Túnez, Libia… La diplomacia rusa se activa en el norte de África

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El histórico presidente tunecino, Habib Bourguiba, era cauteloso en sus relaciones con Rusia, ya que su principal confianza, después de la independencia, estaba depositada en vincularse estratégicamente a Europa y Estados Unidos sin tampoco provocar a la Unión Soviética o comprometer al país en una alianza militar que sólo lo pusiera en peligro.

Incluso cuando Bourguiba decidió ilegalizar al Partido Comunista en Túnez a principios de los años sesenta, se aseguró de que esto no afectara la estabilidad en Túnez, ya que prefería considerarlo un asunto interno que no afectara a las relaciones “normalizadas” con el bloque socialista.

La polarización ideológica ha desaparecido hoy, pero la atmósfera de la Guerra Fría ha comenzado a regresar después de que el polo unilateral, liderado por Estados Unidos, haya comenzado a mostrar signos de debilidad. En este contexto, Túnez se ocupa de tres asuntos importantes que pueden tener consecuencias directas en su política exterior.

El primer asunto es la endémica crisis económica y política en Europa Occidental, especialmente en Francia, que viene siendo considerado un aliado principal de Túnez. La economía francesa está enferma y no podrá recuperar rápidamente su salud. Además, el nivel político francés está muy agotado y débil tras el declive de los socialistas, la fragmentación del ala del centro-derecha, y con la ultraderechista Marine Le Pen liderando las encuestas de opinión. Si ella gana, su posición será extrema en contra de Ennahda y los inmigrantes tunecinos.

La segunda cuestión es cuál será la política de Washington durante el mandato del nuevo presidente de los Estados Unidos, Donald Trump. Es cierto que hasta el momento, no hay fuertes indicadores de un cambio significativo en la política de la Casa Blanca con respecto a Túnez, pero con el nuevo presidente, todo es posible.

En cuanto al tercer tema, éste se trata de Libia, en un momento en el que podemos observar el creciente papel de Rusia en el país vecino de Túnez, y que tiene un gran impacto económico y en términos de seguridad. La preocupación de Estados Unidos por la cuestión libia, que aún constituye un tema explosivo que puede estallar en cualquier momento, ha disminuido. Incluso los europeos tienen claramente cálculos contradictorios y su capacidad para resolver el problema es limitada.

Ante esto, varios partidos libios y árabes han comenzado a dar la bienvenida a un papel ruso que perciben como que “puede ser eficaz”. Esto es bien recibido por Moscú, que invierte en la oportunidad de mejorar su influencia y posición dentro de este tentador gran país petrolero.

Por lo tanto, Túnez se encuentra la necesidad de desarrollar sus relaciones con Rusia y se da cuenta de todo el tiempo que ha perdido en el pasado. Sin embargo, no debe acelerar sus pasos ni calcular mal.

Después de la revolución, los tunecinos han avanzado lentamente en su camino, ya que ha habido varias reuniones entre sus diplomáticos y sus contrapartes rusas, la más reciente de las cuales fue la celebrada entre el canciller tunecino Khamis Alaghinawa y su homólogo ruso Sergey Lavrov durante el Cuarto Foro árabe-ruso en Abu Dhabi (foto adjunta).

Durante esta reunión, ambas partes confirmaron el alto nivel de amistad y asociación alcanzado. También acordaron aumentar las visitas y su preparación para lo que describieron como “los próximos beneficios mutuos que aumentarán las oportunidades para la asociación y la inversión entre ambas partes”. A este respecto, debo mencionar que Rusia estuvo presente en todos los acontecimientos celebrados en la conferencia internacional – Túnez 2020 – apoyando su economía y la inversión. Además, el ministro tunecino de Asuntos Exteriores no dudó en invitar a los rusos a invertir en los proyectos incluidos en el plan de desarrollo 2016-2020, especialmente en el ámbito de las infraestructuras.

Además, los rusos no secundaron lo que europeos y estadounidenses hicieron cuando animaron a sus ciudadanos a no viajar a Túnez bajo el pretexto de peligro de atentado terrorista después de que el hotel Bardo y el hotel de Sousse fueran atacados por terroristas. Por el contrario, Moscú alentó a los rusos a visitar Túnez, lo que llevó a que el número de turistas rusos en Túnez se situara en más de 600.000. Esto alivió parte de la carga de la crisis que todavía sufre el sector turístico tunecino.

Por lo tanto, se ha puesto de manifiesto que los acontecimientos actuales a nivel regional e internacional pueden empujar a un país como Túnez, tarde o temprano, a acercarse al oso ruso, que ya tiene un pie la destruida Libia, en un momento en que los occidentales están demasiado ocupados en sus propios asuntos internos o en cálculos cortoplacistas.

(Fuente: Monitor de OrienteAl-Araby Al-Jadeed / Autor: Salah al-Din al-Jorasi)

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