Països Catalans: Éxito de Arran en sus acciones contra los efectos del turismo masivo (videos)

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Aunque los medios no quieran, después de desquitarse con calificativos contra esas acciones, al final no les queda más remedio de debatir del problema de fondo.

Están dando sus frutos las acciones mediáticas de la organización juvenil Arran, que el pasado 27 de julio paralizó un bus turístico cerca del campo del F. C. Barcelona, pinchó una de sus ruedas y pintó en su luna delantera “El turismo mata los barrios”. Otras acciones también han tenido lugar, como el caso de activistas pinchando las ruedas de bicicletas de alquiler o los que desplegaron pancartas de protesta y encendieron bengalas en el puerto de Palma.

Ahora los medios de comunicación están dedicando amplios espacios al debate, arremetiendo histéricamente contra Arran calificando sus acciones de “turismofobia” y “radicalismo violento”. Seamos serios, las acciones no han sido violentas en tanto que no han amenazado la integridad física de ninguna persona, no han sido siquiera acciones intimidatorias, ponerse una capucha y hacer pintadas y desplegar pancartas deberían estar, como mínimo, enmarcadas en el campo de la resistencia no-violenta. Pinchar una rueda mientras no se ponga a nadie en peligro también.

Sin embargo la prensa utiliza el calificativo de “violento” para generar un rechazo social fulminante hacia esas acciones. Lo mismo ocurre con el calificativo de “turismofobia”, que viene a significar odio a los turistas y que roza con el término “xenofobia”, odio a los extranjeros, y que también, por extensión, juega con el mantra de asociar el nacionalismo con el nazismo y trasladarlo a Catalunya o a Euskal Herria, planteamiento patético que los partidos de derechas han intentado extender en el pasado y que sólo cala en el españolismo ultra. Pero bueno si cuela, cuela.

Es verdad que ahora los medios aprovechan para acorralar al ayuntamiento de Barcelona y exigirles explicaciones y responsabilidades, sin embargo se equivocan desde el ayuntamiento a la hora de sacudir mediática y judicialmente contra estas acciones. Son acciones pacíficas y responden a las legítimas opciones del pueblo de luchar contra un monstruo, la gestión capitalista del turismo de masas, que está alimentando las injusticias y la economía privada.

Un ejemplo distinto, mientras el Comité de Empresa de Transportes de Barcelona (TB) tras la acción de Arran denunciaba la “indefensión” que viven los conductores de autobuses en Barcelona, la CGT de Catalunya se desmarcaba señalando que se niegan a “apoyar la industria turística que destroza los barrios”.

Porque aunque no quieran, después de desquitarse con calificativos manipuladores contra esas acciones, al final no les queda más remedio de debatir del fondo, y eso está también ocurriendo. Por eso debemos felicitar a Arran. Porque el mercado sube los precios para adaptarlo al turismo de masas y se olvida de los barrios y de la gente local.

El acceso a la vivienda está siendo cada vez más imposible para la clase trabajadora local, porque no hay regulación ninguna de los pisos vacíos y evidentemente sale más rentable alquilar un piso a un turista por días o semanas que alquilarlo por meses o años a un trabajador local. Tal es la gravedad de la situación que en Ibiza han tenido que habilitar un viejo hospital para alojar a su personal sanitario porque la vivienda de alquier está masivamente dedicada al turismo. Es sencillo, el turismo se está convirtiendo en la fiesta de la economía privada y de los grandes propietarios de pisos.

Y el debate de fondo llega aunque los medios no lo quieran porque al final hay sectores que se ven perjudicados, como el sector hotelero que compite con laplataforma AirBNB, y lo mismo ocurre con el sector del taxi, que compite contra Uber. Es decir, las empresas reguladas por el estado se ven perjudicadas por el sector que hace negocio de manera descontrolada. Por lo tanto no hay una posición homogénea a la hora de obviar las consecuencias negativas del turismo de masas. La acción política de Arran ha sido efectiva encontrando una grieta en el sistema.

