Nuevo caso de limpieza étnica: El 90% de los rohingya en la región fronteriza de Rakhine expulsados de Myanmar (Birmania)

birmania

Una de las principales publicaciones birmanas, The Irrawady, aseguró este viernes que al menos un 90 por ciento de los Rohingya residentes en la región fronteriza de Rakhine han sido expulsados a Bangladesh, tras realizar un estudio de las estadísticas de este masivo éxodo proporcionadas por el propio estado birmano y las ONG.

Según las cifras oficiales obtenidas por este medio, antes de la campaña de limpieza étnica que apadrinó el ejército birmano contra esta comunidad, 767.038 rohingya vivían en los distritos de Maungdaw, Buthidaung y Rathedaung, en el noroeste de Rakhine, donde se concentraba la

Los guarismos contabilizados por el Departamento de Administración General (GAD) dependiente del Ministerio de Interior birmano indican que en 2016 los Rohingya eran una amplísima mayoría (entre el 84 y el 93 por ciento) en Buthidaung y Maungdaw, las dos regiones que sufrieron con mayor énfasis la ofensiva militar.

Los mismos datos del Gad, suministrados de forma anónima a The Irrawady, confirman que han sido arrasadas decenas y decenas de aldeas rohingya. Incluso en Rathedaung, donde la población budista rakhine es muy superior a los Rohingya, tan sólo permanecen intactos dos o tres de los 22 villorrios habitados por esa población. El resto fueron incendiados.

La ONG Human Rights Watch denunció este viernes que las autoridades han recurrido a excavadoras y apisonadoras para aplanar los restos de al menos 55 aldeas de las cerca de 362 que fueron saqueadas e incendiadas desde agosto de 2017, en un esfuerzo sistemático que pone en cuestión el posible retorno de los refugiados que se hacinan en Bangladesh.

Dos de los poblados formaban parte de reducido grupo de enclaves que habían conseguido eludir la razzia de los uniformados y los grupos paramilitares aliados. “Muchas de estas aldeas fueron el escenario de atrocidades contra los Rohingya y deberían preservarse para que los expertos designados por Naciones Unidas puedan documentar esos abusos y evaluar las evidencias para identificar a los responsables.

Al aplanar esas áreas se amenaza con borrar la memoria y los reclamos legales de los Rohingya que vivieron allí”, precisó Brad Adams, director de Asia de dicha organización. Según HRW, la operación destina a apisonar estas comunidades comenzó en noviembre de 2017 pero adquirió un renovado ímpetu a partir de enero pasado.

Las acusaciones de Human Right Watch se apoyan en las fotografías tomadas por satélites, que permiten apreciar cómo lo que antes eran zonas repletas de aldeas ahora son simples páramos desprovistos de vegetación o edificación alguna. Las imágenes recopiladas por la ONG concuerdan con fotos distribuidas por observadores independientes como el embajador de la Unión Europea en Birmania.

“Los Rohingya están conmocionados al ver como sus aldeas han sido arrasadas. Tienen la sensación de que están haciendo desaparecer los últimos vestigios de su presencia en la región”, opinó Chris Lewa, responsable de la ONG, Proyecto Arakan, una de las más activas en la asistencia a este grupo de musulmanes.El ministro de Bienestar Social birmano, Win Myat Aye, admitió este tipo de acciones pero dijo que forman parte de un proyecto para “reconstruir” las aldeas.

“Cuando vuelvan podrán vivir en su lugar de origen o cerca de él”, puntualizó aunque admitió que el hipotético proceso de edificación de nuevos enclaves se está “retrasando” ante la “falta de mano de obra”. “Lo que se pretende es hacer hueco para la reconstrucción. Sólo se están allanando los pueblos quemados y destruidos”, le secundó Zaw Htay, un portavoz gubernamental citado por la agencia DPA.

Los militares, a cargo del Ministerio de Interior, preparan también la construcción de una valla a lo largo de la linde con Bangladesh que según explicó el número dos de ese departamento, el general Aung Soe, ya se extiende por 202 de los 293 kilómetros de esa frontera.

