Huelga general en Francia: se esperan 180 movilizaciones y paro en más de 4.000 empresas

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En la primera jornada de lucha y movilización contra la reforma laboral de Macron, miles de trabajadores se preparan para salir a las calles. El jueves 21, ya está llamada la segunda huelga general. Este martes 12 será la primera gran jornada de huelga general y manifestaciones contra la reforma del mercado laboral francés. La movilización, convocada por el sindicato CGT y Solidaires, será el primer paso en la lucha contra el ajuste que quiere implementar Emmanuel Macron.

Los portuarios de Le Havre, que se convirtieron en un símbolo de lucha durante las jornadas del 2016 contra la reforma de François Hollande, serán parte de la huelga de mañana. Algunas seccionales ferroviarias, los trabajadores químicos, los del correo y las telecomunicaciones, estarán entre los sindicatos que se pliegan a la huelga. También la Unión Confederal de Jubilados de la CGT será parte de la jornada de lucha.

Contra la reforma laboral que el Gobierno aprobará el próximo 22 de septiembre en cinco decretos (denominados “ordenanzas”), que ya había anunciado Macron durante la campaña electoral, están llamadas más de 180 movilizaciones en todo el país y en alrededor de 4.000 empresas se llamó a la huelga. La respuesta de mañana contra la avanzada del gobierno y de las empresas contra el poder de los sindicatos y las condiciones laborales será clave en el camino para frenar el ajuste que se propone el gobierno del exbaquero que cuenta con cada vez menos aprobación popular, cayendo al 40% en menos de 4 meses de mandato.

Sin embargo, la CFDT, primer sindicato del país, y Force Ouvrière (FO), no se suman a la huelga lanzada por la CGT. Sin embargo, la traición de Jean-Claude Mailly, titular de FO, tiene como correlato que más de 50 seccionales locales del sindicato, como los ferroviarios, los químicos, los transportistas y los trabajadores de la energía, entre otros, se plieguen a la huelga, expresando que aún se mantiene vivo el espíritu de lucha del 2016, como en Rennes, donde hubo más de 24 movilizaciones. Como bien expresó ante Revolution Permanenteun sindicalista de FO transporte que parará este 12, “Mailly está desconectado de su base”. La presión de los trabajadores crece día a día.

El jueves pasado, el titular de la CGT, Philippe Martinez, llamó a una segunda jornada de lucha y huelga general para el jueves 21 de septiembre, el día previo a la aprobación por decreto de la reforma. Solidaires, la federación química de la CGT, y organizaciones de la juventud reclamaban por una segunda fecha de huelga y lucha nacional.

A diferencia de la movilización de este martes, el 21, gran cantidad de universidades habrán comenzado sus clases, por lo que la movilización estudiantil será un elemento clave en la relación de fuerza entre el movimiento obrero y Macron.

Pero al mismo tiempo, Jean-Luc Mélenchon de France Insoumise, que declaró que declaró que la reforma es “un golpe de estado social”, había preferido convocar “su propia” manifestación para el próximo día 23, dividiendo la fuerza de lucha del movimiento obrero y la juventud, aunque a partir de una provocación de Macron, decidió participar de la jornada del 12. Macron, que no estará en el país durante la huelga ya que viajará a la isla de Saint-Martin, destrozada por el huracán Irma, afirmó la semana pasada sin demasiado pudor: “No voy a ceder ante los vagos, los cínicos ni los extremos”.

“Brutos, cínicos, vagos,… todos a la calle”, escribió enseguida en su cuenta de Twitter Mélenchon, mientas que Martinez acusó al presidente de tratar de perezosos a “millones de personas privadas de empleo o con trabajos precarios”.

Las provocaciones de Macron serán respondidas en las calles, cuando mañana miles se manifiesten a lo largo y ancho del país, continuando el ejemplo de lucha del 2016 y sus 14 jornadas de movilización y huelgas. A través de las asambleas será necesario imponer un verdadero frente único de organizaciones sindicales y políticas del movimiento obrero y la juventud, con el fin de imponer el retiro de las ordenanzas y la política de austeridad del gobierno liberal de Macron.

Reforma laboral en Francia: el servilismo a las patronales

La reforma que será aplicada por decreto, ataca los más elementales derechos laborales, como la fijación arbitraria del horario de trabajo, la reducción de las indemnizaciones y la negociación entre las partes por fuera de los convenios colectivos y la anulación del representante sindical en las pymes. Una enorme ofensiva contra los trabajadores con la firma de Macron.

El Gobierno francés finalmente presentó su tan mentada reforma para flexibilizar el mercado laboral que aprobará por decreto en menos de un mes, una de las claves del programa del presidente del país, Emmanuel Macron. El proyecto consiste en 5 decretos con 36 órdenes que otorgan a las empresas más poder sobre la regulación de las condiciones de trabajo y salariales.

La adaptación del horario laboral y del salario a la simple exigencia del mercado a partir de acuerdos alcanzados por una mayoría simple entre empresarios y trabajadores es la esencia de la reforma, avanzando en los derechos laborales conquistados por la clase obrera francesa durante décadas. Desde el Palacio del Elíseo justifican en sus propuestas dar mayor flexibilidad a las empresas en cuanto a la adaptación de la remuneración y horas de trabajo a las condiciones del mercado laboral, debido a que ven la ley actual como “un freno a la contratación y la inversión”. Utilizando los mismos argumentos que su predecesor Francois Hollande, afirman que la reforma flexibilizará la contratación, cuando lo cierto es que posibilita el despido libre y otorga mayor poder a los empresarios sobre sindicatos y convenios colectivos.

