Arabia Saudita: ¿Nuevo golpe palaciego? Salman destituye a la cúpula militar. La coalición contra Yemen al borde del colapso

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El rey de Arabia Saudita, Salman Bin Abdelaziz, ordenó la remodelación de la cúpula del Ejército y de varios ministerios mediante una serie de decretos publicados durante la noche de este lunes. Según informó la agencia Reuters los cambios se atribuyen a un intento de elevar a funcionarios jóvenes a puestos clave de las áreas de seguridad y económica.

El general Abdelrahman al Banyan, jefe del Estado Mayor saudí, y Mohamed Bin Suhaim, líder de las Fuerzas de Defensa Aérea, fueron destituidos, y ambos fueron remplazados por Fayat al Ruaili y Mazid al Amru, respectivamente. Además, el teniente general Fahed Bin Turki fue designado como cabeza de las Fuerzas Conjuntas saudíes, después de ser retirado como líder de las unidades terrestres.

Ninguna razón ha sido dada para esta decisión, pero ella se produce en un momento en el que la guerra contra Yemen se acerca a su tercer año. En este sentido, los analistas vinculan las destituciones a las derrotas sufridas por los saudíes en dicho conflicto. Las decenas de ataques contra el Ejército saudí llevados a cabo en la línea del frente por las fuerzas del Ejército yemení y Ansarulá habrían llevado al rey saudí a emitir tal decreto.

Algunos observadores, han señalado que esta purga del alto mando militar sigue las mismas pautas que la llevada a cabo contra príncipes de la familia real y empresarios en los pasados meses y su objetivo real es fortalecer al príncipe heredero, Mohammed bin Salman.

Bin Salman teme un golpe de estado

Según tales observadores, Bin Salman teme un golpe de estado en el país, que sufre una grave crisis política y económica. El famoso tuitero saudí Mujtahid reveló hace unos días que el estado mental de Mohammed bin Salman se deteriora y él vive en un constante temor a ser asesinado, en especial por envenenamiento.

Estos cambios incrementan los poderes del príncipe de 32 años, que ha consolidado su autoridad política y se ha transformado en el más potente tomador de decisiones que su país ha visto en varias décadas.

Los cambios se producen cuando las fuerzas militares de Arabia Saudita se encuentran empantanadas en sus ataques contra los Huthi en Yemen. Pocas horas antes, de que se anuncien los cambios, la aviación saudí mató entre seis y 20 militares aliados tras bombardear, en un ataque por error, una base del ejército yemení, según fuentes progubernamentales yemeníes.

La situación en Yemen se vuelve cada día más delicada. A fines de enero se dieron enfrentamientos en Adén, que concluyeron con el cambio de manos del poder en la ciudad, para el Consejo de Transición del Sur (CTS), un movimiento de secesión apoyado por los Estados Unidos, Emiratos Árabes y diversas tribus de la región que no ven con buenos ojos extender el conflicto.

De esta manera se estarían alejando de la perspectiva estratégica marcada por Hadi y Arabia Saudita de mantener un Yemen unificado cuyo objetivo es, además de controlar los recursos y la posición geoestratégica de Yemen, la de socavar la influencia iraní sobre la región, quienes apoyan explícitamente a los houthies. En este punto se planteaba una ofensiva para capturar la capital norteña, Saná, en manos de los Houthies.

Uno de los países del mundo que tiene el mayor gasto militar

Arabia Saudita es uno de los países del mundo que tiene el mayor gasto militar en el mundo. Además tiene un arsenal considerado como el más desarrollado entre los países del Medio Oriente. Pero su habilidad, de entrenar sus tropas y hacer operar los equipamientos sofisticados sin ayuda de sus aliados, siempre ha sido limitada. Es su punto débil que ha sido revelado claramente durante la guerra contra los Houthies, en Yemen.

“En sentido general, y en comparación con otros ejércitos de la región, especialmente en Irán, Arabia Saudita no tiene un gran potencial en cuanto a tropas terrestres”, dijo Karen Young, Investigadora del  Instituto de los Países Árabes del Golfo en Washington.

