Diez propuestas de debate para la juventud independentista catalana

Notas a desarrollar en el debate del 21 de septiembre organizado por Arran en Vallbona d’Noia.

En un comunicado de Arran leemos que «Més d’una quarantena de detencions, 67 militants encausades, 26 causes judicials obertes i 600 identificacions. És el balanç repressiu que ha patit l’organització juvenil de l’esquerra independentista Arran els últims tres anys. Vora una setantena de militants ho han denunciat des de la plaça del Rei de Barcelona, on han estripat la sentència contra vuit persones de l’organització, condemnades a pagar 24.000 euros per desordres públics i danys». (https://ppcc.lahaine.org/cat-cast-arran-denuncia-que). El comunicado sigue explicando las presiones, intimidaciones y amenazas de las policías contra la juventud independentista militante.

A esta represión debemos sumar la de los prisioneros políticos y exiliadas y exiliados catalanas desde las movilizaciones del pasado otoño de 2017, y también a cuantas prisioneras políticas catalanas detenidas por otras acusaciones, o que esperan juicio o han tenido que pagar multas por defender la libertad. Naturalmente, integrando a las personas agredidas de algún modo por la Ley Mordaza y otras leyes en el resto de los Països Catalans, incluida la zona bajo dominación francesa en donde es posible que haya chalecos amarillos y otras personas reprimidas. Por último, y para disponer de una perspectiva más amplia también debemos integrar las represiones españolas y francesas contra el independentismo y el socialismo: por ejemplo contra las y los 47 vascos que estarán siendo juzgados mientras debatamos estos puntos, los gaztes de Altsasu, etc., sin olvidarnos de los prisioneros galegos, andaluces…

1. ¿Por qué abrimos este debate repasando las violencias de los Estados español y francés? Muy sencillo: la mitología parlamentarista sostiene que el «juego político» debe ceñirse exclusivamente al Parlamento y a las instituciones, y en caso extremo debe recurrir a alguna que otra manifestación de masas pero siempre cumpliendo escrupulosamente las leyes estatales que limitan sobre manera el derecho de expresión, reunión y manifestación. La mitología parlamentarista se basa en la creencia, en la fe, de que la burguesía respetará la voluntad popular siempre que ésta obtenga la mayoría en el Parlamento: en este momento, la burguesía, sus partidos, cederán alegremente primero el gobierno y luego el Estado al pueblo trabajador para que haga lo que quiera. En el caso de Estados que oprimen a naciones, la burguesía reconocerá la voluntad soberana de esa nación y por tanto su independencia. El historiador D. Armitage cita sólo cuatro secesiones pacíficas, insistiendo que son excepcionales. En un texto para debate en el gaztetxe de Hondarribia –«Para qué sirve la historia. 23 de mayo de 2019 a libre disposición en la red- se desgranan una a una las cuatro secesiones excepcionales por su importancia política y económica, dejando de lado algunas pocas más pero menores.

2. La fe y la credulidad en que el Estado español –y francés- conceda la independencia a una o a todas las naciones que oprime, ignora qué es este Estado, cómo se ha formado, qué intereses capitalista defiende, qué legalidad a su medida ha impuesto para justificar las represiones que practica, qué papel tiene el ejército y la monarquía en todo ello, qué papel desempeña la Conferencia Episcopal y las iglesias regionales en su obediencia al nacional-catolicismo español, qué papel cumplen los partidos y sindicatos constitucionalistas, qué tarea hace la industria político-mediática, etcétera. Ignora también qué es el euroimperialismo, para que se fue imponiendo sobre y contra los pueblos bajo el férreo dictado de las leyes de acumulación, centralización, perecuación… del capitalismo en su cuarta reordenación histórica relanzada intensamente tras la implosión de la URSS y el Tratado de Maastricht de 1992. En síntesis, desconocen lo que es el capitalismo.

