La degradación en Brasil un año después del golpe que destituyó a Dilma Rousseff. Entrevista a la ex Presidenta

Dilma

Hace un año Michel Temer asumió la presidencia de Brasil con senadores y diputados que se turnaban para hacerse selfis con el nuevo presidente. Abrazos, risas y un discurso de apenas diez minutos cerraron el acto de pose de gobierno. Temer tenía prisa por marcharse a China para tener su primer encuentro como mandatario oficial y poder comenzar los primeros negocios con uno de los principales socios del país.

En aquel entonces Michel Temer y los 61 senadores que votaron a favor del impeachment contra Rousseff y le daban así la presidencia al líder del PMDB, aseguraron que a partir de ese momento el país recuperaría la gobernabilidad en el Legislativo y la credibilidad de los ciudadanos. Auguraron el fin de la corrupción y el crecimiento económico. Las previsiones no podían estar más equivocadas.

Doce meses después pocos congresistas quieren hacerse una foto al lado del presidente y las risas se han apagado en el Palacio de Planalto. Desde que el pasado julio la Procuraduría General de la República (PGR) acusó a Temer de corrupción pasiva y le convirtió en el primer presidente en ser denunciado por delitos ocurridos en el ejercicio de su mandato, tres partidos de la base aliada le han abandonado, y otros dos amenazan con marcharse.

El día a día del mandatario se ha convertido en un trajín de reuniones e intercambios de favores para mantener el frágil apoyo que le queda en el Congreso. De lo sucedido aquel 31 de agosto de 2016 solo queda el mismo viaje a China, que acaba de emprender el líder del Ejecutivo para reunirse en el encuentro de los Brics y ofrecer a los asiáticos el catálogo de privatizaciones que ha puesto en marcha.

Los escándalos de corrupción que investiga la operación Lava Jato desde hace tres años, relacionados con los desvíos de dinero de la semi estatal Petrobrás, han salpicado de lleno al nuevo Ejecutivo. En el primer mes de mandato tres ministros tuvieron que dimitir y en los siguientes meses otros cuatro abandonaron el cargo por diversas denuncias de corrupción.

El principal articulador del impeachment, el ex presidente de la Cámara de los Diputados y ex aliado de Temer, Eduardo Cunha, lleva diez meses en la cárcel. Paradójicamente la ex presidenta Rousseff ha salido ilesa de dos de las causas que tenían contra ella en la investigación Lava Jato. A día de hoy es Temer quien tiene una denuncia por un delito penal (no administrativo como fue el caso de la petista) y sobre el que pesan veinticinco pedidos de impeachment plantados sobre la mesa del líder de la Cámara, Rodrigo Maia, y enviados desde de partidos de la oposición y desde la Orden de Abogados de Brasil (OAB).

La votación del pasado 2 de agosto en la Cámara de los Diputados donde se cuestionaba si el presidente debía ser o no investigado por el Tribunal Supremo en relación a la acusación de corrupción pasiva, mostró que a Temer todavía le quedan aliados, pero menos de lo que pensaba. Fuentes de Brasilia aseguran que una segunda votación por otra de las dos causas que tiene pendientes (organización criminal y obstrucción a la Justicia), podría no ser perdonada. “Lo que vimos en aquella votación fue cómo Temer compró la gobernabilidad a golpe de talonario, ofreciendo enmiendas y favores a los diputados para tenerlos de su lado. Por lo tanto es una gobernabilidad muy frágil”, opina la profesora de Relaciones Internacionales de la Universidad Federal de Sao Paulo (UNIFESP), Esther Solano.

Medidas impopulares

Si en el Legislativo se le escapan los apoyos, en las calles apenas tiene un 5% de aprobación popular, la más baja de la historia de un presidente desde la redemocratización del país. Pero el mandatario no ha dado su brazo a torcer ante las críticas y ha conseguido aprobar al menos dos medidas impopulares que según diversos politólogos nunca habrían sido ratificadas con el voto de las urnas: “Esa es la ventaja que tiene Temer, no ha sido un presidente electo y hace lo que quiere sin que le importe lo que piense la población”, dice el profesor de Comunicación Política de la Universidad Federal de Bahía, Wilson Gomes.

