Treinta tesis sobre el contexto y las perspectivas

¿Por qué inicio esta charla-debate recordando la resistencia popular del barrio de Gamonal, aquí en Burgos, hace ahora casi cuatro años? Pues porque actualizar la memoria de lucha de un pueblo, de su clase trabajadora, es uno de los dos métodos inexcusables para incrementar las fuerzas revolucionarias, que es de lo que se trata. El otro es la praxis de las organizaciones de izquierda que militan en el interior de ese pueblo, en nuestro ejemplo, dentro de la Gamonal rebelde desde 2014 hasta ahora. Los dos métodos forman uno solo porque la praxis de la izquierda sólo existe en la medida en que respira de y en la lucha de clases en todas sus formas, simbióticamente con el pueblo, aportándole por ello su experiencia sintetizada en teoría. Pero en esta dialéctica, lo decisivo a medio y largo plazo es la lucha de clases.

La memoria actualizada es una fuerza liberadora: durante los debates que sostuvimos hace poco en Segovia organizados por Comunistas de Castilla, escuchamos a las compañeras extraer lecciones para el presente de sus recuerdos en los pueblos ahora en proceso de abandono, cómo explicaban las forma habituales de autoorganización y ayuda mutua que resistían a pesar de la represión y la vigilancia cotidiana de la Iglesia, la policía, el machismo, etc.; y cómo intentaban adecuarlas a su situación estudiantil en Madrid, o laboral y cotidiana en Segovia y otras ciudades. Debemos estudiar la identidad social, cultural e identitaria del pueblo trabajador castellano que se descubre casi de inmediato cuando uno piensa libre del encefalograma plano del nacionalismo español y descubre un rico potencial.

Los sinónimos de motín son revuelta, tumulto, rebelión, insurrección… El motín del Gamonal de enero de 2014 fue la culminación de una dinámica subterránea de autoorganización defensiva ante las agresiones diarias del capital. La chispa que prendió la mecha fue el proyecto de expropiar espacio público que usaba el pueblo para el lucro exclusivo del capital inmobiliario, acelerándose la gentrificación de un barrio obrero que, una vez liberado de «población sobrante», multiplicaría los beneficios de la burguesía. La represión golpeó al barrio obrero; la prensa intentó criminalizarlo, el reformismo buscó aislarlo de otras luchas, ocultar sus lecciones y conducirlo con promesas al laberinto burocrático del parlamentarismo.

El motín de Gamonal fue un aldabonazo que aportó lecciones que reaparecen con formas nuevas: 1) existen puntos críticos para el pueblo trabajador que al ser atacados por el capital pueden generar saltos en la autoorganización, siendo cada vez más todo lo relacionado con los bienes comunes uno de ellos; 2) por esto mismo es el pueblo trabajador como concepto más abarcado e incluyente que el más concreto de clase obrera, el que muestra mejor la potencialidad de esas luchas y más cuando intervienen sectores pequeño burgueses, de las mal llamadas «clases medias», autoexplotados, mujeres empobrecidas y jóvenes mal llamados «desclasados» y «marginados», pensionariado, etc., e incluso migrantes que se integran en la lucha; 3) por ello mismo, la dialéctica entre espontaneidad y organización se acelera en estos casos siempre que las izquierdas no sean dogmáticas ni cerriles, militen dentro de las contradicciones e injusticias, y hayan desplazado a los grupos dogmáticos: y 4) porque defendía la propiedad colectiva y común y porque lo hacía mediante la integración de amplios sectores sociales explotados, por ello planteaba aun de forma borrosa un modelo nacional de Castilla antagónico al modelo de España de la burguesía burgalesa, planteamiento más avanzado cuatro años después en Segovia.

