Islamofobia de género en la prensa del Régimen

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Los intereses económicos y geoestratégicos de lo que se ha venido en llamar “Occidente” han llevado a construir un relato del Islam incompatible con la liberación femenina a través del invento de la imagen de la mujer musulmana con hiyab como espejo del igualmente construido arquetipo de la mujer occidental liberada, a pesar de la dimensión revolucionaria y emancipadora para las mujeres que, en contraposición con la experiencia europea cristiana, tuvo el surgimiento del Islam en el contexto de la Arabia pre-islámica misógina y patriarcal (Adlbi Sibai, 2012: 62-63). Comprobaremos la existencia de esta narrativa en los medios de comunicación del régimen mediante el comentario de una entrevista y dos textos de opinión redactados por sendas/os novelistas aupados en su día por el grupo de comunicación Prisa (si bien el segundo de ellos, como veremos, difunde sus columnas en otra macroempresa periodística).

El diario El País nos servirá de primer ejemplo para verificar este discurso. El rotativo social-liberal, tradicionalmente, ha llevado inscrita en su línea editorial la justificación, aun con ciertos matices relativizadores (contar con los avales de la ONU y otras circunstancias, como que haya presidente del Partido Demócrata en la Casa Blanca), de las agresiones imperiales de Estados Unidos y sus aliados en los Estados con población de mayoría islámica: “el deseo de liberarse de la creciente influencia árabe y paquistaní hizo a muchos afganos concebir en la invasión estadounidense una cierta esperanza de paz y trabajo. El sueño americano obnubiló a los afganos por un instante, pero el segundo grave error de George Bush —la guerra de Irak— le forzó a descuidar Afganistán y dejar a un lado sus compromisos para con la sociedad afgana”; es decir, el ejército de EE.UU. fue a Afganistán no a asesinar, violar y convertirlo en un narco-Estado para que el Gobierno de Washington en representación de las corporaciones transnacionales controlara sus recursos energéticos, sino para llevar la democracia, la modernización, la liberación de la mujer y la apertura política, aunque “descuidó, a causa de Irak, sus compromisos con los afganos” (“Lecciones no aprendidas de Afganistán”, 16/XII/20121).

Al objeto de reforzar el presunto carácter retrógrado del islam (y de las mujeres musulmanas), El País dedica una entrevista a Wassyla Tamzali, nacida “durante la colonización francesa” en Argelia, cuyo “padre fue asesinado por un militante del Frente de Liberación Nacional”, la cual creció “como burguesa, francófona y laica rotundamente contraria al velo”, el cual considera “«un signo absoluto de dominación»” porque “«es absolutamente incompatible ser feminista y llevar el velo»“, al tiempo que “carga contra el feminismo islámico, que considera un oximorón”, mientras que (¡atención!) “Tamzali alaba la sociedad occidental por “no estar basada en la distinción de sexos” (23/XII/20162). En la sección de opinión, el periódico de Prisa lleva a cabo la estrategia propagandística de la orquestación (Domenach, 1986) reiterando el mismo mensaje, si bien adaptado a los diferentes públicos, en distintos lenguajes, como hace a través de una de las columnistas de la socialdemocracia española, la novelista Almudena Grandes, quien, en una columna de contraportada titulada, significativamente, “Cabezas”, y cuya redacción fue motivada por su visión de las revueltas árabes de 2011, escribe: “yo nací en España hace 50 años, y por eso sé que los velos no son una seña de identidad religiosa, sino una mutilación simbólica. Vi demasiadas veces a mi madre con un pañuelo en la cabeza como para tragarme lo contrario. […] Este es el momento de plantearse la legitimidad de un movimiento democrático que excluye la libertad pública y privada de las mujeres” (7/III/20113). Estamos ante la creación de la dicotomía entre occidente (ya) igualitario e islamismo machista. De esta manera (de nuevo, Adlbi Sibai, ibíd.: 60-62),