Un oficial saudí dijo que los objetivos principales de estos cambios en el Ministerio de Defensa son para mejorar la capacidad de dicha institución, reducir el desperdicio, el derroche y la corrupción y aumentar la producción local. La experiencia de la Coalición liderada por Arabia Saudita en Yemen ha sido de manera significativa la promotora de esta nueva estrategia, agregó el mismo oficial. “Las lecciones han sido aprendidas de la operación en Yemen, y han sido claramente incorporadas.”, dijo el oficial saudí. Nuevas entidades han sido incluidas en las operaciones conjuntas del comando para coordinar la actividad de las unidades del combate, según el oficial.

Arabia Saudita intenta de desarrollar su propia industria militar en búsqueda de llegar a ser menos dependiente de los Estados Unidos o de otros aliados occidentales, en varias esferas tales como la seguridad, el entrenamiento y el armamento.

Según Mohammad Al-yahya, analista político saudí e investigador del Consejo Atlántico, el desarrollo militar y la defensa son una prioridad principal para el gobierno saudí particularmente en medio de un retroceso en el papel estadounidense en la región. También indicó que la retirada sorpresiva estadounidense impuso una verdadera necesidad para Arabia Saudita de tener un ejército propio potente y eficaz.

Otras destituciones

Junto a los cambios en la cúpula militar se dieron modificaciones en el palacio. El cambio más significativo fue el nombramiento de Fahed bin Badr bin Abdelaziz como nuevo asesor del monarca. Igualmente, anunció la remodelación entre los gobernadores en algunas provincias del reino saudí.

Como parte de los cambios, el rey saudí, también ha nombrado a Tamadar Bin Yusef al Ramah ministra adjunta de Trabajo y Desarrollo Social, un puesto gubernamental de alto nivel sin precedentes para una mujer en el reino.

Estos movimientos se producen en un momento tenso en la familia real ya que el pasado noviembre se llevó a cabo una campaña de detenciones de decenas de príncipes, políticos en puestos claves y grandes empresarios en una purga que, según el reino, responde a una operación contra la corrupción.

Los mismos habrían sido digitada por el príncipe heredero, Mohamed bin Salmán, que lleva meses consolidando su control sobre el poder e impulsando importantes reformas económicas y sociales que le permita mantener la autoridad monárquica.

El príncipe se ha mostrado como partidario de una política regional firme, y ha sido uno de los principales impulsores de la intervención en el vecino Yemen en 2015, en un conflicto considerado como una guerra a distancia con Irán, país que la monarquía saudí califica como el gran enemigo en la región.

La coalición dirigida por  Arabia Saudita al borde de desplomarse

A finales de enero en la ciudad de Adén, al Sur de Yemen, se produjeron enfrentamientos entre las distintas facciones de la alianza militar que lidera Arabia Saudita contra el avance de los houthies. Hasta el momento funcionaba como centro de operaciones de la coalición que englobaba a Arabia Saudita, EEUU, Emiratos Árabes Unidos (EAU) y partidarios locales del presidente Hadi (derrocado y protegido por Riad). Intentaremos explicar la crisis abierta dentro de este pacto militar estratégico que excede los límites del conflicto en Yemen.

Los enfrentamientos en Adén, concluyeron con el cambio de manos del poder en la ciudad, para el Consejo de Transición del Sur (CTS), un movimiento de secesión apoyado por los Estados Unidos, Emiratos Árabes y diversas tribus de la región que no ven con buenos ojos extender el conflicto. El objetivo político de esta coalición es de formar un Estado independiente en el sur de Yemen, retrotrayendo la situación al momento previo a la unificación de 1990.

De esta manera se estarían alejando de la perspectiva estratégica marcada por Hadi y Arabia Saudita de mantener un Yemen unificado cuyo objetivo es, además de controlar los recursos y la posición geoestratégica de Yemen, la de socavar la influencia iraní sobre la región, quienes apoyan explícitamente a los houthies. En este punto se planteaba una ofensiva para capturar la capital norteña, Saná, en manos de los Houthies.

