El Congreso conocía la identidad del asesino de García Caparrós, el cabo de la Policía Armada M.P.R., y la ha ocultado 40 años

GARCIA-CAPARROS

El joven malagueño de 18 años Manuel José García Caparrós se manifestó aquel 4 de diciembre de hace ahora 40 años para reclamar una autonomía plena para Andalucía, como cientos de miles de andaluces. Una certera bala reglamentaria de 9 milímetros disparada presuntamente por el cabo primero de la Policía Armada M.P.R. acabó con su vida en plena calle de la capital malagueña. El manto de silencio que hasta hoy se ha mantenido a todos los niveles institucionales ha saltado por los aires con la investigación de la secretaria judicial Rosa Burgos, que publica ahora Las muertes de García Caparrós, una década después de su primer abordaje a este asunto en el libro La muerte de García Caparrós. La revista malagueña El Observador adelanta estos datos oficiales que aún hoy el parlamento español sigue ocultando a la ciudadanía.

En el libro de esta funcionaria judicial se desvelan todas las actas secretas de la comisión parlamentaria que investigó el asesinato de este joven trabajador de Cervezas Victoria y afiliado a Comisiones Obreras. En ellas se puede constatar cómo todo el arco parlamentario del momento conocía las conclusiones de la investigación y todos los detalles de la misma, pese a que hoy, cuatro décadas después, la Mesa del Congreso de los Diputados acaba de vetar aún parte de las actas de aquella comisión parlamentaria, entre ellas los informes de balística que ahora ha publicado Rosa Burgos en su investigación.

Estos informes de aquellos años determinan que presuntamente fue el citado cabo primero de la Policía Armada el que disparó aquella bala asesina sobre la que se extendió un implacable manto de silencio hasta hoy mismo.

Las autoridades de la Transición atribuyeron los hechos de aquel 4-D a la complicada situación socioeconómica que vivía Málaga. El actual alcalde de la ciudad andaluza desde el año 2000, Francisco de la Torre (Partido Popular) participó desde las filas de la extinta UCD en la comisión parlamentaria que investigó y silenció los hechos. Los cargos superiores al agente que presuntamente disparó sobre García Caparrós elevaron un escrito al juzgado en el que se concluía: “No se puede determinar qué persona causó la muerte por el desorden y agresividad de los manifestantes”.

De hecho, estos datos reveladores que hoy ven la luz a través del libro de Rosa Burgos aún sigue siendo vetados por el Congreso de los Diputados en pleno 2017, cuatro décadas después. La diputada de IU por la provincia de Málaga, Eva García Sempere, también ha intentado sin éxito acceder a todas las actas secretas del Congreso sobre aquellos hechos. No duda un instante al criticar lo que considera un “pacto de silencio” de la época “para que nadie empañara la Transición”.

Todo lo que envuelve al crimen del joven sindicalista malagueño no sólo está rodeado de misterio, también hay mucho de hipocresía y complicidad institucional. Y por supuesto de paradojas. Tanto es así que la placa que en el año 2002 se levantó en memoria del asesinado se colocó con el nombre mal escrito y en un lugar equivocado, que para colmo se acaba de ser reconocido, este mismo martes 28 de noviembre, por la Junta de Andalucía como Lugar de la Memoria Democrática. Y como guinda a tal desaguisado, ni siquiera se hace alusión alguna al motivo que llevó a la colocación de esta placa en homenaje al asesinado. “La Ciudad de Málaga en recuerdo de D. José Manuel García Caparrós”. Una placa que, además, ha recibido y recibe continuos ataques de grupos radicales de ultraderecha.

El silencio que impuso la comisión de investigación del parlamento contó con la complicidad de formaciones como Alianza Popular (hoy PP) o PSOE, que hoy se vuelcan en recordar la figura del joven manifestante asesinado por la policía armada. Tanto es así que Ayuntamiento (PP), Diputación Provincial (PP) y Junta de Andalucía (PSOE) lo han nombrado Hijo Predilecto pese a que son algunos de los partidos, entre otros muchos, que en plena Transición, decidieron silenciar sine die lo investigado, y aclarado, respecto a aquel día en que Manuel José García Caparrós se convertiría para siempre en un mártir del andalucismo.

