El fascismo y el racismo institucional siguen desfilando por Granada cada 2 de enero

Cada 2 de enero, las “autoridades” de la ciudad celebran “la toma de Granada”, con un desfile en que representantes de las instituciones políticas, militares, sociales y eclesiásticas recorren la distancia entre el Ayuntamiento y la Catedral, donde asisten a un acto religioso católico  para dar gracias a la divinidad, un “Te Deum”. Cualquiera que presencie por primera vez el paso por el centro de la ciudad de ese cortejo de responsables políticos de chaqué, militares y eclesiásticos, presididos por un pendón con el águila de San Juan, creerá haber retornado a la época de la Dictadura, pues sólo falta en el la presencia de Franco bajo palio para que pareciera una estampa salida de una vieja fotografía de la época. Y no es casual, estamos ante un ejemplo, otro más, de la continuidad del franquismo bajo el lavado de cara constitucional del 78 y mantenido hasta la actualidad. Una “celebración” que supone el enaltecimiento de la ideología de “cruzada” contra toda diferencia o disidencia: “moros”, “rojos”, etc., tan del gusto de los golpistas del 36.

¿Que si no se conmemora cada 2 de enero en Granada? ¿Qué si no están agradeciendo a Dios en la Catedral estas autoridades? “La toma” celebra la ocupación por la fuerza de la ciudad por Isabel I de Castilla y Fernando V de Aragón, al mando de sus respectivas tropas, tras la rendición de los granadinos por el hambre y el miedo. Una rendición que, no obstante, no fue incondicional sino condicionada al cumplimiento de toda una serie de medidas referidas al respeto de la vida, propiedades, creencias, usos y costumbres, etc., por parte de castellanos y aragoneses a los granadinos, mediante la firma de un documento, “las capitulaciones”. Unas condiciones que serían sistemáticamente incumplidas, iniciándose tras apoderarse de la ciudad una política de expolio, persecución  y exterminio que desembocó en un genocidio que acabó con la vida de miles de compatriotas. Por lo tanto, lo primero que cabe concluir es que nunca ha existido “la toma”. Granada nunca fue tomada. Nunca fue conquistarla militarmente.

Lo que celebran cada año las autoridades granadinas es  la ocupación de su ciudad mediante la fuerza de las armas, el incumplimiento de un pacto, así como el posterior robo de sus bienes, su libertad e incluso sus vidas a miles de granadinos. ¿Granadinos?, pues claro. ¿Cómo se denomina y se considera hoy a aquellos que viven en Granada, nacidos en Granada de padres granadinos, abuelos granadinos, etc.? Obviamente como granadinos. ¿Cómo denominar y considerar entonces a aquellos que en 1492 igualmente vivían en Granada, nacidos en Granada de padres granadinos, abuelos granadinos, etc.?

Celebración racista y fascista

Pero según la historiografía oficial, aquella que defienden y ante la que se amparan dichas autoridades, aquellos habitantes de Granada no son considerados como granadinos, sino como “moros”, supuestos extranjeros llegados hace ochocientos y que conservaban su condición de ajenos al lugar incluso tras ese largo tiempo transcurrido, mientras que los recién llegados, ellos si indiscutiblemente extranjeros venidos de otras tierras, si son considerados, desde el primer día de establecerse en la ciudad, ellos y sus descendientes, como granadinos. Más aún, como los únicos y auténticos granadinos. ¿Cuál es la diferencia entra unos y otros?, ¿por qué unos supuestos extranjeros lo siguen siendo transcurrido ochocientos años y otros si indudablemente extranjeros dejan de serlo desde la primera vez que entran en la ciudad?, pues, además de una supuesta diferencia de origen étnico, es el que los unos eran musulmanes y los otros eran católicos. De ahí el que estemos ante una visión de la sociedad y una celebración racista y xenófoba, pues discrimina por razón de origen y creencias. Se niega o se otorga la condición de lugareño, de ciudadano en terminología actual, según raza y religión.