La primera de ellas fue la aprobación el pasado mes de diciembre de la conocida como “Ley del techo al gasto público”, que congela la inversión en servicios públicos durante los próximos veinte años. Los presupuestos solo aumentarán en función del reajuste de la inflación del año anterior, lo que supone un incremento mínimo para carteras como Sanidad o Educación.

La reforma laboral aprobada el pasado mes de junio ha sido otras de las medidas más criticadas. La nueva ley modifica las condiciones de negociación de modo que lo acordado entre la empresa y el trabajador prevalezca por encima de lo legislado, en una apuesta por legalizar la flexibilización laboral que ha provocado la indignación de sindicatos y oposición.

Además de las polémicas políticas que afectan a la calidad de vida y laboral de los brasileños, las cifras de desempleo también son desalentadoras. Un 13% de la población del está sin trabajo, el número más alto de los últimos quince años. Las cifras de la pobreza también han crecido y según cálculos del Banco Mundial a finales del año Brasil tendrá entre 2,5 y 3,6 millones de “nuevos pobres”.

Pero ni el desempleo ni el empeoramiento de los servicios públicos han evitado que el Ejecutivo haya hecho en el último año un recorte de la ayuda estatal de Bolsa Familia que ha afectado a 356.000 familias. El propio Banco Mundial alertó al gobierno brasileño que si quería disminuir la previsión de pobreza en el país debería invertir en el programa de Bolsa Familia, creado durante el primer gobierno Lula. Temer hizo oídos sordos.

La apuesta por el sector privado y su preocupación por “recuperar la confianza de los inversores extranjeros” ha hecho de las privatizaciones uno de los pilares del Ejecutivo. La semana pesada el presidente anunció la venta de 57 empresas que incluyen servicios como aeropuertos, carreteras, puertos, líneas de transmisión de energía, y la Casa de la Moneda. Estos días presentará a China las opciones que tiene para hacerse con algunos de los servicios públicos más cotizados como parte de la estatal energética Petrobras.

El vale todo y el triunfo de la anti política

El 95% de desaprobación del gobierno Temer no se ha sentido en las calles. Según la profesora Solano, “el cansancio, la decepción ante diversos partidos inmersos en escándalos de corrupción y la sensación de no poder frenar las medidas impopulares” han provocado que ya no se den las grandes manifestaciones que se veían contra Dilma Rousseff.

Para la socióloga un año después ha quedado claro que el impeachment fue “una maniobra política” que con ayuda del poder judicial y empresarial (según confirmaban unas grabaciones de Romero Jucá, mano derecha de Temer) “intentó frenar” las investigaciones de Lava Jato: “Dilma fue un chivo expiatorio, eso ya lo sabemos todos”, sigue Solano, para quien la “sensación del vale todo” ha generado una fragilidad no solo en el sistema político como en el judicial: “Una de las consecuencias más graves del impeachment ha sido que la sociedad ha visto cómo tanto el congreso como el poder judicial han maniobrado a su antojo. Eso genera una desconfianza enorme entre el electorado que siente que no puede confiar en ninguno de los tres poderes”.

Según la socióloga esa decepción unida al aumento de la pobreza y al recrudecimiento de la crisis económica hace que los brasileños empiecen a fijarse en nuevos candidatos que defienden el movimiento anticorrupción y se definen como anti políticos. Sería el caso del alcalde de Sao Paulo, el empresario João Doria, o del diputado Jair Bolsonaro, ex militar que aboga por la educación militarista, se postula como “el único limpio del Legislativo” y coquetea con las Fuerzas Armadas, las cuales tienen el 68% de aprobación y apoyo de la población, frente a casi un 80% que rechaza a los actuales partidos, al sistema electoral y al Congreso, según datos recientes del Ibope.