Incluso la presidenta andaluza, Susana Díaz, ha recibido hace apenas un mes a las tres hermanas del joven asesinado en la sede de la Presidencia de la Junta. Díaz les prometió que reclamaría al Congreso de los Diputados el expediente completo de la denominada ‘Comisión de Encuesta de los Sucesos de Málaga y La Laguna de Diciembre de 1977’, en la que se investigó la muerte de García Caparrós, ya que la información que hasta ahora tiene la familia “está con tachaduras, es incompleta y parcial”.

El informe de balística desvelado en el libro de Burgos y adelantado por El Observador es lo suficientemente clarificador para que no haya explicación posible al motivo que ha posibilitado que el silencio sea aún el protagonista de aquellos hechos que convirtieron ya para siempre a Manuel José García Caparrós en mártir del andalucismo. “Por lo que respecta a la pistola marca STAR, modelo S, con número de serie […] se observó una ligera similitud entre algunas de las lesiones con valor identificativo impresas en las balas ‘testigo’ por ella disparadas y en algunas de las contenidas en la bala ‘dubitada’ de referencia. No obstante, la escasez de dichas similitudes, unida a la carencia en dichas balas ‘testigo’ de otras lesiones con valor identificativo que se observan en la bala ‘dubitada’, son insuficientes para determinar si dicha bala ‘dubitada’ ha sido disparado, o no, por esta pistola”, concluye dicho informe de balística.

La pistola de la que presuntamente salió el proyectil que mató a García Caparrós, perteneciente al cabo primero M.P.R., fallecido hace unos años, fue dada de baja poco después, en enero de 1979 del asesinato del joven sindicalista go acuse dan de baja estas armas, algo que no se produjo en el caso Garciveles poevista meaños,., algo inusual ya que funcionaba perfectamente, según subraya el informe de la investigación. Sólo la jubilación de un agente, su baja en el Cuerpo o la posibilidad de que esté en mal estado son los motivos por los que se dan de baja estas armas, circunstancia que no se produjo en el caso García Caparrós.

Además, cuenta Burgos que un testigo de los hechos dijo que el presunto autor del disparo “faltó a la verdad en su declaración pues declaró no haber efectuado ningún disparo y A.V.P. testifica que M.P.R. efectuó varios disparos”.

(Fuente: Diario 16 / Autor: Natalio Blanco)

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Entrevista con Rosa Burgos, autora de “las muertes de García Caparrós”

Entrevista a la escritora y secretaria judicial Rosa Burgos. Autora del nuevo libro “Las muertes de García Caparrós” editado por esta revista y que se presenta hoy a las 19:00 horas en el Instituto de Estudios Portuarios de Málaga. Burgos es también la autora de “La muerte de García Caparrós en la transición política”, editado en 2007 por esta revista (El Observador). ¿Quién mató a Manuel José García Caparrós? Burgos responde que “hubo una serie de favores envenenados y una serie de indicios que conducen hacia uno de los policías, M.P.R.”. “Siempre había algún muerto en las manifestaciones de la transición. Justo porque la policía se excedía. No hay igualdad de armas entre una pierda y una pistola”.

Sobre el rechazo del Congreso de facilitar la documentación sobre la comisión de investigación que estudió lo sucedido aquel 4 de diciembre de 1977 en Málaga a la familia del joven y a Podemos, la escritora señala que “lo explico en el nuevo libro. Me sorprendió bastante. Llamé incluso al Congreso. Y pregunté si era posible que me dieran los papeles de las actas. Dije que era Rosa Burgos, que me dieron la documentación en el año 2005. Les pregunté que por qué ahora no me la podían entregar y hace doce años sí. Y la respuesta fue que ‘eran otros tiempos’”.