Los encargados del “feliz” anuncio fueron el primer ministro francés, Edouard Philippe, y la titular de Trabajo, Muriel Pénicaud, quienes detallaron algunas de las 36 medidas con las que se pretende borrar de un plumazo las conquistas obreras. “Nuestro objetivo es hacer más claras y más seguras las reglas que se aplican”, así como ofrecer “simplicidad” a los inversores que se quejan de “las incertidumbres” del derecho laboral francés, señaló Philippe al precisar los cinco decretos que el Consejo de Ministros adoptará el 22 de septiembre para su entrada en vigor a finales de mes.

El antecedente para presentar la reforma laboral ocurrió el 2 de agosto, cuando el Parlamento francés convirtió en ley los superpoderes que había pedido Macron para poder sacar por decreto las medidas de flexibilización laboral. Ya como ministro de Economía, el actual presidente había aplicado una reforma laboral que había apuntado contra varios derechos laborales, como el descanso dominical.

Entre otras cuestiones, se permitirá que las empresas busquen un “acuerdo” con sus trabajadores, al margen de los convenios colectivos de trabajo, ajustándose a la realidad económica que declaren las propias empresas, es decir, “a gusto y piacere” de cada patronal. Además, podrá modificarse el tiempo de trabajo de acuerdo a la voluntad de cada empresario.

En el caso de las pymes (que agrupan a más del 50% de los trabajadores), aquellas que cuenten con menos de cincuenta asalariados, se podrán negociar esos asuntos con los representantes de los trabajadores anulando la intervención de los sindicatos y, para las de menos de 20 empleados, donde no existen delegados, los empresarios podrán organizar un referéndum entre el plantel. Una fuerte ofensiva sobre los sindicatos, la principal herramienta de lucha y organización obrera.

Otro de los puntos que generó un fuerte rechazo entre los trabajadores es la fijación de topes obligatorios en las indemnizaciones en caso de despidos improcedentes, al que se tendrán que ajustar los dictámenes de Magistratura de Trabajo. En la práctica, esas indemnizaciones serán como máximo de un mes de salario, hasta un año de antigüedad, y un mes más por cada año adicional hasta diez. A partir de ahí, el incremento será de medio mes de salario por cada año, con un tope de veinte meses por 30 años de trabajo. Una clara manera de facilitar los despidos.

En “compensación”, ante las críticas recibidas por ese punto, el ejecutivo accedió a incrementar en un 25 % las indemnizaciones legales por despido (cuando no se considera improcedente) a un cuarto de mes de sueldo por año trabajado. Una migaja para asegurar el enorme paquete flexibilizador inédito en Francia. La reforma satisface globalmente a la patronal Medef, cuyo presidente, Pierre Gattaz, apenas lamentó el aumento de las indemnizaciones por despido.

Pero si hay un sector que sale claramente beneficiado dentro del mundo empresarial son las multinacionales, que podrán recurrir al despido colectivo por razones económicas en su filial francesa, aunque a escala global la firma tenga ganancias multimillonarias.

El fundamento modernizador que precariza la mano de obra

Para fundamentar el paquete de medidas flexibilizadoras, el gobierno del exbanquero de Rothschild, argumentó que el problema del sistema actual es que “protege muy bien” a quienes tienen “un contrato estable, a costa de la exclusión completa de los demás”, los jóvenes y poco cualificados. Es así que con esta reforma, quedarán excluidos de los más mínimos derechos laborales, no sólo la juventud, que es a que más sufre el alto nivel de desempleo (que ronda el 10%), sino el conjunto de los trabajadores del sector privado. El sector público será el próximo objetivo flexibilizador del liberalismo de Macron.

Las cinco ordenanzas pasarán ante el Parlamento para su aprobación antes de finales de 2017. La cámara, donde Macron cuenta con mayoría, no tiene posibilidad de enmendar su contenido, sólo podrá dar o no su visto bueno.

Esta reforma llega en un momento delicado para Macron, cuya popularidad se ha desplomado abruptamente. Una encuesta reciente mostró que sólo el 40% de los franceses está satisfecho con su gobierno, a menos de 4 meses de haber asumido, en una elección en la que 1 de cada 3 franceses votaron en blanco o no fueron a votar, lo que expresa la escasa legitimidad del ejecutivo que quiere avanzar sobre derechos conquistados.

La respuesta obrera: lucha y movilización

La Confederación General del Trabajo (CGT) junto con Solidaires han convocado a una huelga y movilización recién para el día 12 de septiembre, como primer medida ante la avanzada patronal que ya lleva meses cocinándose. El secretario general de la CGT, Philippe Martínez, dijo que es “el fin del contrato de trabajo” porque los acuerdos dentro de cada empresa implicarán que “o aceptas las condiciones o estás despedido”. Sin embargo, no todas las organizaciones obreras adhieren a la medida de lucha, ya que ni la central obrera CFDT ni Force ouvrière (FO), se pliegan a la medida. Sin embargo, a pesar de la traición de Jean-Claude Mailly, secretario general de FO, la Federación de transporte de FO-UNCP decidió llamar a la movilización del 12, ya que la presión de las bases crece día a día.

Por su parte, la France Insoumise de Jean–Luc Mèlenchon declaró que la reforma es “un golpe de estado social”. Pero ante semejante ofensiva patronal, es necesario (y urgente) pasar de las palabras a los hechos, organizando una respuesta a la altura de semejante ataque a los trabajadores. Este 12 de septiembre será el comienzo de un nuevo capítulo en la lucha obrera francesa, como lo fueron las jornadas de lucha y movilización en el 2016, cuando los trabajadores, junto a la juventud del Nuit Debout, salieron a las calles.

(Fuente: La Izquierda Diario / Autora: Analía Micheloud)

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