El Ayuntamiento de Jaén denigra al flamenco utilizándolo en una campaña como sinónimo de acoso y agresión sexual a la mujer

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El Ayuntamiento de Jaén, gobernado por el PP, no ha tenido mejor ocurrencia que utilizar al flamenco en una campaña contra el acoso y las agresiones sexuales contra la mujer, bajo el lema “#Stop Flamencos”, que se llevará a cabo durante la Feria y Fiestas de San Lucas 2017, que se están celebrando durante estos días, presentada a bombo y platillo por su Alcalde, Javier Márquez, junto a varios concejales (foto adjunta).

En la presentación, Márquez declaró que esta campaña, que calificó como “original y oportuna” para esta feria se lleva a cabo “para concienciar a toda la población de la necesidad de prevenir las agresiones sexistas durante esta feria”. Así mismo subrayó que ésta era una apuesta municipal “por sensibilizar a la gente joven en un contexto como este, en el que la juventud adquiere un singular protagonismo”.

Como se observa, la “originalidad” y “oportunidad” de la campaña consiste en mezclar el flamenco con el acoso y la agresión sexual, algo que como cabía de esperar ha sido rápidamente criticado y rechazado por la Confederación Andaluza de Peñas Flamencas y la Federación Provincial de Jaén. En su nombre, su presidente, Francisco Viedma Vílchez, ha enviado una carta abierta al alcalde de Jaén en la que le pide que “retire esa campaña y pida disculpas al colectivo”.

Vílchez afirma en ella que “tanto el tejido Asociativo del Flamenco (las peñas), la Afición, los Artistas, somos los primeros en denunciar las agresiones sexuales, no sólo en la feria sino en todos los momentos. Todas las personas, por el hecho de serlo, nos merecen un respeto y nadie debe forzar su libertad”.

“No sé cómo se puede ser tan insensato. ¡Para denunciar una cosa no hace falta ofender a otros!”. “El flamenco es Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad; quizás, es el arte más representativo de la cultura andaluza y no podemos confundir. ¿Los violadores sexuales somos los flamencos?”, plantea Viedma, que no descarta consultar a la Fiscalía, por si la campaña pudiera ser “sujeto de difamación”, continúa Vilches.

“Un fuego no se apaga creando otro mayor”. “Expresado esto, no llegamos a comprender como puede haber “personajes” e instituciones que impulsen una campaña para prevenir las agresiones sexuales ofendiendo y difamando a todo un Colectivo y un Arte, quizá el más representativo de la Cultura Andaluza: el Flamenco. Quedan descalificados desde el principio ya que aunque su causa sea loable quedan retratados, no saben hablar sin ofender”, concluye.

El Ayuntamiento se ratifica

Lejos de rectificar, el Ayuntamiento, por boca de la teniente alcalde y portavoz del equipo de Gobierno Reyes Chamorro, ha lamentado “las críticas sin sentido y que pensamos que se deben a una mala interpretación y no a una mala intención, en relación a la campaña. ‘Stop flamencos’, que únicamente trata de prevenir comportamientos de carácter agresivos frente a las mujeres, y que en modo alguno se refiere ni hace referencia al arte musical del flamenco”.

Chamorro  ha declarado igualmente que “antes de criticar deberían haber cogido la Real Academia Española, que el término flamenco tiene once significados según la RAE, entre las que están las relativas a chulo, insolente y al ave. Por tanto, no es un término exclusivo del arte musical” y añadió que “esta campaña claramente hace referencia a la persona chula e insolente, y al comportamiento agresivo frente a las mujeres”.

“Lo más importante de esta campaña es prevenir durante la Feria de San Lucas que se produzcan agresiones a mujeres, y nada tiene que ver ni nada tiene que identificarse con el arte musical del flamenco”. “Quien quiera buscar polémica o dobles sentidos está equivocado y desde el Ayuntamiento no hay ofensa alguna al flamenco como género de música, sino todo lo contrario, ya que se dice que el único flamenco que escuches sea el de las casetas, y no al ‘flamenco’ como persona chula e insolente”, añadió.

