Los hombres ante el feminismo

Soy un hombre a punto de cumplir 64 años. Llevo años reflexionando sobre feminismo pues creo que es un movimiento revolucionario que plantea la igualdad entre hombres y mujeres, nada más y nada menos.

Cada día vemos pequeños machismos, por ejemplo hombres que llaman histéricas a mujeres porque no pueden más y levantan la voz, cosa que nosotros hacemos constantemente; hombres que se sienten incómodos cuando un grupo de mujeres se toman unas cervezas y se ríen en un bar; hombres que ven a una mujer sola en la barra de un bar y creen que quiere ligar; las mujeres suelen viajar en compañía, salir en compañía, ir al cine en compañía porque a menudo solas hay hombres que les entran para ligar simplemente porque van solas; los y las camareras suelen dar a probar el vino a los hombres en cenas en pareja y suelen pasarle la cuenta a los hombres también.

Hay numerosas conductas del día a día que entre todos -sobre todo los hombres- normalizamos y  que demuestran lo lejos que aún estamos de la igualdad.

Demasiados hombres y jueces a día de hoy, y ya entramos en un machismo más grave, cuestionan que una mujer salga vestida como le dé la gana o salga a la hora que le dé la gana… La violación se relativiza, como hemos visto en la Manada ¿En serio podemos creer que una mujer puede ir con consentimiento pleno a un encuentro sexual con varios hombres en una escalera? ¿En serio creemos que después de una experiencia traumática como la de la víctima de la Manada todo lo que no sea el ingreso en un psiquiátrico o que se quede recluida en casa hace que no sea tan traumática y por tanto no sea violación?

Estos grandes machismos nacen, se apoyan y crecen en los pequeños. Cada vez que un hombre dice «esta pide guerra» blanquea la violación. Como decía Teresa de Jesús, perseguida por la Inquisición «Quien falla en lo poco falla en lo mucho».

El feminismo va de cara. Su movimiento antagónico -el capitalismo patriarcal- utiliza medios sutiles de creación de un relato de desprestigio del feminismo, sobre todo el de clase, el de las mujeres trabajadoras porque quiere legitimar el discurso de la explotación y del dominio en casa y fuera de casa, el de la brecha salarial. Quiere mujeres femeninas y no mujeres feministas.

El feminismo es un movimiento de liberación y el capitalismo nos quiere sometidas a todas las trabajadoras y trabajadores.

El patriarcado exige a la mujer no ser espontánea, ser buen padre está barato sólo tenemos que hacer lo normal que debe hacer un padre; en cambio ser buena madre está casi imposible, para ello una mujer ha de estar enterrada en vida.

La custodia compartida no es un derecho de los padres, los derechos que deben prevalecer son los de las hijas e hijos y las madres que los parieron suelen estar dispuestas a lo mejor para ellas, incluida la custodia compartida si así lo creen.

Aún  hoy cuando una madre sale de fiesta siempre hay un compañero o compañera que le pregunta ¿Con quién has dejado a la hija o hijo? Soy padre, jamás nadie me lo preguntó.

Aún hoy a partir de cierta edad  a las mujeres que no han sido madres nuestra sociedad patriarcal les hace sentir como si fueran menos mujeres.

Aún hoy más del 90 por cien de las personas cuidadoras de personas dependientes son mujeres.

Las administraciones autonómicas, que tienen las competencias suelen quitar con mayor facilidad la custodia a  las familias monoparentales o a las madres separadas.

En esta sociedad desigual los hombres de clase trabajadora que luchamos cada día contra el sistema capitalista que se lucra de nuestro trabajo, de nuestro ocio y de nuestra vida debemos luchar contra los privilegios que nos da el patriarcado y unirnos a las compañeras para acabar contra todo tipo de explotación y desigualdad.

Renunciar a esta masculinidad patriarcal y unirnos al  movimiento feminista para construir un hombre nuevo.

Lo primero que debemos hacer, para ello, es escuchar a las mujeres y no entrar en los debates feministas pues no se puede opinar de lo que uno no vive en carne propia. No invadamos los espacios de debate de las mujeres.

Por contra defendamos lo que plantea el movimiento feminista en nuestros propios espacios con otros hombres.

En los debates abiertos del movimiento feminista los hombres no debemos intervenir.

Hagámonos aliados del movimiento feminista y del movimiento LGTBI, el premio final es que los hombres podamos ser libres e iguales con nuestras compañeras y mirarnos a los ojos, de igual a igual, compartiéndolo todo y que las personas LGTBI puedan ser también libres e iguales en una sociedad donde nadie sea más que nadie y donde el poder radique en todas nosotras.

Así pues la lucha por acabar con el capitalismo y el patriarcado son inseparables porque la liberación de clase y de género y de orientación sexual y en Andalucía nuestra liberación nacional o se dan todas a la vez o la liberación no es completa y por lo tanto no es liberación.

(Fuente: Revista de Pensamiento Andaluz / Autor: Joan Batlle)

También te podría gustar...