Aquel 4 de diciembre otro joven de 15 años, Miguel Jiménez Ruiz, recibió un disparo en el brazo. “Es el gran olvidado. Se ignoró su caso totalmente. Nunca se hizo la prueba de balística para saber qué tipo de bala le había causado la herida”.  “Ha habido una desidia enorme hacia Caparrós. Se olvidaba por completo hasta que llegaba otro 4 de diciembre”. “Los políticos tienen ahora la guerra montada a ver qué partido está más interesado por García Caparrós. Sus formas de actuar han dejado que desear”.

Rosa Burgos era una joven estudiante de Derecho que vivía en Granada, en la pensión el Santísimo, en el año 1977. Aquel 4 de diciembre salió a la calle con sus compañeros junto con miles de andaluces que reclamaban la autonomía. “Llegué a casa asustada. El medio de comunicación de entonces era la radio. Nos reunimos todos en el salón. Y allí escuchamos la trágica noticia”.

¿Quién mató a García Caparrós?

No lo puedo decir con absoluta certeza. Hubo una serie de favores envenenados hacia uno de los policías por parte de sus compañeros. Hay una serie de indicios que son los siguientes. El primero, que es insignificante, es que el día que el policía en cuestión es citado para declarar alega enfermedad. El segundo indicio, que es muy importante, es que una vez casi acabadas las pruebas de balística, el abogado de la acusación particular, es decir el abogado del padre de García Caparrós, pide, sin saber en qué se basa pero lo pide, la prueba de balística del policía M.P.R. El tercer indicio es que solicita la pistola y esta, a pesar de que estaba en buen uso como después se detecta, había desaparecido de Málaga y no se sabía si estaba en Granada o en Madrid. Y el cuarto indicio, es que sólo en este último informe de balística de todos los que se hacen se habla de similitudes entre la bala testigo y la pistola que pertenecía a M.P.R. Esos son los indicios principales. Después, a pesar de que M.P.R. declaró y nunca dijo que disparara, ni siquiera que sacara la pistola, esa persona desde los hechos vivió fuera de Málaga, concretamente en Vélez- Málaga.

¿Qué pasó el 4 de diciembre?

Ocurrió que acabábamos de salir del franquismo y que creíamos que teníamos libertad de expresión. Que gozábamos de una serie de derechos fundamentales de los que habíamos estado privados muchos años. Y con ese regocijo salimos miles de andaluces a las calles a reclamar derechos para nuestra tierra al igual que hicieron otras comunidades autónomas. Y esa alegría y regocijo fue quebrada por unas órdenes emitidas por el gobernador civil de Málaga, Enrique Riverola. Que ordenó que los policías desalojaran las inmediaciones de la Diputación donde había habido pequeños enfrentamientos porque un joven, Trinidad Berlanga, quiso colocar una bandera andaluza junto con la española que ondeaba en el balcón del edificio.  A partir de ahí se desencadenan una serie de actos violentos entre la Policía Armada y entre parte de los manifestantes.

¿Qué hacía el joven Manuel José García Caparrós aquel 4 de diciembre de 1977?

No sabemos si iba solo a la manifestación o si iba con amigos. Los amigos nunca han aparecido. Lo que sí sabemos es que estuvo en la manifestación y desgraciadamente fue la víctima mortal de aquella jornada. Al lado de él se encontraba Alfredo Inocencio, tirando piedras. Quien es el testigo principal según el sumario judicial. La primera persona que socorrió a García Caparrós.

¿Qué pasó después del 4 de diciembre?

