adivinar la complejidad del bosque que envuelve a la situación italiana.

Durante los próximos días, los comentaristas radiofónicos y televisivos de  nuestra derecha vergonzante y de aquella que no lo es discutirán afanadamente  sobre cuál de los  partidos ganadores puede ser  el más idóneo  para  dirigir la Italia resultante  de las elecciones del domingo.  Sus respectivos posicionamientos dependerán mucho de que la televisión o el periódico donde se emitan esas opiniones estén o no estén nutridos  por capitales  con procedencia en los grandes medios de comunicación de ese país.

Pero quien no tendrá nada que decir al respecto es la izquierda, no la “izquierda” con comillas, sino aquella otra que  contando con una larga  y heroica trayectoria en la Historia contemporánea italiana desapareció  como por ensalmo del panorama partidario de la Italia del siglo XXI.

Italia, un país caótico

Italia, desde el punto de vista político, se ha convertido en un país caótico. No es que no le faltaran elementos  de ese mismo caos durante la segunda mitad del siglo XX. Pero a partir de 1945 los bloques ideológicos y de clases en el seno de esa sociedad habían quedado muy bien definidos.

No existían medias tintas. La sociedad italiana era un “bloque contra bloque”. Izquierda contra derecha. Clase obrera contra burguesía. Como sucede también en la naturaleza,  el drama de las contradicciones  sociales generaba  en la sociedad italiana una ebullición cultural y política tan intensa y vivificadora que, aun sin haberse resuelto sus antagonismos, la convertía en un enorme colectivo integrado por millones de personas inmerso en ese rico proceso, en  una sociedad preñada de vida.

Italia, durante la década de los 50, 60 y hasta los 70, fue, en efecto, un vivero de creatividad política, cultural y científica que se  proyectaba sobre todo el conjunto social a través de  la literatura, el cine, el arte, el debate y la confrontación cultural, etc.

Hoy, en cambio, la Italia  que se dibuja en el horizonte es un país sin esperanza, sin posibilidades reales de ningún tipo de cambios ni avances, en manos de oportunistas, vendedores de crecepelos y mafiosos.

Un país que involucionó al mismo ritmo que su partido comunista

A ese páramo social no es ajena la reconversión ideológica  sufrida por  el  Partido Comunista italiano. Lo que había sido una potente y poderosa  organización política y social  de la clase trabajadora terminó convirtiéndose en una pieza más de las instituciones del sistema capitalista. Con él PCI desapareció lo mejor de la cultura italiana. El conjunto del país fue convirtiéndose en un páramo de tedio y  atonía.

Las nuevas generaciones carecen de perspectivas acerca de  lo que les va a deparar  el futuro. Ni los jóvenes,  ni los que lo han dejado de ser  se  reconocen hoy con capacidad para dar un cambio a la situación. Los votantes se limitan a curiosear, desconfiados,  por la galería de espejos cóncavos de los partidos existentes, todos ellos con menos de 30 años de antigüedad. Luego, como quien prueba suerte con un boleto de lotería, votan por uno o por otro.

Aún así, según una encuesta realizada por la Stampa la pasada semana, el 70% de los votantes que contaban el domingo de su primera oportunidad de participar en las elecciones no  tenía el propósito de acudir  a las urnas.

Italia, como le sucediera después de la Primera Guerra Mundial, se ha convertido en un país arrasado políticamente, sin perspectivas. Es decir, en un país idóneo para que cuando converjan en él  las condiciones adecuadas pueda  aparecer  un “salvador”  que intente librarlo del “precipicio”.

(Fuente: Canarias Semanal / Autor: Máximo Relti)

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