3. La fe en el parlamentarismo tiene efectos catastróficos en los momentos decisivos porque, como ha ocurrido desde el 1 de octubre de 2017 en Catalunya, se paraliza o desorienta sobrecogida por la extrema crudeza de la realidad que no se quería ni se podía ver, ni siquiera imaginar: la violencia consustancial a España. Cuando el Estado se desprende de todo celofán y oropel democraticista y actúa como lo que realmente es, o sea el centralizador estratégico de las múltiples violencias del capital, es decir, su forma política y la máquina de obediencia que necesita la ley general de la acumulación de capital en una zona geográfica determinada, entonces la fe en el parlamentarismo se queda sin respuestas.

4. Sectores de la pequeña burguesía y en menor medida de la mediana, son muy propensos a la credulidad democraticista, dependiendo su desplome o su firmeza frente a la violencia del Estado de particularidades y singularidades que exigen análisis concretos. En Catalunya, después del estallido de CiU y las dimisiones de representantes del Gobern ante la firmeza de Puigdemont, los dirigentes reformistas y conservadores –ERC, JxCAT, PDeCAT…- actuaron con una coherencia nacional ausente en el PNV. Asumieron sus responsabilidades hasta en la cárcel y el exilio, como lo hizo también la representante de la izquierda, la CUP. Recordemos cómo el famoso Plan Ibarretxe fue retirado a comienzos de 2005 tras ser fulminado en el Parlamento de Madrid, y cómo el PNV le fue segando la hierba bajo sus pies hasta desplazarlo del poder a los pocos años. La situación vasca ahora sería cualitativamente diferente si el PNV se hubiera comportado como lo hizo el independentismo catalán reformista y de centro, con el apoyo de la izquierda, la CUP, tras las elecciones de septiembre de 2015.

5. Las fuertes disputas electoralistas entre los partidos del independentismo reformista y conservador, independentismo objetivamente inviable y de boquilla; el descenso relativo en las movilizaciones independentistas, la euforia del imperialismo español en todas sus formas, la impunidad del fascismo, la auto-crítica de la izquierda independentista, el oportunismo de autonomistas y constitucionalistas que se dicen demócratas, la tranquilidad del capital… son logros de las violencias del Estado. Contexto nuevo reforzado también, por un lado, por las características de la pequeña y mediana burguesía que le impiden elaborar una estrategia contra el Estado, y le llevan a buscar acuerdos basados en concesiones; por otro lado, por la creencia generalizada a nivel social de la valía del parlamentarismo y de la Unión Europea; además, por las dificultades organizativas y políticas de la izquierda revolucionaria para explicar qué es la independencia socialista y cómo llegar a ella; y, para no alargarnos, por la presión en contra de los reformismos autonomistas y constitucionalistas, sin olvidarnos del nacionalismo español «de izquierdas».

6. Ahora bien, para la juventud trabajadora independentista es fundamental saber que la opresión de los Estados español y francés es, además de muy anterior, desde el siglo XVII en su sentido «moderno», ha sido y es un sostén básico de la autonomía «provisional» concedida por el gobierno pre-constitucional de Suárez en 1977. Aunque el Estatut fue oficialmente reconocido en 1979, esos dos años previos muestran cómo el capital y su Estado ya habían diseñado lo decisivo de la política sostenida hasta 2015, y basada en la alianza entre la gran corrupción burguesa española y la pequeña corrupción burguesa catalana. De 1977 a 2015, esta alianza de clase, imposible sin el Estado español, dictó las leyes necesarias para la explotación del pueblo trabajador, para reprimir sus luchas, para mantener la lengua catalana dominada por la española, para destruir la esperanzada ilusión sobre la libertad catalana existente al final del franquismo, para recortar derechos y libertades, y para precarizar y empobrecer a la juventud obrera con las leyes impuestas desde antes del primer gobierno del PSOE, aplicadas sin distingos contra los Països Catalans: los Pactos de la Moncloa, la Loapa, las leyes anti-terroristas, y un largo etcétera. Desde finales de 1982, el PSOE endureció estas leyes e impuso otras, que el gobierno autonómico aplicó sin remordimientos porque, a los sumo, las traducía a la lengua catalana y las autonomizaba lo justo para disimularles su hedor estatal.