Un año después de su llegada a la presidencia las promesas cumplidas de Michel Temer han respondido al apoyo del mercado financiero con una apuesta por la flexibilización laboral, el ajuste fiscal y las privatizaciones. Aquellas relacionadas con la paz social, la mejora económica, la gobernabilidad o la lucha contra la corrupción han caído en saco roto. La inestabilidad en Brasil está más presente que nunca y el futuro se perfila incierto.

(Fuente: Público / Autora: Agnese Marra)

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Dilma Rousseff: “La segunda fase del golpe es sacar a Lula de las elecciones de 2018”

El golpe que destituyó a la ex presidenta de Brasil, Dilma Rousseff, completa un año este jueves. En esa fecha, en 2016, los senadores decidieron, por sesenta y un votos favorables y veinte votos contrarios, apartarla definitivamente del cargo, aunque sin comprobar que haya cometido el crimen de responsabilidad. “Inventaron un proceso para sacarme del gobierno. Y usaron una mayoría de votos comprados, de los mismos doscientos y diecisiete diputados que garantizan la impunidad del presidente ilegítimo Temer”, afirma Dilma, un año después, en entrevista exclusiva con Brasil de Fato.

Rousseff también comenta la situación de persecución política y jurídica al ex presidente Lula, la propuesta de privatización de Eletrobras hecha por el gobierno golpista y la necesidad de luchar contra el golpe. “Nosotros vamos a tener que ser capaces de dedicarnos a intentar sacar al Brasil de esa encrucijada en la que se encuentra”, afirma. Mire la entrevista a continuación o escuche el audio aquí [en portugués], que estuvo al aire en el Programa Brasil de Fato, en emisoras de las ciudades de São Paulo, Belo Horizonte y Recife.

Un año después del proceso de impeachment, ¿cómo mira usted todo lo que ocurrió?

Yo considero que el proceso de impeachment fue un golpe, porque no había crimen de responsabilidad. Ellos inventaron un proceso para sacarme del gobierno. Y usaron una mayoría de votos comprados, que son los mismos doscientos diecisiete votos de diputados que garantizaron la impunidad del presidente ilegítimo Temer. Es la misma composición del Congreso, que fue construida por el [ex diputado] Eduardo Cunha, que me destituyó a través de un proceso absolutamente sin fundamento, sin base real, hecho reconocido hoy por todo el mundo. La historia fue bastante más desagradable para los golpistas. Los agarraron, quedó claro quienes eran ellos.

¿El golpe también tiene relación con la persecución al ex presidente Lula?

Pienso que el golpe no es solamente un acto. El impeachment es la primera etapa del golpe, la segunda etapa se revela muy conservadora y reaccionaria, por un lado, y extremadamente radicalizada, por el otro. Forma parte de esta segunda etapa sacar a Lula de las elecciones de 2018 creando “hechos” judiciales contra él. Toda esa historia absurda del proceso del apartamento triplex, sobre la cual el propio juez [Sérgio Moro] reconoce que los fundamentos de la acusación no existen. El juez hace acusaciones que no deberían ser hechas. Este segundo aspecto del golpe tiene un lado, que es la politización de la justicia. Cuando un juez dice “mira, no he leído, pero pienso que es correcto” y habla fuera de los autos del proceso, una cuestión que es básica en democracia, la de que todos son iguales ante la ley, deja de existir. Se crea una justicia y se utiliza la ley para destruir civilmente lo que consideran como blanco enemigo, que hay que destruir.

El Congreso ahora propone una reforma política, con el “distritão” [aumentativo de Distrito en portugués] y algunos partidos hablan sobre parlamentarismo. ¿Eso también se incluye en el contexto del golpe?

Hay una tercera etapa, que puede ser simultánea, como esa propuesta de parlamentarismo. Siempre que las clases dominantes, los sectores conservadores, se encuentran en una situación difícil, apelan al parlamentarismo. Ese parlamentarismo, combinado con el “distritão” [un modelo de voto diferente, basado en la elección de los candidatos más votados por distrito], tiene por objetivo crear un sistema dominado por la fuerza del dinero. No es ni hegemónica, es dominante. El objetivo es borrar del mapa la representación progresista, popular, de izquierda o centroizquierda. Este es el gran objetivo del golpe estratégico. La táctica inmediata es impedir el avance de la operación Lava Jato contra ellos. Todos los trueques de favores y clientelismo político de que son capaces. Ahora, como perdieron cuatro elecciones consecutivas, cuatro elecciones presidenciales, concluyeron que la democracia no les conviene. No son demócratas.

