El españolismo sonriente: humoristas al servicio de la colonización (IX)

lombilla e infante

La mixtificación de la Historia efectuada por la ideología de Estado en lo que a nuestro país respecta se ha basado en relatos que, no por falsos, dejan de ejercer su efecto alienante. El más clásico es el de la santísima trinidad formada por “invasión árabe”, “Reconquista cristiana” y “repoblación norteña”. Pero en lo tocante a la época contemporánea es recurrente la resignificación de la que es víctima el discurso y pensamiento del Padre de la Patria andaluza, transformado por el régimen gobernante en el país desde hace tres décadas y media en una figura inocua. Merced a esta falsificación, Blas Infante queda como una especie de santón cuyo principal valor queda limitado básicamente a la creación de los símbolos andaluces (himno, bandera y escudo) y a quien resulta útil apelar en los mensajes institucionales, pero siempre despojado de su dimensión soberanista y/o revolucionaria:

<< El Blas Infante burgués, tan querido y propagado por el régimen actual, es falso. Aquellos que lo falsearon, fueron en primera instancia el andalucismo regionalista predominante en los años 80, que pretendía acomodar la obra del andaluz de Casares a su proyecto institucional, regionalista y social-liberal. Moldearon y recortaron el pensamiento infantista. Como en el mito griego del lecho de Procusto, alargaron aquello que les interesaba y mutilaron lo que “sobraba”, lo que no les interesaba. Ante esta situación el nacionalismo español las tenía todas consigo para arrinconar a Blas Infante en un párrafo final de los libros de historia de los escolares andaluces. >>1

En efecto, esto es así. Por ejemplo, en un manual de Lengua de segundo curso de la ESO, un pequeño recuadro en la parte inferior derecha de una página dedicada a lo que se habla en Andalucía, aparte de ofrecer la ambigua información de que “Murió, víctima de la Guerra Civil, en 1936” (así, sin más, soslayando tanto el motivo como a manos de quiénes), establece que “Su obra más importante fue Ideal Andaluz, donde explica su visión de la historia y analiza la sociedad andaluza de la época2”. La divulgación de este mensaje adulterado del pensamiento infantiano ha resultado ciertamente funcional en la consecución del objetivo gracias a intrumentos como el discurso oficial en torno a su figura difundido por el Museo de la Autonomía de Andalucía (ubicado en Coria del Río) o numerosas publicaciones del Centro de Estudios Andaluces (“centrA”, ubicado físicamente en el primero). Otro libro de texto explica que este se fundó para “generar conocimiento sobre la realidad social, económica y cultural de Andalucía”3. Así, una información de Andaluces.es (6/III/2016) ofrece los detalles de la presentación de la última edición de El Ideal Andaluz, a cargo de dicha institución. El texto, el primero que escribiera Infante, es aquel del cual más habla y más cita habitualmente este aparato estatal en Andalucía, al tratarse de una obra más abundante en momentos de carácter lírico y con menor carga subversiva que sus trabajos posteriores, progresivamente más radicales y reivindicativos. El autor del estudio introductorio a esta última edición de “su primer y más importante libro” (según el prisma de este medio de tendencia socialdemócrata), Francisco Garrido, exdiputado estatal por las listas del PSOE (después parlamentario autonómico bajo la marca IU), redunda en los tópicos habituales del discurso dominante en torno al pensamiento infantiano; esto es, “«El nacionalismo andaluz de Blas Infante en realidad era un antinacionalismo», dice Garrido, quien destaca la defensa del universalismo, la diversidad, la alegría y la fraternidad que hace el padre de la patria andaluza” en dicha obra, e, incluso yendo más allá, “«parece más la propuesta de un nacionalista español que la esperable de un supuesto nacionalista andaluz», detalla el profesor, añadiendo que “«Ojalá todas las patrias pudieran decir que su padre fue un revolucionario moderado, sentenció Garrido en el Ateneo de Sevilla”, ya que “El nacionalismo andaluz de Blas Infante “«no defendía ni mucho menos romper con el Estado»”4. Aquí tendríamos, pues, un ideólogo inofensivo para el poder.

