Se cumplen 61 años del desembarco del Granma de Castro y otros 82 guerrilleros que marca el inicio de la Revolución Cubana (videos)

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El 2 de diciembre de 1956 desembarcó el yate Granma bajo el liderato de Fidel Castro junto al Movimiento 26 para iniciar la lucha por la Revolución Cubana.  Con la decisión de cambiar la historia de Cuba unos 82 tripulantes emprendieron un viaje hace 61 años, y desembarcaron el yate Granma con el fin de acabar con la dictadura de Fulgencio Batista.

Bajo el liderato del líder revolucionario Fidel Castro un 25 de noviembre se inició el viaje por el río Tuxpan (México) para llegar hasta Cuba, y durante el recorrido se presentaron fuertes contratiempos climáticos, que provocaron mareos y vómitos en los tripulantes.

Fuertes vientos y el batir de las olas marcaron la travesía a través del Golfo de México, luego al Mar Caribe y finalmente llegar el 2 de diciembre a tierras cubanas. A las 06:50, hora local, encalló el Granma en las cercanías de la playa Las Coloradas, en el municipio de Niquero, con el fin de marcar el inicio a la lucha por la libertad cubana.

Una vez que llegaron transportaron el armamento y materiales de guerra a través de un bote auxiliar, sin embargo, el peso era muy fuerte y se hundió, por lo que cada tripulante tuvo que cargar sus municiones.

El 2 de diciembre es una fecha importante en la historia cubana, dado a su trascendencia en el inicio de la última guerra por la independencia de la isla.  Ese día también coincide con el nacimiento de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de la República de Cuba (FAR).

El Granma estaba integrado por 82 tripulantes pertenecientes al Movimiento 26 de julio, el cual estaba conformado por Fidel Castro, Raúl Castro, el Ché Guevara, Ramiro Valdés, Camilo Cienfuegos, Juan Almeida Bosque, entre otros. Al tocar suelo cubano el Movimiento 26 dio inicio a la lucha revolucionaria que terminó el triunfo de la Revolución cubana el 1 de enero de 1959.

El desembarco del Granma: una hazaña heroica

Si Homero hubiera vislumbrado la dimensión de la hazaña de los expedicionarios del Granma, supiera que su Odisea tiene paralelos en la historia, en cuanto a las vicisitudes y riesgos de una travesía-con riesgo de muerte- para una tripulación decidida a emprender el camino hacia la victoria.

Tal concepto está plasmado en el documental La odisea del Granma, realizado por Mundo Latino, que constituye una reconstrucción histórica de aquella acción que marcó el inicio de las luchas guerrilleras que materializaron una sucesión de sacrificios y retos a la valentía y al coraje.

En aquel viaje, inspirado por el noble fin de alcanzar la total independencia de la Patria, sus tripulantes redoblaron la decisión de vencer o morir que siempre ha marcado la batalla de aquellos héroes que se arriesgaron o inmolaron por la victoria definitiva.

El 25 de noviembre partió el yate Granma desde la ensenada de Tuxpan, en el puerto de Veracruz, donde hoy está anclada una reproducción que representa un emblema de orgullo para los vecinos del lugar.

(Fuente: TeleSur)

Libres o mártires había sido la promesa

El 11 de abril de 1895, José Martí y Máximo Gómez desembarcaron por Playitas de Cajobabo. Había sido casi un milagro que el bote no hubiese naufragado en la tormentosa noche: “Salto. Dicha grande”, escribiría el Apóstol. Diez días antes, el 1.o de abril, lo había hecho por Duaba el general Antonio Maceo, en la goleta Honor. Comenzaba para el Titán de Bronce, y sus acompañantes, una verdadera odisea.

También la llegada del yate Granma a Cuba estuvo llena de dramatismo. De casi un naufragio la catalogó el Che, por la manera con que los 82 hombres dirigidos por Fidel Castro arribaron a tierra firme. A lo que hubo que sumar una penosa marcha de casi cuatro horas por una ciénaga infernal, la “peor ciénaga”, como escribiera Raúl en su Diario.

Pero dejemos a sus principales protagonistas contar la historia: a Fidel, Raúl, el Che y Almeida. Una historia en la que solo la voluntad de vencer, el apego a los principios y el cumplimiento de la palabra empeñada de ser libres o mártires en 1956, pudo salir airosa de tamaños contratiempos y vicisitudes.