El diccionario de la RAE

Es cierto que, como dice la teniente alcalde, el término flamenco posee en el diccionario de la RAE once adscripciones o significados, siendo el sexto de ellos: “Chulo, insolente. Ponerse flamenco”. Pero también lo es que “ponerse flamenco” posee otras connotaciones calificativas sociales no negativas que la Academia “casualmente” no recoge. Por otro lado se tratan todas ellas de expresiones coloquiales en desuso, sobre todo entre la gente joven, segmento poblacional al que el Ayuntamiento afirma estar especialmente dirigida la campaña, y por tanto desconocidas para él, algo que Chamorro debería saber. Para un joven jienense que la escuche, esta expresión no poseerá más significado que el que esta campaña le induce a darle; la de equiparación de lo flamenco con el machismo, el acoso y la agresión sexual.

No es esta la única ocasión en que La Academia de la Lengua recoge y mantiene en su diccionario significados sesgados y ofensivos para con el pueblo andaluz, sus gentes y su cultura. Baste como ejemplo, y dado que en referencia también al flamenco afirma en su cuarta acepción, que se trata de “una manifestación cultural, o de su intérprete: De carácter popular andaluz, y vinculado a menudo con el pueblo gitano”, veamos lo que con respecto a este pueblo afirma.

En la cuarta acepción de la palabra “gitano”, le da como significado un equivalente a “trapacero”, siendo, a su vez “trapacero”, aquel que “quiere con astucias, falsedades y mentiras procura engañar a alguien en un asunto”. Por si esto no fuera suficiente, tras ofender a todo el pueblo gitano lo hace específicamente a sus mujeres, al recoger entre sus significados, en el sexto lugar: “Que tiene gracia y arte para ganarse las voluntades de otros”, aclarando que se trata de un “elogio”, y “especialmente referido a una mujer”, se sobrentiende que gitana.

Ni flamencos chulos ni gitanos trapaceros

No parece por tanto el Diccionario de la Academia un monumento a la igualdad de sexos ni al respeto a los pueblos. Al fin y al cabo, la RAE no es más que otro instrumento al servicio de las élites oligárquicas españolas. El “ponerse flamenco” y el gitano “trapacero”, entre otras muchas acepciones que contiene y se resiste a borrar pretextando que se limitan a recoger palabras y expresiones usadas tradicional y mayoritariamente, algo fácilmente demostrable en su falsedad, son sendos ejemplos de que la Academia de la Lengua forma parte del conglomerado cultural y educativo español destinado a coadyuvar a mantener el dominio y alienación de los pueblos, como el andaluz, de ahí que sólo recoja connotaciones sociales negativas del término flamenco.

Por otro lado, que la RAE recoja este significado negativo del “ponerse flamenco” no les resta su sentido ofensivo y denigratorio al término, usado con el sentido de persona “chula e insolente” o, como pretende el Ayuntamiento, alguien proclive al acoso y la agresión sexual, y mucho menos supone una “patente de corso” que autoriza su utilización de manera impune, como da a entender la concejala. Es ella quién pretende “dobles sentidos” de lo flamenco, utilizando el término dentro de un contexto de actitudes machistas para provocar e inculcar rechazo.

Tanto La Confederación Andaluza de Peñas Flamencas como su Federación Provincial de Jaén hacen bien en exigir rectificación, pero deberían elevar el trio y no limitarse a este caso puntual municipal, sino exigir igualmente a la propia Academia de la Lengua la retirada de estos significados ofensivos del término flamenco, así como de otros que atacan a los andaluces y a su cultura, como es el caso de su población gitana.

En cuanto a esta campaña municipal, no es casual que la emprenda el PP. No estamos ante un hecho aislado y ocasional, sino que ésta se inscribe dentro de la tradicional actitud mantenida desde siempre contra el cante hondo por parte del españolismo y la burguesía andaluza, intentándolo hacer aparecer como algo propio de ambientes marginales, cuando no delincuentes, de “gentes de mal vivir”, como se solía presentar a esta manifestación artística popular y que actuaciones como las del Ayuntamiento jienense pretenden perpetuar.

La Otra Andalucía

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