Macron reafirma el Estado único y rechaza las reivindicaciones corsas. Ni reconocimiento nacional, ni de la lengua, ni amnistía

French President Emmanuel Macron delivers a speech at the Alb Oru cultural centre in Bastia on the French Mediterranean island of Corsica on February 7 2018 Macron s two-day visit to Corsica is being closely watched on the mainland where some fear that giving the Mediterranean island too much autonomy could fuel a breakaway bid in the future AFP PHOTO POOL BENOIT TESSIER

El presidente francés, Emmanuel Macron ha realizado una visita de dos días a Córcega con un claro mensaje de negativa a las reivindicaciones de mínimos exigidas por la alianza nacionalista nacionalistas tras sus éxitos electorales, frente al Estado único y centralista francés. Cuando le preguntaron si acudía a la isla para negociar, respondió que no. “Vengo a trabajar”, aclaró.

Hubo falta una tremenda presión por parte de París para que las autoridades regionales corsas aceptaran la presencia de la bandera francesa en todos los actos presidenciales durante la visita. Cuando cedieron, un portavoz nacionalista explicó que en realidad no había problema: “También habríamos puesto la bandera de cualquier otro jefe del Estado extranjero en visita oficial a Córcega”, ironizó.

El independentista Jean-Guy Talamoni dijo que Macron cometería un error si no escuchara a “la gran mayoría de los corsos”. “Somos una nación”, afirmó. En caso de que la visita presidencial a Córcega fuera considerada improductiva por los nacionalistas, la primera reacción, según Talamoni, consistiría en “una gira europea para denunciar la cerrazón de Macron”. “Nosotros no reclamamos la independencia actualmente, estamos iniciando la vía autonomista”, precisó.

Pero Macron desde sus primeros momentos en la isla quiso marcar su postura de defensa de una Córcega francesa, manteniéndose impermeable a las principales reivindicaciones nacionalistas de reconocimiento corso. “No transigiré con quienes quieren arrancar Córcega del seno de la República”, ha subrayado en la Isla.

Su visita a Córcega comenzó con un homenaje, el martes, al prefecto Claude Erignac, ejecutado de tres disparos por la espalda por terroristas corsos el 6 de febrero de 1998, en una acción nunca del todo aclarada pero atribuida al independentismo armado corso, que no actúa desde hace casi cuatro años pero que no se ha desarmad.

En su discurso manifestó que no tiene previsto amnistiar a lospresos políticos, una de las reivindicaciones corsas. “Ni indulgencia, ni olvido, ni amnistía” con los autores de ese “crimen cobarde”, ha prometido Macron, cerrando de golpe la puerta a esa petición. Al homenaje ha acudido el nacionalista Gilles Simeoni, actual presidente del Ejecutivo corso y que fue uno de los abogados defensores de Yvan Colonna, considerado el cabecilla del comando nacionalista que asesinó al prefecto. Pero no ha asistido el independentista Jean-Guy Talamoni, presidente de la Asamblea. La única concesión al respecto parece ser su adisponibilidad al acercamiento de estos presos a la Isla.

Otras serían  aceptar reconocimiento del corso como lengua, pero sin otorgarle el grado de cooficialidad y un cierto reconocimiento de la singularidad de Córcega dentro de la Constitución de Francia. Que la Isla figure nominalmente mencionada en ella, inclyéndola dentro del conjunto de la reforma constitucional que su Gobierno está preparando y que debe ser aprobada la próxima primavera. De esa forma, indicó, se garantiza su “afianzamiento” dentro del Estado.

Se mostró contrario a que se modifique el estatuto de Córcega hacia una mayor autonomía, que entró en vigor en enero pasado y que ofrece mayor poder a las instituciones locales. Propuso que se busque para Córcega un punto intermedio entre las regiones ultraperiféricas, como Nueva Caledonia, y las continentales.

Las dos figuras políricas del nacionalismo, el autonomista Gilles Simeoni, actual jefe del Ejecutivo corso, y el independentista Jean-Guy Talamoni, presidente de la Asamblea, se reunieron la anoche del martes con Macron e hicieron saber a través de su entorno que no estaban de acuerdo con la posición del dirigente, que consideraron poco flexible y cerrada a las peticiones del pueblo expresadas en las elecciones regionales de diciembre pasado.

Muestra de su descontento fue que boicotearon el miércoles un almuerzo con Macron, aunque acudieron a su discurso, que no aplaudieron, en el que vieron cómo el presidente solo asumía, y de forma vaga, una de sus reivindicaciones.

Tras su discurso de Ajaccio el presidente ha resumió el miércoles su proyecto para Córcega, en Bastia, que ha resumido de este modo: “El Prefecto de la República ( equivalente a Delegado del gobierno) será el primer responsable de un plan de modernización de la isla, para reafirmar el puesto de Córcega en Francia y en el Mediterráneo”.

En su discurso declaró que “el progreso pasa por la garantía del Estado de derecho”. El presidente declaró también: “Soy favorable a alguna forma del reconocimiento institucional de la Córcega en nuestra Constitución. Haremos una propuesta la próxima primavera”. Igualmente que el reconocimiento de la identidad corsa en la Constitución francesa pasa por “el carácter indisoluble del Estado y la Nación” francesa “en el marco de nuestra República”.

“El puesto de Córcega será siempre más fuerte, asumiendo su puesto en Francia. Sentado ese principio, el Estado pondrá todo de su parte para ayudar al desarrollo económico y el progreso de la isla”. “Esa es la identidad profunda de Córcega, su pertenencia a la República, asumiendo su propio puesto, como colectividad territorial, abierta al Mediterráneo, abierta al mestizaje permanente”.

A cambio del mantenimiento del centralismo del Estado, Macron ofrece un modelo de “crecimiento durable” en la Isla, gracias al “acompañamiento” del Estado, en el terreno de las subvenciones y los proyectos pilotados por el representante del Estado en la isla ,el Prefecto, dejando la gestión de los proyectos a las autoridades locales.

En el terreno cultural, manifestó que la lengua corsa no debe servir para crear un gueto o para “preservar” empleos. En Francia, la lengua común y oficial es el francés. Puede y debe enseñarse, incluso proteger la lengua corsa. Pero solo hay una lengua oficial, el francés.

En cuanto a la amnistía de los presos políticos, Macron reiteró que en Francia “no hay presos políticos”, así como que “las personas condenadas por delitos de muy diversa naturaleza deben cumplir las penas dictadas por la justicia”.

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