Comprobemos dicha efectividad de la difusión del Infante ‘descafeinado’ en el plano mediático. En el diario digital Confidencial Andaluz encontramos una viñeta subida el 6 de marzo de 2016 en la que el humorista gráfico sevillano Lombilla dibuja a Blas Infante en el cielo, revistiéndole de la citada aureola de santidad aséptica con las típicas alas de ángel, junto a un periódico en que puede leerse “Hubo banderas andaluzas en la salida de la cárcel de Otegi”, hecho ante el que el Infante imaginario reacciona diciendo “¡Hay gente pa tó!” [sic, con tilde]. La intención del dibujante es contraponer los elementos de Infante y la bandera, los cuales gozan de relativo consenso favorable entre la población y establishment político5 andaluces, frente a la izquierda abertzale vasca, ideología mediáticamente satanizada y representativa de uno de los nacionalismos periféricos (terminología oficial) del Estado, encarnado en su líder, Arnaldo Otegi. La viñeta da a entender que Infante reaccionaría con estupor a tal vinculación entre el símbolo que él mismo contribuyó a instituir (aunque no inventó, ya que es la bandera más antigua de Europa6) y el líder abertzale, por mor de las/os miembros del Sindicato Andaluz de Trabajadores que acudieron a expresar su apoyo a esa figura política vasca a su salida de la cárcel.

Sin embargo, si escuchamos sus primeras palabras tras salir de prisión, en cuyo lugar, efectivamente, había sindicalistas del SAT con banderas andaluzas, Otegi se autodefine entre las personas “marxistas”, “independentistas” y “socialistas”7. El marxismo es una ideología que puede adscribirse, evidentemente, a la órbita comunista. ¿Se trata de una corriente de pensamiento político tan alejada de un pensador como Blas Infante como para que este se mostrara extrañado de que la simbología aprobada por él y otras personas aparezca en un acto de solidaridad internacional con Otegi, como la viñeta de Lombilla da a entender? Dejemos que sea él mismo quien despeje cualquier duda en los párrafos con que comienza otra de sus obras, La dictadura pedagógica, escrita en 1921:

<< Hay dos especies de comunistas. La de aquellos que aspiran, mediante el esfuerzo propio, a engrandecer su vida para darla a toda la comunidad; y la de aquellos que esperan en que una colectividad, formalmente comunista, venga a satisfacer las exigencias de su propia vida individual, dispensándoles y redimiéndoles del dolor que partea el esfuerzo creador. […] Somos o aspiramos a ser comunistas de la primera especie. Y decimos, aspiramos a ser, porque nuestra modestia se resiste a conferirnos con este nombre de comunistas, expresión con este nombre de comunistas, expresión cuyo concepto verdadero es la esencia de una pura y excelsa santidad. […] Amigos y soldados fervorosos seremos siempre de todas las Revoluciones o de todos los poderes revolucionarios, enemigos de la Dictadura Plutocrática o Burguesa, hoy casi universalmente entronizada. >>8

Son palabras que difícilmente encajan en la caracterización presentada por el autor del citado estudio introductorio a la más reciente versión de El ideal andaluz, obra escogida, como hemos apuntado, al objeto de edulcorar la imagen del Padre de la Patria:

<< El Blas Infante que escribió aquellos primeros textos, como El ideal Andaluz, era el más lastrado por esa praxis practicista y prudentista autoimpuesta. Por eso, de esa primera obra, tan del gusto revisionista por su aparente regionalismo, pro-españolismo y mero reformismo económico, él mismo renegó en parte posteriormente. […] El Blas Infante real es el que comenzó a mostrar su ideología sin “eufemismos”, como él denominaba a la etapa primera. Fue el hombre maduro y madurado de los últimos años. El de obras como El complot de Tablada o Fundamentos de Andalucía. El que renegaba cada vez más abiertamente de Europa y España, hablando, cada vez más frecuentemente, de revolución. El compañero de comunistas y anarquistas, defensor de los felahmengu, de aquellos obreros-jornaleros a los que animaba a levantarse y tomar el Poder. El que denominó a su grupo político “liberalista”, con lo que subrayaba el qué era y el para qué existía el andalucismo. >>9