La cuestión de fondo, también debemos añadir, tiene que ver con el modelo de gestión del turismo. Porque los ingentes millones de euros que ingresan en la península gracias al turismo no se traduce en mejoras para la población local, no suben los sueldos ni el empleo es más seguro, tampoco mejora el acceso a la vivienda. ¡En realidad está ocurriendo todo lo contrario! El “España va bien” porque está creciendo el turismo es una nueva estafa y debe ser denunciada. El estado debe intervenir en favor de los derechos de la gente y velar por ellos, regulando las formas de negocio y convirtiéndolo en mejoras para la población. Lo demás es blablabla.

(Fuente: La Haine)

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“Tourists go home”: ¿defensa vecinal o turismofobia?

Barcelona ha vivido en poco más de una semana varias protestas en contra del turismo masivo. Arran, la organización juvenil de la izquierda independentista catalana, reivindica las acciones contra autobuses o bicicletas turísticos: “estamos hartos de la ocupación por parte de las empresas turísticas del espacio público de los barrios”.

Semana de acciones contra el turismo en Barcelona. Dos movilizaciones contra el turismo masivo, ambas reivindicadas por Arran, la organización juvenil de la izquierda independentista catalana, han sacudido la capital catalana durante los últimos días. Primero fue la pintada a un autobús turístico con el lema “El turismo mata los barrios” y el pinchazo de las ruedas el pasado jueves, acción que Arran reivindicó el domingo a través de un comunicado y un vídeo.

Cuatro días más tarde, más pinchazos. En esta ocasión, en las ruedas de las bicicletas de alquiler, vehículos principalmente usados por turistas y de empresas que han generado polémica los últimos meses por el uso del espacio público que hacen aparcando sus bicicletas en los aparcamientos de la calle. “Ya estamos hartas, de la ocupación por parte de empresas turísticas, del espacio público del barrio. Actuemos! Únete al combate”, clamaba el tuit de la asamblea de Arran del barrio del Poblenou, que difundió las imágenes.

Arran es una organización juvenil que tiene 54 asambleas entre Catalunya, las Islas Baleares y la Comunidad Valenciana. Nació el 2012 de la confluencia entre Maulets y la CAJEI –dos organizaciones que llevaban activas 25 y 10 años respectivamente en el momento de la unión– y algunas asambleas locales de jóvenes. Sus ejes ideológicos son el independentismo, el feminismo y el socialismo, por lo que se declaran anticapitalistas y tienen en su punto de mira, entre otros, la industria turística.

Sus acciones en la calle no son nuevas, pero este año han conseguido más revuelo mediático como consecuencia de la condena por parte de la mayoría de los partidos políticos. Empezaron en marzo su campaña para reclamar el referéndum con un escrache en la sede del PP en Barcelona, hecho por el cual el presidente del PP catalán, Xavier Garcia Albiol, los tachó de “fascistas”. En junio se encadenaron a las puertas de la Bolsa de Barcelona, para defender el referéndum “como una herramienta para el cambio social”.

Este verano, esta misma campaña ha seguido con las acciones contra el turismo masivo, que no se han quedado únicamente en la capital catalana. Encendieron botes de humo frente un restaurante en el puerto de Palma y colgaron pancartas a favor de la “vivienda para los vecinos” en un piso de Airbnb en Valencia. El portavoz de Arran, que no quiere dar su nombre, explica que su “práctica política va más allá de estas acciones”. Por ejemplo, porque “articulan un movimiento juvenil que fortalece las redes del territorio”. Pero reivindica que estas acciones directas “son importantes por el efecto que generan, porque ahora se está hablando de la problemática del turismo en los Països Catalans”.

Críticas a las acciones de Arran

No son pocos los que han reaccionado a las acciones de este grupo. Desde el Ayuntamiento de Barcelona, el concejal de Empresa y Turismo, Agustí Colom, condenó el acto contra el bus turístico pero lo definió como “un acto vandálico aislado”. El alcalde accidental de la ciudad, Jaume Collboni, en cambio, advirtió a Arran que “se van a encontrar con el Ayuntamiento, el Govern y la justicia si siguen por este camino”. La alcaldesa, Ada Colau, a quien muchos han criticado por no haberse pronunciado con suficiente rapidez, añadió a través de las redes sociales que “protestar por el turismo no puede pasar nunca por intimidar a personas ni dañar equipamientos”.