Hubo dos días de estado de excepción en Málaga. Vino policía de la Reserva de Linares y de otros sitios y se crearon situaciones de terror. Agredían a personas por el hecho de llevar una señal de duelo por la muerte de García Caparrós. Hay un señor, Laurentino Heras,  al que entrevisto, que fue agredido. Por aquel entonces era cura. Y por llevar una franja de duelo fue detenido y sufrió malos tratos dentro de las dependencias del cuartel de la Alameda de Colón y después en la comisaría de la Aduana. Allí fue agredido con porras, le pusieron el cuerpo negro de palos, según me contó, y posteriormente lo ingresaron en una celda. Tres o cuatro policías le pegaron. En el cuartel le arrancaron la barba. También hubo muchos destrozos en escaparates y en el mobiliario urbano porque se organizaron guerrillas en señal de protesta.

¿Qué le impulsa a investigar el caso de García Caparrós? ¿Por qué lo hace?

Desde que leí un libro en mi época de estudiante. El primer libro de Ian Gibson sobre Federico García Lorca. Sentí que eso era lo que tenía que hacer. Me transmitió el deseo de saber más, de preguntar, de hurgar en las oscuridades. Y ese agradecimiento se lo tendré siempre, además del honor de ser su amiga. Y cuando vine aquí a Málaga y pasé por el lugar donde está la placa me vino de golpe a la cabeza García Caparrós, después de 20 años. Y recordé lo que sentí cuando conocí la noticia de su muerte. Yo tenía la misma edad y aquel 4 de diciembre de 1977 vivía en Granada. Desee saber siempre más del caso. Sobre todo porque quizás no me hubiera acordado, pero todos los años la prensa hablaba de él. Cada 4 de diciembre se conmemoraba la muerte del joven malagueño. Y en esos medios de comunicación se decía que el sumario no aparecía. Y pensé ¿no aparece o está perdido? Conozco internamente la administración de Justicia. A veces los procedimientos no se archivan correctamente. No siempre intencionadamente, muchas veces por dejadez. Siempre había algún muerto en las manifestaciones de la transición. Justo porque la policía se excedía. No hay igualdad de armas entre una pierda y una pistola.

¿Cómo fueron las reacciones hacía su primer libro sobre García Caparrós?

En general muy favorables. La gente tenía muchas ganas de saber lo que había ocurrido. Incluso me felicitaron miembros de la Policía Nacional. También hubo gente de dentro de Justicia que me dijo que cómo podía sacar a la luz esos temas. Que eso ya estaba olvidado. Alguno me retiró el saludo. Después volvieron las aguas a su cauce y no hubo ningún problema.

¿Qué hacía usted aquel 4 de diciembre de 1977?

Estaba estudiando derecho en Granada. Vivía en una pensión llamada el Santísimo donde había muchos estudiantes. Uno de ellos que era muy político. Y nos decía “venga, tenemos que salir todos a la manifestación. Vamos a hacer la bandera”. Recuerdo que la estuvimos cosiendo y grapando en el salón. Lo pasamos estupendamente. Fuimos a la manifestación. Nos inventábamos pareados. Al final recuerdo que nos corrieron los grises. “Los grises están pegando”, escuchábamos. Pero no con la virulencia de Málaga. Había unos grupos que se crearon después de la manifestación y querían disolverlos. Al oír las sirenas salí corriendo. Mi grupo se dispersó. Recuerdo que me escondí con algunos de mis compañeros en los bajos de un local abandonado en la Catedral. Hubo más gente que se metió allí. Todos estábamos muy asustados. Salimos cuando dejamos de escuchar las sirenas. Fue la última vez que fui una manifestación tan masiva. Llegué a casa asustada. El medio de comunicación de entonces era la radio. Nos reunimos todos en el salón. Y allí escuchamos la trágica noticia.

¿En la radio también decían que otro chico, Miguel Jiménez Ruiz, había recibido un disparo en el brazo?

