Los trabajadores argentinos responden con una huelga general a las medidas antiobreras de Macri

argentina mani

El descontento social en Argentina crece y este jueves se realiza un paro en rechazo a las políticas neoliberales impuestas por el presidente Mauricio Macri. La Confederación General del Trabajo (CGT) de Argentina y la CTA, Confederación de Trabajadores Argentinos, convocaron para ayer jueves un paro general contra las medidas económicas del Gobierno conservador de Mauricio Macri.

Argentina amaneció este jueves apagada: sin vuelos nacionales ni internacionales, ningún medio de transporte público y con cortes de calles en apego a una huelga general de 24 horas contra el modelo económico que aplica desde hace 16 meses el presidente Mauricio Macri. Gremios aeronaúticos, de técnicos y personal, adhirieron a la huelga y por primera vez no llegaría al país ningún vuelo internacional en 24 horas, indicaron los sindicatos del sector.
La medida también afecta a la industria, la sanidad, la educación y la banca con marchas y cortes en todo el país. Un fuerte despliegue policial intentaba impedir el bloqueo en las entradas a la capital, donde cientos de militantes de organizaciones sociales y grupos de izquierda se apostaron desde la madrugada.

Todos ellos confluyeron en una gigantesca manifestación por el centro de la ciudad (foto adjunta), en una marcha hacia el hotel Hilton que albergaba la celebración del Foro Económico Mundial para América Latina (WEF, por sus siglas en inglés), desde las 11 horas de la mañana (14 horas GMT), hora en que Macri estaba previsto que abriera el cónclave organizado por la misma fundación suiza que realiza también la cita anual en Davos.

“Hay un malestar enorme porque la política económica no dio resultados” con su modelo liberal de mayor apertura a las importaciones y flexibilidad laboral, dijo Juan Carlos Schmid, secretario general de la mayoritaria CGT. Según Schmid, en los 16 meses de Macri en el poder “se destruyó más empleo del que se creó y el costo recayó sobre los asalariados y los sectores vulnerables”.

La clase trabajadora argentina exige salarios dignos, generación de empleos, mayores oportunidades a las pequeñas y medianas empresas (Pymes) e igualdad para todos los argentinos. Los trabajadores y trabajadoras del país protestan también contra el aumento de precios de los productos básicos y los llamados “tarifazos” en los servicios públicos, contra las importaciones indiscriminadas, en rechazo de los despidos masivos y el cierre de pequeñas empresas.

Las medidas económicas de Mauricio Macri han dejado de lado a los trabajadores y no han presentado mejoras significativas para los ciudadanos, señaló Juan Carlos Schmid, uno de los integrantes de la CGT, en declaraciones a Radio Mitre. “Estamos cuestionando el trazado económico que lleva adelante el Gobierno. Nuestra responsabilidad es exponer el malestar social sobre la mesa”, agregó.

Para Sergio Palazzo, titular de La Bancaria, el presidente Macri “es el principal responsable” de la protesta por “no dar respuesta a los reclamos de los trabajadores y sí a los sectores concentrados de la economía”.

Por su parte, el presidente argentino, Mauricio Macri, sostuvo este lunes que la huelga general declarada por las tres centrales obreras “no ayuda en nada” y consideró que “hay comportamientos mafiosos” en sindicalistas que paralizarán el país el jueves. “Respeto la decisión de parar pero no la entiendo y no ayuda en nada a los trabajadores. Hay comportamientos mafiosos en sindicatos, empresas, política y justicia. Por suerte son minoría, pero hay que combatirlos”, dijo Macri.

(Fuentes: LibreRed / TeleSur / Associated Press)

Plantan cara a Macri con una huelga masiva

Pocas estampas como las que se observan este jueves en la ciudad de Buenos Aires reflejan la realidad de lo que hoy sucede en Argentina. Por un lado, la capital del país acoge por primera vez el Foro Económico Mundial para América Latina, que reúne a 1.100 representantes de Gobiernos y empresas con el presidente Mauricio Macri como virtual anfitrión. “Qué bueno que hoy estemos acá, trabajando”, afirmó con sarcasmo el jefe de Estado en la inauguración del evento.

