Próximo conflicto en África: ¿Una guerra por las aguas del Nilo? Egipto presiona con sus tropas a Sudán y Etiopía

presa etiopia

“Lo único que podría llevar a Egipto otra vez a la guerra es el agua”. Muchos se están acordando estos días de la predicción del presidente Anwar el Sadat tras firmar en 1979 el acuerdo de paz con Israel. La construcción de la que será la mayor presa hidroeléctrica de África en Etiopía (foto adjunta) ha avivado las tensiones entre los países de la cuenca del Nilo y especialmente entre sus tres principales beneficiarios: Egipto, Sudán y Etiopía. Pero en los últimos días el conflicto entre los dos primeros ha alcanzado máximos históricos.

La pasada semana Sudán desplegó el ejército en su frontera con Eritrea y cerró el paso fronterizo tras anunciar que Egipto habría enviado tropas a la base militar de Sawa en ese país. Ese mismo día Jartum llamó a consultas a su embajador en El Cairo.

En los últimos seis años, desde que Adís Abeba rompió el estatus quo sobre las aguas del Nilo iniciando la construcción de la Gran Presa del Renacimiento, Sudán se había alineado con Egipto, con quien históricamente se beneficia de la mayoría del caudal del Nilo. Pero los sudaneses parecen haber empezado a valorar la importancia que para ellos supondrá el control de las aguas del río. Manejar las crecidas y evitar inundaciones les permitirían incrementar el aprovechamiento de tierra cultivable que apenas alcanza el 1 % del terreno agrícola disponible en la actualidad, según explican la doctora Ana Elisa Cascão y Alan Nicol en un informe publicado en 2016 y titulado “Sudán, poder decisivo en una nueva hidropolítica del Nilo”.

En ese nuevo contexto, Egipto perdería su hegemonía en la región (además de su cuota de agua) a favor de Etiopía. Sudán tendría la llave para apoyar a uno en detrimento del otro, de ahí el calificativo de ‘kingmaker’, “poder decisivo”, que usan en el título original. Sin capacidad para erigirse a sí mismo como líder regional sí puede permitirse inclinar la balanza.

Además, Jartum podría beneficiarse de ese incremento de terreno cultivable a través del arrendamiento a países occidentales que buscan zonas fértiles donde conseguir la producción necesaria para suplir su demanda. Es el caso de Turquía, por ejemplo, cuyo gobierno alcanzó en 2013 un acuerdo para la explotación de un vasto terreno junto al Nilo Blanco sudanés durante 99 años, algo que empresas del sector privado llevan años haciendo.

La reciente visita a Sudán del presidente turco Recep Tayyip Erdogan, con quien Egipto no se relaciona por su apoyo a los Hermanos Musulmanes, y la firma de una docena de acuerdos bilaterales, incluidos militares, han incrementado las tensiones del último año, en el que ambos países se han alineado con bloques opuestos: Egipto con Arabia Saudí y Emiratos Árabe Unidos, Sudán con Qatar y Turquía. Pero el tema del agua es algo que para Egipto tiene una importancia vital. Y Jartum es consciente de que haría cualquier cosa por mantener su hegemonía sobre el Nilo.

En 2010, los egipcios discutieron con los sudaneses la posibilidad de tomar medidas militares contra Etiopía para proteger su participación de agua del río Nilo, según correos electrónicos internos de la empresa de seguridad privada estadounidense Stratfor, filtrados por Wikileaks en 2012. “El presidente sudanés Omar Al Bashir ha acordado permitir a los egipcios construir una pequeña base aérea en Kusti para alojar a los comandos egipcios que podrían ser enviados a Etiopía para destruir las instalaciones acuáticas en el Nilo Azul … Será su opción si todo lo demás falla”, rezaba uno de ellos. Aquel mismo año, el entonces presidente egipcio Mohamed Morsi, fue cazado en cámara hablando de medidas expeditivas -atacar Etiopía- para destruir la presa.