Es el gran olvidado. Se ignoró su caso totalmente. Nunca se hizo la prueba de balística para saber qué tipo de bala le había causado la herida en el brazo. Cuando se conmemora el 4 de diciembre nunca se le nombra. Tampoco él o su familia ha dicho nunca nada. Tenía 15 años, era muy joven. He intentado entrevistarlo, sin conseguirlo. Se le tomó declaración a su padre, quien dijo que sólo sabía lo que le había contado su hijo. Lo hirieron en el puente de Tetuán. Hay un testigo, un profesor de Económicas llamado Andrés Jesús Marchante, que entre disparos lo levantó del suelo y lo retiró de aquel lugar.  Fue trasladado al hospital donde le curaron y nada más.

Consiguió copias de los documentos de la comisión de investigación del Congreso que estudió lo acontecido en Málaga aquel 4 de diciembre de 1977 y del sumario judicial de García Caparrós entre los años 2005 y 2006. ¿Cómo fue el proceso?

El sumario lo solicité a través de un oficio que consta publicado en el nuevo libro. Se lo solicito a un secretario judicial de la Audiencia Provincial de Málaga. Me responde que había enviado al agente judicial a buscarlo y que no lo encontraba. Entonces le pedí permiso para buscarlo yo misma. Trabajaba en un Juzgado de Instrucción. Y tenía libre algunas mañana de guardia. Así que me iba con unos guantes de goma y un pantalón vaquero a los sótanos de lo que hoy es el hotel Miramar. Hubo personas que me indicaron dónde buscar. Hablé con una compañera a la que le dije que no tenía esperanzas de encontrarlo y me dijo que buscase al fondo de la sala. Porque le sonaba que allí había sumarios que estaban mal archivados. Después de mucho buscar, allí estaba efectivamente.

¿Qué sintió?

Me senté en el suelo emocionada. Es como cuando consigues algo en lo que te esfuerzas mucho y  te dejas llevar por la emoción. Pensé, ¿qué hago? Antes de llamar a nadie saqué una foto de la portada. No podía leerlo porque no había luz suficiente. Pensé que con luz podría ojearlo. Pero el agente tenía orden de llevárselo inmediatamente. No lo pude disfrutar. Tardaron dos meses en darme las copias. Un tiempo en el que no paraba de pensar que no me lo darían. En cuanto a la comisión de investigación, mandé un correo electrónico al Congreso solicitando información sobre cómo podía acceder al archivo. Y no me contestaron. Llamé por teléfono y me dijeron que habían recibido el correo y que no les había dado tiempo de contestarlo. Y que si quería consultar la documentación tenía que ir a Madrid. Y fui. Cuando llegué me tenían encima de la mesa tres cajas preparadas. Y me dijeron “ahí está la documentación”. Como no me había leído bien el sumario estaba bastante perdida. Lo que más me llamó la atención cuando abrí las cajas es que se cayeron unas balas de su interior. Me quedé de piedra. Me puse a leer. Y me di cuenta de que las comisiones de encuesta de Málaga y de Tenerife, donde falleció Javier Fernández Quesada, estaban mezcladas.  Fui separando la documentación. Las balas pertenecían al caso Fernández Quesada. Un hecho muy criticable que estuvieran allí las balas y que no se entregasen al juez que llevaba el caso de Fernández Quesada.

¿Y entonces?

Pregunté que si podría obtener una copia de la documentación. Y me indicaron que señalase los archivos que quería y que me los mandarían a Málaga. Los señalé con pósits, y no me mandaron ni la cuarta parte. Me mandan 20 folios. Llamo y les digo mira que no he recibo la documentación. Tuve que ir a Madrid varias veces para poder conseguir los archivos. Y después había unas trascripciones con declaraciones de Enrique del Pino, el provocador que estuvo en la puerta de Diputación, del Frente Anticomunista. Antes de que se iniciara la manifestación salió con una bandera enorme de España. También había un documento con las declaraciones de Trinidad Berlanga, el chico que trepó por la fachada de Diputación para poner la bandera andaluza junto a la española. Y luego estaban las declaraciones del principal instigador de todos los hechos de la manifestación. Era una persona muy odiada por las fuerzas franquistas malagueñas. Francisco Marmolejo Urbano. No me las dieron, pero las pude transcribir.