Levantando la mirada por encima de la Castilla vemos que en EEUU la clase obrera precarizada en extremo se había puesto en pie en diciembre de 2013 con la esclavista transnacional Wal-Mart, siendo una de las detonantes del incremento de las movilizaciones desde finales de febrero de 2014 para subir el salario mínimo. Vemos que el mismo 8 de enero de 2014 el Hamburgo radical llevaba varios días de estado de excepción, casi sitiada por la policía militarizada alemana. Y a finales de marzo de 2014 se supo que las huelgas y otras formas de resistencia habían aumentado en 2013 un 13,2% con respecto a las de 2012. En mayo se libra la batalla urbana para evitar el desalojo del local autogestionado Can Vies, en Barcelona. En otoño veremos huelgas mineras, grandes manifestaciones y huelgas de maquinistas en Gran Bretaña y Alemania.

Gamonal no fue un motín fugaz y solitario en un océano en calma absoluta: fue un paso más en las luchas de clase que se libraban, que habían dado un salto en el 15-M de 2011, y que, ante el creciente riesgo de tempestad social fueron sometidas casi de inmediato a un cuádruple cerco: 1) represión en todos los sentidos, que tomaría cuerpo legal con la ley Mordaza en primavera de 2015; 2) desmovilización y división en las bases con las promesas legalistas del reformismo, en especial el de Podemos reforzado deliberadamente por la prensa burguesa al principio y luego por sus resultados en la elecciones europeas de 2014; 3) paralización de las luchas obreras llevada a cabo por el sindicalismo burocrático, CCOO y UGT, que logró evitar que fueran los y las trabajadoras las que vertebraran el ascenso del movimiento: recordemos que a finales de noviembre de 2014 nada menos que el 60% de las empresas del Estado había congelado los salarios; y 4) deliberada colaboración de los restos eurocomunistas que se limitaron a pedir el respeto a la Constitución de 1978, orientando en la medida de lo posible toda reflexión práctica y teórica hacia la conciliación parlamentarista e institucional.

Desde luego que, además de esto, también actuaba como medio apaciguador el efecto narcotizante inherente al fetichismo de la mercancía –subsunción en el orden simbólico-, y el reforzamiento intensivo y extensivo del nacionalismo imperialista español como cohesionador irracional, reforzamiento que todas las fuerzas citadas multiplicarán negando con odio el derecho de autodeterminación de las naciones oprimidas. Tampoco debemos olvidar el trato de favor que recibía el capitalismo español por parte de las instituciones imperialistas, comparado con el sufrido por otros países como Grecia: en 2012 el FMI manipuló sus informes sobre el Estado. Durante estos años el FMI ha avalado al PP, y ahora Bruselas suaviza mucho las exigencias para reducir el inmenso déficit estatal.

Las elecciones generales de finales de 2015 y de verano de 2016, además de mostrar que la crisis de dirección política burguesa era real, también demostró, pese a ello, que la burguesía como clase dominante había superado en parte el temporal social: una cosa es la crisis de dirección política y otra es la crisis estructural del Estado español como marco nacional-burgués fallido de acumulación de capital. Un error garrafal de los reformismos, es reducir esta compleja sinergia de contradicciones a una mera «crisis del Régimen del ‘78». El interesado debate sobre la muerte del bipartidismo sustituido por pentapartidismo formados por PSOE, Unidos-Podemos, PP, Cs y, con diferencias, las burguesías regionalistas y autonomistas, sirve para ocultar la realidad incuestionable de que, en lo de fundamental, no hay fisuras en el núcleo del poder porque se asume que el Estado es un protectorado del capital financiero transnacional, de la Unión Europea y de la OTAN. Las diferencias surgen a la hora de escoger el amo ante el que hay que arrodillarse para recibir protección: euroalemania o EEUU, o ante los dos, como esas «izquierdas» que felicitaron a Trump y aceptan la UE.

