Marketing con lunares y volantes: de la reapropiación cultural gitano-andaluza y los privilegios

Rosalía ha publicado un videoclip para su nuevo disco en el que mezcla el flamenco con el trap y la música electrónica. Este es el segundo disco de esta cantante catalana, quien tiene un amplio conocimiento del cante flamenco. Los mass-media la presentan como la nueva cara de la música flamenca y le otorgan entre sus logros estar acercando este estilo a los millennial.

El videoclip se llama ‘Malamente’ y ha causado una amplia polémica al resignificar los símbolos, que el discurso mediático llama “españoles”, para presentar una imagen actualizada y moderna de los mismos. El toreo, el flamenco y la Semana Santa como identidad histórica española llevada a una estética del siglo XXI, así lo cuenta la prensa. En el video aparecen jóvenes toreros junto a coches tuneados, tatuajes de vírgenes o un nazareno sobre un monopatín haciendo penitencia.

La utilización de la supuesta identidad española para fines comerciales no es nada nuevo. El costumbrismo español del siglo XIX ya usó la iconografía del toreo, el flamenco y los bandoleros para la promoción comercial de la “Marca España”. Pero si únicamente señalamos este proyecto musical como poco innovador en sus recursos nos estaremos quedando cortas.

La gravedad que se oculta detrás de la pretensión de resignificar símbolos españoles es que estos símbolos identitarios son andaluces y me atrevo a decir que en un porcentaje importante son gitano-andaluces. No en vano, la cantante catalana utiliza el acento andaluz y expresiones como “illo” en su canción, pero además utiliza palabras en caló, relaciona a la mujer gitana con lo esotérico, o nombra con orgullo el “brillo de sus corales”. Un fenómeno de reapropiación que convierte el símbolo en estereotipo.

La reapropiación de lo andaluz y lo gitano-andaluz como símbolos españoles con fines mercantilistas es una historia antigua. El gusto por lo exótico de la intelectualidad europea del siglo XIX hizo que numerosos viajeros descubrieran al mundo a los gitanos y gitanas andaluces. La visión de estos románticos asociaba al gitano con una forma de vida primitiva, nómada y libre muy acorde al gusto por lo exótico de esta corriente de pensamiento. No obstante esta visión romántica siempre fue de la mano de la construcción de una otredad estereotipada e inferiorizada donde el europeo blanco podía mirarse y construir su supremacía y su convencionalidad.

También viene de antiguo la identificación de lo gitano con lo andaluz. El mismo imaginario romántico llevó a identificar los rasgos de la identidad gitana con la cultura andaluza. Andalucía representaba la periferia colonizada que se presentaba como una realidad primitiva y exótica frente a la Europa industrializada. La imagen de las bailaoras y los volantes de lunares se convirtieron en el referente andaluz desde esta visión externa y estereotipada. La continuación a esta corriente romántica europea fue el costumbrismo, donde el imaginario español asume la visión estereotipada y colonial de Andalucía y la identidad gitana para ser su marca comercial en el mundo. El franquismo continuó con esta estrategia mercantilista de reapropiación cultural de lo gitano-andaluz, que lamentablemente no se ha superado a día de hoy.

El videoclip de ‘Malamente’ es prueba inequívoca de que aún no se ha revisado esta estrategia de marketing español.  Lo andaluz y lo gitano-andaluz siguen vendiendo al alza. Los volantes, los toreros, la Semana Santa o el flamenco son suculentas fuentes de ingreso para los mercados españoles y las ferias de turismo internacional.

Pero la perversidad mayor de esta mercantilización es que camina de la mano de la estigmatización, marginación, e inferiorización de la cultura andaluza y gitano-andaluza. El acento andaluz no es válido para presentar un programa en TVE pero sí para vender discos de flamenco en Barcelona; los sarcillos de corales no son válidos para trabajar en una entidad bancaria pero sí para un videoclip que fusiona trap y flamenco. En esa doble esquizofrenia viene relacionándose lo español y lo gitano-andaluz desde hace siglos.

Andalucía se concibe desde el exterior como periferia a pesar de estar geográficamente en Europa. Una cultura no-europea, no-desarrollada y no-moderna. Un pretendido subdesarrollo cultural que le sirve al poder para justificar la colonización económica que padece esta tierra, expoliada en sus materias primas y explotada para el turismo insostenible. Andalucía es colonia interna en el Estado español y eso se traduce en los índices de paro, y exclusión social que azota esta tierra.

Por su parte, el Pueblo Gitano ha sido la otredad por excelencia en el Estado español. La minoría donde mirarse para sentir la tranquilidad de ser normal. Cuatro siglos de persecución y genocidio a través de 250 leyes que buscaban la des-gitanización de un pueblo. Fruto de esta persecución una parte del pueblo gitano padece la exclusión social hoy en día, aún como castigo por su resistencia a doblegarse a las convencionalidades impuestas. Y la parte que no vive en exclusión sigue soportando igualmente el estigma del racismo institucional en su día a día.

Es en esa situación donde se lleva a cabo la expropiación cultural del pueblo andaluz y el pueblo gitano por parte de los mercados, en este caso el musical. Se trata de una imitación de las formas gitano-andaluzas desprovista de cualquier contextualización socioeconómica e histórica que da como resultado una performance grotesca como es este videoclip.

Habrá quien diga que se saca de quicio la cuestión con estas afirmaciones. A estos les digo que la reapropiación cultural en todos los tiempos y latitudes ha sido una estrategia más de opresión contra los pueblos sometidos. La reapropiación de la música o la artesanía de los pueblos indígenas en Los Andes es un ejemplo de ello. Un expolio cultural en pos del beneficio económico.

El videoclip de la cantante catalana no nos visibiliza con dignidad ni a las gitanas ni a las andaluzas y nos vuelve a esconder detrás de una caricatura. El proyecto sigue construyendo una imagen estereotipada de Andalucía y el Pueblo Gitano sobre la que seguir apuntalando los privilegios blancos y occidentales en el siglo XXI. Hemos sobrevivido a 400 años de persecución, así que nos seguirán encontrando en frente cada vez que pongan sus beneficios económicos por delante de nuestras legítimas aspiraciones de justicia histórica y social.

(Fuente: El Salto / Autora: Pastora Filigrana García)

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