7. La juventud independentista popular que empezó a tomar impulso desde 2010 por efecto de la crisis capitalista de 2007, ya estaba por tanto moldeada por la presencia del Estado disfrazada externamente por la autonomía concedida por este mismo Estado. Y llegados aquí, es necesario hacerse esta pregunta: ¿hasta qué punto no cometió el independentismo de izquierdas catalán el mismo error que la izquierda abertzale en aquellos años de menospreciar la teoría marxista del Estado, del modo de producción capitalista, etc., y claudicar ante la verborrea fácil del academicismo, de la socialdemocracia…? Desde finales del siglo XX el Estado fue decisivo para aplicar el llamado neoliberalismo. Con un Estado débil el capital hubiese tenido muchos más problemas para derrotar al trabajo y para integrar al reformismo como sostén del orden. La juventud de las naciones oprimidas, y las jóvenes más duramente aún, ha sido la más golpeada por el Estado.

8. Desde luego que ha habido y hay otros factores que han coadyuvado a esta situación, es innegable. Pero una de las muchas cosas buenas que tiene saber qué es y cómo funciona el capitalismo, es que ese conocimiento siempre termina llevándote a la raíz: el problema del poder que es el problema del Estado como garante último de la propiedad capitalista. Dicho de otra forma: la teoría del Estado explica cómo el capital sigue manteniendo a los Països Catalans como propiedad de España, como parte de la producción y acumulación de capital. Y esa teoría, más otras que ahora no podemos exponer, explica por qué, cómo y para qué el capital logra que el grueso de la juventud obrera catalana sea formada como simple fuerza de trabajo dócil y sumisamente explotable por la patronal catalana –alguna de ella independentista- como fracción de la patronal española.

9. La violencia multiplicada desde 2017 –se sufría desde mucho antes- no ha hecho más que actualizar la necesidad de la praxis socialista y, dentro de ellas, la del estudio de los instrumentos de alienación de la juventud y de la lucha contra ella. La precarización de la vida, por ejemplo; el empobrecimiento creciente de la juventud; el recorte de sus derechos laborales, sociales, sexuales, democráticos, culturales, afectivos, etc., que definen en lo concreto sus derechos nacionales con contenido obrero, esta plaga destructora que avanza impulsada por el Estado y por la burguesía catalana, debe ser combatida a diario mediante una estrategia que integre al menos cuatro frentes: la prioridad de la autoorganización obrera y popular contra todas las explotaciones, potenciando su coordinación y su interacción orientada hacia la destrucción del Estado y la creación de un poder obrero independentista, llámesele como se le llame. La prioridad de avanzar hacia la coordinación e interacción de las organizaciones militantes que actúan aisladas una de otras para lograr un acercamiento en la práctica y a partir de ahí, confluir en una organización más efectiva y teóricamente más preparada. La prioridad de explicar que la lucha parlamentaria –una vez decidido cómo, cuándo y hasta qué momento se actúa en este y/o contra este instrumento del capital- siempre debe estar supeditada a la lucha en barrios, fábricas, escuelas, domicilios, hospitales, etc., y nunca a la inversa. Y la prioridad de formar a la militancia y al pueblo en las lecciones de la historia: tarde o temprano, dependiendo de la fuerza del pueblo, el Estado atacará con más medios de violencia de los que empleaba hasta ese momento. Olvidar esta lección permanente de la historia, o querer evitarla girando al centro reformista, es suicida, sobre todo para la juventud que tendrá que empezar de nuevo tras la derrota sufrida.

10. La juventud nunca ha de olvidar que mientras haya voluntad de lucha, habrá esperanzas de vencer.

(Fuente: Borroka garaia da! / Autor: Iñaki Gil de San Vicente)

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