La era colonial francesa en Argelia no es, ni mucho menos, historia

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La temporada electoral puede ser, en el mejor de los casos, un circo, pero en Francia viene con una dosis de controversia. Los recientes comentarios del presidencialista Emmanuel Macron refiriéndose al colonialismo francés en Argelia como un “crimen contra la humanidad” han causado un alboroto extremo en un lado y reacciones mediocres en otro.
Respecto a la votación argelina, el tema del colonialismo francés ha vuelto a aparecer en la baraja política de los políticos oportunistas que buscan la victoria, y ha reiniciado los mismos debates reciclados, con poca efectividad o soluciones.
La política del colonialismo
Al fin, 37 años después de que Argelia declarase su independencia, París votó en 1999 a favor de reconocer la guerra por la independencia de Argelia como lo que era, y no solo como unos “sucesos en Argelia”, lo que marcó el inicio de un modelo de reformas reacias alentada por la débil presión de Argel.
Pocos años después, Francia decidió que su acuerdo con su pasado colonial tenía que cambiar de tercio – en febrero de 2005, el parlamento francés aprobó una ley en la que el colonialismo francés se describía como algo con un “papel positivo.” Como era de esperar, muchos políticos e historiadores se opusieron a la ley, pero no más que en Argelia, donde se inició un vendaval de manifestaciones y protestas.
Sin embargo, este fervor no se tradujo en la respuesta del gobierno argelino, que fue tímida dada la seriedad de la apología de Francia de su genocidio. Mohammed Bedjaouie, ministro de asuntos exteriores, resumió el decepcionante humor reaccionario reduciendo la ley a un “asunto franco-francés”, acabando con cualquier ventaja que pudiese ganar Argelia en la nueva corriente política de Francia.
A pesar de todo, la ley fue derogada un año más tarde por el presidente Jacques Chirac, ya que “escribir la historia es el trabajo de los historiadores, no de las leyes” – una relevancia perdida por el uso de su historia manipulada en cuanto a la urgencia oportunista contemporánea.
Cinco años después, los argelinos jugaron su primera carta en una partida en la que Francia aún seguía en su racha dominadora. Varios miembros del Frente Nacional para la Liberación propusieron al Congreso Nacional del Pueblo una ley que criminalizaba el colonialismo y creaba un tribunal especial para juzgar a criminales de guerra.
Sin embargo, el proyecto de ley nunca llegó a aprobarse. Muchos lo rechazaron, entre ellos los miembros de organizaciones familiares revolucionarias con influencia, ya que “el patriotismo se había convertido en un negocio.” Este intento tuvo el mismo resultado que la solicitud de algunos diputados a mediados de los 90, en la que pedían a Francia que compensara a las víctimas de sus catastróficas pruebas nucleares en Argelia en los 60.
“Aquellos que quieran obtener una compensación tendrán que hacerlo individualmente”, comento el ministro de relaciones parlamentarias – la necesidad del país de justicia colectiva se consideró una inconveniencia que no beneficiaba a la élite gobernante. Tras 40 años de negación, el parlamento francés acabó por votar a favor de la compensación a las víctimas en 2009 – aquellos que murieron hace tiempo tras servir a los intereses estratégicos de Francia.
La posición de la Organización Nacional de Moudjahidine (NOM) y del Ministerio, cuyos revolucionarios principios han acabado por ayudar a reducir a Argelia a una fuerza reaccionaria. Incluso en los casos en los que Argel parecía directo en su lenguaje, la respuesta de Francia siempre ha sido simplista.
En 2006, cuando el presidente Abdelalziz Boutefika declaró que la colonización había conllevado al genocidio de la identidad, la lengua y la tradición argelinas; el ministro de exteriores francés respondió diciendo que ambos países deberían adoptar un respeto “para establecer un futuro común y superar el triste pasado” – una conclusión que, lamentablemente, define el discurso francés, que no ha sido nunca cuestionado.
La Argelia reaccionaria
Básicamente, los comentarios de Macron reflejan una nueva polémica que resalta la dicotomía altamente política del pasado colonial de Francia. Macron no es el único que utiliza esta retórica restaurativa; Banoit Hamon, otro candidato presidencial del partido socialista francés, declaró que, si es elegido, está abierto a la posibilidad de que Francia se disculpe, pero no caracterizará la colonización de la manera que lo ha hecho Macron.
No se puede encontrar mucho consuelo en sus palabras, que bailan alrededor de un asunto explotado a tal grado de inmoralidad que cualquier consecuencia positiva ya se convierte en irreal.