¿Cuál es el motivo por el que ahora no quieren facilitar la documentación?

Lo explico en el nuevo libro. Leí en la prensa que la familia de García Caparrós y Podemos habían solicitado la documentación de las actas de la comisión de encuesta. Y que la mesa del Congreso se las había denegado. Me sorprendió bastante. Llamé incluso al Congreso. Y pregunté que si era posible que me dieran los papeles de las actas. Dije que era Rosa Burgos, que me dieron la documentación en el año 2005. Les pregunté que por qué ahora no me las podían dar y hace doce años sí. Y la respuesta fue que “eran otros tiempos”.

¿EL sumario no lo solicita nadie más?

No lo sé. Lo ignoro. Antes de obtenerlo leí en la prensa que había desaparecido. Pero no sé si alguien lo habrá solicitado.

¿Cree que es posible que se reabra el caso de García Caparrós?

Es muy difícil pero no imposible. No se conseguiría nada porque no hay una prueba concluyente. Si se reabriera el caso estoy completamente segura de que se archivaría nuevamente. Porque no existe una prueba de balística concluyente contra nadie. Sólo existen indicios.

¿Hay menos libertad?

Pues yo creo que sí. Que vamos para atrás. En muchos aspectos estamos en 1977 o en años anteriores. Como ejemplo está la Ley Mordaza. La falta de transparencia de los políticos en general. Y la manipulación por conseguir titulares sin tener un interés sobre las cosas importantes y que nos interesan a los ciudadanos. Como es el caso de la Sanidad, la Educación y la Justicia. Hay una falta sensatez, sentido común y honradez.

¿Cómo ha sido el tratamiento de los medios de comunicación en todo lo referente a la muerte de García Caparrós?

En algunos casos incorrecto. Quizás porque no se ha acudido a las fuentes adecuadas y otras veces a lo mejor por un cierto interés político. Hay muchos periodistas que me han entrevistado y que han tratado el tema correctamente pero otros tantos no.

¿Y la actuación de los políticos?

Oscilante. En un principio existe una ignorancia absoluta. Salvo IU y el Bloque Nacionalista Andaluz,  que son los únicos que actuaban unos años antes de que publicase el libro. El Nacionalismo Andaluz, no solo de aquí de Málaga, sino también de Cádiz, ha prestado atención a García Caparrós todos los 4 de diciembre y ha hecho una ofrenda. Cuando se publicó el primer libro hace 10 años los políticos ya sabían con certeza lo que había ocurrido. Porque la mayor parte de ellos eran reacios a hablar de la muerte de Caparrós. Cuando se publicó el libro se convencieron de que Caparrós era simplemente una persona que tuvo la desgracia de morir en el transcurso de una manifestación. Y entonces tomaron brío, empezaron los homenajes, como Hijo Predilecto de Andalucía, de Málaga… Y ahora tienen la guerra montada a ver qué partido está más interesado por García Caparrós. Su actuación ha dejado que desear por supuesto.

¿Por qué?

Por ejemplo está el tema de la placa. Todo el mundo tiene mucha prisa en cambiarla, pero la placa lleva ahí desde 2002, con el nombre equivocado. Un sitio que además se ha designado lugar de memoria democrática. La Dirección General de Memoria Democrática de la Junta de Andalucía debería de haberse documentado mejor si quieren designar un punto como lugar de memoria democrática. Porque donde está la placa actualmente no ocurrió nada de nada, es más abajo, al girar esa pequeña esquina, donde comienza la avenida del Comandante Benítez, puesto que hay imágenes con altares improvisados de aquel día en las que se ve el letrero con el nombre de la vía. Ha habido una desidia enorme hacia Caparrós. Se olvidaba por completo hasta que llegaba otro 4 de diciembre.

(Fuente: revista El Observador)

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