La líder de facto de Myanmar, Aung San Suu Kyi, defiende genocidio y crímenes contra musulmanes rohingyas

Birmania

La líder de facto de Myanmar, antigua Birmania, Aung San Suu Kyi, ha defendido este martes el genocidio y los crímenes que comete el Gobierno de Myanmar (Birmania) contra los musulmanes rohingyas en el estado occidental de Rajine, negándolo y defendiendo al gobierno y al ejército en su actuación.

Suu Kyi ha roto finalmente su silencio en un discurso a la nación que sustituye a la locución que debería haber prestado ante la Asamblea General de las Naciones Unidas, y con el que ha defendido la actuación “antiterrorista” de las tropas birmanas, realizada “con respeto al Estado de Derecho, ejerciendo un máximo autocontrol y evitando los daños colaterales” y destinada, exclusivamente, a promover “el desarrollo, la paz y la armonía” en el estado de Rakhine.

“El Gobierno de Myanmar no ha tenido suficiente tiempo para superar los retos”, ha aducido este martes la consejera de Estado de Birmania en su primera reacción pública ante la situación de la minoría musulmana. Así ha comenzado su discurso en la Asamblea Nacional de Myanmar justificando su Gobierno, pero, a continuación, ha alegado “sentir profundamente” el sufrimiento de “todas las personas” atrapadas en el conflicto en el estado occidental de Rajine.

Suu Kyi ha evitado en todo su discurso, ofrecido en inglés en Naypyidaw en presencia de diplomáticos y periodistas internacionales, mencionar la palabra rohingya habvlando sólo de “musulmanes” de forma genérica. Tampoco se ha referido a las acusaciones de masacres, torturas, asesinatos de bebés o a las minas colocadas en la frontera con Bangladesh por su Ejército para dificultar la huida de los refugiados, según ha denunciado Amnistía Internacional.

En su primer discurso ofrecido en la Asamblea Nacional de Myanmar por primera vez desde el pasado 25 de agosto, cuando aumentó las violencias contra rohingyas, Suu Kyi ha afirmado neun ejercicio de cinismo, que la mayoría de las aldeas musulmanas no se habían visto afectadas por la violencia, preguntándose sobre las razones por las que el éxodo continuó en Bangladés, a pesar de que no había habido “operaciones de liquidación” desde el 5 de septiembre.

Además ha aseverado que su Gobierno tenía la intención de averiguar por qué la gente en casi el 50 por ciento de las aldeas musulmanas que permanecían intactas había preferido quedarse, reconociendo en el proceso que la mitad de las aldeas rohingyas habían sido destruidas y quemadas en el ataque de violencia.

En sus declaraciones, Aung San Suu Kyi se limitó a decir que la crisis está siendo distorsionada por un enorme “iceberg de desinformación”. Aun cuando los desplazados rohingyas dicen que el Ejército de este país ha estado llevando a cabo una brutal campaña de represión en su contra, incendiando pueblos y atacando a civiles con el ulterior propósito de expulsarlos de Myanmar.

La líder birmana ha señalado que hay “alegaciones” al respecto que necesitan ser investigadas antes de tomar cualquier acción y ha añadido que este país no teme el escrutinio internacional y está comprometido a encontrar una solución sostenible a la situación en Rajine.

Al expresar su “preocupación” por el número de musulmanes rohingyas que han huido al país vecino Bangladés desde el comienzo de la violencia, Suu Kyi afirmó que Myanmar está dispuesto para verificar el estatus de los rohingyas que han huido a Bangladés, para ayudar al retorno de quienes tengan el derecho a reasentarse.

El silencio de Suu Kyi ha provocado una inmensa crítica internacional en las últimas semanas. Tras su discurso Amnistía Internacional (AI) ha acusado a Suu Kyi de “enterrar la cabeza en la arena” sobre la violencia contra musulmanes rohingyas.

“Aung San Suu Kyi demostró hoy que ella y su Gobierno todavía están enterrando sus cabezas en la arena sobre los horrores que se desarrollan en el estado de Rajine. A veces, su discurso equivalía a poco más que una mezcla de mentiras y culpa de la víctima”, ha declarado AI en un comunicado emitido este martes.

Al menos 400 personas han muerto en Rajine desde que el Ejército birmano intensificó la represión militar contra los rohingyas en las últimas semanas, convirtiéndola en la peor ola de violencia contra la minoría perseguida en décadas, según cifras oficiales.

Rajine, el hogar de un gran número de musulmanes rohingyas, que ha sido escenario de violencia comunal a manos de extremistas budistas desde 2012. El Gobierno birmano niega la plena ciudadanía a la población de 1,1 millones de habitantes rohingyas y los considera como inmigrantes indocumentados de Bangladés. Sin embargo, muchos creen que los rohingyas son una comunidad de antiguo linaje en Myanmar.

(Fuente: Alwaght)

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