La represión desatada con la ley Mordaza pero también con otras actuaciones contra el independentismo, contra el sindicalismo combativo, contra los internacionalistas que han ido a combatir la barbarie a Oriente Medio, etc., responde a una razón muy simple: garantizar que el Estado se mantenga como sea en la mitad de la lista de las 20 economías más poderosas del mundo. Aunque la economía capitalista siempre ha sido compleja –y de ahí el mérito del marxismo para descubrir sus contradicciones-, en la actualidad el poder del capital financiero-especulativo transnacionalizado es tal que exceptuando muy pocos Estados, los demás dependen en mayor o menor medida de tres cosas: demostrar que obedecen al capital financiero; demostrar que garantizan el saqueo de su economía porque han impuesto la «tranquilidad financiera» porque tienen amedrentado al pueblo; y apoyar a su propio capital «nacional» para que sea más rico pero siempre dentro de los cauces imperialistas.

El bloque de clases dominante en el Estado español ha logrado en 2018 ascender del puesto 14 al 13 en la lista de 20 debido a que Australia ha retrocedido una centésima en su puntuación. Pero en la decisiva competitividad mundial ha bajado dos puestos, del 34 al 36 de una lista de 63 países, y en la competitividad digital ocupa el número 31 de esa misma lista. Se pierde empleo tecnológico en un 7% desde 2015 y sólo algo más del 22% de las empresas se preocupan por la cualificación de su fuerza de trabajo. La industria se debilita y crecen el turismo y los servicios. La investigación científica se desploma y la educación escolar y universitaria ha quedado desprestigiada por el medievalismo oscurantista de la Iglesia –mazo de incultura- y por la corrupción, también por el abandono de las investigaciones tecnocientíficas, exceptuando el armamento de media calidad: 4 universidades del Estado entre las 200 más influyentes, y 10 entre las 500 más influyentes.

¿Cómo ha logrado entonces ascender un puesto en la escala imperialista? Además del debilitamiento australiano por el contexto mundial, sobre todo por la salvaje sobreexplotación: ahora despedir a la fuerza de trabajo es un 64% más barato que hace seis años, además de que el precariado ha aumentado en 720.000 personas y han disminuido en 600.000 las personas activas: durante los gobiernos del PP el 50%, la mitad del empleo creado, ha sido eventual o a jornada incompleta, y el descenso del paro ha sido debido fundamentalmente a las jubilaciones, emigración y prolongación de los estudios. Estadísticas fiables y por ello no oficiales elevan el desempleo real hasta el 30% en comparación al 17% o al 15,28% según qué análisis, cuando otros estudios cifran la media europea en el 6,9%. La precarización hace estragos: la duración media de los contratos antes de la crisis era de 72 días, ahora es de 49.

Semejante ataque a la vertebración interna de la clase obrera, unido a la ideología neoliberal y a la indiferencia del reformismo, por sintetizarlo, permite a la patronal apropiarse sin pagar del 44,6% de las horas extras. Los beneficios se disparan porque la mujer trabajadora cobra un salario de alrededor del 25% más bajo que el hombre. En una década, los costos básicos de la vida en el domicilio han subido un 27% y los salarios han bajado un 8%; en esta misma década el precio del gas y de la electricidad para uso doméstico ha subido un 67%. Un tercio de la infancia es pobre, degradación que ha subido del 12% en 2008 al 15,9% en 2016; más de un 1.300.000 niños y niñas sufren pobreza dura, y están sin escolarizar el 62% de las y los menores de tres años. Otros estudios dicen que 4.000.000 de personas sufren pobreza severa en un país en el que el salario medio ha perdido 469 euros en dos años. Según otro informe 3.500.000 personas viven con menos de 350 euros al mes mientras que los precios básicos crecen 17 veces más que los salarios.

