Francisco I absuelve de todos sus crímenes al ejército colombiano

Jamás hubiéramos pensado que la manipulación del gobierno con la visita papal iba a adquirir una dimensión tan vil y descarada. Porque este viaje ha tenido más un carácter oficial y progubernamental que apostólico. El papa ha tomado partido. El gobierno colombiano aprovecho la visita para hacer propaganda a favor de las FF.AA (ejército del “amor y de la paz”). Lo mejor es mantener a la plebe en la inopia dominada por el fuego fatuo de la religión, cautivos y esclavos de las supersticiones para que así olviden la crisis social y económica que padecen.

En todos los actos en que ha intervenido Francisco I han intentado alevosamente culpabilizar a la guerrilla, los paramilitares o los narcotraficantes de los males que ha sufrido y sufre nuestro país. “El ejército colombiano es una víctima y no un victimario”, dijo. Tales aseveraciones nos causan una profunda indignación pues es de todos sabido que el principal responsable de la conflagración bélica es el Estado colombiano.

Esto nos recuerda ese infame episodio cuando el papa Pio XII bendijo a las tropas de Hitler. No nos debe extrañar para nada el oprobioso accionar de la iglesia católica. El presidente Santos ha ejercido de cicerone y ha elaborado una agenda muy bien diseñada en honor al papa. Con premeditación y alevosía seleccionaron a los interlocutores y, en especial, a las víctimas del conflicto – entre las que no incluyeron a ningún guerrillero o ciudadano afectado por los deleznables crímenes cometidos por la fuerza pública o los organismos de seguridad del estado.

Todas las “victimas” que han salido a la palestra como protagonistas son los arrepentidos, los desmovilizados, o la soldadesca “héroes de la patria”, aduladores del régimen genocida colombiano o mercenarios de su causa. Ningún guerrillero ha tenido la oportunidad de ejercer su derecho a la libertad de expresión y contar la verdad. Porque la censura impuesta por los propios militares no iba a permitir la disensión u otras versiones de la historia. El mejor ejemplo de impunidad y de mentiras prefabricadas es lo que aconteció en el holocausto del Palacio de Justicia en 1985 cuando los mandos de las FF.AA dieron la orden de arrasar, exterminar, torturar y ejecutar a todo aquel sospechoso de haber sido cómplice del M19. Las victimas de ese horrible crimen de Estado tampoco fueron recibidas por el papa. Esa es la falsa política de la reconciliación que pregona Juan Manuel Santos, el Santo de la Paz.

La visita de Francisco I ha sido programada directamente por la cúpula militar en connivencia con las autoridades del Palacio de Nariño, la curia Vaticana y la Conferencia Episcopal Colombiana. Es decir, los estamentos más reaccionarios de nuestra sociedad. Es por eso que impidieron que el papa se reuniera con los miembros del secretariado de las FARC [tampoco crean que Francisco I insistió en esa reunión]. Así queda demostrado que no es la sociedad civil sino el ejército colombiano el que tutelan el proceso de paz y la guerrilla debe acatar todas sus órdenes.

Ese ejército ha sido responsable a los largo de su historia de infinitos crímenes y violaciones de los derechos humanos. Pero el papa ha preferido mantener un silencio cómplice y ni siquiera ha nombrado a las víctimas de las ejecuciones extrajudiciales o falsos positivos. Defender la libertad y el orden exige mano dura y corazón grande. Todos estos crímenes el santo padre con total indolencia los ignora, los olvida y los omite. Mientras consagra la hostia santa en nombre del supremo hacedor y eleva oraciones al cielo para que brote la semilla de la paz y la reconciliación entre los colombianos.

Bergoglio disfrazado de papa divide el mundo de la forma más infantil: los buenos y los malos, los justos y los pecadores (con los que seremos generosos y les perdonaremos la vida), dios y el diablo. El Vaticano no puede dar lecciones de ética y de moral, la religión católica ha sido inductora de guerras de religión, cruzadas, matanzas, persecuciones. La iglesia católica siempre se ha aliado con los imperios y ha bendecido la conquista, expolio y la esclavitud. Y además de todo esto es la culpable de uno de los pecados más sucios y procaces como es el de la pedofilia. Violando y abusando niños por amor a dios y a Cristo nuestro señor. Pero lo cierto es que no serán juzgados en la tierra sino en el cielo…

Todos los actos de la visita del papa estuvieron cargados de sentimentalismo y exagerada sensiblería con el fin de desgarrar el corazón de los fieles. Porque el pueblo colombiano tiene hambre de dios. La comedia debía seguir un guion preestablecido por los asesores de Palacio y del Ministerio de la Guerra (eufemísticamente llamado de Defensa). Era imprescindible repetir hasta la extenuación la palabra paz. Así se hicieron realidad los principios goebbelianos que dicen que “una mentira repetida mil veces se convierte en una verdad”.

El discurso del papa reveló su gran hipocresía durante el encuentro que sostuvo con las víctimas del conflicto armado (excluidas las FARC) en el parque de las Malocas de Villavicencio: “Hay esperanza para quien hizo el mal; no todo está perdido, es cierto que en esa regeneración moral del victimario la justicia tiene que cumplirse”. “Resulta difícil aceptar el cambio de quienes apelaron a la violencia cruel para promover sus fines para proteger negocios ilícitos y enriquecerse o para, engañosamente, creer estar defendiendo la vida de sus hermanos”. “Ciertamente es un riesgo para cada uno de nosotros confiar en que se pueda dar un paso adelante por parte de aquellos (FARC- paramilitares) que infligieron sufrimiento a comunidades y a un país entero”.

El papa a su llegada a la sección militar del aeropuerto el Dorado de Bogotá (CATAM) le dio la bienvenida el gobierno en pleno acompañado por la cúpula militar. Un “emotivo acto” en el que se hicieron presentes los soldados [pero no los activistas campesinos ni los guerrilleros] mutilados y heridos a causa del conflicto bélico. “Los soldados de Colombia también somos soldados de dios”, “los héroes que permitieron que hoy estemos celebrando que tenemos paz”, según palabras del presidente Santos. El sumo pontífice respondió emocionado alabando “lo que hacen por la paz, poniendo en juego la vida, y eso es lo que hizo Jesús. Nos pacificó con el padre, puso en juego su vida y la entregó. Esto los hermana más a ustedes con Jesús”. Luego rezó una oración por los caídos en la guerra como reconocimiento a las autoridades y los jefes castrenses que lograron la paz. Tengan fe. Amén.

(Fuente: La Haine / Autor: Carlos de Urabá)

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