En su opinión, ¿cuál sería la reforma política ideal para el país?

Vivimos en una situación extremadamente difícil. Brasil tiene treinta y cinco partidos políticos. Usted estará de acuerdo conmigo en que no existen treinta y cinco proyectos para Brasil. Lo que se ve, lo que explica una parte del golpe, fue una ocurrencia grave, tras la Constituyente y la Constitución Ciudadana de 1988: se construyó un centro democrático en Brasil. En el centro estaba el viejo MDB [Movimiento Democrático Brasileño], con Ulysses [Guimarães] y otros progresistas, de centro derecha o centro izquierda. La gran mayoría no era excesivamente conservadora. Algunos eran, pero miraban al país, respetaban al Brasil.

Este centro democrático se perdió por el camino en los gobiernos pos 1988. La construcción de un centro que progresivamente empezó a tener una hegemonía de centro derecha comenzó en el gobierno de Lula y se desarrolló más en el mío. Esa hegemonía, expresada en el grupo de Eduardo Cunha y el control que él tenía del llamado centrão [gran centro], es extremadamente grave. Porque en esta discusión sobre las formas que asumió la coalición presidencial no se debe a la coalición, sino a la dominación de su centro por, se puede decir, casi una extrema derecha. Extrema derecha por los métodos, por la visión de mundo, por las luchas contra las mujeres, contra los homosexuales y toda la población LGBT, contra los negros…en fin, extremadamente conservador desde el punto de vista civilizatorio, pero también económico y social.

Hay una estructura de regulación electoral que facilita la proliferación de partidos, porque no hay cláusula de barrera. Por no haber cláusula de barrera, dos cláusulas democráticas – el fondo partidario y el acceso gratuito a la televisión – se vuelven monedas de cambio. Se crean partidos que no tienen compromiso con la cuestión de un partido, que es acceder al gobierno, y ese partido empieza a negociar tiempo de televisión, comprando y vendiendo, y empieza a negociar también el fondo partidario al que tiene acceso. El partido se vuelve un negocio. Entonces, una reforma es necesaria, pero no se resuelve la reforma política con un “distritão” o “distritão mixto”. Se resuelve cambiando la cláusula de barrera, caracterizando a los partidos, valorizándolos.

Aún en este proceso de golpe, sobre el rol de los medios, ¿cuál es su opinión sobre la importancia de una ley de medios para democratizar el acceso a los contenidos y disminuir el monopolio?

Siempre me preguntan sobre mis autocríticas. Tengo dos de las grandes. La primera es no haber luchado más por una Ley de Medios. Otra es la cuestión de haberme eximido, con la esperanza de que los empresarios invirtieran, y lo que ellos hicieron fue aumentar su margen de lucro. Pero en el caso de los medios, pienso que hay una característica que tenemos que considerar. Siempre que hablamos en control y regulación de los medios, estamos hablando de regulación económica de los medios. Nosotros no estamos hablando de que queremos controlar lo que publican, lo que dicen, o cometer cualquier acto contra la libertad de prensa. No. Quien no quiere libertad de prensa son ellos. Piensan que, a través del control que tienen, monopólico, es posible tener solamente una opinión. Defendemos la pluralidad de opiniones. la diversidad de opiniones, el respeto a la gran riqueza regional de este país. Es visible que vivimos una situación gravísima en Brasil, antidemocrática, que es la presencia de un gran grupo, ese grupo es la [Red] Globo, quien intenta conducir la política de Brasil. Intenta hacer y deshacer, lo que es muy grave, porque caracteriza algo muy peligroso, que es el “gran hermano”. El “gran hermano”es la Globo.

¿Qué dice sobre los ataques a los derechos de los trabajadores realizados por el gobierno golpista?

