Salmerón, julio, y Almería

Se cuenta que el almeriense Nicolás Salmerón abandonó la presidencia de la I República Española para no tener que firmar sentencias de muerte, pero lo cierto es que el 19 de julio de 1873 se reunió con el gaditano Manuel Pavía y Rodríguez de Alburquerque para ofrecerle el puesto de General en sustitución del cesado Ripoll que puso Pi i Margall, y le dijo, según relata el propio militar: “si consigue Vd. que un soldado dispare su fusil contra un cantonal, se habrá salvado el orden”.

Y es que en aquellos momentos Cartagena se había sublevado liderando un movimiento cantonalista que rápidamente se extendió por Andalucía y el levante peninsular, hasta el punto de que el 21 de julio de ese año, “en Despeñaperros, bastión inespugnable (sic) de la libertad”, los Federales llaman a la “soberanía” del “Estado Andaluz”.

Pero si los libros de los escolares andaluces ni tan siquiera mencionan este hecho siendo para los historiadores el movimiento más importante para la descentralización y modernización del Estado Español, tampoco relatan el papel de Salmerón, a quien la historiografía oficial reviste de una bondad casi tan alta como su intelectualidad.

Salmerón declaró “piratas” los barcos cartageneros -por tanto, españoles- que pretendían extender el movimiento cantonal, lo que significaba autorizar la aniquilación de su tripulación, que eran varios miles de personas, una circunstancia que para alguien que ha pasado a la historia como opuesto a firmar ejecuciones, no casa bien.

Pero más interesante para los almerienses, y que tampoco sale en los libros oficiales, es que Salmerón les impidió votar, elegir, decidir. No, a Salmerón parece que eso no le gustaba mucho, y cuando los cantonales llegaron al puerto de Almería el 29 de julio, con el general Contreras al mando de la fragata de hélice Almansa y la fragata blindada Vitoria, con dos regimientos a bordo, más un batallón de infantería de Marina, se negó a que los almerienses pudieran decidir libremente si querían unirse al movimiento o no.

La Diputación y el Ayuntamiento rechazaron pagar una contribución de guerra de 100.000 reales, pero lo más relevante es que tampoco quisieron que los almerienses pudieran pronunciarse sobre su adhesión,y por tanto la creación de un cantón o varios, y eso que en zonas como Berja, o Adra y alguno más como parece ser que Vera, había predisposición al cantonalismo, dejando claro que capital y provincia han tenido históricamente comportamientos distintos.

Todo eso provocó que en la mañana del día 30 los cartageneros bombardearan las defensas de la ciudad y los edificios militares, intentando evitar así puntos civiles, si bien mucha población había abandonado la capital por temor a un enfrentamiento armado.

¿Pero quienes eran aquellos a quienes Salmerón no quiso matar con su firma? Pues no, no eran los federales andaluces que declararon la independencia en Despeñaperros, ni los que defendían la Constitución del Estado Federado Andaluz, sino ocho soldados catalanes que en Barcelona se habían pasado al bando carlista.

La incoherencia de Salmerón es digna de estudio, como la de los propios almerienses que le profesan reconocimiento a él, y no a su hermano Francisco, quien al menos se presentó a las elecciones por Almería, fue diputado y fue ministro. Pero Nicolás llegó a presidente, y eso es lo que cuenta, parece ser, y por tanto se le perdona que como en Almería salió derrotado cuando se presentó a Cortes, pues luego lo hiciera por Badajoz… qué más da… y si luego hay que militar en Solidaridad Catalana siendo andaluz y habiendo sido beligerante contra el federalismo, pues no pasa nada.

Y si se forma parte del Partido Democrático y se impide que los almerienses decidan si quieren sumarse al cantonalismo o no, pues tampoco es relevante, y si se está en contra de la pena de muerte y luego se ordena matar a los federales, tampoco es digno de tenerse en cuenta, y mucho menos si se milita en una organización federalista.

Es por todo esto que cuando acaba el mes de julio, no puedo evitar acordarme de Salmerón, de sus absolutas incoherencias ideológicas, de su pragmatismo en beneficio propio con la excusa siempre del Estado y su razón, pero también me acuerdo de que quienes suelen ir cada 14 de Abril a darle un abrazo de hermandad, como si la I y la II República fuera lo mismo, colgándole una bandera tricolor cuando la del alhameño era roja y gualda, y olvidando todo lo que aqui contamos.

Eso sí, como es paisano… pelillos a la mar…

(Fuente: Noticias de Almería / Autor: Rafael M. Martos)

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