Sin duda, las palabras de Macron no tienen precedentes entre los oficiales franceses, aunque, una vez más, Argelia ha demostrado que su actitud reaccionaria es lamentablemente mediocre. El ministro de la Moudjahidine, Tayeb Zitouni, respondió reiterando que “Francia debe asumir su responsabilidad respecto a Argelia”. Puede que Ahmed Ouyahia, director del gabinete de presidencia de la República, se percatase del oportunismo de los comentarios de Macron y los considerara sólo “discurso electoral.”
“Tan sólo es un candidato que quiere atraer a los votantes franceses de origen argelino y obtener apoyo del Estado de Argelia”, comentó, con razón, el presidente del Frente Argelino Nacional.
Para otros, los comentarios de Macron simplemente describen lo obvio. “¿Cómo no podemos considerar… los crímenes cometidos contra poblaciones aisladas e indefensas durante la Revolución [y] las grandes masacres cometidas al principio de la colonización como crímenes contra la humanidad?”, explicó un miembro del partido.
“Ninguna persona, partido o asociación debe proponer una ley que criminalize el colonialismo. Debe ser una ley de la República de Argelia”, explica Tayeb El Houari, miembro de la Organización de Niños Chouhada – una expectativa que la mayoría de argelinos no tiene, al menos a corto plazo.
De la nostalgia colonial a la amnesia nacional
Puede que el capítulo colonial de Francia haya terminado, pero ha seguido interfiriendo. El pasado colonial de Francia es un factor que se suele imponer en las campañas presidenciales francesas, con políticos que esperan tener las habilidades necesarias para enmascarar sus ambiciones imperialistas.
Los comentarios sensacionalistas sobre el colonialismo pretenden aislarlo en los libros de historia, en vez de describirlo como una presencia impenetrable que ha permeado las sociedades de las sociedades colonizadas y colonialistas. No consiguen resaltar el contexto histórico de la discriminación por parte de Francia de millones de ciudadanos árabes. Los comentarios tampoco pretenden dirigir la atención al poder militar corrupto y omnipresente que ha definido el organismo político de Argelia desde que el país proclamó su independencia – un poder que Francia ha apaciguado a la vez que apoya la democracia en todos los demás lugares del mundo.
El tema del colonialismo se ha convertido en un rompecabezas político y en una herramienta que los políticos manipulan para adaptarla a la postura de los votantes que intentan convencer. Décadas después, poco han avanzado las relaciones, que siguen siendo tensas bajo el peso de la culpa, la traición, la nostalgia y el cinismo. Sin embargo, muchas medidas se han comprometido a ayudar a escribir las páginas de su nueva historia compartida. Pero poco queda por abordar respecto a la consecuencia duradera de la ruptura franco-argelina en 1962 en el corazón prejuicioso de la sociedad francesa. Para los franco-argelinos debatiéndose sobre a quién votar, las declaraciones controvertidas no remedian los continuos problemas del clima socioeconómico en el que se ven tan desfavorecidos.
En Argelia se necesita hacer más por crear un espacio independiente que examine de manera entrelazada los relatos históricos que ponen sobre la mesa la justicia colectiva y el orgullo nacional de sus sucesos históricos. La falta de presión por parte de la clase política y de los historiadores hace que la historia del movimiento nacional se vea sometida a críticas, análisis y debates bajo los confines del secretismo.
Incluso en las esferas intelectuales, los historiadores franceses han avanzado más que sus compañeros argelinos a la hora de escribir e investigar sobre la guerra de independencia. La explotación política de la historia contemporánea de Argelia y el movimiento nacional podrían explicar las vacilaciones de más de una década, que se han reducido a instancias oportunistas para legitimar proyectos políticos cíclicos y servir a los intereses económicos.
Las disculpas de Francia son sólo declaraciones aisladas que sostienen una narrativa que sitúa las ambiciones hegemónicas de Occidente como la base de muchos de sus problemas. Es poco probable que una disculpa tenga un efecto medible, aparte del dramatismo, el alivio de los argelinos, excusas por fallos del gobierno o reflejar los problemas contemporáneos en la sociedad francesa.
Uno de los primeros pasos para entender los fundamentos de sus propios proyectos sociales fallidos sería acabar con la amnesia nacional de Francia, que ha perpetuado el resentimiento, la discordia y el odio.
Mientras que las posiciones que oficializan las disculpas o politizan los eventos históricos sean usadas como un instrumento ideológico con ambiciones hegemónicas, la compleja relación bilateral entre Argelia y Francia seguirá siendo nada más que un show artificial basado en mentiras que no le sirve de nada a nadie, excepto a la hora de legitimar el poder de la élite gobernante.
(Fuente: Monitor de Oriente / Autora: Yasmina Allouche)

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