Egipto y Sudán acaparan el 90% del caudal del Nilo gracias a un acuerdo firmado bajo auspicio británico por Egipto en 1929 que además le daba derecho de veto sobre cualquier construcción río arriba. En 1959, tres años después de que Sudán se librara de los británicos, se enmendó dicho texto, quedando el reparto de los 88.000 millones de metros cúbicos del Nilo en 55.500 para Egipto y 18.500 para Sudán. Por este motivo el resto de países de la ribera llevan años luchando por conseguir un acuerdo más beneficioso. El Cairo, sin embargo, nunca se ha mostrado proclive a ceder ni un ápice. El depuesto Hosni Mubarak fue abiertamente antiafricanista y muchos le acusan de enviar a las reuniones a subalternos con poco peso y menor entendimiento de los asuntos relativos al agua. El argumento egipcio es que se deben ponerse en la balanza los recursos hídricos de cada país para calcular el caudal al que tienen derecho. En este caso Egipto sería el más necesitado, según datos de la agencia de Naciones Unidas para el Desarrollo (UNDP).

Etiopía tiene acceso a 123.000 millones de metros cúbicos que obtiene de la lluvia, aguas subterráneas y otros ríos. Egipto tiene apenas la mitad. Recibe sólo mil millones de metros cúbicos al año en lluvia, sobre todo en las costas del Mediterráneo, el Mar Rojo y en partes del Sinaí. Posee fuentes de agua subterráneas, pero estas no son renovables. Además la reserva subterránea en el Desierto Occidental permite la extracción de no más de tres a cinco mil millones de metros cúbicos por año durante los próximos 50 a 100 años.

Además, se espera que el promedio de agua per cápita de Egipto (uno de los más bajos del mundo) baje de 663 metros cúbicos anuales a 582 para el año 2025, según la Agencia Central para la Movilización Pública y Estadísticas (CAPMAS). Pero ¿qué ocurrirá en otros 25 años, en 2050, cuando se cree que Egipto habrá duplicado su población, que ronda en la actualidad los 100 millones de habitantes? Las perspectivas no son halagüeñas.

Una cuestión crítica para Egipto

Egipto está explorando soluciones para paliar el problema de escasez de agua del país. Entre ellos hay proyectos que buscan hacer más eficiente el uso del agua en la agricultura, idear formas asequibles de desalinizar (aunque los costos de desalinización son muy altos, y las cantidades que este método suministra llegan a solo 200 millones de metros cúbicos anualmente), y reciclar el agua de las lavanderías. Pero una financiación pública débil para estos proyectos dificulta su realización. Por no hablar de la inestabilidad de un país sumido en una dictadura en el que una actriz osó criticar públicamente la contaminación de las aguas del Nilo y acabó en los juzgados.

A ello se suma la falta de conciencia de que el agua es un bien escaso en un país cuyo cordón umbilical es el Nilo, con el 95% de sus habitantes pegados a sus orillas. Sólo el cultivo de arroz supone 10.000 millones de metros cúbicos de agua al año, un quinto de los 55.500 que le corresponden anualmente.

Etiopía, donde nace el Nilo Azul que aporta dos tercios del volumen de agua, ha reiterado que la presa no afectará a los países de la cuenca y considera que tiene derecho a utilizar el recurso que nace en su tierra para mejorar su posición política y económica. Este país africano tiene el segundo mayor potencial hidroeléctrico en África, con una capacidad estimada de alrededor de 45.000 megavatios. La presa en construcción y otra que terminaron en 2015 “multiplicarán por cuatro su capacidad eléctrica”, según un estudio publicado por la doctora Cascão, experta en política hidrográfica del Nilo. Ese exceso de electricidad se exportará a otros países africanos e incluso a Europa y podría suponer unas ganancias de hasta casi mil millones de euros al año, lo que lo convertiría en el mayor exportador de electricidad en África.

La presa tendrá capacidad para almacenar entre 63.000 y 74.000 millones de metros cúbicos de agua, aunque algunos expertos dudan de que la sequía propiciada por el cambio climático le permitan alcanzar (o mantener) esos niveles. Con 16 unidades generadoras eléctricas, se calcula que la planta hidroeléctrica podrá generar hasta 6.000 megavatios.