Pero es que, además, estamos ante una visión social y una celebración fascista, ¿qué ideologías sino las fascistas defienden teorías supremacistas según las cuales se es o no natural de un determinado territorio según etnia o ideas?, ¿Cuáles sino las fascistas reconocían o negaban derechos, prohibían o permitían y alababan robo de propiedades o incluso asesinar, según orígenes y fe? ¿En qué regímenes se propagaron y pusieron en práctica tales ideas desde el propio Estado en épocas contemporáneas sino en los fascistas? ¿Cuándo se propagaron y pusieron en práctica tales ideas en épocas contemporáneas en nuestra tierra desde el propio Estado sino durante la dictadura franquista? ¿Cuándo si no durante el franquismo se celebraba la derrota, persecución, expulsión y exterminio de conciudadanos por razón de sus orígenes o sus ideas sino durante el franquismo? ¿Qué se celebraba si no en los “desfiles de la victoria” cada 18 de julio? ¿Qué es y que supone celebrar “la toma” si no festejar otro 18 de julio? ¿Qué los diferencia, más allá del tiempo y los protagonistas? ¿Y desde cuando los genocidios dejan de serlo y son justificables transcurrido un determinado espacio temporal o según quienes los cometan?

Consecuentemente cuando se califica de fascista, racista y xenófoba la celebración de “la toma” no se insulta, tan siquiera se exagera, se describe y objetiva. Pero es que, además, no estamos hablando de una celebración patrocinada y llevada a cabo por particulares o colectivos de ideología fascista, racista y xenófoba, sino ante una celebración permitida, impulsada y encabezada por administraciones e instituciones del Estado. Por sus “cargos electos” y responsables políticos y militares. Estamos ante una celebración institucional e institucionalizada. De hecho el 2 de enero está catalogado como la festividad local oficial, como el Día de Granada. Y lo es precisamente por ser el día de “la toma”. Por tanto, cuando  se califica el paso de las autoridades de desfile del fascismo y el racismo institucional tampoco se insulta, o tan siquiera se exagera, sino que igualmente simplemente se describe y objetiva.

La desvergüenza de un alcalde “progresista”

El flamante nuevo alcalde de Granada, Francisco Cuenca (PSOE), representa a la perfección a esa progresía del régimen que asume el ideario del franquismo sociológico; que mantiene, justifica y defiende las visiones y celebraciones de la Dictadura, mediante el uso de un argumentarlo sonrojante que va incluso más allá del establecido. Como sus antecesores franquistas, afirma que, con “la toma”, “se celebra un acto histórico que ha marcado la historia del mundo, del país y de Granada”.  Claro que marcó la historia del mundo, del país y de Granada, como también lo hicieron, por ejemplo, a nivel internacional la ocupación de Polonia por el régimen nazi, a nivel de país el Golpe de Estado del 18 de julio del 36 o a nivel de Granada el asesinato de Lorca, pero no por ello se consideran o celebran como hechos positivos.

Y es ahí donde se encuentra el matiz distintivo, Cuenca lo califica de “acto histórico que ha marcado la historia” en un sentido de positividad, asumiendo la reaccionaria visión  de la intelectualidad burguesa decimonónica, convertida en verdad académica indiscutible por el franquismo, acerca de los pretendidos beneficios que supuso la “reconquista”, la derrota de los “moros” y su “expulsión”, pues nos trajo la “modernidad” e incluso la libertad. Y lo hace de una forma tan completa que va más allá llegando a calificar la conmemoración de “la toma” como “fiesta”, una celebración de tipo lúdico, evidentemente para salvaguardarla haciéndola más digerible. Y de hecho intenta hacerla pasar por tal festejo añadiéndole este año un esperpéntico desfile de “moros y cristianos”.

Y por si esto no bastase, llega incluso a justificar el mantenimiento de esta “fiesta” llegando a afirmar que “romper las tradiciones no tiene sentido”. Como cuando hace referencia al “hecho histórico”, aquí también lo significativo es el matiz de positividad que incluye. Pero las tradiciones no se mantienen por el mero hecho de serlo. Tan siquiera según el número de sus partidarios, que suele ser otro argumento recurrente, sino que son mantenidas o no en relación directa a sus contenidos y significados. Según la positividad o negatividad de los mismos. “Tradición” también eran los “desfiles de la victoria” y miles de personas se congregaban para verlos, aplaudiendo al paso de los soldados y la bandera con el águila de San Juan. Para ellos también formaba parte de una “celebración”, la del 18 de julio, y no por ello se han mantenido. Y no lo han sido porque lo determinante, por encima de cualquier otra consideración, era lo que transmitían y simbolizaban dichas “festividades”.

Pero no se conforma con reconvertir la “toma” en “fiesta”, sino que intenta añadirle más positividad aún, llegando a reescribir la historia, pretendiendo hacer pasar una guerra y una ocupación como un acto pacífico y conciliador, afirmando que “el acuerdo firmado en las Capitulaciones es síntoma de consentimiento y consenso”. O sea, según él, un tratado de rendición obligado por las circunstancias, de imposición a los granadinos mediante la fuerza del poder de unos reyes foráneos, “es síntoma de consentimiento y consenso”, como si se tratase de un pacto igualitario entre las partes alcanzado de forma libre y sin ejercerse presión alguna.

Llega incluso a calificar la propia “celebración” y los hechos rememorados como un “espacio de convivencia”, como en aquel momento en que “se firmó (las capitulaciones) con dos culturas, dos civilizaciones y dos creencias” que “surge de la voluntad de que la tolerancia está por encima de todo tipo de cuestiones” ¿Cabe mayor grado de tergiversación histórica y de desvergüenza ética? No obstante, no hay tampoco nada de lo que extrañarse excesivamente. Recordemos que Cuenca pertenece a esa misma clase de “progresistas” del régimen que califican a la guerra contra el pueblo del 36 al 39 como “enfrentamiento fratricida”, al genocidio americano como “encuentro entre culturas” o a la traición y el continuismo de la “transición” como “reforma democrática”.

¿Granada abierta?

En Granada, la izquierda oficial, la que forma parte del régimen o aspira a serlo, se divide entre el apoyo explícito a “la toma” (el PSOE)  y la “leal oposición” a su celebración (IU, Podemos, etc.) agrupados estos últimos en torno a una plataforma denominada, de forma ambigua y contemporizadora, “Granada abierta”. Contradictorio nombre para quienes se limitan mostrar su oposición de forma simbólica, encerrados entre cuatro paredes mientras disertan o recitan poemas, pero, eso si, sin estorbar “el normal transcurrir” de la “celebración”. En concordancia con su actuación, más que “Granada abierta” deberían llamarse Granada encerrada o Granada escondida. Por otro lado, la izquierda real, la que no forma parte del régimen ni aspira a serlo, se agrupa en torno a otra plataforma con una denominación carente de ambages ni concesiones, “Contra el 2 de Enero”. Esta otra no se limita hablar o declamar. Es la que se concentra todos los años en la Plaza del Carmen, epicentro de la celebración institucional, mostrando así su posición, de una forma igualmente pacífica pero no simbólica, sino pública y activa, e imposibilitando con su presencia en la calle y sus gritos el “normal transcurrir” del acto.

Ni que decir que para las” autoridades” y los medios de descomunicación la plataforma “Granada abierta” es digna de respeto y elogio, mientras que para la plataforma “Contra el 2 de Enero” reservan sus epítetos más despectivos y descalificadores: “radicales”, “extremistas”, “antisistema”, etc. Unos calificativos que comparte la “leal oposición”. Los portavoces de “Granada abierta”,  Francisco Vigueras y Juan Antonio Díaz, han publicado un artículo de opinión donde afirman, en relación a los que acuden al acto principal de “la toma” en la Plaza del Carmen, a todo ellos: “No se puede denominar fiesta, porque no lo es ni puede serlo, una concentración de extremistas que divide y avergüenza a propios y extraños. Que obliga a realizar un amplio despliegue policial, con el consiguiente gasto superfluo. Y todo ello, para evitar enfrentamientos que algún día habrá que lamentar y el ayuntamiento será el único responsable por convocar y  mantener este espectáculo bochornoso”.

O sea, la “leal oposición” no solo coincide con el régimen en la catalogación con respecto a la otra plataforma, “extremistas”, sino que además asumen por completo el discurso oficial transmitido por las “autoridades” y los medios de descomunicacion, año tras año, para desviar la atención y tergiversar los hechos, pretendiendo reducir el problema a la existencia de unas minorías de extrema derecha y extrema izquierda que han “politizado” el acto e interfieren en el normal transcurrir, con sus gritos y banderas, de tan “festiva” y “familiar” celebración. O sea, comparando e igualando a demócratas y fascistas, a quienes defienden dictaduras con quienes las rechazan, a quienes aplauden discriminaciones y xenofobias con quienes las combaten, etc. Y. además, obviando intencionadamente la propia existencia de la celebración de “la toma” como el problema de fondo. Es la propia “toma”, su celebración, lo que divide y avergüenza. Es el acto institucional el “espectáculo bochornoso”.  Es la propia “toma”, por su carácter fascista y racista, lo que atrae a la “extrema derecha” y obliga a la “extrema izquierda” a acudir, pues no se puede tolerar ni facilitar ese “desfile de la victoria”, abandonando el espacio público y entregándolo al neofranquismo institucionalizado.

Y por eso, porque es la celebración en sí misma de la “toma” el problema, y no sus consecuencias,  la solución a la problemática establecida no puede consistir en efectuarle determinados cambios. Como ocurrió con el régimen del 78, al igual que la “reforma democrática” del régimen fascista sólo conllevó continuismo embozado de democracia, la “reforma democrática” de “la toma” sólo supondría su continuidad disfrazada de “tolerancia”, “encuentro”, etc. Y eso es lo que defiende “Granada abierta”, no la erradicación de “la toma” sino su reforma. Afirman en su artículo Vigueras y Díaz que “Granada abierta” propone “una solución sensata a esta tradición insostenible”. Según manifiestan esta “alternativa” consiste en “desmilitarizar la fiesta, darle un carácter laico y sustituir la anacrónica tremolación del pendón por la lectura de un Manifiesto por la Tolerancia”.

¿Cómo puede constituir una “alternativa” a una “tradición insostenible” el sostenerla, limitándose a efectuarle reformas de contenidos? Ellos mismos declaran en el escrito que “estamos ante una celebración que debió desaparecer en la transición, como la fiesta franquista del 18 de julio, pues no es propia de una sociedad plural y democrática”. ¿Les parecería una “solución sensata a una tradición intolerable” que se hubiese mantenido la celebración del 18 de julio pero desmilitarizándola, dándole un carácter laico y leyendo un manifiesto por la tolerancia? ¿Y si aún se celebrase el 18 de julio, considerarían suficiente mostrar una oposición simbólica, encerrados entre cuatro paredes, y catalogarían como “extremistas” a quienes salieran a la calle a oponerse a ella de forma  pacífica pero activa? Como en el caso de la festividad del 18 de julio, no caben términos medios o moderaciones con respecto a “la toma”. Sólo cabe el acabar con su celebración, sea cuales sean sus formas y actividades.

Responsabilidad colectiva de la izquierda socio-política

Afirman también en su escrito Vigueras y Díaz que “no hubo Toma, sino unas capitulaciones que protegían los derechos civiles y religiosos de la población, y que los Reyes Católicos incumplieron”, y por tanto que “lo que están celebrando, cada 2 de enero, es la violación de un pacto de Capitulaciones y la expulsión ilegal de miles de granadinos”. Dicen que no hay mayor mentira que una verdad a medias, y eso es lo que hacen estos dos representantes de “Granada abierta”. Es cierto que no hubo tal toma y si unas capitulaciones que protegían derechos y que se incumplieron, pero lo que cada 2 de enero se festeja en la ciudad no es el incumplimiento de un pacto, sino la ocupación de la urbe como último acto de una guerra de conquista iniciada por los reinos de Castilla y Aragón diez años antes, que a su vez formaba parte de una invasión de las tierras de Andalucía por fases que se remontaba al siglo XIII. De ahí que no sólo se celebren “tomas” o “conquistas” en Granada, sino en la mayoría de poblaciones del país. Una ocupación de la urbe que , además, no sólo conllevó la “expulsión de miles de granadinos” sino su persecución, tortura y asesinato, al igual que en muchas de esas otras localidades andaluzas. Lo que se celebra en Granada cada año es un genocidio.

¿Y por qué tal extensión de la celebración y tanto empecinamiento en festejarlo? Pues porque lo que en el fondo se conmemora es la ocupación de Andalucía, la “toma” y la “conquista” de los andaluces. La colonización de nuestro país y la anulación y esclavización de nuestro pueblo. Si, nosotros éramos esos “moros”, y lo seguimos siendo. Y para sostener en el tiempo una colonización, para perpetuarla, resulta imprescindible mantener la alienación popular, además de mediante la tergiversación histórica y la aculturización, mediante ese recuerdo constante, dirigido a su subconsciente colectivo, acerca de que son un pueblo sometido, y por su propio bien, pues era y es inferior. Esa es la razón de que sólo encontremos ejemplos similares de la celebración como hecho positivo de la ocupación del país y del sometimiento de sus habitantes entre colonias y colonizados. Que lo son o que lo han sido.

Vigueras y Díaz reprochan el mantenimiento de la celebración de “la toma”, sólo a la derecha y al PSOE, y solo a nivel local, pero son otros muchos las que contribuyen a ello, por acción u omisión, y la problemática no se circunscribe a Granada. Otros muchos en el resto de Andalucía mantienen o justifican celebraciones de tomas y conquista, de forma activa o mediante el silencio y la inacción. El problema no sólo es granadino ni la responsabilidad sólo de unos pocos. El problema es general, atañe a toda Andalucía y a toda la izquierda política y social andaluza. A todos aquellos que, ya sea con su apoyo, su inacción o su silencio, lo permiten. El que calla otorga… y el que mira para otro lado o se esconde también. ¿Dónde está tanto demócrata mientras se exalta la intolerancia? ¿Dónde tanto progresista mientras se exalta el fascismo? ¿Dónde tanto antirracista mientras se exalta la xenofobia? ¿Dónde tanto memorialista mientras se exaltan esos otros 18 de julio? ¿Dónde tanto antiimperialista mientras se exaltan invasiones? ¿Dónde tanto izquierdista mientras se exaltan sometimientos populares? ¿Dónde tanto andalucista mientras se exalta la ocupación de su propia tierra?

Sólo unos pocos mantienen la lucha real y efectiva contra “la toma”, contra todas las tomas y contra todo lo que estas defienden y representan. Sólo unos pocos se desmarcan de tanta incoherencia intelectual,  cobardía social y oportunismo político. Es ese puñado de individualidades y colectivos que, pese a tanto y tantos, no claudican ante el poder o las conveniencas y levantan cada año las banderas de la dignidad y la resistencia de un pueblo. Esos “extremistas” que se oponen frontal y presencialmente en la Plaza del Carmen al fascismo y al racismo institucional que cada 2 de enero desfila por las calles de Granada. Ellos sí que merecen el respeto, la consideración y el agradecimiento de todos los andaluces conscientes. Ese puñado de hombres y mujeres menospreciados constituyen la esperanza de una Andalucía libre.

Francisco Campos López

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