Aquel San Juan de 1569

No dice la historia por qué fue aquel día, pero quizá, a poco que se analice un poco el personaje, podría concluirse en que quiso darse un homenaje por San Juan, y qué mejor manera de celebrar su día que aprovechar la buena fe de todos aquellos moriscos de paz –así se les llamaba entonces- que poblaban los arrabales del Albayzín, llegados muchos de ellos de Almería, plaza conquistada antes y de la que tantos huyeron hacia Granada, como unos siglos después lo harían otros desde Málaga en la Desbandá.

Fue el día de San Juan de 1569 cuando aquellos andalusíes que habían aceptado seguir viviendo en su tierra, conforme a las Capitulaciones pactadas en 1492, fueron llamados a congregarse en las iglesias, y así lo hicieron. Nada debían temer. Había pasado un siglo desde que la ciudad de Almería había capitulado, un siglo, y casi 80 años desde que Abu Abd Allah Mohamed Abi Al Hassan Alí, Muhammad XII, conocido entre los extranjeros como Boabdil y que pasó a la historia de su pueblo como Al Zugabi (El desdichado) había hecho lo mismo con Granada, logrando que sus homólogos de Castilla y Aragón, Isabel y Fernando, aceptaran el respeto de la religión, el idioma, las costumbres, el sistema judicial, las propiedades, y así, que nadie tuviera que abandonar su patria si no quería hacerlo, y si lo hacía, voluntariamente, se le pagaran a buen precio sus bienes… y todo eso, mal que bien, se había venido haciendo. Por tanto, nada tenían que temer los llamados aquel día de San Juan de 1569.

Fue la encerrona de Juan de Austria, hijo ilegítimo de Carlos I, el belga que fue rey de territorios hispánicos, que no de España, en contestación a la sublevación de los andalusíes de la Alpujarra por la decisión unilateral de Felipe II, a quien la historiografía españolista retrata como “El Prudente”, pero que en 1567 cometió la imprudencia de romper las Capitulaciones acordadas y ordenó eliminar cualquier vestigio de morisco. En 1568 se levantan los andaluces contra los invasores, y no, no fue una guerra civil, porque una guerra civil es de parte de un pueblo contra otra parte del pueblo, y aquí fue el pueblo contra el colono, contra el invasor, contra el conquistador, en definitiva, contra el Estado que, a partir de aquella ruptura se convirtió en ilegítimo.

Pero no era posible someter a los moriscos, asi que el día de San Juan, Juan de Austria, que había sentado sus reales en el Palacio que antes había ocupado Boabdil en Fuente Victoria como Señor del Andarax, reunió a todos los moriscos de paz en Granada, y los apresó. Los niños menores fueron arrebatados a sus familias y entregados a la Iglesia, las mujeres dadas en régimen de servicio doméstico esclavo a las familias nobles, los hombres repartidos como jornaleros para las tierras o suertes de aquellos que las percibieron como los soldados de fortuna que eran, y en general se les dispersó por el resto de la península para “desarraigarles”, es decir, quitales la raíz. Algunos fueron embarcados en dirección a África, y muchos lograron regresar en los barcos mercantes que hacían rutas por el Mediterráneo y simularon ser cristianos cambiando sus apellidos, y otros no olvidaron su patria, y hostigaron durante años las costas de Almería para poder regresar. Les llamaron piratas, corsarios, pero en realidad solo eran almerienses que querían recuperar lo suyo.

Por eso, en esta Noche de San Juan, en esta noche de luna en cuarto creciente, si por su reflejo de plata ves deslizarse falucas que avanzan entre los humos de las hogueras, piensa que quizá en ellas regresa a Almariyya algún lejano familiar. Y siéntete orgulloso.

(Fuente: Noticias de Almería / Autor: Rafael M. Martos)

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