Una vez puesta en cuarentena la presunta ‘moderación’ de que, según los altavoces de opinión hegemónicos, hacía gala la doctrina infantiana, si nos ceñimos al eje centro-izquierda, no está de más reflexionar, igualmente, en torno a si también es cierta la existencia de ese ‘españolismo’ como supuesta característica típica y permanente del pensamiento del notario de Casares. Recordemos que la viñeta humorística que hemos reseñado pintaba a un Infante atónito tras ver relacionada la bandera andaluza con un acto de apoyo a un político independentista. Nuevamente, basta con recurrir a fragmentos como este: “Sí, nosotros aspirábamos y aspiramos, y seguiremos aspirando, a la elaboración de un Estado Libre Andaluz. […] Pues nosotros no tenemos, por ahora, otras denominaciones que las de República Andaluza o Estado libre o autónomo de Andalucía para llegar a expresar aquella Andalucía Soberana, constituida en democracia republicana”. El fragmento (cit. en ibíd.) se encuentra en La verdad sobre el complot de Tablada y el Estado libre de Andalucía10, que fue publicado originalmente en 1936, pocos meses antes de su asesinato. Pero no es necesario esperar tanto para encontrar afirmaciones tan ajenas a la ideología españolista. Tan solo cuatro años después de la aparición de El ideal andaluz, es decir, en 1919, Infante participó de manera notoria en la redacción del Manifiesto de la Nacionalidad aprobado en Córdoba, texto bien explícito:

<< Sentimos llegar la hora suprema en que habrá de consumarse definitivamente el acabamiento de la vieja España, la cual va a desvanecerse como una sombra antes de que concluya este instante solemne de la vida mundial. […] Rechacemos la representación de un Estado que nos deshonra, sosteniendo regímenes arcaicos y feudales en todos los órdenes de la Administración. […] Declarémonos separatistas de este Estado que, con relación a individuos y pueblos, conculca sin freno los fueros de justicia y del interés y, sobre todo, los sagrados fueros de la libertad; de ese Estado que nos descalifica ante nuestra propia conciencia y ante la conciencia de los pueblos extranjeros. Avergoncémonos de haber sufrido y condenémoslo al desprecio o al perecimiento; esto es, al vacío del olvido absoluto en donde el recuerdo del malo se extingue […]. En todas las regiones o nacionalidades peninsulares, se observa un incontrastable movimiento de repulsión hacia el Estado centralista. Ya no le vale resguardar sus miserables intereses con el santo escudo de la solidaridad o unidad, que dicen nacional. […] Andaluces: Andalucía es una nacionalidad porque una común necesidad invita a todos su hijos a luchar juntos por su común redención. Lo es también porque la Naturaleza y la historia hicieron de ella una distinción en el territorio hispánico. […] No habiendo sido jamás Andalucía entregada a sí misma desde la conquista y dominación cristiana que vino a absorber nuestros jugos vitales y a esterilizar nuestro genio creador, no puede decirse que sea Andalucía incapaz de regirse bajo las nuevas condiciones. >>11

Es más: el mismo año, concretamente el 5 de febrero, la portada del número 63 del semanario El Regionalista. Defensor de los intereses autonómicos de Andalucía ofrece un editorial cuya autoría ha sido atribuida por numerosos historiadores a Infante (y que, en todo caso, está claro que él debía suscribir en su calidad de miembro de la redacción), en el que el Centro Andaluz de Sevilla declara:

<< Andaluces, sabedlo: El Estado español desprecia a nuestro país, actual inerte e imbecilizado por el tormento de la larga tragedia, recibe los puntapiés del señor con inconsciencia, mansedumbre e indignidad esclavas. ¡Pobre Andalucía! ¡Ha perdido la dignidad y el valor que la libertad confiere! Tiene la repugnante lealtad de un bufón servil, ¡Andalucía adula bajamente al Estado español, a la patria españolista!Andaluces cobardes y encanallecidos, sabedlo: Si el Estado español es España, fue España la que vino a arrebataros vuestra tierra nacional sumiéndoos en espantosa miseria […]. Andaluces: Si el Estado Centralista Español fue y es, como dicen sus sostenedores, la España viva, execrad esa sierpe de España. Renegad de ella. […] Os niega el pan. En cuanto al espíritu, España no lo tiene. ¿Cómo podrá infundiros espíritu de vida la que por no tenerlo, lo mató en vosotros? ¡España, España!… El extranjero lo dice. España es una negación de muerte. Para auscultar en España el latir de un original espíritu, han de venir a buscarlo en el espíritu agonizante y estigmatizado que la dominación de esa España dejara a Andalucía.

