La valía internacional del programa de Nación Andaluza

Nación Andaluza ha decidido participar en las elecciones autonómicas del 2 de diciembre de 2018 por varias razones obvias: divulgar mediante soluciones concretas que existe una identidad nacional andaluza; hacer presente la extrema gravedad de los problemas que asfixian a su pueblo; atraer y aglutinar sectores populares; mostrar que sí existen alternativas viables… Al margen ahora de los resultados que obtenga, hay que convenir que su decisión fortalece los profundos movimientos democrático-populares que van creciendo en el Estado y entre ellos los de los pueblos oprimidos nacionalmente. Son las concretas condiciones de su nación trabajadora las que le han llevado a dar ese paso, y la militancia de Nación Andaluza las conoce mejor que nadie.

En Euskal Herria, uno echa en falta la radical lucidez de su programa electoral que, entre otras virtudes, tiene también la de mostrar que, en lo esencial, sus propuestas pueden y deben ser debatidas y luego adaptadas en lo necesario por otros independentismos socialistas, e incluso muchas de ellas por las izquierdas de naciones no oprimidas.

Por «radical lucidez», en este caso, entiendo no la elaboración de un programa máximo de inmediata destrucción del poder capitalista y la inmediata formación de una República Socialista, sino la certidumbre política de que Andalucía necesita ya un programa factible de mínimas conquistas urgentes; un programa que enseñe mediante la pedagogía del ejemplo colectivo que la dialéctica de la libertad se enriquece en cada lucha diaria por pequeña, aislada e invisible que aparente ser. Por «factible» entiendo precisamente eso: que son perfectamente alcanzables mediante la sistemática y planificada acción sociopolítica consciente de que, más temprano que tarde, deberá desbordar la marea autoritaria en ascenso.

El programa tiene catorce apartados con 166 reivindicaciones concretas que surgen del debate colectivo sobre las contradicciones que destrozan la vida y el futuro del pueblo trabajador de Andalucía. De aquí esa radical lucidez a la que me he referido y que muchas y muchos abertzales echamos en falta precisamente ahora que se acercan elecciones en 2019. El programa de Nación Andaluza es un programa táctico de esencia popular, obrero, campesino, antipatriarcal, socioecológico, internacionalista…, que también plantea reivindicaciones asumibles por sectores de la pequeña burguesía y por las mal llamadas «clases medias», arruinadas y con ambigua conciencia nacional, pero siempre bajo la clara estrategia independentista y socialista. Consiguientemente, es un programa para la mayoría inmensa porque de principio a fin marca la nítida separación entre la propiedad capitalista inseparable de la dominación española, y la necesidad objetiva de que Andalucía sea ella propietaria de sí misma.

Una a una y todas en su conjunto, las 166 propuestas llegan de un modo u otro al borde de la cuestión clave: las múltiples formas de propiedad burguesa que amparadas en última instancia en el Estado español impiden el desarrollo de las potencialidades emancipatorias insertas en esas contradicciones que deben superarse. Conforme se autoorganiza y expande la dialéctica de la libertad, se descubre lo ineluctable del choque entre las luchas concretas estratégicamente coordinadas y orientadas, y el poder sociopolítico del capital. Si las 166 propuestas fueran limitada y pobremente tácticas, separadas por un abismo insondable de la opresión nacional de clase que sufre Andalucía, y si carecieran de unidad estratégica, entonces serían asumibles por el reformismo y su mentalidad sumisa. Pero no es así. Al contrario, esa unidad estratégica las cohesiona internamente y refuerza su naturaleza inasimilable incluso analizada una a una.

La idoneidad del programa de Nación Andaluza es incuestionable porque demuestra que existen soluciones reales a los problemas que angustian a la vida popular. Bajo el dictado de la industria mediática, del mercado del voto y de todas las formas de manipulación, se multiplica la precariedad de la existencia que depende de factores externos incontrolables, de la incertidumbre de un salario de miseria que empequeñece cada día, del plomizo lastre de unas instituciones corruptas e impenetrables por su densa burocracia. En este contexto, es fundamental proponer al pueblo obrero, campesino, a la mujer trabajadora aplastada en todos los sentidos, debatir sobre un programa con soluciones concretas que él mismo puede mejorar y ampliar en su vida concreta, cotidiana e inmediata.

Por ejemplo, es decisivo mostrar cuánto mejora y por qué su quehacer diario de las clases explotadas y su futuro practicando la recuperación de la lengua andaluza, menospreciada incluso con racismo por la cultura y la política española. Este ejemplo es uno de tantos cientos que surgen de los 166 puntos propuestos.

Acabando, con esta decisión Nación Andaluza está ahondando sobre todo en una de las profundas quiebras que minan al Estado desde, al menos del siglo XVII: la de la debilidad de la «burguesía nacional» española para asentar un orden mínimamente democrático desde incluso los actuales parámetros neoliberales. Si yo fuera andaluz, les votaría, pero como no lo soy asumo la valía internacionalista de su programa.

IÑAKI GIL DE SAN VICENTE

EUSKAL HERRIA 20 de noviembre de 2018

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