Fidel Castro, en el discurso pronunciado en el acto para conmemorar el aniversario 45 del desembarco de los expedicionarios del Granma y el nacimiento de las Fuerzas Armadas Revolucionarias, en el año 2001, rememoró así lo sucedido:

“La inquietud era grande. (…); un hombre que caía al mar agitado y oscuro en la madrugada del 2 de diciembre, que no podía ser abandonado, aun robando al escaso tiempo minutos de vida o muerte, eran circunstancias que multiplicaban la impaciencia por arribar antes del amanecer al punto exacto programado de las ansiadas costas de nuestra patria.

“Con el infinito aliento del rescate, divisamos tierra con las primeras luces del amanecer y un grupo de boyas luminosas donde la costa oriental (…). Nuevos e inesperados obstáculos: dos veces intentó el capitán que conducía el Granma, seguir la ruta adecuada por el laberinto que indicaban las boyas, y dos veces regresó al punto de partida. Intentaba hacerlo por tercera vez. Imposible continuar la desesperante búsqueda. De combustible quedaban unos pocos litros. Era ya pleno día. El enemigo exploraba sin cesar por mar y por aire. La nave corría gran riesgo de ser destruida a pocos kilómetros de la orilla con toda la fuerza a bordo.

“Veíamos la costa cercana y visiblemente baja. Se ordena al capitán enfilar directamente hacia ella a toda máquina. El Granma toca fango y se detiene a 60 metros de la orilla. Desembarco de hombres y armas. Duro avance por el agua sobre fango movedizo que amenazaba tragarse a los hombres sobrecargados de peso. La orilla era aparentemente sólida, pero metros después un terreno fangoso similar al anterior en extensa laguna costera se interponía entre el punto de arribo y la tierra sólida. Casi dos horas duró la travesía de aquel infernal pantano”.

Raúl Castro, quien vino en la expedición con el grado de capitán y al frente de uno de los tres pelotones, así lo escribió en su Diario de Campaña: “Como a las 5:30 o 6:00 a.m., se tomó en línea recta y encallamos en un lugar lodoso para meternos en la peor ciénaga que jamás hay visto u oído hablar de la misma. Me quedé hasta el último tratando de sacar la mayor cantidad de cosas, pero después en aquel maldito manglar tuvimos que abandonar casi todas las cosas. Más de cuatro horas sin parar, atravesando aquel infierno (…) Me iba encontrando, a lo largo del camino, compañeros casi desmayados”.

Ernesto Guevara, en Pasajes de la Guerra Revolucionaria: “A las dos de la madrugada, con una noche negra, de temporal, la situación era inquietante. Roque, exteniente de la marina de guerra, subió una vez más al pequeño puente superior, para atisbar la luz del Cabo (Cabo Cruz), y perdió el pie, cayendo al gua. Al rato, ya veíamos la luz, pero el asmático caminar de nuestra lancha hizo interminables las últimas horas del viaje. Ya de día arribamos a Cuba por el lugar conocido por Belic (Los Cayuelos), en la playa Las Coloradas.

“Un barco de cabotaje nos vio, comunicando telegráficamente el hallazgo al ejército de Batista. Apenas bajamos con toda premura y llevando lo imprescindible, nos introducimos en la ciénaga, cuando fuimos atacados por la aviación enemiga (…) Tardamos varias horas en salir de la ciénaga (…) Quedamos en tierra firme, a la deriva, dando traspiés, constituyendo un ejército de sombras, de fantasmas que caminaban como siguiendo el impulso de algún oscuro mecanismo síquico.  Habían sido siete días de hambre y de mareos continuos durante la travesía (…)”.

Juan Almeida, otro de los capitanes del Granma, lo recuerda de la siguiente manera: “Primero el agua les da por la cintura, al pecho, a la barbilla (…). Nuevamente bajo el cuello, al pecho. Con la soga que tienen en la mano llegan al mangle y la amarran. Ahora bajan uno a uno. Los hombres más gruesos al tirarse se entierran en el fango, los más livianos tienen que ayudarlos a salir”.

Y hace mención a una casualidad: el 2 de diciembre del 1956 cayó domingo, como también lo fuera el 25 de noviembre, día de la partida de Tuxpan; el 26 de julio de 1953 y el 15 de mayo de 1955, fecha esta última en que fueron amnistiados: “Nuestras vidas en los grandes hechos está signada por este día de la semana”.

Un campesino humilde: Ángel Pérez Rosabal, les da a la extenuada y bisoña tropa la confirmación final de que han arribado a tierra firme. Tres días después son sorprendidos y dispersados en un lugar descampado e inhóspito, con el paradójico nombre de Alegría de Pío.