El pueblo está cada vez más sin la menor red de protección social, sin acceso a los servicios básicos de educación y salud, y eso generará, con el paso del tiempo y como efecto secundario, la violencia, la hambre, un aumento en la cantidad de personas en situación de calle, otra vez volvimos al mapa del hambre, habíamos salido en 2014. El retorno violento de la desigualdad, los recortes en los programas sociales, el fin del programa Minha Casa Minha Vida [Mi Casa Mi Vida], acaban lentamente con el programa Mais Médicos [Más Médicos] y producen la gran ambición que es el neoliberalismo. En el plano internacional, Brasil vuelve a estar subordinado a la esfera de influencia de los países desarrollados, deja de tener una política autónoma, altiva, que respete a los demás países, pero que se haga respetar. Brasil pierde incluso importancia como representante de la democracia y de la paz aquí en América Latina.

Aún el tema de los retrocesos: el gobierno golpista busca privatizar la Eletrobras. A partir de su experiencia en el área de energía, ¿cómo evalúa el impacto de la privatización en la población brasileña?

Las personas necesitan comprender que este es un sector con una complejidad técnica y el gobierno y muchas personas se aprovechan de esta complejidad para ocultar lo que hacen de hecho. Eletrobras es una empresa que tiene cuarenta y siete centrales hidroeléctricas. Muchas de esas centrales hidroeléctricas tienen más de treinta años, algunas tienen sesenta años. En Brasil hay una ley que dice que cuando una central completa treinta años ya está pagada. ¿Y quién la pagó? El consumidor de energía en la cuenta. Cuando se paga la cuenta, se paga por algunas de esas centrales. Algunas ya fueron pagadas dos veces, porque hay un periodo de sesenta años de pago.

Reducimos la tarifa eléctrica en 2012. Nadie concordaba con la reducción. Deseaban obtener más ganancias, encima de lo que prevé la ley. Entonces nosotros reducimos las tarifas eléctricas, bajo protesta de algunas personas que esperaban que el sector privado y el sector público continuaran recibiendo y que la población nunca acceda a esta parte que tiene por derecho, por una cuestión de justicia, que debe regresarle.

Los especialistas dicen que el valor es incoherente con la realidad del patrimonio de la Eletrobras.

Mire usted que eso es un disparate. Ellos van a vender por US$ 6,3 mil millones, porque creo que el esquema de privatización es así: cogen algunas centrales, renuevan el contrato de concesión de esas, dicen lo siguiente: “está todo en cero [como nuevo]”. No hay eso de pasar una ventaja al consumidor. El precio de la central es el precio de la central. Pero lo más grave también de todo es lo siguiente: ¿quién lo garantizó desde la época del apagón del [expresidente] Fernando Henrique Cardoso y del racionamiento, que fue, de 2000 para 2001? Una parte de esa garantía fue dada por la Eletrobras. Yo le diría que la mayor parte de la misma fue dada por las centrales de la Eletrobras. Va a pasar que ellos sólo van a invertir si tuvieran una ganancia significativa. Si ellos no tuvieran una ganancia significativa, ellos no invierten. Entonces sucede aquello que se dio en la época de Fernando Henrique: falta de inversión. Creo que esa agenda es una agenda peligrosísima porque compromete el futuro de Brasil, le quita los principales instrumentos de expansión al Brasil.

¿Ya podemos medir como eso va a llegar a la cuenta de los brasileños? Yo hablé con [Luiz] Pinguelli (ex director de la Eletrobras) también y él dice que puede ser entre 8 y 10% como mínimo.

Yo no tengo ese cálculo, le cuento, pero creo que el cálculo de Pinguelli como punto de partida es un buen cálculo.

¿Por lo menos 8, 10% de aumento directo en la cuenta?