<< El constructo mujer musulmana con hiyab es un discurso colonial polivalente. Simplifica, por un lado, la pluralidad de condiciones y realidades de las personas de confesión musulmana, a la vez que reduce la complejidad del Islam a través de la invisibilización de la infinidad de lecturas, corrientes ideológicas y variables culturales y políticas del mismo, presentándolo como un bloque homogéneo, monolítico y estático. […]

La corriente feminista laica en su trayectoria occidental tuvo una relación de extrema beligerancia con el cristianismo católico; de hecho, puede incluso afirmarse que nació en contraposición al mismo […] configurándose, asimismo, en respuesta a unas necesidades concretas: derecho al voto, al divorcio, al aborto, a la independencia económica, etc. […] Cuando las recetas feministas occidentales se trasladaron al lugar de un universalismo abstracto, se estaba asimismo imponiendo la universalidad de una trayectoria que violentaba las demás. […] El laicismo aquí podría definirse como otra religión que surge en respuesta a la religión católica, una especie de mística materialista, se trata de otro punto de vista más, que sin embargo no trasciende tampoco la cosmogonía cristianocéntrica. >>

Es necesario, al llegar a este punto, introducir una concreción que incluya las especificidades históricas y sociales del Estado español, particularmente en lo que respecta a los ocho siglos de Estado(s) andalusí(es) en la península Ibérica, al período de la conquista de los reinos del Norte peninsular y a la presencia colonial española en Marruecos entre 1912 y 1956, de acuerdo con la cual se define el concepto de Islamofobia no como el rechazo al Islam, sino como una forma de discriminación basada en características étnico-culturales, lo que da lugar “a una actitud hostil hacia el Islam y los musulmanes basada en la imagen del islam como enemigo, como una amenaza para «nuestro» bienestar e, incluso, para «nuestra» supervivencia” (Bravo, 2010: 193). Las especificidades de la llamada ‘Reconquista’ generaron la legitimación de una imagen negativa del islam, esto es, el dibujo de un estado constante de confrontación con la civilización islámica, reforzada a través de una serie de conflictos históricos y geopolíticos (Martín Corrales, 2004: 40). La Islamofobia se erige en forma de discriminación según la cual la población percibe lo musulmán como cultura lejana e inferior, que en todo caso tiene la posibilidad de evolucionar y adaptarse a ‘nuestras’ propias normas y valores (Desrues, 2008: 24; vid. supra).

En un reciente tercer texto periodístico que traemos aquí a colación, el académico de la RAE Arturo Pérez Reverte, miembro de esta “artillería de «expertos» racistas/sexistas epistémicos en Occidente” que “habla con autoridad sobre el islam, sin un conocimiento serio de la tradición islámica” (Grosfoguel, 2011: 353-354), se vale del citado invento islamófobo de la mujer musulmana con hiyab (Adlbi Sibai, op. cit.: 63) construido tanto, por un lado, para invisibilizar los intereses geoestratégicos y económicos de Occidente y su responsabilidad directa en la perpetuación de las crisis, guerras y hambrunas que perjudicarán el desarrollo de los derechos y libertades de todos los individuos de la sociedad (empezando por las mujeres afganas asesinadas y violadas en parte debido al ascenso de los mujahidin gracias al apoyo logístico y armamentístico estadounidense) como, por otra parte, para proyectar la imagen de salvaje en el espejo que devuelve automáticamente la imagen contraria de una mujer occidental libre, liberal y liberada (dibujo que oculta su subalternización real). Tomemos algunos fragmentos de la deyección de Pérez Reverte en la que, recreando una vez más ese mismo constructo utilizado por la socialdemócrata Almudena Grandes desde las páginas de El País (algunos párrafos más arriba), carga esta vez, desde una óptica de extrema derecha, a través de su columna Patente de corso para XL Semanal (grupo Vocento) contra lo que considera, de acuerdo con su título, “Maestras con hiyab y otros disparates” (5-11/III/2017)4:

<< en poco tiempo esas profesoras con la cabeza cubierta estarán dando clase a niños pequeños de ambos sexos. También a niños no musulmanes, y eso en colegios públicos, pagados por ustedes y yo. O sea, que esas profesoras estarán mostrándose ante sus alumnos, con deliberada naturalidad, llevando en la cabeza un símbolo inequívoco de sumisión y de opresión del hombre sobre la mujer –y no me digan que es un acto de libertad, porque me parto–. Un símbolo religioso, ojo al dato, en esas aulas de las que, por fortuna y no con facilidad, quedaron desterrados hace tiempo los crucifijos. […] incluida, claro, la visión que esos jovencitos tendrán sobre los valores de la cultura occidental, desde los filósofos griegos, la democracia, el Humanismo, la Ilustración y los derechos y libertades del Hombre –que el Islam ignora con triste frecuencia–, hasta las más avanzadas ideas del presente.

Lo de las profesoras con velo […] Es contradecir un progreso y una modernidad fundamentales, a los que ahora renunciamos en nombre de los complejos, el buenismo, la cobardía o la estupidez. Como esos estólidos fantoches que, cada aniversario de la toma de Granada, afirman que España sería mejor de haberse mantenido musulmana.

Y mientras tanto, oh prodigio, las feministas más ultrarradicales, tan propensas a chorradas, callan en todo esto como meretrices –viejo dicho popular, no cosa mía– o como tumbas, que suena menos machista. >>

Encontramos, pues, un perfecto compendio de islamofobia de género en el que, efectivamente, se devuelve al ilustrado y moderno Occidente la imagen del salvaje y retrógrado Islam infantilizando a las mujeres como si necesitaran que les enseñaran a quitarse el velo. Suponemos que en su estereotipo englobará a la “mejor profesora del mundo 2006”, la palestina Hanan al-Hroub, ganadora, en competición con otras/os 8000 docentes, del premio considerado como el “Nobel de la enseñanza”, maestra con hiyab en una escuela pública a las afueras de Ramala, dedicada a la docencia después de que soldados israelíes dispararan a su marido y a dos de sus hijas, y quien al terminar la secundaria no pudo cumplir con su sueño de ir a la universidad ya que durante la primera intifada (1987-1993) todos los centros universitarios en Palestina cerraron sus puertas. La profesora fue elegida por el jurado después de que participara en una sesión práctica en la que mostró su método para “jugar y aprender” desarrollado durante su experiencia con alumnado entre seis y diez años que viven en un ambiente de violencia endémica para que en su “clase reine la paz, la armonía y la seguridad” (Eldiario.es, 20/III/20165). Para Pérez Reverte parece ser más atentatorio contra la laicidad estatal en materia educativa la presencia de una maestra con pañuelo en la cabeza en “esas aulas” en las que se supone que “quedaron desterrados hace tiempo los crucifijos” (en absoluto la profusión de simbología católica, como quien esto escribe ha tenido ocasión de comprobar año tras año a lo largo de su experiencia como docente) que la instauración oficial, por ley, “en colegios públicos, pagados por ustedes y yo” (por seguir citando sus palabras), de catequistas católicas/os. Eso, sin contar con las cuantiosas subvenciones a los centros educativos privados, en su inmensa mayoría pertenecientes a la Iglesia católica, a costa del presupuesto de los colegios e institutos públicos (en los presupuestos generales de la Junta de Andalucía para 2017, el incremento para la enseñanza privada subvencionada fue del 2,7% frente al exiguo 0,28% de la pública6). Como puede esperarse, la incoherencia del novelista best-seller le permite perfectamente encontrar en el hiyab un “símbolo inequívoco de sumisión y de opresión del hombre sobre la mujer” al tiempo que se vale precisamente de uno de ellos cuando invisibiliza a esta última al exaltar, en su expresión verbal de lenguaje no inclusivo, “los derechos y libertades del Hombre” (sí; con mayúsculas) y rescata (tirando la piedra y escondiendo la mano con la aclaración “no cosa mía”) refranes con fuerte impronta patriarcal y putófoba (“callan en todo esto como meretrices”) en su alegato antifeminista (por traducirlo evitando la lítote: machista).