¡Qué tristeza! ¡Y aún hay andaluces españolistas! Andaluces que ante las ansias libertadoras del pueblo catalán, gritan con inconsciencia imbécil «¡La unidad de la patria!». Andaluces. Si la patria es espíritu, debe ser un espíritu paterno. ¿Qué cuidados paternos o maternos ejerció con vosotros la patria española? Andaluces hartos o plutócratas. Caciques malvados de la política o de la tierra, con vosotros no hablamos. >>12

De la lectura de todos estos fragmentos, el último de los cuales contiene una clara defensa solidaria de otro nacionalismo periférico, el catalán, resulta ciertamente complicado suscribir la caracterización que de Blas Infante hacía el exdiputado y exparlamentario Francisco Garrido pintándolo como un “nacionalista español” que “no defendía ni mucho menos romper con el Estado”, salvo que nos encontremos ante una estrategia política y mediática de distorsión de las coordenadas ideológicas en las que se movía su doctrina. Pero hay también otro componente en la presencia de militantes del SAT en la salida de prisión de Arnaldo Otegi que desmiente ese hipotético asombro con que Lombilla retrataba al Padre de la Patria, dado que este, en un gesto lleno de complicidad y respeto, visitó y llevó las publicaciones liberalistas al presidente catalán Lluís Companys y los consejeros de la Generalitat, detenidos por el nuevo Gobierno conservador del Estado y trasladados al penal de El Puerto de Santa María13. La proclamación del Estado Catalán por parte de Companys, tras la huelga revolucionaria del otoño de 1934, fue el origen de la reacción militar española, la suspensión del Estatuto de Autonomía de Cataluña, la detención del Gobierno de ese país en pleno y la posterior condena por “rebelión”, el 6 de junio de 1935, a treinta años de privación de libertad e inhabilitación absoluta. Fue en esos difíciles momentos cuando varios andalucistas de los territorios de Cádiz y Sevilla pusieron en riesgo sus vidas visitando a los detenidos. Infante se encontraba entre aquellos visitantes y les proporcionó ropa, comida y algunos libros con los que sobrellevar el encarcelamiento. Así se dirigía inicialmente por vía epistolar a Companys y sus compañeros:

<< […] desde que vinieron ustedes, en la tristeza de una pena grande cual es la de considerar que la verdadera Andalucía, restaurada en nuestro espíritu, quisiera alojar en sus mejores palacios a los hermanos ilustres de Cataluña por estar todavía Andalucía irredenta, se ha dispuesto actualmente una prisión en una de nuestras infortunadas ciudades. Creo, señores, expresar el sentir de la Junta Liberalista de Andalucía ofreciéndoles con vehemencia cuantos servicios pudieran ustedes necesitar, esperando que sencillez o libertad de hermanos, dispongan ustedes de nosotros […]. Aquellos individuos del Gobierno provisional no pagaran nunca el mal que hicieron cuando nos difamaron […] persiguiendo, entre otros males, este de que haya venido a abrirse en Andalucía una pensión para alojar a nuestros hermanos del generoso País Catalán. […] yo también quiero ir a visitarles. Hablamos mucho de ustedes. Sufrirán mucho en esa cárcel […], sufrimiento trascendente para la fecundidad catalana. >>14

A la redacción de todos estos textos de Infante nunca divulgados por el régimen “autonómico” vigente en el país hay que sumar otras consideraciones. La primera es que en toda su trayectoria Infante jamás otorgó entidad nacional alguna al Estado español, al que reconoció simplemente como institución existente, al tiempo que cuando se refería a “España” lo hacía como realidad geográfica, a pesar de los esfuerzos de su hija, Mª Ángeles Infante, por declarar cada vez que le acercan un micrófono que su padre no era separatista. Segundo, que la utilización de España para Blas Infante fue un elemento táctico, que buscaba ocultar y evitar la persecución política de la que su andalucismo revolucionario fue objeto, escondiendo la profundidad de su pensamiento, como ponen de manifiesto algunos de sus enunciados:

<< En una entrevista al diario El Sol en 1931 decía (el subrayado es nuestro)15:

«…La Dictadura (de Primo de Rivera) pese al sigiloso proceder que observábamos, proceder que sólo descifró en España el Sr. Cambó al decirme en una charla de tren que “liberalista” quería decir “separatista”, nos destrozó a nuestras sociedades, deportó a los adheridos de Córdoba y clausuró nuestras escuelas (los Centros Andaluces)…»

