Catalunya: Nos honras, Mireia Boya

Mientras la mayoría de políticos de la tribu magullan el diccionario en busca del eufemismo perfecto para así deshacerse de sus promesas electorales (y, ya que estamos, del president que se habían comprometido a investir), y también cuando comprobamos humillados como la mayoría de nuestros líderes olvidan su credo independentista ante las prevaricadoras togas españolas, jurándoles que seguirán fielmente a la Pinta, la Niña y la Santa María, la antigua diputada de la CUP, Mireia Boya aseguraba el lunes que no se alejará “ni una coma” del programa electoral de su partido cuando hoy mismo declare ante el juez Llarena por la causa del 1-O, un día que muchos querrían borrar de la memoria, pero sobre el cual la diputada occitana presumirá sin complejos en el tribunal Supremo porque, según ha dicho, “hicimos un referéndum y lo ganamos.”

Después de un tiempo en que la cobardía se ha disfrazado de realismo, ante la parsimonia de los electores catalanes, puede sorprender que una representante política marque la diferencia y dirigiéndose a una judicatura podrida como un ser racional con convicciones y no como una súbdita que implora por su existencia. Las declaraciones de la activista cupaire son tan sensatas que sólo puedo transcribirlas, alzarme y aplaudir hasta que las manos me escuezan: “no sirve de nada abjurar de la ideología propia para evitar la prisión y yo prefiero ir de cara y sin miedo ante el juez”.

Defender el propio ideario y ser consecuente no es una cuestión de temeridad, como piensan unos políticos a los que cuatro prisioneros les han dado mal de vientre, sino una cualidad de quien se tiene por digno: Boya demuestra que el primer paso para tener la libertad colectiva es ejercerla individualmente, al precio que cueste.

Hasta ahora, el independentismo más iluso ha pensado que claudicando y volviendo a la autonomía de toda la vida el gobierno español tendría clemencia con los presos políticos. Pero si queremos vaciar las prisiones de la gente que está encarcelada de manera injusta y poner la arbitrariedad del estado sobre la mesa, por desgracia, quizás primero las tenemos que llenar de hombres y mujeres que no tengan ninguna concesión con su ideario y que no negocien su libertad. Sí, señoría, ayudé a organizar un referéndum y lo ganó el independentismo.

Y si le pica, pues rásquese, coño. Sí, señoría, defiendo el derecho de autodeterminación y lo seguiré haciendo hasta que me quede un átomo de vida. Y si no le gusta, pues se aguanta. La libertad se hace de gestos así y no con acumulaciones de lacitos amarillos y ejercitando el arte de la lagrimita. “Si voy a la prisión -dice Mireia-, sólo saldré cuando tengamos la república.” Y nada más que decir.

Tiene que haber diferencia entre defender tus convicciones en el escenario más difícil y no hacerlo con la excusa de hacerse la estratega. Hoy Mireia Boya escogerá la opción de dormir tranquila de noche, aunque pueda estar en la prisión. Y yo te digo, estimada cupaire, que nos honras a todos con tus santos ovarios y que, si la cosa no cambia, los tuyos tenéis y tendréis mi voto.

(Fuente: El Nacional.cat / Autor: Bernat Dedéu)

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