Hace muy poco, y para concluir con este rápido repaso de la brutalidad burguesa, se ha sabido que el Estado español ha retrocedido del puesto 23 al 25 de los 28 países de la UE en vulnerabilidad, es decir, un tercio de la población tiene problemas para comprarse otro par de zapatos, o arreglar un mueble. En 2009 el 7,2% sufría frío en su casa, en 2016 era el 8%; entonces el 2,1% sólo comía carne o pescado cada dos días, para 2016 subió al 3,7%. Un 25% de las personas adultas carece de ingresos o gana menos de 525 euros al mes. En cuanto a la capacidad de llegar a final de mes con el salario familiar, el Estado ha retrocedido del puesto 16 en 2008 al puesto 20 en 2016.

Tamaña sobreexplotación salvaje y sistemática es, muy en síntesis, una de las razones fuertes que explica ese ascenso de sólo un puesto en la jerarquía del capital pese a la ferocidad de la devastación social que ha hecho que en 2017 el 1% de la población poseyera el 25,1% de la riqueza del Estado. Decimos sin embargo ha avanzado «solo un puesto» porque son tan profundos los anclajes de las cadenas estructurales que paralizan al capitalismo español que hasta el «amigo» FMI cree que el Estado no logrará bajar el déficit del 2% ni siquiera en 2023 y que se debilitará el crecimiento hasta el 1,6% en cinco años.

Una de esas anclas históricas que nos remiten a la débil y cobarde burguesía peninsular desde el siglo XV es el agujero negro de la corrupción generalizada. La economía sumergida equivale a casi 25% del PIB, alrededor de 253.000 millones-€, pero el 40% de los beneficios terminan en paraísos fiscales porque el Estado permite que las transnacionales y la evasión fiscal campen a sus anchas. Un drenaje sistemático en beneficio del capital financiero-especulativo que explica por qué este poder omnívoro protege relativamente a la burguesía española: la gallina de los huevos de oro. Un estudio de comienzos de 2018 cifraba en 90.000 millones de euros anuales el costo de la corrupción.

Lo visto hasta aquí es una pequeña parte porque no hemos profundizado en la explotación de la mujer, de la población migrante, de las naciones oprimidas y saqueadas por el subimperialismo español dentro y fuera de sus fronteras, el incumplimiento de las leyes internacionales contra la debacle socioecológica, el mantenimiento de la Iglesia como pilar físico y moral –inmoral- del Estado, el mantenimiento de la Monarquía impuesta por el dictador Franco que viene a ser como una satrapía mesopotámica que impone los límites de la «democracia», etc. Obviando estas y otras iniquidades, queremos concluir provocando el debate con estas tres preguntas: Una, ¿qué quiere y qué puede hacer la alianza PSOE-Podemos más el apoyo directo o indirecto de otras fuerzas? Otra, ¿qué contexto mundial determina los límites de esa alianza? Y por último, ¿qué hacemos frente a lo anterior?

Ahora es el nuevo gobierno del PSOE con el apoyo de U-P, el encargado de meter en el corral parlamentario a los crecientes sectores obreros y populares que se autoorganizaban cada vez más desde, al menos, finales de 2016 cuando se podía hacer una amplia lista de luchas en el Estado: por la liberación de Bódalo en Andalucía, contra los brutales alquileres y los desahucios, por la defensa de las casas y espacios okupados/recuperados, por la sanidad pública con especial fuerza en Vigo y Granada, por la juventud vasca y de otras naciones golpeadas por la ley Mordaza, en defensa de los teleoperadores, contra el terrorismo patriarcal, por un trato humano en las cárceles, por la Amnistía, los cercos al Congreso, contra la precariedad como en Zaragoza a favor de las y los trabajadores de Telepizza y más en general en defensa de las y los de Movistar…Desde enero de 2017 cuando la Asamblea de Gamonal salió en defensa pública de las vecinas y vecinos sometidos a represión. Gamonal mantenía viva su memoria popular, una esperanza que se ha ido extendiendo por las clases y naciones oprimidas del Estado hasta ahora. El siempre imprescindible Boletín de Luchas Obreras con fecha del 14 de febrero de 2017 daba cuenta de todo ello al informar que las horas de huelga se habían incrementado en un 76% en ese enero. Se estaban formando las condiciones para que en ese septiembre se sublevase el pueblo de Murcia en defensa de su espacio común urbano, como en Gamonal.

