¿Por qué le toca a Irán?

Desde hace tiempo, el control de la hegemonía mundial está en disputa entre EE.UU. (actual poder hegemónico), Rusia y  China. El dominio mundial de EE.UU. está en cuestión desde la Segunda
Guerra Mundial, ya que el avance soviético hacia Europa dañó profundamente el dominio de EE.UU. Tras la caída del bloque soviético, Rusia quedó seriamente afectada, pero a efectos de Dominio Mundial, volvió a la competencia en pocos años, aunque siempre hubo un tercer país al acecho, China, el dragón durmiente. El dragón despertó y avanzó mucho en la competencia, haciendo su
economía y su poderío militar temblar el mundo.

Ante el avance de Rusia, EE.UU. se blindó con la Unión Europea y la OTAN. La propaganda antisoviética que se lanzó en Europa del Este (antigua parte del Bloque soviético) influyó en un odio
profundo hacia Rusia, aunque  quedaron países “prorrusos” como Bielorrusia, el cual añoraba a la madre patria, la URSS. En Ucrania influyó bastante la propaganda antirrusa, pero la influencia y la
dependencia hacia está era muy importante.

En Ucrania, en 2013, aumentando su propaganda antirrusa, el Imperio y sus lacayos financiaron un golpe encubierto beneficiando a los nazis, el conocido Euromaidán;  tras la victoria con
excepciones (República Popular de Lugansk, República Popular de Donetsk y Crimea) en Ucrania y la implantación de un Gobierno Nazi. 

Tocaba el momento de Bielorrusia: en 2014 lo intentaron, pero, conociendo lo ocurrido en el país vecino, el Presidente Lukashenko, no se andó con tonterías y aplastó el intento de golpe de Estado.

Desde el punto de vista de EE.UU., Rusia está vigilada y controlada por sus lacayos de la OTAN, ahora es el momento de vigilar a China, el otro poderoso rival. En el caso de China, EE.UU. la tenía vigilada desde la firma de la rendición incondicional de Japón tras la Segunda Guerra Mundial,
en la Guerra de Corea (1950-1953), quedó patentado de que EE.UU. iba a la caza de China, interviniendo en un guerra que no era suya y poniendo  casi todas las bases en la costa que da hacia
China, ¿casualidad?

La zona más poblada de China, la Oriental, con más de un 51% de la población, estaba controlada, a tiro de misil; pero China, al igual que Rusia, es un país muy extenso. Su parte del Oeste, la menos
poblada, con más o menos un 4% de la población, es una zona montañosa, amplia, extensa, rodeada de países “amigos”, países soviéticos.

EE.UU. vio otro filón con la guerra de Vietnam (1955-1975): si controlaba Vietnam y la zona de Indochina, tendría a China desde el Sur; pero falló el intento, fue una derrota dolorosa para el Imperio.

Todo cambió en 1989, con la retirada soviética de Afganistán, y se agudizó más el peligro con la caída del bloque soviético en 1991; los países del oeste de China, eran confusos, nuevos, sin
posicionamientos claros, por ahora.

EE.UU. descubrió un punto débil de China, el Oeste, nuevos países, fáciles de desestabilizar, fáciles de comprar, o eso creían. Con la retirada de la URSS en 1989 de Afganistán y su caída en 1991, su
influencia en la zona empezó a crecer. Con la Guerra del Golfo (1990-1991), el Imperio dio un subidón en la zona, tras la victoria puso bases en casi todo oriente medio, excepto en países claves como Irak, Irán, Afganistán, Siria y Yemen.

El 11 de Septiembre de 2001, con el ataque terrorista de falsa bandera en las Torres Gemelas, EE.UU. perpetró el ataque hacia dos países que se le escaparon en 1991, Irak y Afganistán, dos países que no fueron elegidos al azar: Con Irak y Afganistán en su poder, rodean a Irán; con Irak e Israel podrían cercar a los países costeros del Mediterráneo, como Siria, Jordania, Libano… Un golpe maestro.

Con esta nueva expansión, EE.UU. empieza a cerrar el círculo; sin embargo, tenía 3  obstáculos: Siria, Yemen e Irán. Debía intervenir en esa zona para completar la misión. En 2011 empezó el ataque a Siria: No hubo guerra declarada, el Imperio entrenó e introdujo en el país mercenarios a sueldo para provocar una guerra civil y desestabilizar el país; luego, con la entrada gloriosa de EE.UU. y un gobierno títere, ya controlarían otro país. Sin embargo, les salió mal, al entrometerse sus dos competidores por la hegemonía mundial, Rusia, más activa que China, vencieron a las fuerzas invasoras.

En 2015, Arabia Saudí (Perro Árabe de EE.UU.)  sin declaración de guerra, inició bombardeo de Yemen; a día de hoy, la victoria está lejana, ya que el pueblo yemení resiste heroicamente y lanza
ofensivas victoriosas.

Ahora, en Diciembre de 2017, le toca a Irán: los “rebeldes moderados” piden que vuelva el  Sha, más bien su hijo, un ricachón criado en los EE.UU. ¿casualidad?

Si EE.UU. consigue todos sus objetivos en la zona, crearía un pasillo desde su mayor base en la zona (Israel) hasta la mismísima China, que, en caso de Guerra, facilitaría la caída de Pekin, ya que ésta se defendería del ataque japonés y surcoreano mientras descuida su retaguardia; con la despoblación de la zona, las tropas estadounidenses darían un “paseo” hasta la capital.

No podemos tolerar que el Imperio desestabilice, masacre y arruine a países por miedo a perder la hegemonía mundial.

COMO EN SIRIA Y EN YEMEN, EN IRÁN EL IMPERIO NO PASARÁ.

Simón Guevara

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