España, moción de censura: Salvar al Régimen

¿Cómo no alegrarse por la caída de M. Rajoy? Este infausto personaje ha conseguido concitar todo el desprecio, el dolor y el asco de la mayoría, sojuzgada por su altanería, su despotismo represor y sus recortes salvajes. Desde quitarle los medicamentos gratuitos a los pensionistas a acabar con cualquier derecho laboral digno de tal nombre. Desde echarle cara de cemento al latrocinio permanente de las arcas públicas al encarcelamiento de huelguistas, cantantes, tuiteros y políticos demócratas.

La moción de censura hace que la correlación entre las distintas fuerzas políticas operantes aparente cambiar. En una “luna de miel” impensable hasta hace unos días, la izquierda burguesa (PSOE) y pequeño burguesa (Podemos) parecen entenderse frente a los “novios de la muerte”, y todos despedimos con exabruptos y divertidos memes al registrador de la propiedad.

Pero, desgraciadamente, ese cambio va a ser bastante superficial, y no afectará a las relaciones de poder –esto es, del verdadero poder–, que permanece intocado.

Las leyes represivas que habían contribuido a desfondar las movilizaciones, ya no conseguían frenar la nueva ola de protestas. La putrefacción del viejo partido fascista (PP), ahogado en corrupción e inoperancia, abría paso al ascenso del nuevo partido falangista (C’s), aupado en millones de las grandes corporaciones y su propaganda televisada, dispuestas a promocionar a un nuevo valedor de sus inmensos beneficios y a endurecer aún más la explotación de los asalariados.

Pero, a la vez, la descomposición del régimen se había acelerado. La administración de “justicia”, intocada desde el franquismo, ha resultado cada vez más odiosa y quedado cada vez más desenmascarada. Las policías, con su ola de multas arbitrarias amparadas en la “ley mordaza”, están desacreditadas. La situación en Cataluña fuera de control, con una lectura internacional crecientemente desfavorable. Y la operación “relevo” con C’s no iba a llegar a tiempo.

La oligarquía española, muy baqueteada en estas lides, necesitaba un recambio antes de que la cosa fuera a más. La sentencia del primer juicio del caso Gürtel ha dado la excusa perfecta. Inservible ya como presidente del gobierno, la patada a M. Rajoy propicia un lavado de cara de las instituciones del régimen y una válvula de escape a la indignación popular.

Pedro Sánchez, líder en precario de un partido oligárquico, monárquico y cómplice del estado de excepción en Cataluña, se nos presenta ahora como abanderado de la “democracia” y de las políticas progresistas, aunque en realidad no se ha comprometido a nada.

¿Saldrán los presos políticos de las cárceles? No parece probable. ¿La “ley mordaza”? Ya ha dicho que sólo retocará “algunos aspectos”. ¿Derogación de las reformas laborales y de la contrarreforma de las pensiones? También ha explicado que no va a hacer nada al respecto en lo que queda de legislatura. ¿Referéndum en Cataluña? Impensable. ¿Depurar el aparato judicial franquista? Ni se le ocurre.

¿Qué va a hacer Pedro Sánchez? Con el añadido de algún gesto cara a la galería, nada más y nada menos que “consolidar las instituciones” –copadas antes, durante y después, por los sectores más reaccionarios–, neutralizar a la izquierda pequeño burguesa –entregada de pies y manos al “nuevo Ché Guevara”–, y desmovilizar por muy largo tiempo las protestas populares.

Mención aparte merecen los representantes de la burguesía criolla canaria (CC y NC). Al colonialismo hay que añadir la humillación. ¡Qué vergüenza que tales toletes se presenten como “representantes de los canarios”!.

El régimen ha conseguido, una vez más, sobrevivir sin despeinarse. El teatrillo sigue con su función. Sin partido propio, las trabajadoras y los trabajadores tenemos un difícil camino por delante. Mientras tanto, resistir, organizar todo lo que se pueda, paso corto y mirada larga.

(Fuente: Canarias Semanal / Autor: Teodoro Santana)

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