Estos actores no son los únicos en la región sur, que muestra una heterogeneidad mucho mayor que el norte. Además de la fragmentación tribal, se encuentran enclavadas organizaciones como el Estado Islámico y Al Qaeda que han encontrado apoyo firme en el centro sur del país, como Abyan y Al Mahfid. Como consecuencia de esta guerra que se extiende desde 2015, se fortalecieron intereses relativamente autónomos de diversos grupos vinculados a la venta de armas y al tráfico de personas [1].

No sólo los separatistas sur-yemeníes tienen la intención de cambiar la relación de fuerzas al interior de la coalición. Emiratos Árabes y EEUU tampoco están satisfechos con el curso del conflicto. Esto es porque los Houthies se muestran muy bien posicionados para resistir próximos ataques, debido en parte a los constantes bombardeos a los territorios bajo su control, que lejos de erosionar su alianza con los sunnitas del norte la han consolidado.

Raíces históricas de las diferencias entre Norte y Sur

Pocas veces en la Historia Yemen estuvo unificado. Desde mediados del siglo XIX las áreas de influencia fueron la otomana en Saná, controlada por el ImanZaydí por un lado, y la corona británica controlaba el puerto de Adén junto a líderes locales, en este sentido se consolidaron estructuras sociales diferenciadas. La primera vinculada a una agricultura de subsistencia con formas de organización muy tradicionales. La segunda con un sistema dual, con una próspera ciudad-puerto de carácter multicultural, ubicada estratégicamente entre África y Arabia, y zonas desérticas habitadas por tribus árabes que viven del pastoreo nómade.

Esta diferenciación se acentuó a lo largo del siglo XX, ya que al sur se instaló la República Popular del Yemen, gobernada por el Partido Socialista de Yemen (PSY) en 1967 de orientación pro-soviética. En el norte, a la caída del Imanato en 1962, se estableció una república que continuó siendo muy cercana a los intereses sauditas. En la década del 80 se abrió un conflicto entre facciones del PSY que los debilitó, generando las condiciones para la unificación en 1990, bajo el liderazgo del recientemente asesinado Saleh, que era presidente de la república del norte desde 1979.

La unificación no fue estable. En 1994 se desató una nueva guerra civil, en 2007 se creó el movimiento secesionista sureño Hirak Al-Janoubi que alcanzó un carácter masivo tras la caída de Saleh como consecuencia de las movilizaciones de 2011. Cuando Saleh intentó retomar Adén en 2015, ahora aliado con los Houthies, los Hirak jugaron un rol protagónico en la resistencia previa a la llegada de la coalición saudita que ubicó allí su centro de operaciones y la residencia del gobierno hasta ser desplazados este 30 de enero por sus propios aliados.

Los dilemas de Arabia, los independentistas y los Hothies

El rey de Arabia, Salman Al Saud, ha consolidado una fuerte alianza con el presidente norteamericano Donald Trump. Por eso, junto con su hijo Muhammad Bin Salman, han roto los tradicionales acuerdos al interior de la Casa Real y las familias principales, encarcelando a varios príncipes, desplegando una política exterior cada vez más impredecible y unilateral, cuyo objetivo estratégico es debilitar a cualquier costo la influencia iraní en Medio Oriente.

Sólo partiendo de este contexto se puede comprender el ensañamiento contra los Houthies, percibidos como agentes de Irán por su adhesión a una rama del islam chiita. Esto los ha llevado a forjar una coalición militar en territorio yemení muy heterogénea, incluyendo a los separatistas, el partido Islah (aliado del presidente Hadi y vinculado a la Hermandad Musulmana) e infinidad de variantes del salafismo. Dando la imagen de un gran frente sunnita, que no sólo incluye combatientes sauditas, sino también mercenarios libios, sudaneses, marroquíes, paquistaníes y otros países.