Todo mostraba para entonces que empezaba a cuartearse el orden recuperado y que llevó al gobierno al PP gracias a la egolatría caudillista de la burocracia de Podemos que se negó a apoyar el PSOE en marzo de 2016. Ahora, la adinerada burocracia de Podemos no ha tenido más remedio que secundar el PSOE para evitar otro retroceso electoral, rebajando sus reivindicaciones iniciales. En este contexto, lo que busca el gobierno es la paralización de las luchas para, por un lado, negociar con Bruselas una ligera ampliación del gasto social; también, para intentar dividir aún más al independentismo burgués catalán; a la vez, para seguir debilitando a Podemos internamente y también en Andalucía; por último, para meter al PP y Cs, y a Vox, en un rincón. El respiro que obtenga el PSOE le servirá para recomponer el partido, recuperar y ampliar su base electoral para las siguientes elecciones generales y maquinar otro pacto social que cumpla la misma función histórica que los Pactos de la Moncloa de 1977, candado de siete llaves que cerró el futuro de la libertad.

Las recientes medidas mejoran las condiciones de vida y trabajo de los sectores más golpeados por el PP, y abandonados por la pasividad sindical y reformista, desde la subida del salario base hasta las pensiones, pasando por ayudas tibias a los alquileres que deben ser ampliadas, los derechos de las trabajadoras domésticas, la vigilancia de las horas extras y de las trampas patronales, tímidas ayudas a la dependencia y a la maternidad y paternidad, etc. No se puede negar su efecto positivo, pero quedan sin tocar las causas sociopolíticas del tsunami austericida: las reformas laborales de 2010 y de 2012, la reforma fiscal, la intocable banca, las represiones múltiples, la judicatura reaccionaria, los derechos nacionales, la omnipotencia de las eléctricas…

Estas limitaciones estructurales nos llevan a la segunda pregunta. Cualquier gobierno español asume su dependencia para con la UE y EEUU. El contexto mundial empequeñece los ya reducidos márgenes de autonomía relativa del PSOE para mejorar las condiciones de vida y trabajo. Por un lado, se agrava la crisis iniciada en 2007 porque no se han resuelto ninguna de sus causas, sino que se han agravado: la deuda mundial supera el triple del PIB mundial; los capitales especulativos y ficticios son incontrolables; la inflación; la producción de valor no detiene la ralentización de los beneficios y las economías emergentes se estancan; los costos medioambientales y energéticos se disparan; el hambre crece; las contradicciones interimperialistas llegan a niveles de difícil control por el gigantesco rearme de EEUU, la subida del dólar y la ferocidad de Trump; el debate sobre el estancamiento secular está dando paso al debate sobre la inminencia de otra crisis más compleja que la de 2007…

Por otro lado, el pasado 3 de octubre EEUU avisó que podía atacar suelo ruso, y tres días antes estuvo a punto de producirse un enfrentamiento entre la marina china y norteamericana. Rusia ya había sido amenazada con un bloqueo marítimo para asfixiar su economía si no se plegaba a las exigencias yanquis, mientras que la OTAN rearma al fascismo en Europa del Este. India sufre chantajes por ampliar sus relaciones con Rusia, Irán e incluso con China, que junto con otros Estados avanza en la nueva ruta de la seda, golpe que puede llegar a ser mortal para EEUU. Afganistán pide la retirada de las bases yanquis. Pakistán debate sobre si obedecer o no a EEUU. Turquía está atrapada entre os embargos de EEUU y las tentaciones de acercarse a Rusia y China. ¿Y qué decir de Irán? EEUU también ha estallado en ira al ver el Tratado del Mar Caspio entre los países limítrofes que frena su estrategia de control de la zona. Conocemos la explosiva situación en Oriente Medio donde la OTAN acumula fuerzas navales y donde EEUU tiene 22 bases reforzadas por Europa. ¿Y Nuestra América? Es por esto que EEUU ha ordenado preparar el 80% de sus aviones de combate para dar el primer golpe cuando y donde el Pentágono decida.

