Si no somos el 50%…

A medida que conocemos a los integrantes del consejo asesor para el impulso del Fòrum Cívic i Social per al Debat Constituent (los chiringuitos del procés, ya lo veis, cada vez tienen nombres más largos, pomposos e incomprensibles) se hace evidente la intención del procesismo, a saber, del Estado, a saber, de España, de captar a extranjeros cercanos a la causa catalana como Bea Talegón o el colega Albano Dante Fachin para así desactivar la vía unilateral y marear la perdiz con la cancioncilla del “si no somos más del 50% de fieles nunca lo conseguiremos”.

Lo dijo hace poco Ernest Maragall en la BBC, admitiendo en sordina que el objetivo de las élites indepes autonómicas de ahora es el de llegar a superar el 50% de adeptos con el objetivo de impulsar un referéndum pactado con el Estado español que incluya como opción la ampliación de la autonomía. En cristiano, un referéndum en que la independencia pierda por sistema.

Resulta notoria esta obsesión patológica por ampliar la base que le ha pillado a Esquerra y en particular a Maragall, visto que hace muy pocas horas el todavía conseller de Exteriores ha ganado unas primarias de partido (o quizás debería escribir “secundarias”, visto el caso que le hicieron a la votación previa, en que Alfred Bosch fue elegido candidato) en la que solo le han votado 583 militantes de la ciudad y con un solo candidato como opción.

Como veis, esto de la democracia depende muy mucho de si quieres ampliar la base del país o erigirte como candidato… Por suerte, en España, como saben los documentadísimos lectores de esta página, esto de los porcentajes no quita excesivamente la somnolencia de la peña: doce magistrados del TC mutilaron un Estatuto que habían votado el 48,5% de los catalanes; una secta judicial que actuaría persiguiendo a nuestros líderes como ha hecho hasta ahora, aunque hubiera un 70% de indepes en Catalunya.

La falacia del discurso del “no somos más del 50%” ya la conoce todo el mundo, y se suma a la ambigüedad de un Govern que dice gestionar la aplicación de la independencia y que solo se dedica a generar retórica. El problema es que los disidentes del procés no osan criticarlo hasta que pierden el curro: así hace poco Martí Anglada, antiguo embajador en París, quien en referencia explícita a Ernest Maragall reconocía que desde el 21-D la Generalitat no ha dado palo al agua en política exterior y se ha limitado a abrir un par de delegaciones y a repetir las mismas proclamas de la legislatura anterior sin buscar nuevos interlocutores que superen el muro de la Unión Europea.

Si la cosa sigue así, el Govern continuará reafirmando su rendición con una política de progresivo perfil discreto. Es un consuelo, como vimos en el proyecto de remodelación del modelo lingüístico, que los ciudadanos cada día sean más rápidos en rechazar una nueva moto. No hay forma mejor de resumir el actual canguelo del Govern que la entrevista del president Puigdemont en este mismo periódico, en la que el 130 declaraba querer conseguir “la independencia sin una guerra de independencia”.

Últimamente, el soberanismo juega con la hipótesis de la violencia como excusa perfecta para la inacción política. La táctica es muy sencilla: tú metes miedo y especulas con la posibilidad de una guerra en el centro del debate y, artificiosamente, te muestras como la mejor solución para evitar un conflicto a gran escala. La cosa tiene gracia, porque hasta los antiguos líderes del ejército español reconocieron tras el 1-0 que ni la gran Armada Invencible hubiera podido sofocar una rebelión en las calles perpetrada por cientos de miles de conciudadanos. Sin embargo, ya lo veis, siempre será más fácil especular con el miedo ajeno y meter el tembleque en el corazón de la ciudadanía para que se quede en casa y poder jugar a la puta y la Ramoneta del pacificador.

Por suerte, la decadencia de los regímenes clarifica mucho la situación presente y los ciudadanos ya no se zampan la mayoría de las teorías que les disparan los guardianes del procés. Nos espera un tiempo nuevo fantástico en el que todo caerá por su propio peso. Será más tarde o más temprano, pero la degradación de los cobardes y de las medias verdades resultará imparable. Espero que seamos suficiente gente como para desenmascarar todas las mentidas que se inventarán. Si no somos mucha gente esto se hará todavía más irrespirable…

(Fuente: El Nacional.cat / Autor: Bernat Dedéu)

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