Hay que decir que, en todo caso, el laicismo es una respuesta localizada cultural e históricamente que busca la separación del poder político de la Iglesia católica en el siglo XVIII europeo (“la Ilustración” a la que se refiere Pérez Reverte). De este modo, la religión cristiana se convierte en “La Religión” en mayúsculas, en un instrumento eurocéntrico de observación de las diferentes realidades que generará eurocentrismo y, con ello, violencia epistémica (Adlbi Sibai, ibíd.).

Naturalmente, el autor recrea la narración mítica de la generación espontánea del ‘milagro griego’ del que hace arrancar el hilo conductor que lleva a la democracia, el humanismo, la Ilustración y “los valores de la cultura occidental”, entre los que cabe colegir que no se referirá precisamente al genocidio y exterminio capitalista. Para trazar esta línea de continuidad imaginaria son necesarias varias premisas, al objeto de que la realidad histórica no estropee una buena mitología. En primer lugar, llamar filósofos griegos, antes de Sócrates, a pensadores no griegos (del Imperio Persa, Asia Menor, Mileto, Elea, Éfeso, y cuyo pensamiento se nutre Oriente, Persia, el Creciente Fértil y la India) como Tales, Anaxímenes, Anaximandro, Pármenides o Heráclito solo porque escribieron en griego, una de las lenguas de cultura del momento como hoy lo es el inglés (Medina Molera, 2008: 6). Dicha ideología europea ha fabricado ese mito de excepcionalidad a la hora de justificar su exterminio y expolio colonial minimizando los valores y productos de las distintas culturas del mundo, o bien ocultando lo que de ellas ha tomado en los terrenos filosófico o científico-técnico. Así, su sencilla doctrina consiste en (Césaire, 2006: 13-40)

<< Que Occidente inventó la ciencia. Que solo Occidente sabe pensar; que en los límites del mundo occidental comienza el tenebroso reino del pensamiento primitivo […]. Quedan, por supuesto, algunos hechos menores que oponen resistencia, a saber: la invención de la aritmética y la geometría por los egipcios; el descubrimiento de la astronomía por los asirios; el nacimiento de la química entre los árabes; la aparición del racionalismo en el seno del islam en una época en la que el pensamiento occidental tenía una apariencia furiosamente prelógica. Pero esos detalles impertinentes […] los despacha rápidamente con severidad y es el principio formal de «que un descubrimiento que no forma parte de un conjunto» no es […] sino un detalle, es decir, una fruslería sin importancia. […] >>

El segundo requisito de este recorrido mitológico es catalogar como “democracias” a sociedades como la ateniense de la Antigüedad, en la que había una proporción de al menos 18 esclavos por cada ciudadano masculino adulto de Atenas; es decir, 365.000 esclavos, cuyo “consecuente silenciamiento hace pensar que se trata de un olvido intencionado” o bien que, de considerar que “el Estado ateniense era una democracia, esos 365.000 esclavos no podían considerarse seres humanos” (Romano, 1998: 48).