La palabra empeñada por Fidel de Ser Libres o Mártires en 1956 había sido cumplida. Atrás quedaban las horas azarosas previas a la salida de México y la semana tormentosa de la travesía. Nada había sido capaz de detener la voluntad de los 82 expedicionarios, encabezados por un líder tenaz y perseverante, quien confiaba en que si salía llegaba; si llegaba, entraba; y si entraba, triunfaba.

Ese 2 de diciembre de 1956 nacía el Ejército Rebelde, antecedente glorioso de las actuales Fuerzas Armadas Revolucionarias. Solo 24 meses después del desembarco, el pequeño ejército había adquirido una colosal experiencia y derrotado al enemigo.

(Fuente: Cuba Ahora / Autor: Narciso Amador Fernández Ramírez)

Una batalla contra el mar embravecido

Varios factores incidieron en la tardanza de la llegada a las costas cubanas del yate que zarpó de tierras veracruzanas el 25 de noviembre de 1956. Los 82 hombres a bordo, unidos al peso de las armas y las roturas del motor obstaculizaron el avance de la embarcación, a lo cual se unieron momentos de mal tiempo.

En la madrugada del primero de diciembre, el Granma se acercó a la zona escogida para su desembarco. Sin escatimar esfuerzos, Roque y Mejía, piloto y timonel, alternaban ambas tareas, mientras oteaban el horizonte y buscaban inútilmente el faro de Cabo Cruz.

En su lucha contra aquellos vientos tempestuosos Roque cayó al mar, ante el embate de una ola gigantesca. A pesar de un tiempo que retaba a los marinos más avezados, el coraje se impuso, cuando Fidel ordenó detener la marcha y rescatar al combatiente. Una hora más tarde divisaron las luces. Llegaron a las boyas por el canal de Niquero y, para su sorpresa, su actual ubicación no coincidía con la carta náutica, por lo cual se vieron precisados a cambiar el rumbo.

Al llegar el atardecer de ese día, Fidel informó que de un momento a otro desembarcarían y dio a conocer la estructura militar que existiría a partir de ese momento en los combatientes, lo cual conformaba la génesis del Ejército Rebelde, que iría a la Sierra Maestra a luchar con las armas en la mano contra la tiranía batistiana.

Es por ello que, al llegar a tierra, no encontraron el respaldo de los insurrectos cubanos. Estaba previsto que les ayudaran a avanzar en aquel terreno inhóspito para ascender hacia las montañas, donde establecerían los campamentos del Ejército Rebelde, pero no fue posible debido a los dos días de tardanza en su llegada por los múltiples inconvenientes que caracterizaron el viaje.

En la tarde del primero de diciembre, Fidel informó que se dirigirían a la costa para desembarcar. En una punta de mangle nombrada Los Cayuelos encalló el Granma, lo cual obligó a adelantar el desembarco para las 6:50 a.m. del 2 de diciembre de 1956.

Fue difícil, pues tuvieron que atravesar más de un kilómetro de tupidos manglares y grandes pantanos, transportando cargas pesadas y venciendo el agotamiento. Era muy difícil avanzar hacia las montañas, sus zapatos se destruían porque el fango ablandaba y hacía pedazos las suelas, lo cual obligó a la mayoría a andar descalzos por vez primera en sus vidas.

Antes de bajar el pelotón de la retaguardia, cruzaron cerca una lancha de cabotaje y un barco arenero. Surgió entonces otra dificultad, a primera vista invencible. Por falta de petróleo, el yate no pudo regresar a las costas de Caimán Brac, como era la idea inicial de Fidel.

En aquellos momentos, la voluntad no flaqueó y se crecieron a pesar de no saber en qué lugar se encontraban. Por ello, prefirieron esperar a que llegaran refuerzos, si es que se encontraban en Cuba.

La verdad les llegó con el campesino Ángel Pérez Rosabal, quien les confirmó que estaban en el territorio nacional. Su ascenso a las montañas de la Sierra Maestra dio continuidad a la lucha contra la más cruel tiranía de toda la Historia de Cuba.

Los constantes triunfos contra los soldados batistianos, llamados despectivamente por el pueblo “casquitos”, unidos a la estrategia de la lucha clandestina, convirtió en victoria aquel batallas titánico que culminó con el Triunfo de la Revolución Cubana. No hay cubano que no detenga su paso al contemplar el Yate Granma en el memorial que lleva su nombre, y que constituye el tesoro más preciado del Museo de la Revolución.

Fuente: Cuba Ahora / Autor: Ada Oramas)

 

 

 

 

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