Pese al acuerdo de repatriación que firmaron Bangladesh y Birmania el año pasado, los rohingya no sólo no han comenzado a regresar a su tierra de origen sino que miles de ellos -más de 3.000 desde enero- continúan huyendo hacia el vecino país. Los huidos se oponen al plan de retorno a menos que se les asegure su integridad física y se les reconozca como nativos del lugar del que fueron expulsados.

Las ONGs y Naciones Unidas han alertado que una repatriación forzosa podría agravar aún más la precaria situación que enfrentan los cientos de miles de refugiados que se hacinan en la zona de Cox’s Bazar, que ahora además se ven amenazados por la aproximación de la temporada de ciclones.

Tras meses de inacción pese a los graves señalamientos procedentes de la región, la Unión Europea parece haber comenzado a preparar un paquete de sanciones contra el liderazgo de las fuerzas armadas birmana.

(Fuente: El Mundo / Autor: Javier Espinosa)

Myanmar destruye lo que quedaba de los pueblos musulmanes Rohingya

Primero quemaron sus pueblos y ahora, el gobierno de Myanmar utiliza buldócers para borrarlos de la tierra. Varias ONGs, entra las que se encuentra Human Rights Watch, denuncian que esta operación estatal borra y destruye pruebas cruciales de las atrocidades masivas contra la minoría étnica Rohingya.

Esta semana Associated Press ha difundido imágenes satelitales del problemático estado de Rakhine, en Myanmar, donde se encontraba antes la comunidad Rohingya. Las imágenes muestran como las autoridades arrasan lo que quedaba de los pueblos. Las aldeas ya habían sido incendiadas el pasado agosto, cuando una operación de desmantelamiento de las fuerzas de seguridad estatales llevó a cientos de miles de Rohingyas al exilio en Bangladesh.

Mientras que el gobierno de Myanmar afirma que simplemente está tratando de reconstruir una región devastada, la operación ha despertado una profunda preocupación entre los defensores de los derechos humanos, que dicen que el gobierno está destruyendo lo que equivale a decenas de escenas de crímenes antes de que tenga lugar una investigación creíble.

 

La operación también ha horrorizado a la comunidad Rohingya, que creen que el gobierno está destripando intencionalmente los restos menguantes de su cultura para que les resulte casi imposible regresar.

Se acusa a las fuerzas armadas de Myanmar no solo de quemar aldeas musulmanas con la ayuda de turbas budistas, sino también de llevar a cabo masacres, violaciones y saqueos generalizados. La última crisis en el estado de Rakhine comenzó en agosto después de que los insurgentes Rohingya lanzaron una serie de ataques sin precedentes contra los puestos de seguridad.

Las imágenes satelitales de DigitalGlobe indican que al menos 28 aldeas o aldeas fueron arrasadas por excavadoras y otras máquinas en un radio de 50 kilómetros (50 millas) alrededor de Maungdaw entre diciembre y febrero; en algunas de las áreas despejadas, los equipos de construcción habían erigido nuevos edificios o estructuras de viviendas y helipuertos. Un análisis similar realizado por Human Rights Watch el viernes dijo que al menos 55 aldeas se han visto afectadas hasta el momento.

El gobierno ha hablado de planes para reconstruir la región durante meses, y ha estado ocupada expandiendo carreteras, reparando puentes y construyendo refugios, incluyendo docenas en un gran campamento de tránsito en Taungpyo, cerca de la frontera con Bangladesh.

El campamento se inauguró en enero para albergar a los refugiados que regresan; pero ninguno ha llegado y los Rohingya han continuado huyendo. Myint Khine, un administrador del gobierno en Maungdaw, dijo que algunas de las nuevas casas estaban destinadas a los musulmanes. Pero ese no parece ser el caso para la mayoría de los construidos o planeados hasta ahora, y muchas autoridades rohingyas temen apoderarse de tierras en las que han vivido por generaciones.

(Fuente: La Vanguardia)

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