Quiero decirle que creo que es poco. Porque cuando usted mira el precio de una planta individual, considere la siguiente ecuación: casi unos 70% o más es inversión. Unos 30%, menos hasta, 20%, es operación y manutención. Y eso va a la tarifa. No son todas las plantas que están amortizadas ya, pero sí es una parte significativa la que está amortizada. Y eso puede resultar en algo como 8 a 9% mínimo, llegando a unos 15, 20%. Es lo que esperamos. Ahora, es gravísima también la falta de seguridad. Quiero ver quien es que va a invertir a la hora de la verdad. Porque usted no necesita, no se puede quedar discutiendo, cuando el país vuelve a crecer, su proyección de consumo de energía se amplía.

En su opinión, ¿cuál es la real motivación del gobierno golpista para esta medida? Ellos dicen que es la cobertura del déficit de US$ 50 mil millones.

No es sólo eso, no. Creo que el gobierno golpista junta el hambre con las ganas de comer, como dice nuestro pueblo. Creo que es de la ideología de creer que el Estado tiene que salir de todas las actividades, incluso aquellas que son estratégicas para un país, como es el caso de la provisión de energía eléctrica. Esta es estratégica, porque de esa provisión dependen todas las actividades económicas y sociales de ese país. No funciona una escuela si no tiene luz eléctrica, no funciona un puesto de salud, un hospital. No funciona una industria, no funciona una actividad agrícola. Entonces, ellos son neoliberales. Uno de los ítems fundamentales del neoliberalismo es retirar al Estado de todas las actividades. Y notoriamente, en el área de energía, porque, además de eso, esa área es extremadamente atrayente. Esta, vamos decir, es la gran hambre neoliberal, acabar con la Eletrobras, hacer que sea una empresa privada, es algo que está en el recetario que ellos tienen para Brasil. Ese mismo recetario va a querer llegar a la Petrobras.

¿Esas medidas atacan la soberanía nacional del país?

Una cosa que es terrible es volver atrás… en una región del mundo en la que por más de 140 años vivimos en paz, y ver que aceptaron la entrada de Ejército de los Estados Unidos en operaciones en la Amazonia. Eso es imperdonable. No tengo nada contra los Estados Unidos, pero no tengo nada a favor de que el Ejército norteamericano vaya a la Amazonia, aún más en un cuadro de creciente antagonismo en Venezuela. Creo que es una irresponsabilidad absurda del gobierno brasileño. Son irresponsables en dejar que haya allí un conflicto, porque no es un juego. Allí habrá guerra civil. Lo que están queriendo aquí es transformar a América Latina en una zona de conflicto. Y ese gobierno ilegítimo de Temer es irresponsable por adherirse a eso.

Un año después del golpe, ¿como está su rutina? ¿Usted ha pensado en disputar nuevos cargos electivos?

Mi rutina hoy es más ligera. Obvio, porque mi rutina era más pesada antes, cuando era presidenta. Hago deporte, trato de acondicionarme físicamente. Creo que las personas tienen que hacer eso porque es una cuestión de usted envejecer con calidad. Yo, como estoy entrando en los 70, quiero ser capaz de caminar cuando tenga 80. Además de eso, leo, estudio, participo en debates y actividades culturales. Tengo una vida bien diversificada. Pero aún no, no estoy pensando en eso [candidatura] aún no. No que descarte integralmente eso, pero ahora no estoy evaluando esa posibilidad.

Estamos viviendo un momento de mucha desesperanza en el país. ¿Qué mensaje deja al pueblo brasileño?

Creo que el pueblo brasileño siempre ha sido capaz, en las situaciones más difíciles, de digerir estas fuerzas que querían en realidad someterlo o oprimirlo, o sacarlo de las decisiones. Siempre ha sido lo suficientemente lúcido. Creo que el pueblo brasileño es un pueblo que tiene fe y mucha esperanza. Vamos a tener que luchar, luchar es importante. Creo que luchar fortalece, da brío, da garra a las personas. Todos nosotros vamos a tener que ser capaces de dedicarnos a intentar sacar al Brasil de esa encrucijada en la que se encuentra.

(Fuente: Edición Brasil do Fato / Publicado por Nueva Tribuna / Autor: Luiz Felipe Albuquerque / Traducción: Luiza Mançano y Pilar Troya)

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