El fraude de los “Cascos Blancos” y sus simpatizantes en España

Hace tan sólo unas semanas, la Academia de Artes Cinematográficas de los Estados Unidos concedía un flamante premio Oscar a un cortometraje titulado “Los Cascos Blancos sirios”. No es la primera vez que este “documental” es presentado a conocidos concursos internacionales. La cuestión es que tales premios no son nunca “inocentes”. Tienen como principal propósito tratar de catapultar, a través de los medios de comunicación, a los personajes, obras o entidades premiadas.

Ya el pasado año este mismo cortometraje, conocido en inglés con el título “The White Helmets”, fue postulado, miren ustedes por dónde, para el Premio Nobel de La Paz. Sin embargo, en el 2016, las entidades internacionales encargadas de tales promociones tenían otras prioridades y los llamados “Cascos Blancos”, y las organizaciones que los apoyaban, se quedaron sin su Premio Nobel. A cambio, Estocolmo concedió el codiciado galardón nada menos que a Juan Manuel Santos, el actual presidente de Colombia, un sangriento promotor en el pasado de la guerra sucia en el país que hoy preside. De manera que aunque en distintas manos, todo pudo quedar en casa.

¿Quiénes son los “Cascos Blancos”?

Contrariamente a como se suele presentar a esta organización ante los medios internacionales, los llamados “Cascos Blancos” no son una organización siria. Su origen está en Estambul, Turquía, ciudad en la que fueron creados en el año 2013 por un destacado militar británico, James Le Mesurier.

Por aquellos días, este oficial al servicio de su Majestad británica, aparecía como un “consultor” de una empresa de seguridad privada de los Emiratos Árabes Unidos. Sin embargo, Le Mesurier tenía sobre sus espaldas un largo carrerón al servicio de la Inteligencia de su país.

Había participado en las guerras de agresión contra Serbia, en el conflicto de Kosovo, en Irak, en El Líbano, así como en la propia Palestina, apoyando a las fuerzas sionistas. James Le Mesurier ocupó igualmente cargos de responsabilidad en el Ministerio de Relaciones Exteriores de la Gran Bretaña, en la Unión Europea e, incluso, en las Naciones Unidas. Como resultará fácil de colegir, no se trataba, pues, de un simple e inocente asalariado de una empresa de seguridad en los Emiratos árabes.

Pero, ¿quiénes son los “Cascos Blancos”? Según relató el articulista Pablo Jofre Leal, esta suerte de nuevos “Capitanes América” son presentados ante el mundo como un grupo de héroes anónimos, dedicados a rescatar de los escombros a los heridos en las zonas controladas por Al Qaeda y otras organizaciones terroristas, bombardeadas por las Fuerzas del Ejército Árabe Sirio y las Fuerzas Aeroespaciales Rusas, en Siria.

Jofre Leal indica, sin embargo, que las instantáneas protagonizadas por los “Cascos Blancos” obtienen de forma automatica e inmediata la transmisión de todas las grandes cadenas de la comunicación mundial, hasta llegar a alcanzar, en ocasiones, a más de 300 millones de televidentes. Allí donde hay un “casco blanco” se encuentra igualmente un “corresponsal” yihadista que se encarga de transmitir la escena. Los fantasiosos reportajes realizados por estos corresponsales tratan sobre todo de conmover y ayudar a posicionar políticamente a millones de personas en relación con el conflicto de Siria.

Sus apoyos “antimilitaristas” en España

Los llamados “Cascos Blancos” no sólo cuentan con el importante apoyo mediático que le brindan sus estrechas relaciones con los Servicios de Inteligencia occidentales. Cuentan también con los públicos soportes financieros que les prestan personajes tan siniestros como el conocido George Soros.

Pero en España, curiosa y paradójicamente, esta “altruista” organización recibe también la simpatía y el apoyo de colectivos supuestamente “antibelicistas” que, con escaso éxito, en los últimos tiempos han tratado de movilizar a la opinión ciudadana en favor de los grupos terroristas proccidentales que actúan en Siria.

Una de esas organizaciones es el MOC (Movimiento de Objeción de Conciencia), creado por Jose Beunza, el primer objetor de conciencia de la historia de España. Según precisaba Andrei Komonov en un artículo publicado en este mismo digital, titulado “El movimiento antimilitarista en España: un agente al servicio del imperialismo?”, el MOC es una organización adscrita a la “Internacional de Resistentes a la Guerra”, una entidad que ha prestado y presta un indisimulado apoyo a los activistas del Euromaidán ucraniano y de la oposición golpista venezolana.

Según consta en la página web de esta “Internacional”, uno de sus principales representantes en España es el colectivo Antimilitaristas.org -conocido por Insumissia- desde cuyas publicaciones se hace una encendida defensa de las fraudulentas “revoluciones de colores” de la denominada “primavera árabe”.

En el curso de los últimos meses, los colectivos “antimilitaristas” y de objeción de conciencia han estado particularmente movilizados para lograr que en el Estado español se generara un movimiento a favor de la “pacificación en Siria”. Se trata este de un reclamo tardío. Durante los últimos cinco años, Siria ha estado sometida a una auténtica invasión extranjera, protagonizada por los países occidentales y por los grupos yihadistas ultraconservadores, a las órdenes de las monarquías feudales de la península arábiga. En el curso de la misma se calcula que ha muerto más de 1 millón de personas. Durante todos estos años, las voces que pudieron escucharse en los grandes medios internacionales reclamaban una victoria sin concesiones de los grupos ultraconservadores. Éstos fueron visitados con gran despliegue publicitario por destacados políticos de la Unión Europea y de los Estados Unidos, que les expresaron su solidaridad y apoyo.

Justo cuando la situación militar ha dado un giro de 180 grados, nuestros “pacifistas” y “objetores de conciencia” han comenzado a reclamar hipócritamente la “pacificación de Siria”. Lo que podría haber sido un loable deseo, a estas alturas no se puede interpretar más que como una trampa artera, urdida sin duda con el deliberado propósito de confundir. Y ello sea dicho sin prejuzgar la ingenuidad de no pocos integrantes de esas ONGs que, con muy buenos deseos pero con poca cabeza, desconocen los datos y significados de la raíz de conflicto.

En Canarias, las organizaciones de objeción de conciencia, como el MOC, son exiguamente minoritarias. No tienen incidencia social alguna, aunque aún así tratan de vender entre nosotros la mercancía averiada de los “Cascos Blancos”.

Según obra en nuestro conocimiento, el MOC grancanario realizó una “presentación semiclandestina” de esa organización en Las Palmas. Presentaron su acto como una reflexion sobre Siria. Luego, de rondón, metieron una conexión directa con los hombres del agente James Le Mesurier. Según nuestras fuentes, el secretismo de la presentación estuvo motivado por el temor a que se presentaran en el acto gente que cuestionaran los argumentos defendidos por “los héroes” recientemente galardonados. Pensamos, sin embargo, que hubiera resultado de mucho interés ese careo ideológico. Pero nuestros peculiares objetores prefirieron la “clandestinidad” a la confrontación argumental. Y fue, naturalmente,peor para todos nosotros.
(Fuente: Canarias Semanal / Autor: Aday Quesada)

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