Un protectorado como es el Estado español no puede ni soñar en permanecer al margen de las exigencias imperialistas porque el actual contexto no es como el de 1914-45. Su dependencia tecnológica y financiera, su entronque en los mercados, su industria turística, su pertenencia a la OTAN, sus históricas debilidades internas… se lo impiden. Además, no quiere: aproximadamente la mitad del electorado estatal vota a partidos de derecha dura, neofascistas o abiertamente fascistas, lo que muestra el fuerte terror inconsciente que el franquismo impuso a sangre en las poblaciones y que la Monarquía y el reformismo adecuaron a la supuesta «transición».

Jano tiene dos caras, el nacionalismo español muchas: la moderna y democrática, la constitucional y ciudadana, la fascista y la neofascista, la tradicionalista y la nacional-católica, la republicana y la federalista, la estalinista… con las mezclas y combinaciones entre ellas. Respetando la alta autonomía relativa de lo ideológico con respecto a lo estrictamente económico, es claro que al final el nacionalismo como cemento que cohesiona y tapa las brechas internas de Estado es reforzado por éste, y por la Iglesia, cuando su crisis se agudiza. Y esto es lo que sucede y sucederá en la medida en que el capitalismo occidental no logre abrir una nueva fase expansiva suficientemente larga: más que el presente, el futuro del fallido Estado-nación del bloque de clases dominante dependerá de la interacción entre sus contradicciones internas y el imperialismo.

Llegamos así a la tercera y última pregunta: ¿qué podemos hacer? Lo primero es dejar de hablar de la manida «crisis del Régimen del ‘78» porque si bien es cierto que ahora está tocado en parte, hay que decir que ha triunfado en lo básico durante casi medio siglo; que durante ese tiempo ha reconvertido en «demócratas de toda la vida» a los fascista de entonces y creado una base social alienada que ahora busca desesperadamente su reforma; que esta reforma no es imposible sino previsible y un ejemplo de ello es el pacto PSOE y U-P, más las burguesías autonomistas; que según los contextos, la unidad aparente de la derecha dura, neofascista y fascista puede romperse para que una parte de ella acepte otro Pacto de la Moncloa pero en las condiciones del siglo XXI; y por último, que el grueso de la débil izquierda española asume el nacionalismo estatal disfrazado de federalismo de la III República, con lo que seguirían sin resolverse los problemas históricos.

Plantear el problema sólo en la «crisis del Régimen del ‘78» es repetir el error estratégico de la mayoría de las izquierdas de entonces en el Estado: lo primero es «conquistar la democracia» y luego, más adelante, el socialismo. Ahora es lo mismo, pero con el ligero matiz de que el socialismo deberá esperar todavía más porque primero viene la fase de la III República española que será federal, ni siquiera confederal. Superada esta fase, vendrá el socialismo. Dejando de lado el debate sobre si este etapismo era válido entre 1975-78, en la actualidad serviría para dar tiempo de recuperación al capitalismo. Con esto no estamos negando la gran importancia de las conquistas de derechos, de reformas avanzadas, de mejoras cotidianas que refuercen la autoorganización y la conciencia. No negamos esa evidencia histórica incuestionable. Lo que decimos es que ahora es más necesario que nunca antes, explicar siempre la dialéctica entre estrategia y táctica, entre objetivos y métodos, entre futuro y presente.