La tercera premisa es practicar la lobotomía historiográfica de aludir al “humanismo” como término opuesto al Islam (“estólidos fantoches que, cada aniversario de la toma de Granada, afirman que España sería mejor de haberse mantenido musulmana”, por rescatar su exabrupto) omitiendo del relato histórico el Renacimiento experimentado en Al Andalus (González Ferrin, 2007), civilización de preeminente componente musulmán (aunque en absoluto exclusivo, sino junto con el judaísmo y cristianismo andalusíes) en el que la racionalidad era un precepto central, y cuya filosofía (como la astronomía, la biología, la matemática o la física), con sus lógicas aportaciones propias, permitió la llegada al subcontinente europeo de los arriba citados pensadores, fundamentales para las ciencias modernas consideradas “occidentales”, de manera que mientras en Al Andalus se estudiaba y profundizaba en dicha filosofía, en el mundo de la cristiandad medieval no andalusí quien tuviera copia de un libro de Aristóteles era castigada/o por la Inquisición. Por extensión, “mientras Europa estaba sumida en una superstición feudal oscurantista de la cristiandad durante lo que se conoce como la Edad Media, la escuela de Bagdad (ciudad central de la civilización islámica) era el centro del mundo en la producción y la creatividad científica e intelectual. Por ejemplo, la escuela de astronomía de Bagdad descubre 8 siglos antes que Europa que la tierra no es el centro del universo” (Grosfoguel, 2011: 348).

Como complemento a todo este artificio ficcional, el autor de la columna carga contra los “estólidos fantoches que, cada aniversario de la toma de Granada, afirman que España sería mejor de haberse mantenido musulmana”. Esta sentencia no duda en aplicar un concepto inexistente (“España”) en el momento histórico al que alude y confunde “musulmana” con andalusí (en Al Andalus había población musulmana, judía y cristiana). Probablemente Pérez Reverte respire aliviado de que “las más avanzadas ideas del presente” no corran peligro de contaminación en su querida “España” limpia de libros escritos en árabe y aljamía, dado que “La biblioteca de Córdoba, que tenía alrededor de 500.000 libros en la época en la que la mayor biblioteca de la Europa cristiana no tenía más de 1000 libros, ardió en el siglo XIII. Muchas otras bibliotecas tuvieron el mismo destino durante la conquista de Al-Andalus hasta la quema final de más de 250.000 libros de la biblioteca de Granada por el Cardenal Cisneros a comienzos del siglo XVI” (mismo autor, 2013: 42-43).

Es así cómo el columnista exalta los “valores de la cultura occidental”. En efecto, al defensor de la Europa responsable de la más alta tasa de cadáveres de la historia (Césaire, ibíd.; vid. supra),

Después de haber vinculado la ciencia, helo aquí reivindicando la moral. […] La conclusión se impone: frente a los antropófagos, a los descuartizadores y a otros comprachicos, Europa y Occidente encarnan el respeto de la dignidad humana.

Pero pasemos de largo [de] Argelia, Marruecos y otros lugares en los que […] tantos valientes hijos de Occidente prodigan a sus hermanos inferiores de África, con tan incansables cuidados, en el claroscuro de los calabozos, estas auténticas señales de respeto de la dignidad humana que se llaman, en términos técnicos, «la bañera», «la electricidad», «el cuello de botella».

En suma, continuemos con nuestros chubasqueros y mascarillas para el aluvión de purplewashing racista que continuará arreciando en los medios del régimen, al objeto de que alcancemos a ver el munífico potencial liberador para las mujeres de los despliegues de la OTAN en Oriente Medio.


Manuel Rodríguez Illana

REFERENCIAS

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DESRUES, Thierry (2008). “Percepciones del Islam y de los musulmanes en los Medios de comunicación en España”, Conferencia “El diálogo intercultural: un reto para las creencias y las convicciones”, Comsión Europea, Bruselas, 11 de noviembre de 2008. Disponible en: http://digital.csic.es/bitstream/10261/30745/1/Thierry%20Desrues%20El%20dialogo%20intercultural.%

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– (2011): “Racismo epistémico, islamofobia epistémica y ciencias sociales coloniales”, Tabula Rasa, 14, pp. 341-355, enero-junio 2011. http://www.revistatabularasa.org/numero-14/15grosfoguel.pdf

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ROMANO, Vicente (1998): La formación de la mentalidad sumisa. Madrid: Endymion. http://www.rebelion.org/docs/121965.pdf

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