Egipto tiene un excedente de 5.000 megavatios al día pero ese excedente se reducirá si las turbinas de la presa etíope afectan a la producción de electricidad, según fuentes anónimas del ministerio de Electricidad citadas por Al Monitor. “Se espera que la presa reduzca la producción de electricidad un 10%, lo que sumado al otro 10% de incremento anual del consumo provocaría un déficit y obligaría a Egipto a importar electricidad. Ese descenso se producirá fundamentalmente durante el llenado de la presa, cuya construcción debía haber terminado en 2016 y está previsto que lo haga entre este año y el próximo. Cuanto más rápido sea el proceso, peores las consecuencias para el país de los faraones. “El flujo de agua dulce del Nilo a Egipto puede reducirse en un 25 por ciento, con una pérdida de un tercio de la electricidad generada por la presa de Asuán”, durante el tiempo que tarde en llenarse, entre 5 y 15 años, según un estudio publicado en la revista de la Sociedad Geológica de Estados Unidos GSA Today en 2017.

Conversaciones estancadas

Además por cada reducción de 1 billón de metros cúbicos de agua, se perderían 81.000 hectáreas de tierras de cultivo y 1 millón de personas verían amenazada su subsistencia, dado que un promedio de 13 personas viven de cada hectárea, según un alto funcionario del Ministerio de Irrigación hablando en condición de anonimato en declaraciones al diario Telegraph, basadas en estudios internos del Gobierno.

Esta semana los egipcios y los etíopes tratarán de reencauzar unas conversaciones estancadas. El primer ministro etíope Hailemariam Desalegn se encuentra en la capital egipcia para abordar la cuestión, y ayer dio una rueda de prensa conjunta con el presidente egipcio Abdelfatah Al Sisi, en la que ambos estuvieron de acuerdo en “la necesidad de superar los obstáculos actuales”. Pero por ahora, pocos progresos tangibles.

 

Egipto necesita un compromiso del primer ministro etíope de que Etiopía no comenzará a llenar el embalse de la presa sin el consentimiento de El Cairo; que las fechas de llenado sean fijadas tras las discusiones de los equipos técnicos y no comprometerán la cuota de Egipto en el agua del Nilo; y que Adís Abeba se avenga a cooperar “de buena fe y transparentemente” con los consultores contratados para asesorar a Etiopía, Sudán y Egipto sobre el impacto de la represa, según publicaba esta semana el diario egipcio Al Ahram, citando fuentes gubernamentales.

El Cairo espera que Adís Abeba reconozca que Egipto solo aceptará una reducción temporal de su cuota de agua pendiente del proceso de llenado, con la disposición de que, en caso de una mala temporada de lluvias, pueda exigir a Etiopía que reduzca la cantidad de agua retenida; que Egipto no negociará una reducción de su parte anual “bajo ninguna condición”, ni aceptará ningún acuerdo que implique comprar parte de su cuota establecida a Etiopía o a Sudán”, señaló otra fuente, como se había sugerido indirectamente durante las conversaciones.

El presidente Sisi, ha asegurado que la del agua “es una cuestión de vida o muerte”, pero esta misma semana el dirigente reiteraba que no quieren entrar en guerra “con sus hermanos ni con nadie”. Con la presa casi acabada parece que los egipcios tendrán que lidiar con una política de hechos consumados. En los correos filtrados por Wikileaks, cuya autenticidad ha negado el gobierno egipcio, Stratfor aseguraba que si la diplomacia falla lo siguiente sería “apoyar grupos militantes en Etiopía como ya hizo en los 70 y los 80” y que una acción militar directa “era la opción menos plausible y El Cairo sólo la pondría en práctica si la presa se completa y se interrumpe el flujo de agua”, algo que la consultora de seguridad estadounidense hacía depender también de quien fuera “el nuevo líder” egipcio. Entonces, en 2012, gobernaba el hermano musulmán Mohamed Morsi. Esta vez al primer ministro etíope lo recibirá en el Palacio de Heliópolis el ex general Abdelfatah Al Sisi, quien casi con certeza opta a su reelección el próximo mes de marzo.

(Fuente: El Confidencial / Autor: Nuria Tesón)

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