Concentración de las Kellys malagueñas, las camareras de piso, al grito de “somos camareras, no somos esclavas”

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Varios centenares de trabajadoras camareras de piso en los hoteles malagueños se han concentrado este viernes en la plaza de la Marina de la ciudad contra la precariedad laboral, la sobreexplotación a las que se las somete y las condiciones en las que realizan su trabajo. El colectivo, agrupado bajo el nombre de las “Kellys” (las que limpian) reclama mejoras sustanciales en todos los aspectos del desarrollo de su labor.

Las kellys portaron pancartas en las que se podían leer mensajes como “por un trabajo digno, camareras de piso en lucha” u otras en la que enumeraban las peticiones principales.  Las concentradas gritaron eslóganes como “arriba la lucha de las kellys”, “si sube el turismo, que suban los salarios”, “somos camareras, no somos esclavas” o “ni un paso atrás. Esta reforma la vamos a parar”, en referencia a la derogación de la reforma laboral.

Entre otras reivindicaciones exigen la supresión de las subcontrataciones. La situación de “esclavitud” en la que defiende se encuentran las trabajadoras externas al convenio hotelero, la sobrecarga en el cupo de habitaciones que deben cubrir y el adelanto de la edad de jubilación a 60 años.

Denuncian que los empresarios hoteleros realizan subcontrataciones de personal a través de convenios de limpieza, con los que reducen su salario hasta la mitad de lo que puede recibir una camarera de piso que haya sido contratada mediante el convenio hotelero. “Contratan a jóvenes con un falso contrato de formación, de cuatro horas cuando, en realidad, trabajan hasta 10 horas e incluso más, con la mitad de salario que las que pertenecemos al convenio”, por lo que exigen la supresión de esta práctica abusiva, así como la reducción del cupo de habitaciones que deben organizar en relación a las horas de trabajo.

La situación del sector se divide por tanto entra las que dependen de las empresas matriz, que tienen un convenio laboral reglado, y las que dependen de una empresa externa, que ven como se les realiza “un falso contrato de formación por dos, cuatro o seis horas y trabajan más de ocho, cobrando un sueldo que no pasa de los ochocientos euros y a veces no llega a los 600”, como afirma una de ellas.  Denuncian igualmente la “represión y falta de libertad” que sufren, que incluye el que “no se pueden afiliar ni elegir representantes”.

“Nos encargan hasta 30 habitaciones para hacer dentro de nuestras hora de trabajo” denuncia una de las concentradas. “Nosotras no cobramos por horas sino por habitación, si no hemos podido limpiar las 30 habitaciones en las ocho horas, tenemos que trabajar más tiempo que nadie nos paga”, añade otra de las trabajadoras.

La portavoz del colectivo, Josefa García Lupiañez, ha arremetido contra la reforma laboral del Gobierno central, que no impide que los convenios sectoriales, que garantizan condiciones y salarios decentes, primen sobre los convenios empresariales. “Hay que hablar de violencia empresarial. Vivimos medicadas, con dolores, aguantando cargas de trabajo inhumanas. Queremos terminar con la externalización y con la reforma laboral”, ha reclamado.

También han reclamado que algunas enfermedades comunes en el colectivo, como la fibromialgia o las relacionadas con dolores musculares y articulares, sean reconocidas como enfermedades laborales al ser provocadas por el esfuerzo físico de las tareas que realizan cada día. “Nos ocupamos de una media de veinticinco habitaciones diarias, eso son cerca de cincuenta o sesenta camas entre habitaciones dobles y supletorias. Además, limpiamos cristales, fregamos, quitamos el polvo, hacemos los baños y las zonas comunes. No podemos más. Acabamos agotadas y nos levantamos doloridas, siempre con antiinflamatorios”. Exponía la portavoz.

En la provincia de Málaga hay más de 4.000 mujeres que trabajan como camareras de piso. Acondicionan entre veinte y treinta habitaciones diarias, a menudo por salarios que no llegan a los ochocientos euros. La externalización del servicio permite a los hoteles despedir a sus camareras para contratar a empresas de trabajo temporal que, al no regirse por el convenio de hostelería, suelen pagar el salario mínimo interprofesional, establecido en 707 euros mensuales, a estas trabajadoras.

Diversos partidos, sindicatos y colectivos sociales se han solidarizado con las kellys. Varios colectivos feministas se han sumado a la reivindicación al considerar que las camareras de piso conforman el colectivo más perjudicado del sector turístico por su condición de mujeres, pese a que su trabajo resulta fundamental para el funcionamiento de los hoteles: “Son el eslabón más débil de la cadena, y las prácticas empresariales de precariedad que se ejercen contra ellas tienen mucho que ver con el machismo, porque no se dan de forma tan salvaje entre otros empleos turísticos”.

(Fuentes: Málaga Hoy / La Opinión de Málaga / Málaga al Día / diario Sur)

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