Frente a este escenario de trajes y corbatas ante el que el mandatario reivindicó un “diálogo interno y con el mundo para encontrar las mejores vías de desarrollo”, el país parece vivir en otro eje de coordenadas.

Las ciudades se muestran vacías. Los comercios están cerrados, y el transporte está paralizado por completo, incluidos los aeropuertos, los trenes y los autobuses urbanos, de media y larga distancia. El paro ha tenido una adhesión de más del 90%, han asegurado las dos ramas de la Central de Trabajadores de Argentina (CTA) en una de las primeras evaluaciones de la jornada.

La huelga general responde a “un modelo económico de exclusión y pobreza que lleva a priorizar la especulación financiera por sobre la producción, que endeuda al país sistemáticamente (40.000 millones de dólares sólo en 2016), y que pretende bajar la inflación a base de despidos, de suspensiones y de bajar los salarios de los trabajadores”, indicó el secretario general de la CTA Pablo Micheli. “Eso es precisamente”, añadió el sindicalista, “lo que está discutiendo el presidente en este momento en el único lugar en esta ciudad en donde el paro tiene cero acatamiento, que es el mini Davos que ha convocado”.

El Gobierno ha hecho gala de entender la situación al enviar a Gendarmería a las autopistas de acceso a la ciudad de Buenos Aires, que habían sido bloqueadas con piquetes por organizaciones sociales y por fuerzas de izquierda para impedir el ingreso a la capital.

Un grupo de maestras fue recibida con gases lacrimógenos en una de las autovías del Sur, según denunció Myriam Bregman, dirigente del Frente de Izquierda y de los Trabajadores (FIT). Algunos manifestantes también fueron reprimidos con gas pimienta y camiones de agua por cortar la autopista Panamericana, que enlaza el Norte con la capital argentina. Otros fueron acusados de tirar piedras a los gendarmes. Al menos seis personas han sido detenidas. Este ha sido el despliegue del conocido protocolo antipiquetes, un manual de actuación lanzado por el Gobierno en febrero del año pasado que permite desalojar una movilización sin necesidad de una orden judicial que lo avale.

Con una inflación que en 2016 rondó el 40%, el nivel de conflictividad ha ido en aumento en las últimas semanas, espoleado desde los sindicatos de los maestros de la administración pública, que reclaman un aumento salarial del 35% para compensar la pérdida del poder adquisitivo, y que esta semana celebran su octavo paro nacional de 48 horas. Un segundo varapalo ha recibido el Gobierno este jueves, mientras se recluye en el hotel de lujo que alberga el Foro Económico Mundial. Una jueza del ámbito laboral, Dora Temis, acaba de ordenar al Ejecutivo que convoque una discusión nacional sobre las subidas de sueldo que reclaman los sindicatos docentes.

Dado que las competencias de educación están transferidas a las provincias, el Gobierno se escudaba en que cada jurisdicción negociara con los gremios. Pero el Poder Ejecutivo está obligado por ley, desde 2006, a convocar a nivel nacional las denominadas paritarias (negociaciones) salariales.

El Gobierno, que pide paciencia, considera injustificable la huelga general. El índice de pobreza supera el 30%, sí, pero la economía ha subido por primera vez en nueve meses un 1,1% tras arrastrar una contracción del 2,3% durante 2016. Una amnistía fiscal impulsada por Macri ha conseguido regularizar 116.800 millones de dólares, todo un hito que reafirma la senda de recuperación. Son los “brotes verdes” que ve el Gobierno argentino, aunque las calles opinen otra cosa.

(Fuente: Público / Autora: Ana Delicado)

También te podría gustar...

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *