ESPAÑOLISMO, CAPITALISMO, REPRESIÓN PSÍQUICA Y POBREZA

 

4D_BARCELONAComentario a la carta de Blas Infante al escritor catalanista Joaquín Cases-Carbó.

En esta carta al escritor catalanista Joaquín Cases-Carbó, Blas Infante hace un resumen de los problemas con los que se encuentra el proceso andaluz hacia la soberanía, señalando el “españolismo” como el principal enemigo en el camino por conseguir una Andalucía Libre.

Por “españolismo” entendemos una ideología transversal de la que beben todos los partidos españoles (de derechas y de izquierdas), organizaciones culturales, sindicales e instituciones. Su principal característica es la defensa de la Unidad territorial de España, asegurando de esta forma una unidad de mercados que beneficia al capitalismo español y al globalizado, ubicados principalmente en Madrid. Esta “Unidad” es antagónica con los derechos de los pueblos sometidos al yugo del Estado por la acción conquistadora de Castilla, convertida posteriormente en “España” por el hecho Imperial de sus monarcas y nobleza. Este antagonismo le lleva a una lucha constante por imponer un idioma, el castellano, una religión, la católica, tradicional aliada de las oligarquías españolas y beneficiada de las políticas de conquista y rapiña sobre Andalucía y América, y una cultura inventada (la cultura andaluza, desnaturalizada, descontextualizada, convertida en grotesca para el consumo de turistas incultos). Una guerra económica, política y cultural imprescindible para que el “españolismo” sea la ideología predominante en el Estado.

Blas Infante lo considera la principal dificultad o prejuicio y por lo tanto, el principal campo de batalla hasta que lleguemos a un estadio de concienciación identitaria del pueblo andaluz. La difusión de la Historia, cultura y lenguas propias son para Infante las trincheras desde las que tenemos que enfrentar al enemigo. La denuncia de la asimilación identitaria a través de la manipulación de la historia y de la cultura deben ser las primeras armas a disposición de las andaluzas de conciencia que decidan luchar por su soberanía personal y colectiva.

Otros tres enemigos -señala Infante- obstruyen el camino de Andalucía hacia la liberación:

El primero Europa, instigadora e impulsora de la conquista de Andalucía por Castilla. Infante denuncia en numerosos escritos el modelo político, económico y social como contrario al “ser” andaluz. Andalucía no es Europa; jamás llegaremos a ser europeos, decía Infante, remitiéndose a Al-Andalus, a “nuestras instituciones liberalistas de Al-Andalus” para restaurar, adecuándolas a las circunstancias y necesidades actuales, la soberanía perdida por la acción conquistadora.

El modelo de la “Europa germanizada” -como la llamaba Infante- ha devenido en el capitalismo voraz y destructivo que se ha impuesto en el planeta, llevando la miseria y la destrucción a numerosos pueblos en la actual fase imperialista. Infante ya presagiaba la evolución del capitalismo surgido en la Europa germanizada y advertía a las andaluzas del peligro de aceptar su modelo de desarrollo. Hoy estamos viendo las consecuencias de ese modelo económico para Andalucía: paro estructural (el más alto de Europa), concentración del capital y de la tierra y expansión de la pobreza, precariedad laboral, emigración, destrucción de espacios naturales, bases militares desde las que agredir a otros pueblos para adueñarse de sus recursos naturales y que ponen en grave peligro a la población andaluza. El modelo capitalista europeo es denunciado por Infante en toda su obra, pero especialmente en el libro “La Dictadura pedagógica”, donde el Blas Infante anticapitalista y antieuropeo se muestra con toda su intensidad.

El segundo enemigo -para Blas Infante- es la “Represión de la psiquis andaluza”: Para Blas Infante la incorporación de Andalucía a Castilla y a España (evolución imperialista de Castilla) fue realizada por conquista, a través de un proceso militar y represivo. Andalucía no era Europa ni Castilla y la perpetuación de la conquista dependía de que sí lo fuera, de que las andaluzas perdieran la conexión con su pasado, con su historia y su cultura. Y esto solo se consigue a través de la represión cultural e identitaria.

En primer lugar se reprime la cultura del pueblo colonizado, prohibiendo su idioma, sus vestimentas, su cultura, quemando y destruyendo todos los vestigios que puedan vincular a la población con épocas pasadas y con periodos de libertad y soberanía, intimidando a aquellos que por decisión o por falta de formación en los marcadores culturales impuestos por el colono, aún utilizan modelos culturales anteriores a la conquista, al mismo tiempo que se impone el idioma y la cultura de la potencia colonial. La represión cultural y lingüística va acompañada de un tipo de represión aún más cruel: la represión psicológica que a través de todos los mecanismos de control y de asimilación implementados por la potencia conquistadora, van introduciendo en la psiquis de los colonizados un sentimiento de inferioridad e incapacidad que le hacen depender psiquicamente del conquistador. Este método de perpetuación de la conquista por asimilación del conquistado es mucho menos costoso en dinero y en vidas que el mantener perennemente ejércitos de ocupación.

La manipulación histórica, cuyo objetivo es sustituir la historia del colonizado por aquella otra que convenga a los intereses del colonizador, nos ha contado un historia de Andalucía sin andaluces, una historia que justificara la conquista por Castilla: invasión de árabes, reconquista, expulsión y repoblación. La sustitución de la historia por Mitos y Leyendas para justificar una conquista y un genocidio. La historia asimilista contada por Castilla a través de las instituciones impuestas a los andaluces durante siglos, ha conseguido que una mayoría de andaluzas piense que aquellos moros invasores fueron expulsados y que sus antepasados fueron los castellanos que expulsaron a aquellos moros.

Blas Infante, consciente de la necesidad que tiene el pueblo andaluz de recuperar su verdadera historia, dedicó gran parte de su tiempo al estudio y a la investigación histórica para desmontar los Mitos asimilacionistas con los que el españolismo había contaminado las psiquis de las andaluzas, ofreciéndonos un relato histórico basado en el desarrollo cultural y civilizatorio de un mismo pueblo sobre un mismo espacio geográfico durante milenios, reconociendo como andaluzas todas las manifestaciones culturales y procesos civilizatorios ocurridos en el territorio andaluz desde las primeras culturas de la Edad Antigua hasta Al-Andalus, pasando por Tartessos.
El tercer enemigo del pueblo andaluz: la pobreza.

Andalucía, al contrario que otras naciones inmersas en procesos de soberanía o independencia, no cuenta con una burguesía nacionalista que apoye y financie a las organizaciones que luchan por su emancipación nacional.
La conquista de Andalucía por Castilla provocó, además de ingentes cantidades de andaluzas asesinadas, ejecutadas, empobrecidas, esclavizadas, la pérdida de tierras y de industrias, que fueron a parar a manos de todos aquellos que participaron en la conquista: ejército, clero y nobleza. Esto configuró un pueblo andaluz empobrecido y dependiente de los nuevos propietarios. Un pueblo andaluz convertido en jornalero, en Felahmengu (campesino sin tierra) y a una clase propietaria, burguesa proveniente de los colonos castellanos y con intereses para que se perpetuara la conquista. Por este motivo, la burguesía andaluza es “españolista”, contraria y beligerante contra cualquier intento de emancipación del pueblo andaluz. Y por este motivo, los movimientos de liberación nacional andaluz, solo pueden ser movimientos de clase, de un genuino pueblo andaluz, trabajador contra un burguesía local “españolista”.

Para Blas Infante esto es un gran problema, primero por la dificultad de que sus ideas emancipadoras lleguen a una población aculturizada y empobrecida, con problemas de subsistencia básica y sin recursos económicos para financiar la construcción de herramientas liberadoras.

No es casualidad que el “españolismo” más patético y agresivo se dé en los centros de poder de la burguesía. Esto llevó a Blas Infante a decir que la posibilidad de una insurrección andaluza se iniciara en Sevilla (centro del poder español en Andalucía) es improbable.

Alí Manzano.

Al escritor catalanista Sr. Don Joaquín Cases-Carbó.

Mí querido señor:

El goce de ser en los demás se experimenta al saber que vive en los demás el pensamiento propio. Sea para usted ese goce por esta carta mediante la cual le comunico que ha llegado a vivir en mí su pensamiento, en correspondencia agradecida a la amabilidad que tuvo conmigo remitiéndome su libro admirable, el cual, capítulo tras capítulo, he aprendido con lectura seguida; sobre todo, los dos estudios que usted hubo de señalar, en su grata, a la preferencia de mi atención.

Nosotros, hemos practicado la táctica política. No hay más que una táctica: acomodación de la conducta política (u ordenada al beneficio de la Comunidad), según las exigencias o permisiones de las circunstancias vigentes. Durante un cuarto de siglo hubimos de dirigirnos atentos a un aprovechamiento completo o exhaustivo de aquellas permisiones, elaboradas por nosotros mismos, o suscitadas por el azar, que a nuestra acción se iban ofreciendo. Pero, !con qué tacañería nos proporcionó el trabajo los medios de preparar las ocasiones, y la suerte nos brindó las oportunidades de avanzar sobre la tierra a nuestros anhelos de restauración! Además: A todos los autonomistas peninsulares, salió al paso solamente una dificultad o prejuicio: el españolista. Contra nosotros, a más de este obstáculo, otros tres enemigos llegaron a oponerse, con tenacidad desesperante intentando obstruirnos definitivamente la posibilidad de abrir camino para nuestra marcha:

Primer enemigo: El prejuicio europeísta, contrario al devenir y, por consiguiente, a la acción política, referidos a la Andalucía auténtica.

Hablar de restaurar, adecuándolas a las condiciones de los tiempos actuales, nuestras instituciones liberalistas de Al-Andalus, su ambiente cultural, su pensamiento acerca del mundo; su sentido de orientación vital; los únicos que pueden llegar a formalizar y a satisfacer, y a ordenar por cauces propios, el alma original de este pueblo. Esta pretensión tenía caracteres de sacrificio y, nuestras evocaciones, resonancias de blasfemia hasta para los mismos seudo-andaluces creyentes todavía en la mítica creación de Europa- Arquetipo; modelo mesiánico o salvador de todos los pueblos de la tierra. ¡Con cuánto sigilo tuvimos que deslizarnos en el desarrollo vigilante de una inspiración de complot siempre enmascarados con la careta pragmatista, midiendo palabras, disfrazando acciones, hasta llegar a preparar alma tras alma, para llegar a recibir sin escándalo, nuestras revelaciones, casi iniciativas o comunicadas en tono de misterio!

Segundo enemigo: Represión de la psiquis andaluza:

Vosotros sois un pueblo de señores con relación a nosotros, pobre pueblo conquistado; estilo no europeo, a quien la dureza de la acción conquistadora asimilista, llegó a sugerir un concepto de sí mismo, coincidente con la creencia en la propia espureidad o en una inferioridad racial dimanante de un inexorable Destino; procedente de una fatalidad ineludible, escrita, para siempre y desde siempre, en un Decreto ineludible de la Naturaleza, ordenada por una necesidad del Cosmos o para el Cosmos.

¡Si, hasta nuestra historia llegaron a enterrar con saña u odio jamás igualados por alguna empresa de coloniaje!. Como que nuestro mayor crimen era para Europa y, para España (triste instrumento de Europa, contra nosotros) precisamente nuestra gran Historia. Único pueblo peninsular a quien le fue interdicto hasta el goce del recuerdo. Único pueblo peninsular que tuvo que hablar un idioma cuya prosodia repugnaba a su garganta y a quien proscribieron hasta el alfabeto que contiene las grafías propias para representar los sonidos correspondientes a la constitución particular de su laringe, condenándole a usar un alfabeto extraño con el cual le privaron aún de la dicha de ver fotografiada su palabra verbal, en la escrita: único pueblo que no sabe nombrar a sus antepasados ilustres: Todavía, el nombre de andaluces, nos lo hubieron de conservar con repugnancia; gracias a que los europeos llegaron a encontrar para este nombre una germana o vandálica etimología: (Vandalusía) que viniera a desplazar, aunque disparatadamente, el idioma odiado. Vosotros conserváis la altivez de los pueblos vencedores porque en la anfictionía de esos pueblos hubisteis de formar contra nosotros. Y pudisteis, por esto, obrar con la seguridad de señores y con la firmeza de quien llega a actuar en su propio mundo, el cual, para vosotros, es el de Europa. Nosotros, sumidos en un mundo extraño, aherrojados secularmente, malditos y despreciados por la ortodoxia (no solamente religiosa) europea; castigados desde siempre, primero con hogueras, después con el hambre eterna, y siempre vejados, injuriados o escarnecidos; a contar desde aquellos tiempos de las pretendidas expulsiones, en las cuales nos cazaban como los espartanos a los ilotas; hemos tenido que avanzar, cautelosamente, después de asomar a la superficie con la timidez correspondiente al ánimo desconfiado, de quien, durante siglos, estuvo condenado a morar en escondrijos y a deslizarse por subterráneos.

Tercer enemigo: La pobreza del pueblo andaluz:

El verdadero pueblo andaluz es muy pobre. Nada tiene: Ni aún su tierra por donde vaga como un ciego. Nos lo quitaron. El pueblo andaluz, auténtico, es el pueblo jornalero o campesino pequeño terrateniente o colono de nuestros distritos rurales. Los pudientes, los amos de la tierra o los dueños de la industria o del gran comercio, son los descendientes de los capitanes de las mesnadas conquistadoras; o los inmigrantes de las montañas de Castilla o de Asturias, o de otras regiones españolas o del extranjero. ¿Quién de entre estos señores iba a sentir simpatía por nuestra empresa?. Al contrario; odio o desdén; !no nos iban a facilitar medios económicos para una labor contraria a sus intereses!. Y, así, sin más recursos que los que pudieron proporcionar con su trabajo, y sustrayéndolos a necesidades apremiantes de los propios hogares, profesionales liberales, empleados, industriales o artesanos y obreros modestísimos, poco pudimos caminar; aunque a nuestro entender, dado lo que esperábamos, hayamos avanzado mucho. Abrazados al jornalero, que es ir abrazados a Andalucía, ya sabíamos que habríamos de adelantar muy poco. El pudiente, nos ve marchar, lacerados por el dolor de conducir a nuestra madre hambrienta y atormentada; y como hoy dicen proletarios y obreros a los jornaleros que personifican la pureza de nuestra raza y la esperanza de nuestra Historia, creen que nos movemos, no impulsados por el anhelo restaurador de un pueblo que fue muy grande cuando era libre; sino por credos, sistemas o sectarismos de redención y tiranía de los pudientes. Y, perdone señor Carbó, que sin pensar se corrió el escribir. Dije que le remitieran algunos testimonios de nuestra táctica; correspondiente a los diferentes momentos de nuestra actuación; y, le agradeceré me diga, para mi tranquilidad, si los llegó a recibir, tal como yo lo encargué.

La Paz, y un saludo de su afectísimo

31 de Enero de 1936

Blas Infante

http://pensamientoandaluz.org/index.php/ali-manzano/128-carta-andalucista-a-cases-carbo-blas-infante.html

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