El dominio de Adén fue siempre motivo de disputa entre los miembros de la coalición. Hasta abril de 2017 la ciudad estaba bajo control del gobernador Zubaidi, que gracias al exilio del presidente Hadi y el apoyo de los Emiratos Árabes Unidos, consolidó su autonomía. Tras su derrocamiento a manos de un grupo de leales a Hadi, decide impulsar el CTS agrupando a todos los grupos separatistas, el éxito de su iniciativa se consagró con el golpe que colocó en el poder a sus partidarios dejando en crisis la estrategia saudita.

Trump no controla el conjunto de la política exterior norteamericana. El Pentágono, el Departamento de Estado y los altos mandos militares se propusieron ponerle un límite a las bravuconadas del presidente en el momento en que afecten intereses vitales. De seguir este derrotero promoverán un cordial alejamiento de su inestable aliado. Ya que, para Arabia Saudita, hacerle concesiones al CTS podría dar lugar a una pérdida significativa de influencia en el sur de Yemen, y de continuar los enfrentamientos aplazaría indefinidamente el avance sobre Saná dañando seriamente su relación con los Emiratos.

Estas “internas” han sido bien recibidas por los Houthies, otorgando mayor homogeneidad a su bloque, “heredando” el complejo sistema de alianzas tribales formado previamente por Saleh, dotándolo de una mística nacional propia bajo la consigna: “Alá es grande! muerte a América, muerte a Israel!” que une a Chiitas y sunnitas contra un agresor extranjero. La lectura de los acontecimientos también está abierta de este lado, y si bien es posible que los Houthies negocien espacios de soberanía con el CTS también es probable que aprovechen al enemigo debilitado para una nueva ofensiva sobre Adén.

El desmembramiento de Yemen producto de la guerra civil, está dejando miles de muertos y millones de desplazados en situación de crisis humanitaria. Las intervenciones extrajeras son cada vez más inminentes, y tal como en siria, las tensiones entre las potencias se profundizan.

EAU intenta fragmentar Yemen al crear ejércitos regionales

Emiratos Árabes Unidos (EAU) está tratando de fragmentar a Yemen mediante la creación de “ejércitos regionales y tribales” separados en las partes meridionales de este país, según un funcionario del gobierno del expresidente yemení.

Yemen ha sido escenario de la guerra mortal lanzada por Arabia Saudí y varios de sus aliados, incluidos los Emiratos Árabes Unidos, desde marzo de 2015. Desde entonces, la coalición liderada por Arabia Saudí ha intentado sin éxito restaurar al expresidente fugitivo Abdu Rabu Mansur Hadi en el poder, un firme aliado de Riad, y aplastar al movimiento popular Ansarolá, que posee grandes extensiones de tierra en Yemen y que durante los últimos tres años ha estado dirigiendo asuntos de estado y defendiendo a la gente yemení contra la agresión brutal saudí.

El ministro de transporte de Hadi, Saleh al-Gabwani, declaró el lunes que su convoy había sido interceptado por las fuerzas respaldadas por los EAU ya que estaba en camino de inaugurar un nuevo puerto en Balhalf, situado en la provincia sureña de Shabwa, un día antes. La ciudad industrial de Balhalf, que alberga la planta de gas natural más grande del país árabe y también funciona como una terminal importante, ahora está ocupada por las fuerzas emiratíes.

“Hay ejércitos tribales y regionales establecidos por los emiratíes”, dijo Al-Gabwani en una reunión de funcionarios locales. “Nosotros, como estado, no podemos aceptar la continuación de esta situación”, agregó.  Además añadió que la llamada Fuerza de Élite Shabwa, una de las varias unidades que solo responden a los Emiratos Árabes Unidos, le había informado que los emiratíes les habían ordenado impedirle llegar al puerto.

Esto se produce en el marco de las brechas entre las fuerzas agresoras. El 28 de enero, nuevos enfrentamientos estallaron entre los separatistas aliados de los Emiratos Árabes Unidos (EAU) y mercenarios saudíes en la ciudad de Adén, donde murieron al menos 30 personas y más de 120 resultaron heridas.

(Fuentes: Al Mayadeen / Al Manar / Alwaght / La Izquierda Diario)

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