Libia: Vuelven a verse banderas verdes de la Yamahiriya. El ENL del general Haftar sigue ganando terreno

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Seis años después del inicio de la “revolución” (como la denomian los mercenarios golpistas) que acabó con el régimen y la vida de Muamar Al Gadafi, sus allegados salen poco a poco de sus escondites o regresan del exilio para apuntarse a la lucha por el poder en un país donde compiten tres Gobiernos y un sinfín de grupos armados, incluyendo Daesh (Estado Islámico o ISIS).

En este clima de anarquía generalizada, la liberación el 9 de junio de Saif al-Islam, el hijo predilecto del Coronel Gadafi que fue condenado a muerte y permanecía encarcelado en Zintan, ha sido por el momento la señal más fuerte de una vuelta progresiva al pasado.

Últimamente, no pasa un día sin que los partidarios del antiguo régimen organicen pequeños mítines con las banderas verdes de la Yamahiriya (el Estado popular creado por Gadafi), proscritas desde 2011, y pidan a Saif al-Islam que tomen las riendas del país para evitar una guerra civil. El 23 de junio, decenas de manifestantes recorrían las calles de la ciudad de Sakna, en medio del desierto de Jufra (Fezán); el día siguiente, en el ambiente festivo del fin del Ramadán, un orador rodeado de banderas verdes se dirigía a los habitantes en la plaza principal de Bani Walid, una de las pocas poblaciones que apoyaron a Gadafi hasta el final e, incluso, después de su asesinato.

Circulan vídeos de esas reuniones y el ejemplo va cundiendo, pero nadie ha visto hasta ahora al delfín de Gadafi, cuyo paradero sigue siendo un misterio. Los rumores lo sitúan en la capital del Fezán, Sabha, en Bani Walid o en uno de los países vecinos, Argelia o Egipto. Se sospecha que, en realidad, Saif al-Islam no ha salido de Zintan, la ciudad al sur de Trípoli donde estuvo encarcelado durante siete años.

Las imágenes indican que se trata de pequeños grupos por el momento pero se nota también que la gente no tiene miedo de expresarse a cara descubierta, menos en Trípoli y, sobre todo, Misrata, que siguen siendo los dos principales bastiones de la llamada “revolución del 17 de Febrero de 2011” (El Golpe de Estado mercenario reaccionario contra la Yamairiya).

Estos acontecimientos coinciden con la consolidación del poder militar del mariscal de campo Khalifa Haftar, que, en nombre de la lucha contra el terrorismo islamista, ha emprendido la reconquista del país petrolero en los últimos tres años.

Al fracasar en su intento de tomar Trípoli en mayo de 2014, este aliado y luego adversario de Gadafi decidió concentrar sus esfuerzos en la Cirenaica, en el otro extremo del país (en el este). Es su región de origen y cuenta con el apoyo de las principales tribus, un factor clave en Libia,  que le han dado milicias y ayuda material para construir unas Fuerzas Armadas llamadas de manera abusiva Ejército Nacional Libio (ENL).

Si bien el ENL no tiene legitimidad nacional (sólo está reconocido como tal por el Parlamento de Tobruk y el gobierno del este), es también cierto que fue creado a partir de los despojos del Ejército del antiguo régimen y ha heredado de una dotación importante de aviones de combate, tanques y artillería. A diferencia de lo que ocurrió en la Tripolitania, la OTAN no destruyó las instalaciones militares de Gadafi en la Cirenaica porque el Ejército desplegado en esa región se apuntó a la “revolución” desde el primer día.

Mientras estaba estancado en Bengasi (que ha terminado por conquistar el pasado mes de julio), el Ejército de Haftar ha tenido éxitos en otros puntos estratégicos del país: se ha apoderado de los mayores puertos petroleros, situados en el golfo de Sirte, y de varias bases militares en el inmenso territorio desértico del Fezán. Haftar no lo ha logrado solo ya que ha recibido el apoyo aéreo de sus dos principales aliados, Egipto y los Emiratos Árabes Unidos (EAU), que se han involucrado de lleno en los asuntos internos de Libia.

Ahora, queda lo más difícil, es decir la conquista de Trípoli, que es la llave para la toma del poder. Los numerosos adversarios de Heftar, que lo ven como un nuevo Gadafi, confían en que no lo logre y, para impedírselo, cuentan con las poderosas brigadas que la ciudad de Misrata ha recientemente desplegado alrededor de la capital.

(Fuente: Libia Confidencial)

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