Siempre habrá reformismo que sólo defienda los logros inmediatos conseguidos negociaciando con la burguesía, olvidando o menospreciando los objetivos y la estrategia para conseguirlos. Pero el reformismo nunca se atreverá a ir a la raíz del problema: la propiedad privada de las fuerzas productivas, el hecho que la primera fuerza productiva es la clase obrera, la mujer trabajadora, las naciones oprimidas…, y que por tanto el silenciamiento, posposición y avance en esa dirección será un tiempo precioso regalado a la burguesía para que se reorganice, divida al proletariado y contraataque con furia.

Lo segundo que debemos decir, desarrollando esta lógica, es que lo ideal se convierte en una fuerza material cuando arraiga en la conciencia de las masas, y que por tanto, el ideal nacionalista opresor se convierte en una fuerza material opresora cuando arraiga en las masas alienadas de la nación ocupante. En este sentido, el nacionalismo español es una fuerza material opresora que refuerza el resto de medios de dominación y explotación del Estado español. Por esto, uno de los mayores obstáculos para que triunfe el socialismo no es otro que el nacionalismo español en cualquiera de sus formas, porque en sí mismo lleva la lógica de la dominación. Más concretamente, la razón del fracaso de las izquierdas estatales en las naciones oprimidas es su obsesión pública o encubierta de imponer un único partido «marxista» de disciplina estatal en esas naciones, obligándoles a pasar por las horcas caudinas de la III República federalista como etapa obligada más o menos larga para, después y una vez logradas las famosas «condiciones objetivas» empezar a pensar en su posible independencia, si es que todavía siguieran soñando con ella.

Por el contrario, desde ahora hay que explicar que en el capitalismo actual y en el protectorado español, cualquier mejora profunda de las condiciones de vida y trabajo que no esté integrada en una estrategia clara y precisa de liquidación del imperialismo español, está condenada a ser integrada en el sistema en muy poco tiempo, y luego derrotada una vez que la burguesía se haya recuperado. La contraofensiva burguesa será tanto más salvaje, ultranacionalista y fascista cuanto más hayan abandonado las izquierdas el combate contra el nacionalismo opresor en el interior de la clase obrera. Y sobre este vacío el fascismo rebrotará cuando el capital lo necesite, cuando el reformismo haya quedado desbordado por las luchas de las naciones oprimidas y de las clases explotadas.

«España» se fue formando bajo las exigencias de la acumulación y centralización de capital desde, al menos, el siglo XVI, y en parte desde finales del XV, con sus inevitables guerras de liquidación de Al-Ándalus, destrucción de Galiza, integración violenta de Vascongadas, fusión parcial con Aragón, exterminio de Canarias, aniquilación de la Castilla comunera, genocidio de Nuestra América, conquista y ocupación de Nafarroa, destrucción del reino de Aragón y los Països Catalans, etc. Según se perdía el Imperio y fracasaban los tímidos intentos burgueses por crear una legitimidad democrático-nacional española basada en un mínimo respeto de otras naciones, se recomponía el poder de la nobleza terrateniente, la Iglesia y la casta militar, sub-bloque muy poderoso y frecuentemente decisivo dentro del bloque de clases dominante. Las diversas caras del nacionalismo español y los fanatismos católicos más o menos separados o unidos según los momentos, eran y son los aglutinantes ideológicos de la acumulación de capital en la parte española de la península.

Las formas estalinista y eurocomunista del nacionalismo español fueron básicas en la «transición democrática», y lo vuelven a ser ahora. Sin embargo, la liquidación del imperialismo español conlleva la superación histórica de su Estado-nación que le sirve de arma material e ideal. La izquierda revolucionaria estatal, que admiramos por muchas cuestiones, deberá asumir que ella ha de ser una de las sepultureras del Estado-nación que llaman «España», sustituido por la hermandad socialista de las naciones trabajadoras independientes. ¿Utopía? ¿Ucronía? ¿Locura? No, necesidad.

EUSKAL HERRIA 16 de octubre de 2018

Nota: texto para el debate del próximo sábado 20 de octubre en Burgos

(Fuente: La Haine / Autor: Iñaki Gil de San Vicente)

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