Es de esta manera que podemos entender algunas de las contradicciones aparentes del pensamiento infantiano en este sentido. Lo escribe el propio Blas Infante en una carta enviada al escritor catalanista Cases-Carbó (1936):

«…Nosotros, hemos practicado la táctica política. No hay más que una táctica: acomodación de la conducta política (u ordenada al beneficio de la Comunidad), según las exigencias o permisiones de las circunstancias vigentes. Durante un cuarto de siglo hubimos de dirigirnos atentos a un aprovechamiento completo o exhaustivo de aquellas permisiones, elaboradas por nosotros mismos, o suscitadas por el azar, que a nuestra acción se iban ofreciendo…».16 >>

En tercer lugar, la detención de Infante el 2 de agosto de 1936 en su casa de Coria del Río obligó a la esposa de D. Blas a quemar todos los escritos que consideró comprometedores, por lo cual los que han llegado hasta nuestros días son tan sólo una parte sesgada del pensamiento infantiano, necesariamente mermada respecto a su etapa más madura (ibíd.). Cuarto, que la propia sentencia dictada contra él, cuatro años después de su asesinato, señala como ‘delito’ merecedor de la condena a muerte (de acuerdo con el criterio de la autoridad vigente fascista, se entiende) el que “formó parte de una candidatura de tendencia revolucionaria”17, amén de que era conocido como “el separatista” entre los círculos cercanos a quienes ordenaron su asesinato.

En suma, comprobamos que no solo el humor audiovisual, sino también el de corte gráfico, colabora en la asunción de los dogmas de la vigente ideología de Estado. A veces, una viñeta puede ser tan eficaz como una publicación académica o un manual escolar a la hora de formar mentalidades sumisas. Sobre todo cuando la realizan las/os naturales del propio país.

Manuel Rodríguez Illana

1 RÍOS, Carlos (2011): “La ética revolucionaria en Blas Infante”, https://nacionandaluza.files.wordpress.com/2015/12/la-etica-revolucionaria-en-blas-infante.pdf

2 VV.AA. (2012): Nuevo Juglar. Lengua castellana y literatura 2º de ESO. Barcelona: Vicens Vives. P. 9.

3 VV.AA. (2016): Lengua castellana y literatura 1º de ESO. Barcelona: Vicens Vives. P. 272.

5 Incluso el Partido Popular en Andalucía, la formación a priori más abiertamente españolista, celebró del Día Institucional de Andalucía de 2016 desplegando una blanquiverde de 600 metros. 20Minutos.es, 27/II/2016. http://www.20minutos.es/noticia/2684182/0/pp-a-celebra-este-s-bado-28f-desplegando-bandera-andalucia-600-metros/

8 INFANTE PÉREZ (1989): La dictadura pedagógica. Sevilla: Fundación Blas Infante. Pp. 5-11.

9 CAMPOS LÓPEZ, Francisco (2009): “Reivindicando al Blas Infante soberanista y revolucionario”. https://nacionandaluza.files.wordpress.com/2015/12/reivindicando-un-blas-infante-soberanista-y-revolucionario.pdf

10 INFANTE PÉREZ, Blas (1979): La verdad sobre el complot de Tablada y el Estado libre de Andalucía. Granada: Aljibe.

13 RUIZ ROMERO, Manuel (2011): “Blas Infante: La difusión de su Ideal”, http://www.secretolivo.com/index.php/2011/12/21/biografia-de-blas-infante-6/

14 JIMÉNEZ, Miguel Ángel (sin fecha): “Joan Puigcercós: Terrible Ignorante”, http://www.revandalus.com/inf/puigcercosignorante.html

15 Es decir, de Ríos (2016); ver nota siguiente. Hemos sustituido los subrayados por cursivas.

16 RÍOS, Carlos (2016): “10 de agosto: lo que no quieren que sepamos sobre Blas Infante”, http://laotraandalucia.org/?columna=10-de-agosto-lo-que-no-quieren-que-sepamos-de-blas-infante

17 Cit. en VERGARA VARELA, Jesús (2010): Guía histórica de la Sevilla andalucista. Sevilla: Atrapasueños.

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