La ideas ajenas que hunden al colonizado y al votante progre

Cuenta Paulo Freire la anécdota siguiente [1]:

Cierta comunidad aymara en Bolivia estaba padeciendo desnutrición, sobre todo en niñas y niños. Las mujeres y hombres de esa comunidad producí­an leche y huevos. Cuando se les explicó que esos alimentos eran ricos en proteí­nas y que harían muy bien en incorporarlos a la alimentación cotidiana, los aymara respondieron que si hacían eso, si les daban a sus niños y niñas leche y huevo, tardarí­an en hablar, incluso podrí­an quedar mudos para siempre.

Buscando Freire el origen de esta creencia, los aymara le respondieron que la misma vení­a desde hace siglos, y que fue una ocurrencia de los conquistadores: ellos se llevaban los huevos y la leche, a cambio les dejaron esa creencia, esa prohibición.

Lo llamativo, observa Freire, es lo que sigue: a pesar de ser conscientes del origen de esa creencia, la continúan respetando. Y dice Freire que ningún catedático ni estudiosos de nada podrían convencer a los aymara de lo contrario.

Y acerca de esta interpretación: lo más difí­cil del colonizado no es sacarse de encima el cuerpo del opresor, sino las IDEAS que el colonizador ha dejado sobre el colonizado. IDEAS que son, muchas veces, contrarias a sus propios intereses, IDEAS que atentan contra su bienestar.

Es decir, IDEAS que defiende porque son muy difÍ­ciles de no defender. di dejara de defenderlas, si aceptara que toda esa creencia no es otra cosa que un gran engaño estarí­a trastocando no solo esa idea sino toda una red conceptual de Ideas. Estarí­a aceptando poco menos que una completa metamorfosis de sí­ mismo.

Si reemplazamos «colonizado» por «votante progre» y «colonizador» por «clase burguesa», la analogía se cae de madura.

Hay gente a la que el reformismo hundió en el desempleo y la tristeza, y, sin embargo, tozudamente vuelve a votar lo mismo.

Votar aquello, elegir aquello que sé que pone en riesgo mi vida, porque hay en mí IDEAS que no me pertenecen, que pertenecen al opresor, que me dañan. IDEAS que vienen a quitarle a mis hijos el pan de la boca, y sin embargo, elijo.

No son ignorantes los aymara. No son ignorantes los votantes progres. Pasa por otro lado. Por otro lugar. Un lugar tan íntimo como consciencia. Más íntimo aún: lo inconsciente.

Y, quizá , algo del capricho y el tesón del asno que tira y tira, aún sabiendo que está al borde del abismo.

(Fuente: Canarias Semanal / Autor: Eduardo Fernández [2])

Notas:

[1] La anécdota en cuestión está editada en el cap­ítulo III de «La pedagogía de la pregunta», 1986

[2] Eduardo Fernández es miembro del colectivo guevarista Amigos del Che y del Centre Social Autogestionat el cargoll

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