Fuera del Ayuntamiento, la mayoría de los partidos también se han mostrado contrarios a estos hechos. El portavoz del Govern, Jordi Turull, condenó los actos “sin matices” y pidió que se “replantearan este tipo de acciones”. La CUP, en cambio, no ha condenado los actos. Su portavoz parlamentaria, Mireia Boya, definió las acciones de Arran como “simbólicas” y pidió que “no se dramaticen”. Boya añadió, en una entrevista en RAC1, que a ellos se les pide que renuncien a la violencia, pero que “la violencia la provoca el Govern”.

No es la primera vez que parlamentarios cupaires defienden acciones de Arran. De hecho, la organización juvenil comparte su marco teórico con la Candidatura d’Unitat Popular (CUP), aunque afirman no ser sus juventudes porque funcionan autónomamente. Ambas organizaciones se engloban dentro de la izquierda independentista, espacio político del cual la CUP es el frente institucional. Junto con otras organizaciones de carácter político, laboral o estudiantil, Arran apoyó la candidatura electoral CUP-Crida Constituent (CC) y por eso participan del Grup d’Acció Parlamentària. Las decisiones tomadas en este órgano se suman en las grandes decisiones a las de las asambleas territoriales de la CUP, agrupadas en el Consell Polític, y definen el sentido del voto de los parlamentarios de la CUP-CC.

Consecuencias de las acciones contra el turismo de masas

Transports Metropolitans de Barcelona (TMB) denunció en los tribunales el ataque al bus turístico y valoró los daños materiales y de parada de servicio en 1.849,24 €. El Ayuntamiento y el Govern de la Generalitat ya han anunciado que se personarán en el caso.

Varias agrupaciones de la ciudad relacionadas con el comercio y el turismo consideran que no es suficiente. “Confiamos que se pondrán en práctica inmediatamente los recursos y mecanismos necesarios para erradicar estas manifestaciones vandálicas”, escribían 27 entidades en una carta dirigida a la alcaldesa esta semana. “Los actores económicos pedimos que se garantice el orden”, añade Gabriel Jené, presidente de Barcelona Oberta, una de las entidades signatarias.

“La represión existe y somos conscientes que por cada acción política que hacemos habrá consecuencias”, admite el portavoz de Arran. Prefiere no decir su nombre porque -“acorde con sus líneas ideológicas”, dice- sus portavoces públicas son mujeres. “Ya tenemos a decenas de personas en casos represivos por otras acciones”, añade.

¿Barcelona tiene ‘turismofobia’?

Debido a estos actos y otras manifestaciones contra el turismo y la industria turística se ha extendido el uso de la palabra ‘turismofobia’ –el odio y pánico hacia los turistas– entre empresarios, medios de comunicación y políticos. El presidente del grupo municipal popular en Barcelona, Alberto Fernández Díaz, aseguraba en un comunicado que la ciudad “es víctima de la ‘turismofobia’”, definiendo con este mismo término los actos de Arran.

Desde movimientos vecinales, como los agrupados en la Assemblea de Barris per un Turisme Sostenible (ABTS), creen que este término no responde a la realidad de la ciudad. Àlex Garcia, miembro de la ABTS, considera que este término “se lo han inventado desde la industria turística para autovictimizarse”. Afirma que ellos no se identifican con esta palabra, que “no sale de los colectivos vecinales”. Además, añade que ellos no estan “contra los turistas”, sino que luchan contra una “falta de políticas que ayuden a regular”. Preguntados por este término, desde Arran coinciden en que no existe: “Es una problemática que se inventan para no plantar cara a la precarización laboral y la destrucción del territorio”.

Que el turismo es una preocupación en la ciudad de Barcelona no es ninguna novedad. El pasado mes de junio se hacía público que esta actividad supera por primera vez el paro como principal problema para los barceloneses, según los datos del barómetro municipal. También por primera vez los vecinos que piden limitar el turismo son más que los que creen que debe aumentar, reveló el Informe de Actividad Turística 2016, aunque en el mismo informe se expone que el 87% de los barceloneses creen que el turismo es beneficioso para la ciudad.

(Fuente: el diario.es / Autora: Victòria Oliveres)

 

 

 

 

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